El arte es mucho más que la expresión de las emociones e ideas del artista. En ocasiones, y como se demuestra en el video que encabeza este texto, es el puente que tiende la humanidad entre la razón y el entendimiento, para unir pueblos, culturas y realidades.
La compañía Rita Clara lleva ya 35 años en escena, ofreciendo al público que asiste a sus espectáculos coreografías nacidas del corazón y diseñadas desde el alma.
Para esta compañía de danza, familia es mucho más que una palabra. La bailaora y coreógrafa Rita Clara sale a escena acompañada por la guitarra española que tañe con exquisita maestría su marido, y por el arte de los pasos de baile que ejecuta a la perfección el hijo de ambos, quien ha cogido el testigo que le entregaron sus padres para hacer de la danza y la escena su lugar de comunicación, de trabajo, de reposo y de ilusión.
En su espectáculo, La casa del sol poniente, Rita Clara nos habla del amor entre los pueblos y de como solo a través de ese amor, cristianos, judíos y musulmanes estamos condenados a entendernos pues somos hermanos que adoramos a un mismo dios, pero con distinto nombre, que creemos en una misma salvación y que soñamos con un idéntico mundo en paz.
Al parecer Rita Clara ha sido propuesta como candidata al Premio Nacional de danza 2026, y sinceramente espero y deseo de corazón que el jurado que se designe para conceder el galardón, tenga en cuenta que además de ser ejemplo en su disciplina, Rita es también ejemplo para muchos en valores humanos.
Vivimos en un mundo difícil, en el que la humanidad ha preferido odiarse a amarse, ha preferido matarse a facilitarse la vida y robar a regalar, cuando todos sabemos que el momento del regalo llena más a quien lo entrega que a quien lo recibe.
Yo agradezco desde el más profundo cariño y desde mi más sincera admiración, el regalo que se me hace al levantarse el telón y poder disfrutar de las coreografías diseñadas y ejecutadas por esta gran mujer, por su marido y por su hijo.
Soy creyente, y con la mano en el corazón, rezo para que quienes han sabido acariciarme el alma con su talento, sean premiados por el creador de todo.
Que dura puede llegar a ser la vida en ocasiones, y que fuertes pueden llegar a ser algunas personas cuando se ven obligadas a luchar contra la adversidad y, a superar todo tipo de pruebas de esas que el destino ha preparado para que les demuestren su valía.
Y se la están demostrando. Con creces. Pese a que la vida se empeñe en ratificar eso de que a perro flaco, todo son pulgas.
En alguna ocasión he escrito que quiero mucho a la gente que quiero, y eso es algo normal o al menos debería serlo (me acojona leer la prensa y ver cada día que el ser humano vuelve a superarse en maldad, crueldad y egoísmo), lo que no es tan normal es llegar a empatizar tanto con las circunstancias de aquellos que forman parte de mi realidad cotidiana y además de alegrarme por sus logros y victorias como si fueran algo mío, sufrir al verlos sufrir cuando los hados deciden dar otra vuelta de turca y llevarlos hasta ese lugar donde ninguno queremos estar, pues hace frio y todo es oscuridad.
Los especialistas de la salud mental que me han ayudado a poner en orden el puzle de mi vida, han tratado siempre de convencerme de que no debo dejarme llevar por los sentimientos más allá de lo humanamente necesario. Que está muy bien eso de que quiera a mis amigos y los cuide, pero que bajo ningún concepto debo hacerme responsable de lo que no me corresponde. No tengo una varita mágica y no debo castigarme por no encontrar las soluciones a los problemas de todo tipo que se les presentan. Y que además, debo intentar solucionar primero los míos y recuperar fuerzas y energía, porque si yo no estoy bien, no podré aportar nada a mi entorno.
Como canta El Chojin, no es egoísmo, pero a pesar de saberlo me tortura el ver que aún queriendo contribuir a la felicidad de quienes llegaron para enriquecer mis vidas, no alcanzo a entregar más que mis mejores deseos y mis palabras de apoyo. Y en ocasiones un beso. O un abrazo.
No hace demasiado que aprendí que un abrazo sincero es una herramienta muy poderosa, y que en los brazos de las personas adecuadas los problemas son menos desesperantes, el dolor es más soportable y se deja ver una luz al final del túnel.
Y eso es lo que puedo ofrecer: mis brazos.
Una vez me vendieron unos abrazos falsos y traidores como si fueran un producto de primerísima calidad y confundido por lo que esperaba encontrar entre aquellos brazos, me dejé engañar y me entregué a ellos. Pero por desgracia no hay mejor manera de aprender que sufriendo las consecuencias de las decisiones erróneas y vaya si las sufrí.
Es por ello que no acostumbro a abrazar como forma de saludo o de despedida. para mi un abrazo dice muchas cosas y muy importantes. Y no se lo doy a cualquiera. Pero si me dejas entregarte un abrazo sincero, sabrás que entre mis brazos solo encontrarás amor, apoyo, comprensión, verdad y ternura.
Hagamos del abrazo un eficaz plaguicida y sometámonos a una desparasitación con el cariño que se desprende de ese momento de muy especial conexión.
Este es mi particular homenaje a aquellos que están sufriendo. Y al abrazo sincero como forma de decir lo mucho que los quiero.
Es tan difícil intentar ayudar a alguien que no quiere ser ayudado que a veces llega a desesperar. Y a doler.
Y no voy de buena persona ni de santito. Para nada. Os aseguro que tengo una completísima colección de pecados, pero es curioso que como canta Drexler: "cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, Todo se transforma" y, yo tuve que aprender a pedir ayuda, pues a eso no se nos enseña.
La sociedad pretende convertirnos en personas autosuficientes que no necesitan de los demás, pero eso es mentira. De una forma o de otra, todos necesitamos en alguna ocasión una mano amiga, un consejo oportuno, una palabra acertada o simplemente apoyo.
A mi la vida me enseñó a la fuerza a despojarme del absurdo ego que alimentó una vida privilegiada en la que todo me salía bien, y en la que siempre conseguía "apañar", de una forma o de otra cuanto se torcía.
Con 39 años tuve que volver a aprender a andar y a hablar, a valerme por mi mismo y a resolver todo tipo de problemas. Por culpa de una decisión errónea me vi obligado depender de personas para las labores cotidianas, desde comer a vestirme, ducharme y asearme e incluso para dormir. Y ahora quiero devolver toda aquella ayuda y todo ese apoyo, generoso y desinteresado, que recibí entonces y que hoy, 12 años después, sigo recibiendo en ocasiones.
El destino, que es un tipo muy curioso, decidió repartir cartas marcadas y en este juego, a fecha de hoy trabajo en una empresa donde me dedico a gestionar los avisos de cientos de personas que llaman a muchas y muy diferentes empresas buscando ayuda, y soy yo el que descuelga el teléfono y trata de ayudarlos.
Es bastante estresante, para que voy a negarlo, pues hay quien no merece ni mi tiempo ni mi esfuerzo, pero como yo no soy el que debe juzgar a nadie, trato siempre de atender sus necesidades y de solucionar sus problemas.
