jueves, 23 de abril de 2026

Dharma, Ikigai, camino, avance


 Digamos que en el pasado acostumbraba a confundir el trazado y a salirme de la pista, con el peligro que eso conlleva, tanto físico como emocional, mental, espiritual y en resumidas cuentas vital.

De un tiempo a esta parte he abierto los ojos y he decidido fijarme bien para poder avanzar en el camino, en mi camino.

Obviamente sigo cometiendo errores, pero he aprendido a interiorizar aquello que creo puede hacerme bien y por fin he decidido a esforzarme en hacer las cosas lo mejor que puedo, sin buscar escusas ni justificaciones para escurrir el bulto.

El Dharma es un concepto básico de las denominadas religiones índicas (budismo, hinduismo...) que significa orden cósmico, ley universal, deber o virtud. 

Según el Hinduismo, el Dharma se refiere a las conductas que siguen el Rita u orden cósmico, incluyendo deberes y derechos, y según el Budismo es el método para eliminar la ignorancia y cultivar la paz interior, realizando acciones positivas y educando la mente. La ley del Dharma podría traducirse como "propósito" y, eso conlleva encontrar el talento único de la persona y expresarlo de una forma que contribuya a tu entorno y a la sociedad.

El Ikigai, más que un concepto, es una filosofía de vida que te lleva a profundizar sobre quien eres y que valor puedes aportar al mundo. 

Pero no quiero ponerme ni filosófico, ni místico, ni excesivamente cargante, porque he nacido en una capital de provincias castellana, y nunca he sido muy dado al zen ni a las meditaciones. De hecho he escrito muchas veces que cuando quiero hacerme daño hago introspección y me enfrento a mis temores, a mis angustias y a mis muchas debilidades.

Trato de ser el mejor Juan que pueda llegar a ser, de no desviarme del camino recto, de ayudar como a mi se me ha ayudado y de aportar a mi entorno cuanto pueda aportar. De la forma que sea. A veces simplemente estando y ofreciendo una mano a la que agarrarse o un hombro en el que apoyarse. O una caricia. O unas letras.

He descubierto que mi Ikigai está estrechamente relacionado con la literatura y no dejo de leer y de escribir, de interesarme por todo cuanto pueda enriquecer mi universo literario, y de tratar de seguir aprendiendo, porque aún tengo muchísimo que aprender. Y estoy dispuesto a hacerlo.

También he empezado a trabajar mi falta de asertividad, porque como reza el título de un libro que me regaló un gran amigo, "Cuando digo no, me siento culpable". Y hay que saber decir que no, darte en la justa medida y no renunciar a uno mismo por querer ver felices a los demás, aunque sea sacrificando para ello tu propia felicidad.

Es un largo camino. Muy largo y muy duro, pero avanzo. O lo que viene siendo lo mismo, vivo conscientemente.

lunes, 20 de abril de 2026

Morir de amor


 He tenido la suerte de haber crecido en un hogar en el que se escuchaban muy a menudo las más hermosas arias de ópera, y se valoraba y se apreciaba la belleza de este género, y el impresionante talento de algunos de sus máximos exponentes, como Luciano Pavarotti o María Callas.

En un principio me sedujeron las increíbles partituras dotadas de los recursos necesarios para el mayor lucimiento de las voces de los intérpretes, pero con la edad, las circunstancias me llevaron a vivir un tiempo en Italia y a aprender la lengua de Salgari. Esto me hizo descubrir cosas ocultas en muchas de las canciones que escuchaba en radios comerciales, de la mano de Laura Pausini, Eros Ramazzotti y otros, pero también me abrió una pequeña puerta de acceso al Olimpo, semioculta en las letras de las arias de ópera que más me gustaron siempre.

Y en este caso, la letra de esta belleza compuesta por Donizetti hace ya siglos, se me antoja una de las más increíbles que he podido traducir (torpemente en un principio, y luego por completo) dado lo mucho que me une a ella y que me identifica con el sentir de su autor.

