Tras darle muchas vueltas a la cabeza y dedicar horas a la introspección, que era algo que hasta no hace mucho me aterraba, he llegado a la conclusión de que yo mismo genero cuanto me lastra, cuanto me angustia y cuanto me asusta, porque parece que la sociedad nos obliga a vivir sin valorar lo que realmente importa.
Nos han educado en el éxito y al parecer muchos de los problemas de hoy en día nacen de la frustración de cuantos creen no haberlo alcanzado al no poseer una mansión, un descapotable, una pareja envidiable o un cuerpo de pasarela.
Yo mismo he pasado por ahí, pero al fin he comprendido que puedo ser terriblemente feliz disfrutando de lo conseguido con mi esfuerzo, con mi valía y con mi ilusión, aunque no llegue a ser eso de lo que muchos presumen y por lo que otros muchos matarían o morirían.
He aprendido también que lo que realmente me importa es el poder irme a la cama con la conciencia tranquila, con paz en el espíritu, con alegría en el corazón y con la certeza de que muchos a mi alrededor me quieren y, de que muchos a mi alrededor saben que los quiero.
Ni tengo un descapotable, ni un palacio, ni una cuenta bancaría con más ceros que mis exámenes de matemáticas de bachillerato, ni tengo un físico del que poder presumir. Pero estoy vivo, tengo sueños , lucho por ellos y a mi lado han caminado y caminan mujeres que me quieren, me respetan y en ocasiones me admiran, y eso vale su peso en oro. Gracias a Dios me descubrieron lo que realmente significa hacer el amor y gracias a Dios he aprendido que amar es el verbo que siempre querré conjugar en presente.
Y tengo la inmensa fortuna de contar con muy buenos amigos que no me dejarán caer y que cuando lo hice, me ayudaron a levantarme y a limpiar mis heridas.
Tengo un trabajo muy digno en el que entre otras cosas aporto cuanto puedo a la sociedad colaborando a solucionar los problemas y las necesidades de quienes marcan los números de teléfono de los clientes que han delegado en mis compañeros y en mi la atención de sus empresas, y me pagan por ello un salario que me permite vivir, pagar mis caprichos y la financiación de un pequeño utilitario híbrido que acabo de adquirir e incluso poder viajar durante mis vacaciones. No enciendo la barbacoa con billetes de 500, pero no paso privaciones. Y lo mejor es el sobresueldo humano que conlleva mi trabajo en esta empresa, en la que se nos forma para gestionar avisos con eficacia, amabilidad y empatía ayudando a quienes llaman.
Y si hay algo que me ayuda a valorarlo todo de una forma muy especial es esta necesidad vital tan particular que a diario me sienta ante un teclado o ante un folio en blanco para vaciar el alma y darle forma escrita a cuanto siento, disfruto, sufro o anhelo. Y todo ello lo convierto en textos, relatos, novelas, poemas y entradas en este y en otros blogs en los que escribo.
La vida me ha cruzado con personas adorables, con las más bellas sonrisas, con los corazones más nobles y con esos ángeles de carne y hueso que han ayudado con su presencia a desterrar y a condenar al olvido a cuantos demonios se cruzaron en mi camino.
Lo que realmente importa es que al fin he encontrado mi ikigai, que he descubierto el camino que puedo seguir, que quiero y me quieren y que sé que todo termina llegando, incluso lo bueno.
Vivir es algo realmente maravilloso cuando descubres lo que realmente importa.