Hasta ahí todo bien. Es un trabajo, al fin y al cabo, y me pagan por ello (aunque el sobresueldo humano es mucho más gratificante que los ceros en la cuenta bancaria), pero lo realmente duro es cuando en mi día a día, al tratar de ayudar a las personas que quiero, me encuentro con que en ocasiones no soy capaz de hacerlo, y en ocasiones no aceptan mi ayuda. Y os aseguro que eso me duele mucho, pues veo que aunque haya quien se niega a reconocerlo, necesita de mi ayuda. Y mucho.
Supongo que ese cachondo mental que es el destino, ideará la forma de que aquel que hoy rechaza mi mano un día luche por agarrarse a ella con fuerza. Y entonces prometo que sujetaré la suya para ayudarle a levantarse y a escapar del peligro de una vida desdichada.
Pedir ayuda no es señal de debilidad. Para hacerlo hay que encontrar la fuerza necesaria, pues es realmente duro tener que recurrir a otras personas para afrontar los momentos más difíciles.
La vida nos enseña. Tan solo hay que querer aprender. Y dejarse enseñar.
Este pequeño cuento latía dentro de mi pecho y necesitaba que lo escribiera para poder ser contado, y eso es lo que he hecho y por eso lo comparto hoy.
Espero que os guste, y que se lo contéis a quien creáis que va a comprender aquello que pretende transmitir,
Cuenta la leyenda que Saturno se enamoró perdidamente de la luna la primera vez que
la vio sonreír, hace más de mil millones de años, pero los dioses no aprobaron su
unión, pues sabían que, si se acercaban demasiado, podrían cambiar el curso de la
existencia de la galaxia, y ese era un riesgo demasiado grande.
Saturno la quería tanto que para demostrarle su amor le hizo un increíble anillo con
fragmentos de estrellas y asteroides y, desafiando a los dioses, se declaró acompañando
el anillo con un inmenso ramo de estrellas fugaces.
La luna le entregó su corazón y
aceptó con ilusión, pero los dioses prohibieron su enlace y Saturno se guardó el anillo y
se lo puso él mismo esperando poder entregárselo algún día.
No se resignó y volvió a
intentarlo. Era tan grande su amor por ella, que intentó que los dioses les permitieran
casarse una y otra vez, pero al tener que ponerse el séptimo anillo, pues siete veces lo
intentó y siete se lo negaron, se entristeció y se enfadó tanto, que presa de la ira
desafió a los dioses y trató de fugarse con ella y esconderse para siempre en un agujero
negro. Al hacerlo se desató una impresionante lluvia de meteoritos que a punto estuvo
de desencadenar el apocalipsis y terminar con el universo. Pero los dioses consiguieron
devolver el orden al cosmos y castigaron a Saturno haciendo que olvidase a la luna para siempre y,
repartiendo su corazón entre todos los gatos del planeta Tierra.
Por eso Galileo Galilei descubrió que Saturno tiene siete anillos, y por eso todos
sabemos que los gatos tienen siete vidas y que cada noche maúllan a la luna
lastimeros, por no poder estar más cerca de ella.
A partir de ahora cada vez que veáis un gato, pensad que son animales tan especiales
porque en dentro el pecho llevan un trocito del corazón de Saturno. Y que cuando alguien ama de verdad, no se rendirá fácilmente por difíciles que puedan ponerse las cosas, y será necesaria la intervención de los dioses para obligarle a renunciar al ser amado.
Supongo que esos sueños recurrentes en los que me veo volando y planeando sobre distintos lugares que asocio con malos recuerdos, momentos difíciles o simplemente tristeza o miedo, son algo construido desde el inconsciente a base de metáforas y, de alguna manera, tienen mucho de catarsis, de terapia y de tratamiento para el alma. Al igual que esta necesidad de escribir constantemente.
Cuando sueño que vuelo, lo hago como las aves, extendiendo los brazos a modo de alas y con las manos abiertas para utilizar las palmas como alerones direcciónales que trazan el rumbo a seguir. Y curiosamente no estoy cayendo, casi siempre soy yo el que elige hacia donde quiere ir y donde me gustaría aterrizar. Aunque he de reconocer que cuando me puede la angustia de las circunstancias tengo espantosas pesadillas en las que no consigo evitar estrellarme contra las rocas, contra la dura realidad de los errores cometidos conscientemente o contra un negro asfalto que se levanta contra mi y me busca como el implacable cazador que sé que no parará hasta darme caza y cobrarse su pieza (y si esto no es una metáfora de mi realidad más dolorosa...)
Pero en muchos de estos sueños la sensación es muy agradable, casi reponedora, y respiro profundamente llenando mi pecho de aire fresco y limpio. Y en mis sueños el aire es el caldo en el que el cerebro cocina todas las metáforas, pues me ayuda a respirar, a volar y a sentir que aún hay lugar para la esperanza.
Cuando estoy volando siento que no trato de evitar la caída sino que formo parte del aire y el aire penetra en mi a través de todos los poros de mi piel y equilibra la balanza de pérdidas y triunfos, me limpia por dentro y renueva el alma. Y con cada giro aprovechando las corrientes, sonrío.
La canción de El nido que encabeza este post siempre me gustó y me resulta curioso que estos talentosos burgaleses nos canten desde sus Refugios a cielo abierto o le guiñen el ojo a Ícaro con una de sus canciones.
Ver sonreír a mi amigo Jorge, de Fetén Fetén, mientras la cámara lo graba tocando ese acordeón que nos acompañó en tan buenos momentos cuando aún éramos jóvenes y soñábamos con futuros felices, hace que no encuentre mejor BSO para un texto en el que os invito a daros una vuelta por mi universo onírico.
Dejad que pase el aire, que se lleve todo lo malo, y que os permita planear con la certeza de que pase lo que pase, conseguiréis remontar el vuelo.
Es de bien nacidos ser agradecidos. Y una vez más agradezco de corazón que amigos con tanto talento como Susana y Cesar, de Cover Club, compartan su innegable calidad artística con los asistentes a esas presentaciones literarias en las que trato de ofrecer a familia, amigos, lectores y curiosos que pasaban por allí, algo realmente especial.
Que Cesar es uno de los mejores músicos vallisoletanos es algo que todos los que disfrutamos de la música en directo en mi ciudad ya tenemos más que claro, pues es una gozada escucharle tocar y disfrutar de su acierto en las cuerdas.
Y una suerte poder llamarlo amigo.
De Susana podría estar escribiendo durante horas pues además de tener una voz realmente bonita, su presencia escénica es sencillamente hipnótica. Y no solo porque sea una mujer hermosa, que lo es, sino por su ritmo, por sus gestos y poses, por el talento que irradia y, por ser una de esas personas bendecidas por los dioses de la música.
Durante la presentación en Simancas de mi novela Incluso lo bueno, estos generosos amigos nos regalarán dos intervenciones musicales, una de ellas será el tema del videoclip que encabeza este post. Al ser una novela ambientada en gran parte durante la guerra de secesión americana, y en la que la esclavitud y la abolición de la misma tienen un peso importante, nos van a regalar también un tema musical muy asociado al momento, a los valores y a la temática de la novela, pero hasta ahí puedo leer, o mejor dicho escribir.
Me siento realmente afortunado de contar con amigos como ellos y de saber que cuando he necesitado que apoyen mis aventuras literarias, siempre he podido contar con su generosidad y su talento. Y eso para que engañarnos, me hace sentir mejor que bien.