Tiene momentos de una salvaje sensibilidad, que me conmueven por lo mucho que los asocio a mi manera de entender el amor y de vivirlo. Esa confusión entre los suspiros de los dos amantes, esa certeza al  ratificar que ella lo ama al ver brotar una furtiva lágrima de sus ojos y, ese desear llegar a morir de amor a su lado, me recuerdan el día en el que descubrí el amor en la sonrisa, en los ojos  y en los labios de la mujer que me ayudó a comprender que ese sentimiento se alejaba mucho de aquello que yo siempre había confundido, permitiendo que sentimientos impostores usurparan una identidad que no les correspondía.

A veces, me he dejado llevar por la emoción en la intimidad, y no miento al decir que hubiera firmado mil veces el morir a su lado después de haber hecho el amor, pues cuando descubrí el verdadero sentido de tan manida y desvirtuada expresión, comprendí que hasta la fecha solo había hecho gimnasia en compañía, pero nunca el amor. 

El amor es increíble, es absolutamente placentero pero también terriblemente doloroso y devastador.

El verdadero infierno al que nos condena Dios cuando pecamos contra él o contra el prójimo, toma la forma de un amor que las circunstancias te obligaron a olvidar;  y su fuego eterno se encuentra en el amor prohibido, y en la dolorosa renuncia al amor. Y en todas las torturas inventadas para alejar dos corazones que deberían caminar juntos, vivir juntos y detenerse un día al mismo tiempo.

Os invito a saborear esta maravilla de la música mientras leéis su letra traducida al español, y a imaginaros junto la persona amada, confundiendo sus suspiros con los vuestros y libando de sus mejillas esas furtivas lágrimas.

Hala...y ahora el imbécil de turno que me llame ñoño, porque vale, sí,  puede que lo sea, pero eso es porque una vez amé y me amaron, y fui consciente de ello. Y recordarlo me lleva al éxtasis, y a sentarme ante el teclado de mi ordenador un día tras otro, y a quererla como solo sabe querer un escritor.


domingo, 12 de abril de 2026

Conciencia


 Me empeño en recomendar a todo el mundo que lea agarrándome a la certeza de que la literatura salva vidas, y ayuda a hacer de ellas algo mucho más interesante. Y quizás el conseguir que alguien que no acostumbre a hacerlo descubra el placer de la lectura, y de esa manera enriquezca su existencia, sea el pago por la oportunidad que se me ha dado.

No lo sé.

Lo que si sé es que en los libros encuentro muchas cosas, mucho más que ocio y palabras bonitas, evasión,  momentos de placer y recursos para afrontar lo más difícil. 

Leyendo aprendo mucho, me formo como persona y voy acumulando un bagaje ya no solo cultural, sino también existencial, pues con la lectura me adentro en conocimientos que fortalecen mi espíritu y despejan mi conciencia.

Y estoy descubriendo la importancia de la conciencia en la humanidad. No solo de mi conciencia,  sino de la conciencia universal como término acuñado desde eso que conocemos como el alma y que los seres humanos hemos creado desde el cerebro, dotando a  la mente de mucho más significado  y comprendiendo que de alguna manera todos estamos fuertemente unidos y que sin darnos cuenta sumamos un TODO del que no podemos desligarnos.

Y esta nueva comprensión de mi realidad, de la realidad, no se aleja de mi fe ni es opuesta a ella, pues simplemente me reafirma en que hay un ente superior que ha sabido darle forma a todo cuanto somos capaces de imaginar, de percibir, de soñar y de crear. Desde lo más hermoso a lo más terrible. Desde al sonrisa de la mujer más bonita del universo conocido hasta el más terrorífico de los monstruos que habitan nuestras pesadillas. Y nuestras vidas. Quizás en esa insistencia en tratar de convencernos de que TODOS somos hermanos y que TODOS somos hijos de Dios, se nos intentase explicar la unión que entrelaza nuestras conciencias haciendo de ellas UNA. Por eso se nos pedía que nos amásemos los unos a los otros como a UNO mismo.

