martes, 29 de noviembre de 2022

De búsquedas y encuentros



Pues no voy a entrar en el manido recurso del personaje en busca de autor, ni en el más manido aún del de autor en busca del personaje ideal para sus textos. Hoy voy a reflexionar un poco sobre algo distinto, algo que me ayuda a entender las cosas. Aunque las entienda como yo quiero entenderlas, que igual no es siempre la mejor de las maneras.
He leído mucho y sigo leyendo cuanto puedo. He conocido infinidad de personajes de todo tipo en textos de todos los géneros y estilos, y he vivido, muerto, sufrido, reído, amado, odiado, dado y quitado vida y resucitado, en la piel de los miles de personajes que he descubierto en las páginas de los libros. También y gracias a ellos he condenado mi alma inmortal y he comido perdices, he sido feliz para siempre, he besado a las más bella princesas y he atravesado con mi daga el corazón de los más odiosos enemigos. Y tras muchos años de leer constantemente sobre el amor y sus hechos, lo encontré cuando menos lo buscaba y enhebró en su afilada aguja el hilo rojo que siempre unirá mi alma a la de quien me abrió los ojos y el corazón a tan impresionante realidad .
Pero de cuantos personajes literarios conocí, hay uno que se instaló en mi desde el primer momento y que de alguna manera me acompaña en mi día a día, en mis creaciones y en mis ratos de búsqueda de explicación para este folletín por entregas que es mi vida, y no es otro que  Laertes, el complejo emocional, torturado, herido y díscolo personaje shakesperiano.
En Laertes encontré un alter ego atemporal que recoge cuanto de humano, divino y demoniaco hay en mi.
Con Laertes descubrí el alto precio que se ha de pagar por los errores, por las consecuencias de los actos movidos por la falta de acierto y  por la impulsividad y la intensidad de los sentimientos que dominan la razón. Creo que Laertes es un ejemplo de persona PAS.
Con él aprendí que es mejor arrepentirte antes de cometer el peor de los errores y que aunque ese arrepentimiento  no llegue a tiempo de evitar la acción que podrá arruinar tu vida o las de otros, siempre se podrá aspirar al perdón del alma noble que intuya la nobleza de un corazón confuso.
Laertes recibió de su padre, Polonio, el mejor de los ejemplos y los mejores consejos, nacidos de la preocupación por la desacertada conducta de su hijo. Laertes sufrió lo indecible al saber muerto a  Polonio y estuvo dispuesto a todo para vengar su muerte y lavar la herida con la sangre de su asesino, aunque al hacerlo ensuciara para siempre el alma que un día sería juzgada por su dios. Y se condenara por ello.
Del mismo modo trató de aconsejar a su hermana Ofelia, al ver que podría caer en las redes de la mentira disfrazada de cortejo, pues él conocía bien esos ardides,  y se desesperó con su marcha tanto que prefirió arrojarse junto a ella en la fosa que acogió sus restos, y acompañarla en la muerte. Pero nunca predicó con el ejemplo y Ofelia le reprochó que le diese lecciones de conducta, pues la suya era más errónea aún,  y le reprochó que pretendiera aconsejarla desde la hipocresía moral.
Al conocer la vida y muerte de Laertes, su forma de afrontar las tretas del destino y lo intenso de su ser, me enamoré por completo del arte de escribir y de crear vidas paralelas. Y extrapolé su realidad a la mía y la mía a la de quien fue un acierto más del bardo inmortal.
Puede que este texto que hoy escribo sea el estudio de un personaje, pero mucho me temo que no es más que el estudio de mi propio personaje, y que el autor que me ha escrito se ría al leer estas líneas, mofándose de mi afán de conocimiento sobre una verdad que se escapa a mi entendimiento. O no. O yo qué sé.


 

martes, 22 de noviembre de 2022

Las lágrimas de un ángel


 Son dulces y saladas a la vez, brotan espontaneas y ruedan por las angelicales mejillas de quien las llora, pero ni empapan ni calan, porque son etéreas y nebulosas, como ella.

A lo largo de la vida nos encontraremos con imágenes realmente duras y con momentos más que tristes y dolorosos, pero quizás ver llorar a un ángel es una de esas cosas que te estrangulan el alma y te llevan a perder la fe en la humanidad, y a desear  que cese el llanto de quien no debería llorar jamás.

Ayer vi llorar a un ángel y se me rompió el corazón. En su infinita ternura trató de contener el llanto para no hacerme partícipe de su dolor, y para evitarme sufrimiento, al saber que empatizaría con su angustia, pero por más que lo intentó al final llegó lo inevitable y afloraron lágrimas a los ojos en los que me miraba intentando transmitir fuerza y amor para calmar su agonía.

Mi ángel no pudo detener el río que manó siguiendo el cauce de un rostro compungido y avergonzado por sufrir ante mí, que  aumentó su caudal con cada caricia con la que quise reconfortarlo y que se desbordó al recibir mi abrazo.