Quiero pensar que de alguna manera podré corresponder con todas y cada una de las personas que hacen que en los días más oscuros y más tristes, mi vida siga teniendo sentido. Son muchos los brazos que se me tienden, las manos que me sostienen, los hombros en los que apoyarme, las sonrisas que me alimentan, los abrazos que me reconfortan y los besos que sacian mi sed de cariño.
Son muchos los motivos para también darle gracias a mi Dios, porque sí, amiguitos, Dios existe y se lo pasa muy bien con nosotros.
En ocasiones me despierto en la casa del sol naciente, y dejar atrás la noche me reconforta.
Digamos que en el pasado acostumbraba a confundir el trazado y a salirme de la pista, con el peligro que eso conlleva, tanto físico como emocional, mental, espiritual y en resumidas cuentas vital.
De un tiempo a esta parte he abierto los ojos y he decidido fijarme bien para poder avanzar en el camino, en mi camino.
Obviamente sigo cometiendo errores, pero he aprendido a interiorizar aquello que creo puede hacerme bien y por fin he decidido a esforzarme en hacer las cosas lo mejor que puedo, sin buscar escusas ni justificaciones para escurrir el bulto.
El Dharma es un concepto básico de las denominadas religiones índicas (budismo, hinduismo...) que significa orden cósmico, ley universal, deber o virtud.
Según el Hinduismo, el Dharma se refiere a las conductas que siguen el Rita u orden cósmico, incluyendo deberes y derechos, y según el Budismo es el método para eliminar la ignorancia y cultivar la paz interior, realizando acciones positivas y educando la mente. La ley del Dharma podría traducirse como "propósito" y, eso conlleva encontrar el talento único de la persona y expresarlo de una forma que contribuya a tu entorno y a la sociedad.
El Ikigai, más que un concepto, es una filosofía de vida que te lleva a profundizar sobre quien eres y que valor puedes aportar al mundo.
Pero no quiero ponerme ni filosófico, ni místico, ni excesivamente cargante, porque he nacido en una capital de provincias castellana, y nunca he sido muy dado al zen ni a las meditaciones. De hecho he escrito muchas veces que cuando quiero hacerme daño hago introspección y me enfrento a mis temores, a mis angustias y a mis muchas debilidades.
Trato de ser el mejor Juan que pueda llegar a ser, de no desviarme del camino recto, de ayudar como a mi se me ha ayudado y de aportar a mi entorno cuanto pueda aportar. De la forma que sea. A veces simplemente estando y ofreciendo una mano a la que agarrarse o un hombro en el que apoyarse. O una caricia. O unas letras.
He descubierto que mi Ikigai está estrechamente relacionado con la literatura y no dejo de leer y de escribir, de interesarme por todo cuanto pueda enriquecer mi universo literario, y de tratar de seguir aprendiendo, porque aún tengo muchísimo que aprender. Y estoy dispuesto a hacerlo.
También he empezado a trabajar mi falta de asertividad, porque como reza el título de un libro que me regaló un gran amigo, "Cuando digo no, me siento culpable". Y hay que saber decir que no, darte en la justa medida y no renunciar a uno mismo por querer ver felices a los demás, aunque sea sacrificando para ello tu propia felicidad.
Es un largo camino. Muy largo y muy duro, pero avanzo. O lo que viene siendo lo mismo, vivo conscientemente.
He tenido la suerte de haber crecido en un hogar en el que se escuchaban muy a menudo las más hermosas arias de ópera, y se valoraba y se apreciaba la belleza de este género, y el impresionante talento de algunos de sus máximos exponentes, como Luciano Pavarotti o María Callas.
En un principio me sedujeron las increíbles partituras dotadas de los recursos necesarios para el mayor lucimiento de las voces de los intérpretes, pero con la edad, las circunstancias me llevaron a vivir un tiempo en Italia y a aprender la lengua de Salgari. Esto me hizo descubrir cosas ocultas en muchas de las canciones que escuchaba en radios comerciales, de la mano de Laura Pausini, Eros Ramazzotti y otros, pero también me abrió una pequeña puerta de acceso al Olimpo, semioculta en las letras de las arias de ópera que más me gustaron siempre.
Y en este caso, la letra de esta belleza compuesta por Donizetti hace ya siglos, se me antoja una de las más increíbles que he podido traducir (torpemente en un principio, y luego por completo) dado lo mucho que me une a ella y que me identifica con el sentir de su autor.
Tiene momentos de una salvaje sensibilidad, que me conmueven por lo mucho que los asocio a mi manera de entender el amor y de vivirlo. Esa confusión entre los suspiros de los dos amantes, esa certeza al ratificar que ella lo ama al ver brotar una furtiva lágrima de sus ojos y, ese desear llegar a morir de amor a su lado, me recuerdan el día en el que descubrí el amor en la sonrisa, en los ojos y en los labios de la mujer que me ayudó a comprender que ese sentimiento se alejaba mucho de aquello que yo siempre había confundido, permitiendo que sentimientos impostores usurparan una identidad que no les correspondía.
A veces, me he dejado llevar por la emoción en la intimidad, y no miento al decir que hubiera firmado mil veces el morir a su lado después de haber hecho el amor, pues cuando descubrí el verdadero sentido de tan manida y desvirtuada expresión, comprendí que hasta la fecha solo había hecho gimnasia en compañía, pero nunca el amor.
El amor es increíble, es absolutamente placentero pero también terriblemente doloroso y devastador.
El verdadero infierno al que nos condena Dios cuando pecamos contra él o contra el prójimo, toma la forma de un amor que las circunstancias te obligaron a olvidar; y su fuego eterno se encuentra en el amor prohibido, y en la dolorosa renuncia al amor. Y en todas las torturas inventadas para alejar dos corazones que deberían caminar juntos, vivir juntos y detenerse un día al mismo tiempo.
Os invito a saborear esta maravilla de la música mientras leéis su letra traducida al español, y a imaginaros junto la persona amada, confundiendo sus suspiros con los vuestros y libando de sus mejillas esas furtivas lágrimas.
Hala...y ahora el imbécil de turno que me llame ñoño, porque vale, sí, puede que lo sea, pero eso es porque una vez amé y me amaron, y fui consciente de ello. Y recordarlo me lleva al éxtasis, y a sentarme ante el teclado de mi ordenador un día tras otro, y a quererla como solo sabe querer un escritor.
Me empeño en recomendar a todo el mundo que lea agarrándome a la certeza de que la literatura salva vidas, y ayuda a hacer de ellas algo mucho más interesante. Y quizás el conseguir que alguien que no acostumbre a hacerlo descubra el placer de la lectura, y de esa manera enriquezca su existencia, sea el pago por la oportunidad que se me ha dado.
No lo sé.
Lo que si sé es que en los libros encuentro muchas cosas, mucho más que ocio y palabras bonitas, evasión, momentos de placer y recursos para afrontar lo más difícil.
Leyendo aprendo mucho, me formo como persona y voy acumulando un bagaje ya no solo cultural, sino también existencial, pues con la lectura me adentro en conocimientos que fortalecen mi espíritu y despejan mi conciencia.
