jueves, 6 de agosto de 2026

El fuego y yo

 




Bajo este título publico hoy aquí los microrrelatos escritos ayer tarde en una reunión con tres de los que fueron alumnos de mi taller literario La literatura salva vidas y que hoy son mis amigos y compañeros de trinchera literaria.

Como podréis ver al leer sus relatos escritos en 15 minutos cronometrados y con tan solo el título como motor de creatividad, son verdaderos ejemplos de lo que nace frente a un folio en blanco, con un bolígrafo y la necesidad de dar rienda suelta a la necesidad de escribir y a la pasión por las letras.

El fuego se ha llevado mucho este verano, pero también puede dar lugar a que nazca mucho más de lo que calcina, aunque sea en negro sobre blanco.

Espero que os gusten. Yo me siento muy orgulloso de ellos.




Fernando Santa Olaya                                                                       

Echó otro leño en lo que eran ya unas trémulas llamas sobre madera consumirá y contempló el proceso otra vez.

Vio como las llamas mortecinas lamían la madera recién ofrecida en sacrificio, como poco a poco iba haciendo mella en la corteza seca, creciéndose cada vez que se apoderaba completamente de una de las agrietadas partes de la misma con un crepitar victorioso para acabar viendo el triunfo del fuego mientras este tomaba al leño prisionero de su fatal abrazo. 

Le encantaba mirar el fuego con toda su imprevisibilidad. Sentía que el ciclo desde los más pequeño de una mortecina hoguera al cénit de las llamas tomando al asalto la madera en ellas tenía algo de atávico, de primordial. Le recordaba los eternos ciclos del universo de destrucción y creación en su baile eterno, así como los propios ciclos de la naturaleza más cercana e incluso de la historia.

 

Fue en este momento de reflexión cuando se volvió a encontrar preguntándose si habría algún tipo de criaturas viviendo dentro del fuego, sujetos a sus mareas y ciclos que no controlaban y pensarían de naturaleza divina o que se explicaría por esa nueva ciencia recién creada de la “Fuegología”. Pensó asimismo en las civilizaciones que un asado de domingo podía crear y destruir mientras asaba un costillar, o si la fase de ascuas sería un reflejo de alta Edad Media oscura de los seres del fuego.

Todo esto le pasaba por la mente cuando estuvo tentado de volver a la realidad de un anodino trabajo y un mal matrimonio, pero algo detuvo su movimiento, algo que le estaba llamando desde la base donde nacían las llamas y entonces echando otro leño a la crecida lumbre pensó que era mejor dar otro florecer cultural a los “fueguis”.



Ana Belén Brizuela 

Detente. 

Sé que estás vivo. Este aire que te alimenta me ha traicionado. El mismo que respiro para insuflarme vida cada vez que paro en este lugar.

No te acerques más, no lo necesitas. Quieres advertir de tu poder, pero ya es suficiente. No consumas más vida, ni te lleves nuestros recuerdos ni nuestras esperanzas. No mueras si no quieres, pero tampoco nos mates.

Haz que tu fuerza te lleve a otro lugar, desde el cual no tengas que emerger para alimentarte, y sé feliz entre cenizas, piedra y oscuridad.

Gea  te lo ordena desde lo más profundo. Ella es diosa y tú eres su elemento.

 Yo te imploro : vete a su encuentro y no vuelvas más. Yo me quedaré aquí.

Esperaré a ese aire que tanta vida siempre me regaló. Ha de regresar limpio y volverá a proteger lo que nos fue dado.



Aroa Masa 

«Hoy todo va a arder.»

Imagina que llegas a la que creías tu casa, porque hace dos meses que dejaste de pagar el alquiler que la casera no deja de inflar y ese día tu jefe te dice que la empresa atraviesa una mala época, así que, mínimo este mes, no cobras.

Quieres quemar algo. Matar a alguien valdría, pero los pirómanos suelen salir impunes. Además, cavar no es tu fuerte.

Empieza con algo pequeñito: una papelera o un contenedor de basura en el que volcar la rabia y la frustración.

Abres la puerta para salir de casa armada con un encendedor y el móvil, ya que grabar tu hazaña, subir el video a Instagram te parece una buena idea. Hay mucha gente quemada, a punto de arder. Incluso algunos ya están achicharrados.