Y me duele saber que incluso esos seres bendecidos por los dioses se rompen ante la injusticia y la crueldad, ante ese negro abanico de maldades con los que algunos seres humanos agitan el aire. Me duele no saber cómo consolar a quien me dio consuelo, ni  cómo poder ayudar a quien me brindo su ayuda. Me duele su dolor. Me duele que la vida le duela.

Por eso escribo este texto hoy. Mi única forma de enjugar su llanto es secando el manantial con un pañuelo de palabras escogidas e hilvanadas con todo mi cariño, que es mucho.

No llores, angelito. No estás sola (porque Dios te hizo mujer y te dio apariencia tan divina como humana y angelical al tiempo). Un día recuperarás la sonrisa y un día al echar la vista atrás, recordarás con cariño como compartimos cada una de esas lágrimas que trataste de ocultar. Y con ellas cuajamos la argamasa con la que unir nuestros espíritus para siempre. 

lunes, 21 de noviembre de 2022

El hilo rojo (Pareja)


 Este relato  ha sido publicado en el Nº 5 de la revista literaria Malospasos y al parecer está gustando bastante entre los lectores de la publicación.

Es muy yo, muy mío, muy simbólico y muy metafórico, tan fantástico como real. Y por eso me duele el corazón cada vez que lo leo, porque está escrito desde una emoción que hasta hace poco no había conseguido identificar ni aprendido a llamar por su nombre. El amor.

Espero que os guste.


El hilo rojo (Pareja)

El destino nos unió hace ya muchas rencarnaciones y se divierte separándonos de formas distintas y a menudo más que originales. Creo que solamente en una de las muchas existencias que ya hemos compartido se nos ha permitido terminar la arena de la clepsidra de una forma natural.

En la mayoría de estas vidas en común hemos sido una pareja tradicional, es decir, compuesta por un hombre y una mujer. Si bien es cierto que en casi todas las ocasiones yo he sido el hombre y ella la mujer, a veces he renacido en un cuerpo voluptuoso de generosas curvas, carnosos labios y larga cabellera negra, rubia o rojiza, atendiendo a las circunstancias y el lugar de mi nacimiento y, ella en el cuerpo de hombres aguerridos, curiosos y resueltos con la imperiosa necesidad de hacer de cada rencarnación una advertencia al capricho de los hados. Pero los hados ignoraron la advertencia y en alguna ocasión nos hicieron mujeres a ambos y nos colocaron sobre el tablero. Al final siempre hemos terminado encontrándonos y volviéndonos a enamorar, cómo no podía ser de otra forma.

Una vez nací gato y ella nació linda gatita. En aquella ocasión nuestras vidas se unieron en lo alto del tejado de la morada de un sacerdote egipcio, y al descubrirnos amándonos sobre su techo, se postró de rodillas agradeciendo a la diosa Bastet que le indicase con ello que protegería su hogar y, siguiendo la tradición, celebró la fiesta de la embriaguez para que Bastet la protectora no se convirtiese en Bastet la desgarradora. La noche de la fiesta colocaron cuencos con vino como ofrenda a la diosa con cabeza de gato y nosotros dimos buena cuenta de la bebida a la luz de la luna. Aquella fue nuestra primera borrachera juntos y sentó precedente para las siguientes rencarnaciones en las que siempre encontramos la noche perfecta para descorchar botellas y entregarnos al delicioso y lujurioso influjo de los vapores del vino.

El destino, juguetón, decidió también regalarnos las más espantosas muertes para probar la fuerza de nuestro amor. Tuve que asistir impotente a su crucifixión en la arena del coliseo, a su decapitación en la Bastilla y al naufragio de su nave camino de las Indias. Ella también sufrió lo indecible como invitada de honor a la quema de mi hoguera, a la derrota de mi ejército el día que el enemigo decidió no hacer prisioneros y a mi fusilamiento junto a un encalado muro, en aquel tiempo aciago en el que los españoles decidieron matarse entre hermanos.

Pero no solo hemos llorado y hemos sufrido juntos. Unas cuantas existencias hemos sido inmensamente felices. Hemos traído a la vida innumerables retoños a los que amamos con todo nuestro corazón y a los que entregamos cuanto de bueno hubo en nosotros. Hemos recibido premios y reconocimientos, hemos disfrutado de segundas oportunidades cuando todo parecía perdido y de las mieles de la vida. Y hemos sido capaces de existir el uno para el otro.

Por eso ahora, que soy tan solo un hombre confuso y remendado, dudo.

¿Qué nos reservan los dioses? No va a ser nada fácil. En esta nueva partida ella ya ha amado y ha concebido con otro y yo ya he sufrido y he llorado por muchas otras. Ambos hemos tenido ocasión de ser felices y desgraciados sin necesidad de unirnos, y hemos podido quemar gran parte de nuestro tiempo hasta que se decida cuando se ha de terminar para jugar la siguiente. Pero nos hemos vuelto a encontrar. Nos hemos reconocido a la primera. Y además los creadores de todo han querido iluminar con sorprendentes neones nuestro encuentro para que no dudásemos.