Y estoy descubriendo la importancia de la conciencia en la humanidad. No solo de mi conciencia, sino de la conciencia universal como término acuñado desde eso que conocemos como el alma y que los seres humanos hemos creado desde el cerebro, dotando a la mente de mucho más significado y comprendiendo que de alguna manera todos estamos fuertemente unidos y que sin darnos cuenta sumamos un TODO del que no podemos desligarnos.
Y esta nueva comprensión de mi realidad, de la realidad, no se aleja de mi fe ni es opuesta a ella, pues simplemente me reafirma en que hay un ente superior que ha sabido darle forma a todo cuanto somos capaces de imaginar, de percibir, de soñar y de crear. Desde lo más hermoso a lo más terrible. Desde al sonrisa de la mujer más bonita del universo conocido hasta el más terrorífico de los monstruos que habitan nuestras pesadillas. Y nuestras vidas. Quizás en esa insistencia en tratar de convencernos de que TODOS somos hermanos y que TODOS somos hijos de Dios, se nos intentase explicar la unión que entrelaza nuestras conciencias haciendo de ellas UNA. Por eso se nos pedía que nos amásemos los unos a los otros como a UNO mismo.
Agradezco sobre manera a mis padres que me inculcaran el interés por los libros y que fortalecieran y apoyaran mi ansia de acceder a cuantos pudiera, e incluso la vital e imperiosa necesidad de escribir los míos propios.
Me estoy dejando llevar por cuanto leo e investigo sobre la ciencia noética y de verdad, creo que este es el verdadero camino para adquirir la comprensión necesaria de cara a hacer de mi vida algo digno.
El haber pasado pro una ECM y haber podido superar una lesión cerebral, forma parte de este camino, quizás ha sido el tramo más difícil, pero hoy lo considero un regalo y algo de lo que puedo aprender mucho, mucho más de lo que creo.
Creedme. Todo está en los libros. Y todos estamos en ellos y formamos parte de esa gran enciclopedia a la que llamamos universo.
Me considero una persona pacífica. Generalmente huyo de enfrentamientos y de polémicas. Odio discutir, y si debo hacerlo, estoy dispuesto a aceptar que no llevo la razón, siempre y cuando me demuestren mi equivocación con los argumentos correctos, no por imposición usando para este fin cualquier medio que evidencia su falta de criterio.
Soy terriblemente imperfecto y tengo cierta tendencia a equivocarme, eso nunca lo he negado. Pero odio la mentira, la traición, la falsedad y la prepotencia.
No voy a vestirme con un ropaje existencial inmaculado, porque en otro tiempo también mentí y traicioné, haciendo daño a personas que no lo merecían, y me pueden creer o no, pero cada día me disculpo con los hados y con mi conciencia, y trato de corregir esos errores del pasado y de no volver a repetirlo, porque cuando el karma te paga dándote unas cuantas tazas de lo que tu obligaste a beber, aprendes cuanto abrasa la garganta la infusión de mentiras. Y aún trato de refrescarme por dentro y de que se curen las ampollas que produjeron esos litros de infamia que se me obligó a beber.
He madurado y he entendido que la vida es una dama caprichosa y con carácter y, que si la desaíras, no duda en castigarte con todas las armas a su alcance. Y yo debí ofenderla o enojarla hasta el extremo, porque ha sido bastante dura conmigo y aunque ahora al fin comienza a aceptar mis excusas y parece levantar la mano, no ha escatimado en correctivos de todo tipo.
Quizás más allá del tremendo castigo físico al que me sometió cuando aplicó su implacable condena, el que más me duele es el brutal correctivo emocional que disfrazado de pérdida, de desamor y de derrota me ha dejado el alma llena de cicatrices. La despiadada señora se ocupó en poner ante mi la más hermosa sonrisa, la más tierna mirada y el más afín de los corazones humanos para después quitármelo todo al hacerme tropezar y dejar que cayeran al embravecido y muy cercano océano de lo tristemente imposible. Y obligarme a ver como cada día que pasa estoy más lejos de que lo bueno termine llegando.
Y para que aprendiese a no bajar la guardia y a practicar la esgrima existencial y el combate ego a ego, acordó con el Fatum crear mi más encarnizado archienemigo y colocarlo sin piedad sobre el tablero de juego al que llaman realidad.
Decía mi padre que un pedante es un tonto instruido, y como el destino es así de cachondo, ha convencido a la vida de que mi némesis sea el más grande de los pedantes que he conocido a lo largo de mis existencias.
Y este personaje maquiavélico y diabólico, que encarna todo aquello que detesto y desprecio, no ha dudado en utilizar cuantas armas ha podido esgrimir para cargar contra mi y contra todo aquello que me importa, que me define y, en lo que sabe puedo derrotarlo en justa lid si tiene el valor de desafiarme cara a cara ante la corte que tanto ansia dirigir.
Durante un tiempo, amparándose en el anonimato, se entretuvo tratando de hacerme daño con sus nauseabundos comentarios en este blog, pero al percatarse de que dejaron de dolerme y de que además, tenía en mi mano la legítima opción de eliminarlos para siempre, parece que se decantó por otras estrategias y bebiendo de su propio veneno tratando de auto inmunizarse, se ocultó en las sombras desde donde manipula y confunde escupiendo mentiras, infamias y argumentos envenenados , buscando siempre herirme a través de mis sueños, de mi arte, de mis escritos y de aquello en lo que por mucho que trate de engañar a la corte al vestirse cada día con su traje nuevo del emperador, no dejará nunca de ser es un patético mediocre con ínfulas.
Y casualmente al tomar conciencia de que en su mediocridad lleva su propio castigo, he comenzado a apiadarme de él y a comprender que necesite ganar alguna batalla para sentirse un poco menos desgraciado y un poco menos patético. Pero en este paso adelante, también he comprendido que el valiente ha sido valiente hasta que el cobarde ha querido, y que si yo no recojo su guante, y le doy la espalda con sarcasmo, la rabia lo llevará a buscar nuevos rivales y se olvidará de mi.
Desde mi desprecio en la distancia no puedo por menos que reconocerle alguna victoria y lamentar los daños colaterales y las inocentes víctimas que han caído al recibir en el pecho la metralla de sus envenenadas palabras. He perdido amigos, si, o tal vez solo aliados (a veces no consigo identificar la diferencia entre ambas cosas), pero bueno...el doctor tiempo lo cura todo y todo lo devuelve a su lugar.
Así que nada. A seguir viviendo.
Dejad que hablen, yo ya he decidido permitir que lo hagan, y que me resbalen sus palabras de hiel y vaselina.
En su día escribí una carta a Raymond Carver, tengo en mente escribir a William Shakespeare y hoy os dejo aquí unas sinceras letras escritas a la memoria de aquel intrépido piloto que un día abandonó el mundo real para viajar hasta el pequeño asteroide en el que reside el personaje con el que maravilló a los lectores de todo el planeta.
No me canso de decir que si todo el mundo leyera El principito, quizás habría menos problemas y la sociedad no se corrompería a la velocidad a la que lo está haciendo. Y que con cada relectura de este maravilloso libro, se aprende algo nuevo, y que da igual la edad a la que lo leas pues siempre encontrará un atajo para llegar hasta lo más profundo de tu alma.
Pero bueno...al lio.
Querido Antoine,
me llamo Juan y soy uno de esos lectores a los que cambiaste la vida al leer tu obra.