Agradezco sobre manera a mis padres que me inculcaran el interés por los libros y que fortalecieran y apoyaran mi ansia de  acceder a cuantos pudiera, e incluso la vital e imperiosa necesidad  de escribir los míos propios.

Me estoy dejando llevar por cuanto leo e investigo sobre la ciencia noética y de verdad, creo que este es el verdadero camino para adquirir la comprensión necesaria de cara a hacer de mi vida algo digno.

El haber pasado pro una ECM y haber podido superar una lesión cerebral, forma parte de este camino, quizás ha sido el tramo más difícil, pero hoy lo considero un regalo y algo de lo que puedo aprender mucho, mucho más de lo que creo.

Creedme. Todo está en los libros. Y todos estamos en ellos y formamos parte de esa gran enciclopedia a la que llamamos universo.

miércoles, 8 de abril de 2026

Némesis


 Me considero una persona pacífica. Generalmente huyo de enfrentamientos y de polémicas. Odio discutir, y si debo hacerlo, estoy dispuesto a aceptar que no llevo la razón, siempre y cuando me demuestren mi equivocación con los argumentos correctos, no por imposición usando para este fin cualquier medio que evidencia su falta de criterio.

Soy terriblemente imperfecto y tengo cierta tendencia a equivocarme, eso nunca lo he negado. Pero odio la mentira, la traición, la falsedad y la prepotencia.

No voy a vestirme con un ropaje existencial inmaculado, porque en otro tiempo también mentí y traicioné, haciendo daño a personas que no lo merecían, y me pueden creer o no, pero cada día me disculpo con los hados y con mi conciencia, y trato de corregir esos errores del pasado y de no volver a repetirlo, porque cuando el karma te paga dándote unas cuantas tazas de lo que tu obligaste a beber, aprendes cuanto abrasa la garganta la infusión de mentiras. Y aún trato de refrescarme por dentro y de que se curen las ampollas que produjeron esos litros de infamia que se me obligó a beber.

He madurado y he entendido que la vida es una dama caprichosa y con carácter y, que si la desaíras, no duda en castigarte con todas las armas a su alcance. Y yo debí ofenderla o enojarla hasta el extremo, porque ha sido bastante dura conmigo y aunque ahora al fin comienza a aceptar mis excusas y parece levantar la mano, no ha escatimado en correctivos de todo tipo.

Quizás más allá del tremendo castigo físico al que me sometió cuando aplicó su implacable condena, el que más me duele es el brutal correctivo emocional que disfrazado de pérdida, de desamor y de derrota me ha dejado el alma llena de cicatrices. La despiadada señora se ocupó en poner ante mi la más hermosa sonrisa, la más tierna mirada y el más afín de los corazones humanos para después quitármelo todo al hacerme tropezar y dejar que cayeran al embravecido y muy cercano océano de lo tristemente imposible. Y obligarme a ver como cada día que pasa estoy más lejos de que lo bueno termine llegando.

Y para que aprendiese a no bajar la guardia y a practicar la esgrima existencial y el combate ego a ego, acordó con el Fatum crear mi más encarnizado archienemigo y colocarlo sin piedad sobre el tablero de juego al que llaman realidad.


Decía mi padre que un pedante es un tonto instruido, y como el destino es así de cachondo, ha convencido a la vida de que mi némesis sea el más grande de los pedantes que he conocido a lo largo de mis existencias.

Y este personaje maquiavélico y diabólico, que encarna todo aquello que detesto y desprecio, no ha dudado en utilizar cuantas armas ha podido esgrimir para cargar contra mi y contra todo aquello que me importa, que me define y, en lo que sabe puedo derrotarlo en justa lid si tiene el valor de desafiarme cara a cara ante la corte que tanto ansia dirigir.