En ese breve lapso de unos minutos se ha desatado un incendio. Miras el reloj: han pasado un par de horas en las que has urdido tu maravilloso plan maquiavélico que a ti te han parecido segundos. La ecuación perfecta ha funcionado: combustible, calor y viento, más hierbas sin desbrozar, añadidas a la dejadez tanto personal como política.

Todo ha ardido. Te invade una pena inmensa que torna tus emociones en un dolor hondo que se apodera de tu pecho.

Cuidado con lo que deseas. A veces se cumple.

Tú sigues con ganas de quemar la dichosa papelera inexistente en ese momento. Eso era lo único que querías; no que se incendiara el lugar en el que pasaste buenos tiempos, aunque ahora apenas los recuerdes.



Juan Pizarro

Ahí está. Aproximadamente 100 metros me separan de este demonio rabioso que, invocado por un enfermo al que visita a menudo, ha decidido arrebatarnos todo cuanto tenemos, incluso las vidas.

Una vez más la Guardia Civil tendrá que darse una vuelta por

el bar del teleclub para llevarse al Olegario. Eso si no lo encuentran antes el Mateo o la Desi, quienes no hace mucho pasaron por aquí con las escopetas listas y los bolsillos llenos de cartuchos.

Con esta serán ya tres las veces que al hijo de puta del “seis dedos” se le ha antojado arrimar el chiquero a los matorrales bajos que rodean el pinar. En las otras dos ocasiones n tardaron mucho en arrancarle una confesión completa. El cabo nos contó que no hizo falta siquiera interrogarlo, ni mostrarle las evidencias que lo delataron.  Con mucho desparpajo, e incluso con guasa (si no fuera porque sus palabras evidenciaron lo enfermo de su mente) contó en el cuartelillo que el mismísimo fuego lo había llamado y le había pedido ayuda para salir a dar una vuelta por el pinar. Menos mal que entonces los brigadistas, los bomberos forestales y los de la UME pudieron detenerlo antes de que arrasara con todo. Pero hoy los profesionales que combaten el fuego están liados con un asunto muy, serio en Ávila y aquí estamos solo los vecinos para detener el incendio.  Y lo haremos, pase o que pase y le pese a quien le pese.

Mañana será otro día. Espero que para entonces el Olegario se haya marchado bien lejos. La casa de la Matilde ya ha ardido por completo y las llamas vienen decididas a por la mía.

Pero no podrá conmigo.



 


martes, 28 de julio de 2026

En realidad no lo es


 Y no es la primera vez que comparto la meditada decisión de prestar atención a mis necesidades, a mi salud, física y mental y a las circunstancias que rodean mi devenir diario. Aunque en esta ocasión es diferente. He optado por concederme una tregua, por descansar y por intentar reponer la energía de una batería que ya daba avisos de estarse agotando.

El cuerpo es sabio, la mente una maestra y el corazón el bedel que abre y cierra las puertas del centro en el que se me permitió matricularme por segunda vez hace ya más de doce años, para que repitiera el curso y aprendiera de mis errores.

Y creo que estoy aprendiendo y que si me esfuerzo un poco lograré graduarme sin que vuelvan a expulsarme de esta institución a la que llamamos vida.

No es egoísmo. Es una necesidad vital. Ya he escrito antes que descubrí que las prisas no son buenas consejeras y que vivir acelerado solo puede llevarte al desastre, pues quieras o no se te frenará de la forma que sea. Con un infarto, con una crisis mental o con un accidente de tráfico. A mi se me frenó en seco y por una razón que aún desconozco se me concedió el volver a la circulación, con el vehículo adaptado y un molesto limitador de velocidad, pero de nuevo en la carretera, al fin y al cabo. Y avanzando seguro y firme.

Siempre he pensado que las segundas oportunidades no son gratuitas y que de alguna forma tendré que pagar la que me concedieron los hados. Siempre he creído que la mejor manera era compartir con todos los motivos que me llevaron a la caida y la manera de evitar catastróficas desdichas como la que sufrí. 