El principito se ha convertido en mi biblia personal, en mi particular manual de autoayuda y en el más eficaz libro de instrucciones para soportar una realidad que me enferma, me estomaga y me desespera.
Mi asteroide secreto es más pequeño aún que B 612 y me refugio en él cuando me descubro confuso y perdido en esos momentos en los que tan solo quiero llorar, en los que que necesito esconderme de la vida real y en los que los monstruos que se juegan mis ilusiones a los dados han decidido cobrar su premio. Y han salido a buscarlo.
Entonces levanto una empalizada de letras, un escudo protector de metáforas y, trato de ponerme a salvo confeccionando una formidable cota de mallas hilvanando resistentes palabras en negro sobre blanco.
Y sé que te debo mucho, mucho.
Y te agradezco de corazón que quisieras compartir con todos tu maravillosa forma de entender la realidad y, de convertirla en un cuento en el que escondiste tesoros para que los lectores que supieran interpretar el mapa oculto en él, pudieran desenterrarlos.
Entre las páginas de tu libro encontré muy joven la joya que simboliza la responsabilidad de cuidar de los volcanes y de los baobabs, un poco más mayor las monedas de oro con las que pagar la tranquilidad de no depender de nada, ni de nadie, y mucho más mayor el inmenso diamante que es el verdadero significado de la palabra amor, que me permitió identificar a la Rosa que siempre embellecerá el jardín de mi existencia, y asumir que me hará feliz quererla a mi lado, pero no quererla mía, porque eso no es querer. Y que querer de verdad a veces es muy difícil, y muy doloroso.
Comprendí que todos necesitamos ser domesticados y que tumbarme a descansar junto a un amigo de verdad, puede ayudarme a reponerme del más agotador esfuerzo.
Que hay demasiadas boas digiriendo elefantes, escondidas dentro de enormes sombreros, y que todo es mío y nada me pertenece. Que prefiero las letras a los números y que todos somos monarcas y súbditos de nosotros mismos en nuestros independientes y diminutos reinos.
Gracias, Antoine, por tanto. por todo.
Pero sobre todo gracias por ayudarme a comprender que ser escritor es mucho más que escribir y que si no eres capaz de vivir lo que escribes, no conseguirás acariciar el alma de quien te lee.
Espero encontrarte en el próximo viaje, a través de una galaxia muy , muy cercana.
No me seduce en exceso descubrir el olor a Napalm, y espero que mi olfato no tenga que aprender a reconocerlo jamás, pero desde que siendo un niño escuché por primera vez a Wagner, supe que sus oberturas y arias me acompañarían a lo largo de mis vidas y tendrían particular protagonismo en algunos de mis momentos existenciales.
Hubo un tiempo en el que vestí el uniforme del ejercito español, se me entrenó en el manejo de distintas armas de fuego y se me enseñó a acatar ordenes, a obedecerlas y a asumir la responsabilidad ante los superiores. Quizás esto último me ha sido de mucha más utilidad en la vida que aprender a montar y a desmontar un Cetme, pero oiga...nunca se sabe.
Desde hace poco más de año y medio, la trinchera desde la que entro en combate a diario y donde hago guardia muchos fines de semana, consta de unidad CPU, teclado, dos pantallas y unos rígidos auriculares a través de los que recibo las directrices para enfrentar todo tipo de misiones, algunas mucho más llevaderas que otras.
Lo cierto es que estoy contento con mi trabajo de asistente virtual. La gente llama pidiendo ayuda y solicitando que gestione sus necesidades y, de alguna manera, ayudo al prójimo, facilito la vida de muchas personas y resuelvo problemas sin moverme del sillón de mi escritorio. Obviamente tiene su cositas, como todos los trabajos. Si no hubiera que esforzarse y sacrificarse, sino hubiera que tratar de hacerlo de la mejor de las maneras posibles y no tuviera que responder ante un superior ni me pagarían por ello ni lo llamarían trabajo, lo llamarían ocio.
He de reconocer que desde cierta catastrófica desdicha que ahora no viene al caso, mi estado nervioso acusa mucho más la tensión y las dificultades y en ocasiones aún siguiendo los protocolos indicados y pudiendo consultar manuales, siento que me acerco peligrosamente a una crisis de ansiedad. Y ahí es donde entran quienes comparten trinchera junto a mi, combaten a mi lado y me aportan mucho más que munición y tabaco.
Lo cierto es que la unidad en la que sirvo está integrada por los mejores de entre aquellos que se alistaron en su día, y es en verdad una unidad ESPECIAL, A diario me demuestran que es muy cierto eso de que el trabajo dignifica, y aunque tengo unos compañeros estupendos, aguerridos y muy capaces, quiero hacer especial mención a mis compañeras, pues una vez más se me demuestra que eso de que las mujeres son el sexo débil, es una auténtica sandez.
Si no fuera por mis compañeras, hace mucho tiempo que me habría batido en retirada, que habría deshonrado mi uniforme y que me hubieran expulsado con deshonor tras arrancarme los galones.
Aprecio, admiro y respeto a mis compañeras, y no me supone ninguna vergüenza reconocer que recurro a su ayuda con frecuencia, pues la gran mayoría de ellas me dan cien mil vueltas trabajando, y además me tratan con mucha paciencia, con cariño y con verdadera camaradería.
Con los años he aprendido a reconocer mis debilidades y a tratar de corregir mis muchos defectos, pero también a saber pedir ayuda y a tragarme un estúpido orgullo y un ego que lejos de facilitarme las cosas, tan solo pueden hacerme caer de la montura.
Este no es un texto de "buen rollismo" feminista nacido del oportunismo ni de adulación gratuita. Es tan solo mi forma de dar las gracias a aquellas que se esfuerzan en verme sonreír mientras trabajo y en que me atreva a afrontar al más feroz de los enemigos y a las circunstancias más adversas, pues lucharán junto a mi, hombro con hombro.
Gracias, chicas. Algún día sabre corresponder como merecéis.
Todos tendremos que irnos algún día, nos venga mejor o nos venga peor, nos parezca un buen momento o el peor de todos, pero esta es una de esas certezas que nos definen como seres humanos y cuanto antes la asumamos, antes aprenderemos a enfrentar la vida con humildad y agradecimiento, y antes asumiremos que estamos de prestado, que somos finitos y que los finales han de llegar nos guste o no.
Saber que desde nuestro primer minuto de vida, todos estamos más cerca de la muerte, nos ayuda a soportar el dolor de las pérdidas y a superar los duelos y los lutos. Y los miedos.
Ya tengo 51 primaveras y de un tiempo a esta parte, se me antoja más cercano el final, pero desde hace 11 años, he comprendido que en el final no es más que la oportunidad para comenzar de nuevo y para intentar hacer mejor las cosas. Que a veces debes irte, si, pero para volver y poder adquirir una nueva visión de todo. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y yo estuve muy ciego, y vivía sin fijarme bien ni prestar atención. Tuve la suerte de que se me permitiera regresar de las sombras para dar la verdadera importancia a palabras como amigo y familia, y a sentimientos como el amor, que además del más hermoso y el más poderoso de entre ellos, es el que más confundimos, y el que desvirtuamos con más facilidad.