Durante un tiempo, amparándose en el anonimato, se entretuvo tratando de hacerme daño con sus nauseabundos comentarios en este blog, pero al percatarse de que dejaron de dolerme y de que además, tenía en mi mano la legítima opción de eliminarlos para siempre, parece que se decantó por otras estrategias y bebiendo de su propio veneno tratando de auto inmunizarse, se ocultó en las sombras desde donde manipula y confunde escupiendo mentiras, infamias y argumentos envenenados , buscando siempre herirme a través de mis sueños, de mi arte, de mis escritos y de aquello en lo que por mucho que trate de engañar a la corte al vestirse cada día con su traje nuevo del emperador, no dejará nunca de ser es un patético mediocre con ínfulas.

Y casualmente al tomar conciencia de que en su mediocridad lleva su propio castigo, he comenzado a apiadarme de él y a comprender que necesite ganar alguna batalla para sentirse un poco menos desgraciado y un poco menos patético. Pero en este paso adelante, también he comprendido que el valiente ha sido valiente hasta que el cobarde ha querido, y que si yo no recojo su guante, y le doy la espalda con sarcasmo, la rabia lo llevará a buscar nuevos rivales y se olvidará de mi.

Desde mi desprecio en la distancia no puedo por menos que reconocerle alguna victoria y lamentar los daños colaterales y las inocentes víctimas que han caído al recibir en el pecho la metralla de sus envenenadas palabras. He perdido amigos, si, o tal vez solo aliados (a veces no consigo identificar la diferencia entre ambas cosas), pero bueno...el doctor tiempo lo cura todo y todo lo devuelve a su lugar.

Así que nada. A seguir viviendo. 

Dejad que hablen, yo ya he decidido permitir que lo hagan, y que me resbalen sus palabras de hiel y vaselina.


jueves, 2 de abril de 2026

Una carta a Antoine de Saint Exupery


 En su día escribí una carta a Raymond Carver, tengo en mente escribir a William Shakespeare y hoy os dejo aquí unas sinceras letras escritas a la memoria de aquel intrépido piloto que un día abandonó el mundo real para viajar hasta el pequeño asteroide en el que reside el personaje con el que maravilló a los lectores de todo el planeta. 

No me canso de decir que si todo el mundo leyera El principito, quizás habría menos problemas y la sociedad no se corrompería a la velocidad a la que lo está haciendo. Y que con cada relectura de este maravilloso libro, se aprende algo nuevo, y que da igual la edad a la que lo leas pues siempre encontrará un atajo para llegar hasta lo más profundo de tu alma.

Pero bueno...al lio.


Querido Antoine,

me llamo Juan y soy uno de esos lectores a los que cambiaste la vida al leer tu obra.

El principito se ha convertido en mi biblia personal, en mi particular manual de autoayuda y en el más eficaz libro de instrucciones para soportar una realidad que me enferma, me estomaga y me desespera.

Mi asteroide secreto es más pequeño aún que B 612 y me refugio en él cuando me descubro confuso y perdido en esos momentos en los que tan solo quiero llorar, en los que que necesito esconderme de la vida real y en los que los monstruos que se juegan mis ilusiones a los dados han decidido cobrar su premio. Y han salido a buscarlo.

Entonces levanto una empalizada de letras, un escudo protector de metáforas y, trato de ponerme a salvo confeccionando una formidable cota de mallas hilvanando resistentes palabras en negro sobre blanco.

Y sé que te debo mucho, mucho.

Y te agradezco de corazón que quisieras compartir con todos tu maravillosa forma de entender la realidad y, de convertirla en un cuento en el que escondiste tesoros para que los lectores que supieran interpretar el mapa oculto en él, pudieran desenterrarlos.

