He tenido la suerte de haber crecido en un hogar en el que se escuchaban muy a menudo las más hermosas arias de ópera, y se valoraba y se apreciaba la belleza de este género, y el impresionante talento de algunos de sus máximos exponentes, como Luciano Pavarotti o María Callas.
En un principio me sedujeron las increíbles partituras dotadas de los recursos necesarios para el mayor lucimiento de las voces de los intérpretes, pero con la edad las circunstancias me llevaron a vivir un tiempo en Italia, y a aprender la lengua de Salgari. Esto me hizo descubrir cosas ocultas en muchas de las canciones que escuchaba en radios comerciales, de la mano de Laura Pausini, Eros Ramazzotti y otros,, pero también me abrieron una pequeña puerta de acceso al Olimpo, semioculta en las letras de las arias de ópera que más me gustaron siempre.
Y en este caso, la letra de esta belleza compuesta por Donizetti hace ya siglos, se me antoja una de las más increíbles que he podido traducir (torpemente en un principio, y luego por completo) dado lo mucho que me une a ella y que me identifica con el sentir de su autor.
Tiene momentos de una salvaje sensibilidad, que me conmueven por lo mucho que asocio a mi manera de entender el amor y de vivirlo. Esa confusión entre los suspiros de los dos amantes, esa certeza al ratificar que ella lo ama al ver brotar una furtiva lágrima de sus ojos y, ese desear llegar a morir de amor a su lado, me recuerdan el día en el que descubrí el amor en la sonrisa, en los ojos y en los labios de la mujer que me ayudó a comprender que ese sentimiento se alejaba mucho de aquello que yo siempre había confundido, permitiendo que sentimientos impostores usurparan una identidad que no les correspondía.
A veces, me he dejado llevar por la emoción en la intimidad, y no miento al decir que hubiera firmado mil veces el morir a su lado, después de haber hecho el amor, pues cuando descubrí el verdadero sentido de tan manida y desvirtuada expresión, comprendí que hasta la fecha solo había hecho gimnasia en compañía, pero nunca el amor.
Amor es increíble, es absolutamente placentero pero también terriblemente doloroso y devastador.
El verdadero infierno al que nos condena Dios cuando pecamos contra él, toma la forma de un amor que las circunstancias te obligaron a olvidar; y su fuego eterno se encuentra en el amor prohibido, y en la dolorosa renuncia al amor. Y en todas las maneras inventadas para alejar dos corazones que deberían caminar juntos, vivir juntos y detenerse un día al mismo tiempo.
Os invito a saborear esta maravilla de la música mientras leéis su letra traducida al español, y a imaginaros junto la persona amada, confundiendo sus suspiros con los vuestros y bebiendo de sus mejillas esas furtivas lágrimas.
Hala...y ahora el imbécil de turno que me llame ñoño, porque vale, puede que lo sea, pero eso es porque una vez amé y me amaron, y fui consciente de ello. Y recordarlo me lleva al éxtasis, y a sentarme ante el teclado de mi ordenador.