El tiempo pasa. La vida pasa y a veces pesa, pero poco a poco comprendo que esto es un viaje y que lo que importa de verdad, más que el lugar a donde nos conduce, es si sabremos disfrutar del camino.
Muchas veces me maldigo por sentir de la forma que siento y por sufrir inútilmente en lugar de aferrarme a todo cuanto debería hacer de mi una persona dichosa, y un hombre agradecido. No es fácil colocar en su lugar las emociones y gestionarlas de la manera correcta y por eso necesito escribir y necesito sacar del interior de mi pecho aquello que quema, aquello que podría reventar la presa que lo contiene, esa obra de ingeniería celestial a la que llamamos corazón.
El día que escriba la última página, comprenderé que se me ha concedido el acceso a una herramienta que sana, que cura y que ayuda, que mitiga sufrimientos y que decora el futuro como la luz de una sonrisa o el brillo de unos ojos ilusionados.
Por eso amo escribir, y por eso me declaro escritor.
Y el mundo sigue apostando por enviarse muerte a través de proyectiles de diferentes calibres y de bombas de distintas potencias.
La palabra es una munición escasa y al parecer los líderes mundiales han preferido guardar sus últimos cargadores en lo más profundo de los armarios y las cajas fuertes donde guardan también el dinero que ganan haciendo que jóvenes que no se odian ni se conocen se maten por orden de personas que si se odian y si se conocen, pero no se matan.
Una nueva guerra sobre el tablero de juego, y en esta ocasión los jugadores parecen divertirse más que nunca, sobre todo uno de ellos, que asusta por su desmedida adicción a este tipo de entretenimientos y su declarada ludopatía bélica.
Y lo más triste es que la sociedad de naciones asiste perpleja e impotente a esta nueva partida, asustada por la facilidad con la que cualquiera de los dos jugadores que lanzan sus dados de corto y medio alcance podrían obligarla a jugar al menos un par de rondas.
A fecha de hoy, ya hay más de 2000 muertos reconocidos en el conflicto, y mientras el más peligroso de los jugadores se auto complace con su juego y se puntúa con un quince sobre diez, algunos políticos pretenden sacar rédito electoral de la situación tratando de pescar votos en el caladero de aguas turbias y confusas donde acostumbran a capturar su presas, muchas veces embarradas y sucias de fango al tratar de esconderse en el fondo de peligrosas arenas llenas de pecios de otros votantes desencantados de quienes los quisieron exponer sus capturas en las paredes de sus opulentas mansiones.
La guerra solo genera guerra, y aunque a veces es posible que no quede más remedio que iniciar una para alcanzar la paz, me jode mucho tener que concederle crédito a esa cita tan manida de "si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepara la guerra).
Como escribí en Vosotros, ¿especie superior? , nos autoerigimos como la superior de las especies tan solo porque sabemos matarnos más y desde más lejos.
A ver si hay suerte y en mi próxima vida regreso como un felino.
Ya lo cantaba Macaco hace muchos años, en su primer disco. Hay muchos demonios a nuestro alrededor. Demasiados.
Esta sociedad asusta. Da tanto miedo porque es terriblemente evidente la permisividad que tienen algunos políticos y sus legisladores a sueldo con lo peor de las consecuencias de la maldad del ser humano.
Estamos confundidos. Nos han confundido. Nos han convertido en complacientes receptores de inmundicia. Se han perdido la fe y los valores más importantes, pero nos hacen agachar la cabeza antes sus imposiciones y comulgar con ruedas de molino. En post de un confundido progresismo nos han grabado en el alma su "vale todo" con un hierro al rojo. Pero no...para algunos ya no vale todo. Algunos nos vamos despertando de la anestesia social inoculada con falsas promesas de felicidad y avance y comprendemos que lo que estamos viviendo no es un sueño, sino una pesadilla.
Nos manipulan para intentar que todo sea del color de rosa de las papeletas de los votos que asegurarán la poltrona a esos desgraciados que pretendieron darnos lecciones de feminismo mientras violaban actrices en fiestas privadas o pagaban putas elegidas por catálogo y áticos en el centro de Madrid a sus queridas con el dinero de nuestros impuestos.
Se acabó. Ya esta bien. O bueno...se acabará cuando a un prófugo de la justicia que reside fuera de nuestras fronteras al no poder pisar territorio nacional, decida que sus necesarios votos dejarán de sustentar a la hidra.
Y así va todo. Es para volverse loco.
Loco como la sociedad en la que un grupo de chavales de quince años y menos se juntan para violar a una NIÑA de 13 primaveras y no contentos con semejante barbaridad, lo graban con sus teléfonos móviles y comparten el video de su proeza en Redes Sociales buscando la aprobación y los likes de otros energúmenos sin corazón como ellos.
Pero ¿Qué mierda es esta?
Que se pare el mundo , que me bajo.
Lo siento...pero comienzo a añorar esas tan eficaces medidas del presión del pasado del estilo de la pena de muerte.
Sé que abogar por la vuelta al garrote vil me va a granjear tantos enemigos como detractores, pero que pregunten a los padres de la niña violada, a los hijos de cualquiera de los cientos de mujeres asesinadas por sus parejas a lo largo de estos años de "progresismo del ahorro"(el ministerio compra las pulseras de seguridad en los chinos para poder costear otras muy necesarias medidas sociales) o que quienes puedan tomar decisiones en Europa se cuestionen la fiabilidad de nuestras líneas férreas y nuestros trenes de alta velocidad.
No es la primera vez que escribo sobre Drácula, la maravillosa novela fantástica del irlandés Bram Stoker que tras ser publicada a finales del siglo XIX ha sido traducida a más de cincuenta idiomas y ha vendido más de doce millones de ejemplares.
Me harto de elogiar todas su páginas, pues ninguna sobra en esta novela, y de recomendar su lectura, pues ofrecerá a los lectores absolutamente todo cuanto un libro puede ofrecerte, evasión, ocio, conocimientos, emoción...vamos todo lo que buscamos a la hora de enfrentarnos a una lectura, aunque al hacerlo con Drácula, lo encontramos todo a la vez.
Quienes me leen y me conocen, o me leen, o me conocen, saben que soy un tipo muy romántico, a veces incluso ñoño, y que pese a todo lo experimentado a lo largo de mi vida, sigo creyendo en el amor.
La primera vez que abrí el ejemplar de Drácula que descansaba en las estanterías repletas de libros que atesoraba mi padre, no tendría más de 14 o 15 años, y aunque ya había experimentado ese compendio de sensaciones que produce besar a la persona que te roba el sueño, me decidí a leer la novela de Stoker únicamente por lo fantástico y lo gótico de su historia de vampiros, que en verdad tiene momentos realmente terroríficos. La sugestión a la que te lleva una lectura cuando estás verdaderamente entregado a ella, puede hacer que llegues a temblar y a sudar de terror, que se te acelere el corazón o que necesites abandonar sus páginas y regresar a la realidad para ponerte a salvo, cosa que me sucedió también al leer La fiesta del chivo, del genial Vargas Llosa . Y con las andanzas del príncipe de Valaquia pasé por ese estado en distintas ocasiones. Y en verdad os digo que el que me muerdan el cuello y me claven unos colmillos para luego extraer mi sangre, me da mucho menos miedo que una inspección de Hacienda o una notificación de la DGT.