Entre las páginas de tu libro encontré muy joven la joya que simboliza la responsabilidad de cuidar de los volcanes y de los baobabs, un poco más mayor las monedas de oro con las que pagar la tranquilidad de no depender de nada, ni de nadie, y mucho más mayor el inmenso diamante que es el verdadero significado de la palabra amor, que me permitió identificar a la Rosa que siempre embellecerá el jardín de mi existencia, y asumir que me hará feliz quererla a mi lado, pero no quererla mía, porque eso no es querer.  Y que querer de verdad a veces es muy difícil, y muy doloroso.

Comprendí que todos necesitamos ser domesticados y que tumbarme a descansar junto a un amigo de verdad, puede ayudarme a reponerme del más agotador esfuerzo.

Que hay demasiadas boas digiriendo elefantes, escondidas dentro de enormes sombreros, y que todo es mío y nada me pertenece. Que prefiero las letras a los números y que todos somos monarcas y súbditos de nosotros mismos en nuestros independientes y diminutos reinos.

Gracias, Antoine, por tanto. por todo.

Pero sobre todo gracias por ayudarme a comprender que ser escritor es mucho más que escribir y que si no eres capaz de vivir lo que escribes, no conseguirás acariciar el alma de quien te lee.

Espero encontrarte en el próximo viaje, a través de una galaxia muy , muy cercana.

Siempre tuyo.

Juan




lunes, 23 de marzo de 2026

En la trinchera


 No me seduce en exceso descubrir el olor a Napalm, y espero que mi olfato no tenga que aprender a reconocerlo jamás, pero desde que siendo un niño escuché por primera vez a Wagner, supe que sus oberturas y arias me acompañarían a lo largo de mis vidas y tendrían particular protagonismo en algunos de mis momentos existenciales.

Hubo un tiempo en el que vestí el uniforme del ejercito español, se me entrenó en el manejo de distintas armas de fuego y se me enseñó a acatar ordenes, a obedecerlas y a asumir la responsabilidad ante los superiores. Quizás esto último me ha sido de mucha más utilidad en la vida que aprender a montar y a desmontar un Cetme, pero oiga...nunca se sabe.

Desde hace poco más de año y medio, la trinchera desde la que entro en combate a diario y donde hago guardia muchos fines de semana, consta de unidad CPU, teclado, dos pantallas y unos rígidos auriculares a través de los que recibo las directrices para enfrentar todo tipo de misiones, algunas mucho más llevaderas que otras. 

Lo cierto es que estoy contento con mi trabajo de asistente virtual. La gente llama pidiendo ayuda y solicitando que gestione sus necesidades y, de alguna manera, ayudo al prójimo, facilito la vida de muchas personas y resuelvo problemas sin moverme del sillón de mi escritorio. Obviamente tiene su cositas, como todos los trabajos. Si no hubiera que esforzarse y sacrificarse, sino hubiera que tratar de hacerlo de la mejor de las maneras posibles y no tuviera que responder ante un superior ni me pagarían por ello ni lo llamarían trabajo, lo llamarían ocio.

He de reconocer que desde cierta catastrófica desdicha que ahora no viene al caso, mi estado nervioso acusa mucho más la tensión y las dificultades y en ocasiones aún siguiendo los protocolos indicados y pudiendo consultar manuales, siento que me acerco peligrosamente a una crisis de ansiedad. Y ahí es donde entran quienes comparten trinchera junto a mi, combaten a mi lado y me aportan mucho más que munición y tabaco.

Lo cierto es que la unidad en la que sirvo está integrada por los mejores de entre aquellos que se alistaron en su día, y es en verdad una unidad ESPECIAL, A diario me demuestran que es muy cierto eso de que el trabajo dignifica, y aunque tengo unos compañeros estupendos, aguerridos y muy capaces, quiero hacer especial mención a mis compañeras, pues una vez más se me demuestra que eso de que las mujeres son el sexo débil, es una auténtica sandez.