He dado conferencias y charlas en institutos, museos, ayuntamientos, instituciones penitenciarias y todo tipo de centros. He impartido talleres y cursos en los que he explicado como la literatura puede ser la mejor medicina, tanto en el cuidado preventivo como en el tratamiento de recuperación, y he conseguido un empleo en el que cada día ayudo a docenas de personas a solucionar problemas de toda índole.

Pero esta maldita sensibilidad y este exceso de empatía que me obligan a tratar de ayudar como a mi se me ha ayudado y, que me llevan a pedirle a Dios que me de las herramientas y el acierto, no vienen con libro de instrucciones y con manuales de uso y no he sabido leer las advertencias de lo que puede pasar si no atiendes las señales de emergencia que emite el alma.

Y toca parar un poco.

No es en absoluto un adiós, es tan solo un hasta luego.

Me conozco y sé que en cuanto me crea capacitado para regresar al combate, cogeré mi fusil, munición y una petaca llena de ilusiones y buscaré un atajo para volver a mi posición en la trinchera y unirme de nuevo a la lucha, enfrentando las adversidades codo a codo con mis compañeros y compartiendo con ellos munición y tabaco.

Rendirse nunca será una opción y pasar unos días lejos del fuego y de las cargas del feroz enemigo que nos declaró la guerra desde que llegamos al mundo, hará que lleve el uniforme con orgullo, con valor y con la certeza de que estoy en el bando correcto.

Volveré, como Mc Arthur.


domingo, 26 de julio de 2026

I don´t belong here


 Puede que en realidad no pertenezca a aquí, y pertenezca a otro lugar, a otro universo, a otro corazón, o al sueño del romántico irredento que se oculta tras el nombre que figura en mi carné de identidad y, que se ha obcecado en escribir cuanto se le pasa por el interior del pecho y por su dañado cerebro.

Puede que simplemente sea un estúpido. Puede.

En cualquier caso siento que mi vida es lo más parecido a un frágil castillo de naipes que corre el peligro de desmoronarse con el aleteo de unas pestañas, con el aire que acompaña al suspiro de quien decide de pronto dejar de querer y contener los besos, o con el viento de los rugidos ocultos tras esas palabras que nadie quisiéramos escuchar jamás. Y me he decidido a coger el toro por los cuernos, a enfrentar los reveses más desesperanzadores y a combatir cada lágrima que pugne por brotar.

A veces creo que no me van a acompañar las fuerzas, que todo se vendrá abajo y que me tocará sumar a mis circunstancias el baldón de un nuevo fracaso, A veces siento que en realidad rendirse si puede ser una opción y me veo tentado en exceso de tirar la toalla y de escapar del ring aprovechando la presencia de la azafata que pasea el cartel con el número del asalto que podrá ser el definitivo para privarme del título. A veces aprovecho la oscuridad y lo privado de la noche y cuando mi gato mira hacia otro lado, lloro y maldigo la crueldad del adversario que aprovecha que intento levantarme de la lona para sacudirme un derechazo tras otro hasta que el celestial arbitro detiene el combate y me concede unos minutos en mi rincón.

Quizás vivir sea aceptar que la pelea no terminará jamás, y entrenar duro para ser capaz de resistirla sin perder la dignidad, el  orgullo y las ganas de levantar el cinturón.

Quizás lo mejor sea quitarme el  protector y sonreír esquivando los directos. 

Ha sonado la campana. Vuelvo a la pelea. Espero al menos ofrecer el mejor de los espectáculos.

Pertenezco aquí, pertenezco al pabellón en el que se celebra el combate y en el que los aplausos de público suenan como la más delciiosa música sinfónica.



viernes, 10 de julio de 2026

Renunciar


 Soñar es gratis, no tributa en hacienda y enriquece al que sueña. Por eso todos acostumbramos a soñar y muchos nos decidimos a perseguir nuestros sueños. Pero solo unos pocos los respetan y no los condenan al baúl de las fantasías.

Y es que es muy difícil mantenerte en la batalla cuando aciertas a ver que esos sueños pueden convertirse en realidad a base de sacrificio y esfuerzo, de tesón, de ambición y de trabajo duro. 

Pero de alguna manera la sociedad te invita constantemente a renunciar.