No fue hasta su segunda lectura cuando identifiqué lo romántico de las páginas del libro y fue la tercera vez que devoré su contenido cuando identifiqué el más verdadero de los amores en lo que sentía Drácula por su amada.
Ese amor, que como cantan mi queridísimo Pablo y mi admiradísima Rocío en el tema que encabeza la entrada, lo llevó a cruzar océanos de tiempo para encontrar a la mujer por la que no le importó morir y condenar su alma inmortal, lo lleva una y otra vez a renunciar a todo.
Y eso es el amor, renunciar a todo, incluso a ti mismo, lo que pasa es que aunque ya sé en que consiste, me vence el miedo a las consecuencias de seguir los designios del corazón. Me aterra estar equivocado y sobre todo y por encima de todo, me da demasiado miedo no estarlo y sufrir el resto de mis vidas.
Hoy en día, en un momento en el que influencers y catedráticos de literatura se tiran de los pelos por las lecturas recomendadas a los escolares, más allá de las más grandes joyas de la literatura universal como El Quijote,Hamlet, o Cien años de soledad, yo apostaría porque además de estos tres títulos indispensables, los más jóvenes leyesen El principito y Drácula.
Estoy seguro de que la historia de Vlad Tepes, el empalador, y la de aquel niño perdido en el desierto, pueden aportar mucho, muchísimo a la humanidad de sus lectores y a ayudar a hacer de este mundo un lugar mejor (os aseguro que eso es lo que yo intento al publicar novelas como Incluso lo bueno y si no lo creéis, probad a leerla con el corazón y luego me lo contáis).
Y por lo que veo, a fecha de hoy el color de piel de las personas que viven en los EEUU sigue siendo un PROBLEMA con mayúsculas.
En su día, el sector más progre de la sociedad yankee no se cansó de aplaudir las valientes películas de Hollywood rodadas en los setenta y en los ochenta, en las que se nos mostraban los más arriesgados alegatos por la igualdad racial.
Tras una guerra civil, una difícil posguerra que a duras penas pudo establecer una verdadera unión entre los estados del Norte y los del Sur, y una sucesión de presidentes que se esforzaron en trabajar por los derechos y las libertades que promulga la carta magna de esa América que hoy sueña con volver a ser grande, nos encontramos con que a los mandos del que seguramente sea el país más poderoso del planeta se encuentra un megalómano narcisista y con ciertas dosis de peligrosa psicopatía que ha decidido amarrarse con cadenas de acero al sillón presidencial, y que de seguir cometiendo una tropelía tras otra, probablemente conseguirá enfrentar a sus ciudadanos de nuevo entre si, y puede que incluso destruya el sueño de libertad y de progreso con el que consiguió hacerse con el gobierno por segunda vez a consta de embaucar a unos y a otros para conseguir los necesarios apoyos.
Y no. Aunque lo parezca no estoy hablando de Pedro Sánchez (pero muchos lo habréis pensado, que lo sé yo).
Donald Trump ha decidido hacer grande a la América blanca a consta de terminar con el sueño americano y de prohibir la esperanza de quienes hipotecaron sus ilusiones al poner un pie en suelo estadounidense.
Y de paso, ha dado patente de corso y carta blanca a un buen número de energúmenos uniformados a los que permite llevar placa y pistola y pasearse impunemente por las calles de las ciudades construidas por los bisabuelos y los abuelos de quienes caen bajo sus golpes y sus disparos.
No creo que sea necesario recordar el número de afroamericanos que cayeron en las distintas guerras del siglo XX en las que los EEUU se metieron de lleno con la excusa de proteger la libertad y la democracia, ni el de los soldados de color y de distinto origen étnico pero igual pasaporte americano que han caído en las misiones en oriente próximo durante el siglo XXI.
No creo que sea necesario hablar de los héroes del cuerpo de bomberos y de la policía que se dejaron la vida durante aquel terrible atentado en las torres gemelas.
En cualquier caso, mucho más allá de hablar de que todos somos iguales a los ojos de Dios, quizás esto se entienda mucho mejor si dejo claro que la maldad no entiende de origen, género, credo ni color de piel.
Solo deseo que el día de mañana mi entorno esté formado por buenas personas, y me importa una mierda si son más rubias, más blancas y más altas que yo, o si orinan sentadas o de pie. Tan solo le pido a mi Dios, que no me hagan daño, que no me rompan el alma y que no me generen angustia. Que me respeten y empaticen con mis emociones y mis circunstancias.
A veces y cuando menos te lo esperas la vida te da una lección y te abre los ojos, evidenciando tus carencias y aclarando tus ideas.
La sociedad en la que me ha tocado vivir ha conseguido confundirnos hasta tal punto que ya no sabemos qué es lo verdaderamente importante en la vida, lo que nos define como seres humanos y lo que realmente consigue alimentar nuestras almas.
Esta mañana, uno de mis mejores amigos, un tipo que es tan artista como buena persona, me ha enseñado hasta qué punto hemos llegado a confundirnos, o nos hemos dejado confundir.
Mi amigo me contaba con excelente humor y verdadera actitud positiva, que el hecho de que estuviera lloviendo desde que comenzó a trabajar a primera hora de la mañana, era más una ayuda que un incordio, pues a pesar de sus discos en el mercado, de sus premios musicales, de su formación universitaria y de sus más que envidiables habilidades artísticas, trabaja para el Servicio Municipal de limpieza, devolviendo cepillo en mano el esplendor a las calles de mi ciudad.
Quiero mucho a mi amigo, y además lo admiro y me siento muy orgulloso de él. Lo admiro por muchas cosas, pero más allá de por su talentosa faceta creativa, lo admiro por tener unos valores humanos que por desgracia hoy en día, ya forman parte del ingenuo romanticismo de quienes consideran que el trabajo dignifica, que el sacrificio personal a la hora de ganarte el pan con el sudor de tu frente es un valor añadido, y que la verdadera valía de una persona se encuentra en el interior de su pecho, y no en el modelo de teléfono con el que conteste las llamadas, en la cilindrada del coche con el que se desplace, o en el número de metros cuadrados de su hogar.
Mi amigo tiene más que claro que los sueños no son gratuitos, que se persiguen y hay que luchar por ellos, y que solo podrás alcanzarlos si no te importa dejarte la piel en el intento, y si eres capaz de aceptar que aquello que realmente merece la pena, no lo regalan en ningún lado.
Cuando asisto a cualquiera de sus muchos conciertos siempre lo aplaudo con fuerza y siempre le dedico las más grandes ovaciones, pues además de aplaudir sus formidables directos, su música y sus canciones, estoy aplaudiendo los valores morales que hacen de él un admirable ser humano, y de paso aplaudo al destino por haberme hecho merecedor de su amistad.
La fortuna y la eficacia de Salomé se aliaron una vez más y gracias a sus continuas investigaciones de cuanto se recoge en las llamadas telefónicas detectó extraños movimientos en los aeropuertos donde uno de los clientes de SVAE ofrece asistencia jurídica a los detenidos por las fuerzas policiales de aduanas. Al parecer el cartel mexicano que nutre de producto y de sicarios a la empresa de comunicaciones castellana que les sirve de tapadera, estaba también preparando la reunión a la que asistirían Pinacho y su compañera en el lugar de Charly y ella misma. No tardó en llamar a Ulises para dar novedades, como le indica el protocolo de emergencia.