Si no fuera por mis compañeras, hace mucho tiempo que me habría batido en retirada, que habría deshonrado mi uniforme y que me hubieran expulsado con deshonor tras arrancarme los galones.

Aprecio, admiro y respeto a mis compañeras, y no me supone ninguna vergüenza reconocer que recurro a su ayuda con frecuencia, pues la gran mayoría de ellas me dan cien mil vueltas trabajando, y además me tratan con mucha paciencia, con cariño y con verdadera camaradería.

Con los años he aprendido a reconocer mis debilidades y a tratar de corregir mis muchos defectos, pero también a saber pedir ayuda y a tragarme un estúpido orgullo y un ego que lejos de facilitarme las cosas, tan solo pueden hacerme caer de la montura. 

Este no es un texto de "buen rollismo" feminista nacido del oportunismo ni de adulación gratuita. Es tan solo mi forma de dar las gracias a aquellas que se esfuerzan en verme sonreír mientras trabajo y en que me atreva a afrontar al más feroz de los enemigos y a las circunstancias más adversas, pues lucharán junto a mi, hombro con hombro.

Gracias, chicas. Algún día sabre corresponder como merecéis.


miércoles, 11 de marzo de 2026

De viaje


 Todos tendremos que irnos algún día, nos venga mejor o nos venga peor, nos parezca un buen momento o el peor de todos, pero esta es una de esas certezas que nos definen como seres humanos y cuanto antes la asumamos, antes aprenderemos a enfrentar la vida con humildad y agradecimiento, y antes asumiremos que estamos de prestado, que somos finitos y que los finales han de llegar nos guste o no. 

Saber que desde nuestro primer minuto de vida, todos estamos más cerca de la muerte, nos ayuda a soportar el dolor de las pérdidas y a superar los duelos y los lutos. Y los miedos.

Ya tengo 51 primaveras y de un tiempo a esta parte, se me antoja más cercano el final, pero desde hace 11 años, he comprendido que en el final no es más que la oportunidad para comenzar de nuevo y para intentar hacer mejor las cosas. Que a veces debes irte, si, pero para volver y poder adquirir una nueva visión de todo. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y yo estuve muy ciego, y vivía sin fijarme bien ni prestar atención. Tuve la suerte de que se me permitiera regresar de las sombras para dar la verdadera importancia a palabras como amigo y familia, y a sentimientos como el amor, que además del más hermoso y el más poderoso de entre ellos, es el que más confundimos, y el que desvirtuamos con más facilidad.

El tiempo pasa. La vida pasa y a veces pesa, pero poco a poco comprendo que esto es un viaje y que lo que importa de verdad, más que el lugar a donde nos conduce, es si sabremos disfrutar del camino.

Muchas veces me maldigo por sentir de la forma que siento y por sufrir inútilmente en lugar de aferrarme a todo cuanto debería hacer de mi una persona dichosa, y un hombre agradecido. No es fácil colocar en su lugar las emociones y gestionarlas de la manera correcta y por eso necesito escribir y necesito sacar del interior de mi pecho aquello que quema, aquello que podría reventar la presa que lo contiene, esa obra de ingeniería celestial a la que llamamos corazón.

El día que escriba la última página, comprenderé que se me ha concedido el acceso a una herramienta que sana, que cura y que ayuda, que mitiga sufrimientos y que decora el futuro como la luz de una sonrisa o el brillo de unos ojos ilusionados.

Por eso amo escribir, y por eso me declaro escritor.

jueves, 5 de marzo de 2026

Suma y sigue


 Y el mundo sigue apostando por enviarse muerte a través de proyectiles de diferentes calibres y de bombas de distintas potencias.

La palabra es una munición escasa y al parecer los líderes mundiales han preferido guardar sus últimos cargadores en lo más profundo de los armarios y las cajas fuertes donde guardan también el dinero que ganan haciendo que jóvenes que no se odian ni se conocen se maten por orden de personas que si se odian y si se conocen, pero no se matan.