Luchar por lo que quieres te lleva a convertirte en un guerrero de la esperanza y, enfrentar las adversidades y las trabas que en tu camino suele colocar el destino, te hace merecedor de conseguir alcanzar la meta. No rendirte nunca, no dejarte derrotar por la desesperación disfrazada de cruda realidad y no permitirte caer en el desaliento, es lo que hará que cuando consigas la victoria, la disfrutes mucho más de lo que habías podido imaginar. De lo que habías soñado.

Por eso desde aquí os invito a soñar y os animo a formar parte del club de soñadores que prefieren no despertar y seguir peleando por aquello que le da sentido a sus vidas.

Yo no quiero renunciar. No quiero rendirme. No quiero ceder. aunque a veces las razón y las circunstancias se empeñen en demostrarme que soñar es un síntoma de inmadurez. Y que los castillos en el aire y los pájaros volando tan solo pueden confundirme.

Pero persigo mi sueño y un día lo conseguiré alcanzar, por muy difícil que aún parezca y por muy duro que vaya ser el camino.

Soñar puede que se de inmaduros, pero intentaré madurar alcanzando mis sueños.

miércoles, 24 de junio de 2026

Un tipo duro


 Nuca lo he sido, y la verdad es que tampoco aspiro a ello. Tan solo me gustaría ser capaz de controlar este exceso de empatía y esta angustiosa extrema sensibilidad, y dejar de sufrir tanto y por tantas cosas.

Aquella dichosa lesión cerebral con la que me encontré una noche de estúpidas decisiones, me dejó algunos regalitos bastante agobiantes y, más allá de haber desorganizado los archivos de mi memoria pulsando delete sobre cuantos recuerdos le pareció oportuno, me he llevado un espectacular dos por uno, conjugando la fastidiosa labilidad emocional con la muy molesta ansiedad crónica.

Todo esto hace de mi realidad un continuo poema existencial, una eterna balada en modo menor y un relato en gerundio en el que no consigo terminar de escribir el ansiado final feliz, aunque me esfuerce en poner los medios para merecerlo.

Ya he escrito en más de una ocasión que no tengo el monopolio del dolor ni de la angustia. Pero la verdad es que esta etiqueta de PAS cada día se me clava más en la piel y, me produce una dolorosa llaga que no soy capaz de sanar por muchos bálsamos que trate de aplicarle.

Ayer, hablando con una amiga de todo esto, le comentaba que prefiero mil veces sentir como siento, aunque a veces me pase factura, que ser una de esas personas insensibles (la insensibilidad no tiene género) a las que les trae sin cuidado machacar a cuantos las rodean, abusando de la amabilidad, de la confianza o de la ausencia de maldad de aquellos con los que se cruzan.

Quizás por eso no aspiro a ser un tipo duro. No quiero que se me tema o se me evite, no quiero que aquellos a los que amo terminen poniendo distancia y abandonando mi vida. Y es por ello por lo que intento alcanzar el equilibrio necesario para poder aguantar cuantos golpes me de la vida sin terminar siendo el eterno sufridor, y consiguiendo sonreir incluso en las circunstancias más difíciles, aunque eso es francamente difícil, pero soy peleón, y no voy a rendirme.

Prefiero que me defina la dulzura, aunque también me condicione. Maldita dulzura en tantas ocasiones, y bendita sensibilidad en tantas otras.

Tengo que terminar de conocerme, de comprenderme y de perdonarme. Tengo que aprender a vivir siendo yo y estando orgulloso de serlo.

Tengo que avanzar mucho aún. Pero estoy en el camino.


jueves, 11 de junio de 2026

La razón del arte


 El arte es mucho más que la expresión de las emociones e ideas del artista. En ocasiones, y como se  demuestra en el video que encabeza este texto, es el puente que tiende la humanidad entre la razón y el entendimiento, para unir pueblos, culturas y realidades.

La compañía Rita Clara lleva ya 35 años en escena, ofreciendo al público que asiste a sus espectáculos coreografías nacidas del corazón y diseñadas desde el alma.

Para esta compañía de danza, familia es mucho más que una palabra. La bailaora y coreógrafa Rita Clara sale a escena acompañada por la guitarra española que tañe con exquisita maestría su marido, y por el arte de los pasos de baile que ejecuta a la perfección el hijo de ambos, quien ha cogido el testigo que le entregaron sus padres para hacer de la danza y la escena su lugar de comunicación, de trabajo, de reposo y de ilusión.