—Esto es serio de verdad, agente—reconoce Ulises—apenas hay tiempo para preparar a una unidad de contingencia que de soporte a Pinacho y a Clara en el polígono, Tendrás que movilizar a los efectivos que tienes de guardia hoy.
—Muy bien. Hoy tengo a Pedro, a Alma y a las tres Elenas —le indica Salomé—Laertes y Txus se quedarán al frente de la defensa de las nuevas instalaciones en al ciudad.
—Perfecto, Salomé—, llama a las Elenas y que se pasen por la armería de las nuevas oficinas. Que no escatimen en armamento y munición, algo me dice—concluye Ulises—que hoy va a haber sangre.
Así lo haré, Ulises. Charly y yo las acompañaremos y tomaremos posiciones en la nave contigua a la de la reunión.
Tras colgar el teléfono, Salomé cumple con lo ordenado y moviliza a las tres Elenas para que acudan de inmediato a la armería y se hagan con lo que necesiten para ofrecer cobertura a Pinacho y a Clara. Una de las Elenas, la reclutada en la vecina Segovia, es muy dada a los RPG y a la artillería ligera, por lo que Salomé no duda en que si acuden sicarios del cartel en coches blindados, tampoco serán un problema.
En menos de media hora las tres Elenas toman posiciones en el tejado de la nave contigua a la de la reunión de los agentes de la policía judicial con los supuestos empresarios de comunicaciones y Charly y Salome aguardan ocultos tras los cristales tintados del potente y a la vez discreto vehículo que Ulises les ha proporcionado para las misiones especiales.
Pedro y Alma, ataviados como trabajadores de la vecina nave de construcciones y reformas, se esfuerzan en no llamar la atención disimulando como si estuvieran descargando material para una futura obra.
Desde allí ven llegar a Pinacho y a Clara, y como estos son recibidos por dos hombres trajeados que tratan de disimular sus patibularias maneras.
A los pocos minutos un disparo abre la fiesta de la pólvora y las Elenas hacen honor a los más gloriosos gestos del Tercio de infantería española que da nombre a la unidad de la legión entre cuyas mujeres fueron seleccionadas.
Joder, Clarita—brama Pinacho mientras cambia el cargador de su Pietro Beretta de 9 mm—no imaginaba que esto fuera a ponerse tan jodídamente feo.
Ya nos avisó Ulises de que seguramente habría problemas —contesta Clara derribando a un sicario de un disparo entre los ojos que desparramó sangre, sesos y restos de huesos por toda la luna de la puerta del BMW tras el que inútilmente intentaba parapetarse—. pero también nos dijo que Charly, Salome y los suyos nos prestarían cobertura inmediata.
Y ahí los tienes -señala Iván sonriendo a los miembros de la unidad especial de infantería que trabajan como teleoperadores Y gestores de llamadas en SVAE.
Una de las Elenas coloca un proyectil en el RPG que esgrime otra de las especialistas en guerrilla urbana, quien con precisión cirujana elimina a los tres sicarios ocultos tras los contenedores de obra del patio de la nave vecina.
La científica se lo va a pasar pipa recogiendo extremidades y trocitos de sicario por todo el patio --bromea Clara abriendo fuego a su vez sobre uno de los supuestos técnicos de telecomunicaciones que armado con un AK 47 intentaba terminar con ellos desde una ventana. Pedro y Alma, quienes ya no tienen que fingir nada, se han hecho con los supuestos hombres de negocios que intentaron escapar saltando la verja que comunica con su puesto y tras derribarlos de certeros y dolorosos disparos en las rodillas, los ejecutan limpiamente en el suelo. En esta guerra no se hacen prisioneros, y eso es algo que saben bien los luchadores de ambos bandos.
Tal y como Salomé le había recomendado, Iván se sentó con Clara a estudiar la documentación que la muy eficaz agente de El Faro del norte le había entregado durante su discreto y agradable encuentro en Tudela.
—No creo que te resulte demasiado difícil sostener los argumentos de SVAE de cara a optimizar los recursos de Piligrin S.A—comenta Iván tras haber realizado una primera lectura del argumentario que deberán exponer en la reunión con los directivos de la empresa de comunicaciones castellana que sirve de tapadera a los miembros del cartel del narcotráfico que ha desarrollado la nueva red de distribución en lso pueblos de la comunidad autónoma más amplia de España.
—Si, será sencillo—asiente Clara—es cierto que lso gestores de SVAE están más que capacitados para seguir los protocolos indicados y ahorrar tiempo a los técnicos de Piligrín al evitarles tener que atender las llamadas y coger los datos de los clientes.
—El problema está en que lo que no saben es que muchas de esas llamadas esconden el verdadero objetivo de que los distribuidores del cartel envien al lugar indicado la cantidad solicitada.
—Hay que reconocerles cierto ingenio en el sistema para hacer los pedidos sin llamar la atención.
—Ya te digo—concede Pinacho con verdadera admiración—Menos mal que Salomé lo ha dejado claro. Las llamadas en las que los clientes indiquen a also gestores de SVAE que el internet les llega con menos velocidad de la contratada serán las que realmente se traten de pedidos de mercancía desde los camellos de las zonas.
—Si... está muy bien pensado —prosigue Clara— Si dicen euqe tienen contratados 2000megas pero solo les llegan 1000, querrá decir que el camello del pueblo necesita que les sirvan un kilo de coca para pasar en el pueblo.
—Por lo visto solo se atenderán pedidos a partir de 500 gramos para no llamar la atención.
—Pues sí, jefe—provoca Clara con cariño sabedora de que Iván no soporta que lo llame así— está claro que esta gente no funciona al por menor y que lo de el menudeo lo dejan en manos de sus lacayos.
—Bien. Mañana es la reunión. No olvides llevar algo de munición extra en el bolso, cariño. Al parecer seremos unos cuantos en la reunión y en los montes de Cerrato hay muchas cunetas libres que nos facilitarán el trabajo de cara a que desde la prensa no se hagan eco de la aparición de los cadáveres de los miembros de un cartel mexicano de la droga en la provincia de Valladolid.
—Habrá que avisar a Charly para que estén prevenidos—apunta Clara—. Seguramente los narcos no encajen bien el golpe y además de buscar nuevas tapaderas creíbles, intentarán encontrar el origen de su pérdida.
—No te preocupes. Salomé y Charly ya han dado las pertinentes instrucciones a Alma, Pedro, Txus y los demás, y además ya han trasladado la empresa a las nuevas oficinas que diseñó y construyó la organización con la excusa de mejorar en los servicios.
Ahora a través de los túneles tras las puertas secretas en el local, los hombres de la UIP pueden personarse allí en cuestión de segundos.
—Si es que otra cosa no, pero desde luego Ulises es una tipa con la cabeza muy bien amueblada.
—Claro—masculla Iván entrando al trapo—y con la mala leche muy desarrollada.
Los dos servidores de la ley se despiden con un abrazo tan cálido como sincero y se preparan para la reunión que los aguarda a la mañana siguiente, una reunión tras la que aportarán tranquilidad y calma a muchas familias castellanas, pues durante un tiempo evitarán la distribución de droga a través de la nueva y formidable tapadera de los narcos.