Una nueva guerra sobre el tablero de juego, y en esta ocasión los jugadores parecen divertirse más que nunca, sobre todo uno de ellos, que asusta por su desmedida adicción a este tipo de entretenimientos y su declarada ludopatía bélica.

Y lo más triste es que la sociedad de naciones asiste perpleja e impotente a esta nueva partida, asustada por la facilidad con la que cualquiera de los dos jugadores que lanzan sus dados de corto y medio alcance podrían obligarla a jugar al menos un par de rondas.

A fecha de hoy, ya hay más de 2000 muertos reconocidos en el conflicto, y mientras el más peligroso de los jugadores se auto complace con su juego y se puntúa con un quince sobre diez, algunos políticos pretenden sacar rédito electoral  de la situación tratando de pescar votos en el caladero de aguas turbias y confusas donde acostumbran a capturar su presas, muchas veces embarradas y sucias de fango al tratar de esconderse en el fondo de peligrosas arenas llenas de pecios de otros votantes desencantados de quienes los quisieron exponer sus capturas en las paredes de sus opulentas mansiones.

La guerra solo genera guerra, y aunque a veces es posible que no quede más remedio que iniciar una para alcanzar la paz, me jode mucho tener que concederle crédito a esa cita tan manida de "si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepara la guerra).

Como escribí en Vosotros, ¿especie superior? , nos autoerigimos como la superior de las especies tan solo porque sabemos matarnos más y desde más lejos.

A ver si hay suerte y en mi próxima vida regreso como un felino.

jueves, 26 de febrero de 2026

Manadas


 Ya lo cantaba Macaco hace muchos años, en su primer disco. Hay muchos demonios a nuestro alrededor. Demasiados.

Esta sociedad asusta. Da tanto miedo porque es terriblemente evidente la permisividad que tienen algunos políticos y sus legisladores a sueldo con lo peor de las consecuencias de la  maldad del ser humano.

Estamos confundidos. Nos han confundido. Nos han convertido en complacientes receptores de inmundicia. Se han perdido la fe y los valores más importantes, pero nos hacen agachar la cabeza antes sus imposiciones y comulgar con ruedas de molino. En post de un confundido progresismo nos han grabado en el alma su  "vale todo" con un hierro al rojo. Pero no...para algunos ya no vale todo. Algunos nos vamos despertando de la anestesia social inoculada con falsas promesas de felicidad y avance y comprendemos que lo que estamos viviendo no es un sueño, sino una pesadilla.

 Nos manipulan para intentar que todo sea del color de rosa de las papeletas de los votos que asegurarán la poltrona a esos desgraciados que pretendieron darnos lecciones de feminismo mientras violaban actrices en fiestas privadas o pagaban putas elegidas por catálogo y áticos en el centro de Madrid a sus queridas con el dinero de nuestros impuestos. 

Se acabó. Ya esta bien. O bueno...se acabará cuando a un prófugo de la justicia que reside fuera de nuestras fronteras al no poder pisar territorio nacional, decida que sus necesarios votos dejarán de sustentar a la hidra.

Y así va todo. Es para volverse loco.

Loco como la sociedad en la que un grupo de chavales de quince años y menos se juntan para violar a una NIÑA de 13 primaveras y no contentos con semejante barbaridad, lo graban con sus teléfonos móviles y comparten el video de su proeza en Redes Sociales buscando la aprobación y los likes de otros energúmenos sin corazón como ellos.

Pero ¿Qué mierda es esta?

Que se pare el mundo , que me bajo.

Lo siento...pero comienzo a añorar esas tan eficaces medidas del presión del pasado del estilo de  la pena de muerte.

Sé que abogar por la vuelta al garrote vil me va a granjear tantos enemigos como detractores, pero que pregunten a los padres de la niña violada, a los hijos de cualquiera de los cientos de mujeres asesinadas por sus parejas a lo largo de estos años de "progresismo del ahorro"(el ministerio compra las pulseras de seguridad en los chinos para poder costear otras muy necesarias medidas sociales) o que quienes puedan tomar decisiones en Europa se cuestionen la fiabilidad de nuestras líneas férreas y nuestros trenes de alta velocidad.