En su espectáculo, La casa del sol poniente, Rita Clara nos habla del amor entre los pueblos y de como solo a través  de ese amor, cristianos, judíos y musulmanes estamos condenados a entendernos pues somos hermanos que adoramos a un mismo dios, pero con distinto nombre, que creemos en una misma salvación y que soñamos con un idéntico mundo en paz.

Al parecer Rita Clara ha sido propuesta como candidata al Premio Nacional de danza 2026, y sinceramente espero y deseo de corazón que el jurado que se designe para conceder el galardón, tenga en cuenta que además de ser ejemplo en su disciplina, Rita es también ejemplo para muchos en valores humanos.

Vivimos en un mundo difícil, en el que la humanidad ha preferido odiarse a amarse, ha preferido matarse a facilitarse la vida y robar a regalar, cuando todos sabemos que el momento del regalo llena más a quien lo entrega que a quien lo recibe.

Yo agradezco desde el más profundo cariño y desde mi más sincera admiración, el regalo que se me hace al levantarse el telón y poder disfrutar de las coreografías diseñadas y ejecutadas por esta gran mujer, por su marido y por su hijo.

Soy creyente, y con la mano en el corazón, rezo para que quienes han sabido acariciarme el alma con su talento, sean premiados por el creador de todo.



domingo, 31 de mayo de 2026

Todo son pulgas


 Que dura puede llegar a ser la vida en ocasiones, y que fuertes pueden llegar a ser algunas personas cuando se ven obligadas a luchar contra la adversidad y, a superar todo tipo de pruebas de esas que el destino ha preparado para que les demuestren su valía.

Y se la están demostrando. Con creces. Pese a que la vida se empeñe en ratificar eso de que a perro flaco, todo son pulgas.

En alguna ocasión he escrito que quiero mucho a la gente que quiero, y eso es algo normal o al menos debería serlo (me acojona leer la prensa y ver cada día que el ser humano vuelve a superarse en maldad, crueldad y egoísmo), lo que no es tan normal es llegar a empatizar tanto con las circunstancias de aquellos que forman parte de mi realidad cotidiana y además de alegrarme por sus logros y victorias como si fueran algo mío, sufrir al verlos sufrir cuando los hados deciden dar otra vuelta de turca y llevarlos hasta ese lugar donde ninguno queremos estar, pues hace frio y todo es oscuridad.

Los especialistas de la salud mental que me han ayudado a poner en orden el puzle de mi vida, han tratado siempre de convencerme de que no debo dejarme llevar por los sentimientos más allá de lo humanamente necesario. Que está muy bien eso de que quiera a mis amigos y los cuide, pero que bajo ningún concepto debo hacerme responsable de lo que no me corresponde. No tengo una varita mágica y no debo castigarme por no encontrar las soluciones a los problemas de todo tipo que se les presentan. Y que además, debo intentar solucionar primero los míos y recuperar fuerzas y energía, porque si yo no estoy bien, no podré aportar nada a mi entorno.

Como canta El Chojin, no es egoísmo, pero a pesar de saberlo me tortura el ver que aún queriendo contribuir a la felicidad de quienes llegaron para enriquecer mis vidas, no alcanzo a entregar más que mis mejores deseos y mis palabras de apoyo. Y en ocasiones un beso. O un abrazo.

No hace demasiado que aprendí que un abrazo sincero es una herramienta muy poderosa, y que en los brazos de las personas adecuadas los problemas son menos desesperantes, el dolor es más soportable y se deja ver una luz al final del túnel.

Y eso es lo que puedo ofrecer: mis brazos.

Una vez me vendieron unos abrazos falsos y traidores como si fueran un producto de primerísima calidad y confundido por lo que esperaba encontrar entre aquellos brazos, me dejé engañar y me entregué a ellos. Pero por desgracia no hay mejor manera de aprender que sufriendo las consecuencias de las decisiones erróneas y vaya si las sufrí.

