Y el mundo sigue apostando por enviarse muerte a través de proyectiles de diferentes calibres y de bombas de distintas potencias.
La palabra es una munición escasa y al parecer los líderes mundiales han preferido guardar sus últimos cargadores en lo más profundo de los armarios y las cajas fuertes donde guardan también el dinero que ganan haciendo que jóvenes que no se odian ni se conocen se maten por orden de personas que si se odian y si se conocen, pero no se matan.
Una nueva guerra sobre el tablero de juego, y en esta ocasión los jugadores parecen divertirse más que nunca, sobre todo uno de ellos, que asusta por su desmedida adicción a este tipo de entretenimientos y su declarada ludopatía bélica.
Y lo más triste es que la sociedad de naciones asiste perpleja e impotente a esta nueva partida, asustada por la facilidad con la que cualquiera de los dos jugadores que lanzan sus dados de corto y medio alcance podrían obligarla a jugar al menos un par de rondas.
A fecha de hoy, ya hay más de 2000 muertos reconocidos en el conflicto, y mientras el más peligroso de los jugadores se auto complace con su juego y se puntúa con un quince sobre diez, algunos políticos pretenden sacar rédito electoral de la situación tratando de pescar votos en el caladero de aguas turbias y confusas donde acostumbran a capturar su presas, muchas veces embarradas y sucias de fango al tratar de esconderse en el fondo de peligrosas arenas llenas de pecios de otros votantes desencantados de quienes los quisieron exponer sus capturas en las paredes de sus opulentas mansiones.
La guerra solo genera guerra, y aunque a veces es posible que no quede más remedio que iniciar una para alcanzar la paz, me jode mucho tener que concederle crédito a esa cita tan manida de "si vis pacem, para bellum" (si quieres la paz, prepara la guerra).
Como escribí en Vosotros, ¿especie superior? , nos autoerigimos como la superior de las especies tan solo porque sabemos matarnos más y desde más lejos.
A ver si hay suerte y en mi próxima vida regreso como un felino.