Ojala un día en España vuelva a amanecer.

martes, 17 de febrero de 2026

Algo más que colmillos


 No es la primera vez que escribo sobre Drácula, la maravillosa novela fantástica del irlandés Bram Stoker que tras ser publicada a finales del siglo XIX ha sido traducida a más de cincuenta idiomas y ha vendido más de doce millones de ejemplares.

Me harto de elogiar todas su páginas, pues ninguna sobra en esta novela,  y de recomendar su lectura, pues ofrecerá a los lectores absolutamente todo cuanto un libro puede ofrecerte, evasión, ocio, conocimientos, emoción...vamos todo lo que buscamos a la hora de enfrentarnos a una lectura, aunque al hacerlo con Drácula, lo encontramos todo a la vez.

Quienes me leen y me conocen, o me leen, o me conocen, saben que soy un tipo muy romántico, a veces incluso ñoño, y que pese a todo lo experimentado a lo largo de mi vida, sigo creyendo en el amor.

La primera vez que abrí el ejemplar de Drácula que descansaba en las estanterías repletas de libros que atesoraba mi padre, no tendría más de 14 o 15 años, y aunque ya había experimentado ese compendio de sensaciones que produce besar a la persona que te roba el sueño, me decidí a leer la novela de Stoker únicamente por lo fantástico y lo gótico de su historia de vampiros, que en verdad tiene momentos realmente terroríficos. La sugestión a la que te lleva una lectura cuando estás verdaderamente entregado a ella, puede hacer que llegues a temblar y a sudar de terror, que se te acelere el corazón o que necesites abandonar sus páginas y regresar a la realidad para ponerte a salvo, cosa que me sucedió también al leer La fiesta del chivo, del genial Vargas Llosa . Y con las andanzas del príncipe de Valaquia pasé por ese estado en distintas ocasiones. Y en verdad os digo que el que me muerdan el cuello y me claven unos colmillos para luego extraer mi sangre, me da mucho menos miedo que una inspección de Hacienda o una notificación de la DGT.

No fue hasta su segunda lectura cuando identifiqué lo romántico de las páginas del libro y fue la tercera vez que devoré su contenido cuando identifiqué el más verdadero de los amores en lo que sentía Drácula por su amada.

Ese amor, que como cantan mi queridísimo Pablo y mi admiradísima Rocío en el tema que encabeza la entrada, lo llevó a cruzar océanos de tiempo para encontrar a la mujer por la que no le importó morir y condenar su alma inmortal, lo lleva una y otra vez a renunciar a todo.

Y eso es el amor, renunciar a todo, incluso a ti mismo, lo que pasa es que aunque ya sé en que consiste, me vence el miedo a las consecuencias de seguir los designios del corazón. Me aterra estar equivocado y sobre todo y por encima de todo, me da demasiado miedo no estarlo y sufrir el resto de mis vidas.

Hoy en día, en un momento en el que influencers y catedráticos de literatura se tiran de los pelos por las lecturas recomendadas a  los escolares, más allá de las más grandes joyas de la literatura universal como El Quijote, Hamlet, o Cien años de soledad, yo apostaría porque además de estos tres títulos indispensables, los más jóvenes leyesen El principito y Drácula.

Estoy seguro de que la historia de Vlad Tepes, el empalador, y la de aquel niño perdido en el desierto, pueden aportar mucho, muchísimo a la humanidad de sus lectores y a ayudar a  hacer de este mundo un lugar mejor (os aseguro que eso es lo que yo intento al publicar novelas como Incluso lo bueno y si no lo creéis, probad a leerla con el corazón y luego me lo contáis).

Todo está en los libros.