Es por ello que no acostumbro a abrazar como forma de saludo o de despedida. para mi un abrazo dice muchas cosas y muy importantes. Y no se lo doy a cualquiera. Pero si me dejas entregarte un abrazo sincero, sabrás que entre mis brazos solo encontrarás amor, apoyo, comprensión, verdad y ternura.

Hagamos del abrazo un eficaz plaguicida y sometámonos a una desparasitación con el cariño que se desprende de ese momento de muy especial conexión.

Este es mi particular homenaje a aquellos que están sufriendo. Y al abrazo sincero como forma de decir lo mucho que los quiero.





miércoles, 27 de mayo de 2026

Difícil


 Es tan difícil intentar ayudar a alguien que no quiere ser ayudado que a veces llega a desesperar. Y a doler.

Y no voy de buena persona ni de santito. Para nada. Os aseguro que tengo una completísima colección de pecados, pero es curioso que como canta Drexler: "cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da, Todo se transforma" y, yo tuve que aprender a pedir ayuda, pues a eso no se nos enseña.

 La sociedad pretende convertirnos en personas autosuficientes que no necesitan de los demás, pero eso es mentira. De una forma o de otra, todos necesitamos en alguna ocasión una mano amiga, un consejo oportuno, una palabra acertada o simplemente apoyo.

A mi la vida me enseñó a la fuerza a despojarme del absurdo ego que alimentó una vida privilegiada en la que todo me salía bien, y en la que siempre conseguía "apañar", de una forma o de otra cuanto se torcía.

Con 39 años tuve que volver a aprender a andar y a hablar, a valerme por mi mismo y a resolver todo tipo de problemas. Por culpa de una decisión errónea me vi obligado depender de personas para las labores cotidianas, desde comer a vestirme, ducharme y asearme e incluso para dormir. Y ahora quiero devolver toda aquella ayuda y todo ese apoyo, generoso y desinteresado, que recibí entonces y que hoy, 12 años después, sigo recibiendo en ocasiones.

El destino, que es un tipo muy curioso, decidió repartir cartas marcadas y en este juego, a fecha de hoy trabajo en una empresa donde me dedico a gestionar los avisos de cientos de personas que llaman a muchas y muy diferentes empresas buscando ayuda, y soy yo el que descuelga el teléfono y trata de ayudarlos.

Es bastante estresante, para que voy a negarlo, pues hay quien no merece ni mi tiempo ni mi esfuerzo, pero como yo no soy el que debe juzgar a nadie, trato siempre de atender sus necesidades y de solucionar sus problemas.

Hasta ahí todo bien. Es un trabajo, al fin y al cabo, y me pagan por ello (aunque el sobresueldo humano es mucho más gratificante que los ceros en la cuenta bancaria), pero lo realmente duro es cuando en mi día a día, al tratar de ayudar a las personas que quiero, me encuentro con que en ocasiones no soy capaz de hacerlo, y en ocasiones no aceptan mi ayuda. Y os aseguro que eso me duele mucho, pues veo que aunque haya quien se niega a reconocerlo, necesita de mi ayuda. Y mucho.

Supongo que ese cachondo mental que es el destino, ideará la forma de que aquel que hoy rechaza mi mano un día luche por agarrarse a ella con fuerza. Y entonces prometo que sujetaré la suya para ayudarle a levantarse y a escapar del peligro  de una vida desdichada.

Pedir ayuda no es señal de debilidad. Para hacerlo hay que encontrar la fuerza necesaria, pues es realmente duro tener que recurrir a otras personas para afrontar los momentos más difíciles.

La vida nos enseña. Tan solo hay que querer aprender. Y dejarse enseñar.

martes, 19 de mayo de 2026

Los anillos de saturno

Este pequeño cuento latía dentro de mi pecho y necesitaba que lo escribiera para poder ser contado, y eso es lo que he hecho y por eso lo comparto hoy.

Espero que os guste, y que se lo contéis a quien creáis que va a comprender aquello que pretende transmitir, 

 Cuenta la leyenda que Saturno se enamoró perdidamente de la luna la primera vez que la vio sonreír, hace más de mil millones de años, pero los dioses no aprobaron su unión, pues sabían que, si se acercaban demasiado, podrían cambiar el curso de la existencia de la galaxia, y ese era un riesgo demasiado grande.

 Saturno la quería tanto que para demostrarle su amor le hizo un increíble anillo con fragmentos de estrellas y asteroides y, desafiando a los dioses, se declaró acompañando el anillo con un inmenso ramo de estrellas fugaces. 

La luna le entregó su corazón y aceptó con ilusión, pero los dioses prohibieron su enlace y Saturno se guardó el anillo y se lo puso él mismo esperando poder entregárselo algún día. 

No se resignó y volvió a intentarlo. Era tan grande su amor por ella, que intentó que los dioses les permitieran casarse una y otra vez, pero al tener que ponerse el séptimo anillo, pues siete veces lo intentó y siete se lo negaron, se entristeció y se enfadó tanto, que presa de la ira desafió a los dioses y trató de fugarse con ella y esconderse para siempre en un agujero negro. Al hacerlo se desató una impresionante lluvia de meteoritos que a punto estuvo de desencadenar el apocalipsis y terminar con el universo. Pero los dioses consiguieron devolver el orden al cosmos y castigaron a Saturno haciendo que olvidase a la luna para siempre y, repartiendo su corazón entre todos los gatos del planeta Tierra. 

 Por eso Galileo Galilei descubrió que Saturno tiene siete anillos, y por eso todos sabemos que los gatos tienen siete vidas y que cada noche maúllan a la luna lastimeros, por no poder estar más cerca de ella. A partir de ahora cada vez que veáis un gato, pensad que son animales tan especiales porque en dentro el pecho llevan un trocito del corazón de Saturno. Y que cuando alguien ama de verdad, no se rendirá fácilmente por difíciles que puedan ponerse las cosas, y será necesaria la intervención de los dioses para obligarle a renunciar al ser amado.

                                                                               Fin

martes, 12 de mayo de 2026

Volar


 Supongo que esos sueños recurrentes en los que me veo volando y planeando sobre distintos lugares que asocio con malos recuerdos, momentos difíciles o simplemente tristeza o miedo, son algo construido desde el inconsciente a base de metáforas y, de alguna manera, tienen mucho de catarsis, de terapia y de tratamiento para el alma. Al igual que esta necesidad de escribir constantemente.

Cuando sueño que vuelo, lo hago como las aves, extendiendo los brazos a modo de alas y con las manos abiertas para utilizar las palmas como alerones direcciónales que trazan el rumbo a seguir. Y curiosamente no estoy cayendo, casi siempre soy yo el que elige hacia donde quiere ir y donde me gustaría aterrizar.  Aunque he de reconocer que cuando me puede la angustia de las circunstancias tengo espantosas pesadillas en las que no consigo evitar estrellarme contra las rocas, contra la dura realidad de los errores cometidos conscientemente o contra un negro asfalto que se levanta contra mi y me busca como el implacable cazador que sé que no parará hasta darme caza y cobrarse su pieza (y si esto no es una metáfora de mi realidad más dolorosa...)

Pero en muchos de estos sueños la sensación es muy agradable, casi reponedora, y respiro profundamente llenando mi pecho de aire fresco y limpio. Y en mis sueños el aire es el caldo en el que el cerebro cocina todas las metáforas, pues me ayuda a respirar, a volar y a sentir que aún hay lugar para la esperanza. 

Cuando estoy volando siento que no trato de evitar la caída sino que formo parte del aire y el aire penetra en mi a través de todos los poros de mi piel y equilibra la balanza de pérdidas y triunfos, me limpia por dentro y renueva el alma. Y con cada giro aprovechando las corrientes, sonrío.

La canción de El nido que encabeza este post siempre me gustó  y me resulta curioso que estos talentosos  burgaleses  nos canten desde sus Refugios a cielo abierto o le guiñen el ojo a Ícaro con una de sus canciones.

Ver sonreír a mi amigo Jorge, de Fetén Fetén, mientras la cámara lo graba tocando ese acordeón que nos acompañó en tan buenos momentos cuando aún éramos jóvenes y soñábamos con futuros felices, hace que no encuentre mejor BSO para un texto en el que os invito a daros una vuelta por  mi universo onírico.

Dejad que pase el aire, que se lleve todo lo malo, y que os permita planear con la certeza de que pase lo que pase, conseguiréis remontar el vuelo.