Ella vuelve a ser preciosa y terriblemente sabia. Yo vuelvo a ser afortunado y poco más.

Afrodita, Bastet, Cupido, Milda, Hathor y Kamadeva se lo han pasado de miedo convenciendo a sus colegas de que debían volver a permitirles poner las reglas en el juego que nos habría de juntar. Y aquí estamos. Esta vez cautos y temerosos de las normas de los hombres. Asustados ante el nuevo reto, pero dispuestos a hacer de esta difícil encrucijada el más cómodo camino para demostrarle al cosmos que el amor no conoce límites ni prohibiciones.

Rendirse no es una opción. Pase lo que pase y le pese a quien le pese, hemos sido, somos y seremos la perfecta pareja.


miércoles, 16 de noviembre de 2022

Haozer


En la novela Inocentes, la atípica novela negra en la que estoy enfrascado escribiendo durante los últimos meses, y en la que Lucio Galvano,  un optio de las legiones de Roma con amplia experiencia en las campañas de Hispania y Britania, es destinado a Judea en el año 0 de nuestra era, vuelvo a construir mundos paralelos y realidades en otro plano. Allí, Lucio se ve envuelto en una serie de desagradables incidentes al detener el asesinato de un bebé a manos de un soldado de Herodes. El protagonista conoce al que será el único y verdadero amor de su vida, una hebrea llamada Jiyuj. Esta le explica que en su cultura las personas como él reciben el nombre de "haozer", cuya traducción es algo así como ayudador o el que ayuda, una persona que de forma natural e inconsciente tiende a hacer cuanto puede por los demás sin esperar nada a cambio. Una especie de ángel de la guarda humano.

He tratado de construir un protagonista ajeno a mí y desprovisto de mis particularidades, errores y continuos fracasos emocionales y existenciales. Le he dado un aspecto físico muy diferente al mío y he intentado aportarle los rasgos de personalidad que menos se asocien con mi persona, pero al igual que al escribirle lo impresionante de los sentimientos que descubre al perderse en los ojos y en la sonrisa de Jiyuj, y al preguntarse y terminar comprendiendo qué es eso que le lleva a sentir que le arde el corazón, tampoco he podido evitar dotarlo de esa personalidad que lo llevará a entregarse a los demás y que muchas veces hará que se ponga en peligro por el deseo de salvar a quien  necesita de su espada, de su ingenio y de su calor.

Anoche una buena amiga me dijo que ayudar a los demás siempre aporta a quien lo hace, y que no todo el mundo está preparado para ayudar. Que hay que ser fuerte para ayudar a otros. Y no me hablaba de fortaleza física, sino de una fuerza emocional que permitirá que los problemas y el dolor  de aquellos a los que se intente ayudar no terminen destrozando al que brinda ayuda.

Me pareció un argumento tan razonable como hermoso y me ayudó a entender alguno de mis fracasos, pues no siempre tengo el vigor necesario para aportar cuanto quisiera a quien veo pasándolo mal. Me duele ver sufrir a la gente que quiero y dentro de esa reflexión, de ese rato de introspección y catarsis diaria al que llamamos oración, acostumbro a pedir a quien sea que maneje los hilos (Dios, Supergato, el destino...da igual) que se me ayude a ayudar como a mí se me ha ayudado. Y a veces se me concede.

Personalmente creo que el mundo sería mucho más amable y más soportable si todos intentáramos empatizar con los problemas de los demás desde lo cotidiano. No soy gilipollas ni me atribuyo unos superpoderes de los que carezco. Aunque me gustaría mucho hacerlo, sé que no seré capaz de acabar con el hambre en el mundo, pero sí puedo donar algo al banco de alimentos de mi ciudad, o igual de la que lleno el carrito en el super, puedo pillar un paquete de arroz o una caja de galletas para entregarlo al salir a los voluntarios que están recogiendo donaciones para la gente necesitada.

Del mismo modo sé que no tengo supervelocidad, no vuelo ni lanzo rayos por los ojos, por lo que no podré detener a esas criaturas del infierno que violan, humillan y matan a tantas mujeres e incluso a tantos pequeños, pero si puedo cuidar de las mujeres que me rodean y que forman parte de mi vida, respetándolas en todo momento, ofreciendo ayuda compañía y protección cuando la necesiten y predicando con el ejemplo.

Por descontado cuidar de mis mayores es parte del trato. El cuerpo humano también está diseñado con una obsolescencia programada (como un ordenador, un teléfono móvil o un frigorífico) y en ese declive tan natural como inevitable y triste, lo menos que se puede hacer es agradecer los cuidados recibidos y la paciencia que ellos te regalaron en su día. Y corresponder con la misma entrega.

La vida es dar y recibir y ya he citado al gran Jorge Drexler en muchas ocasiones y en diversas entradas de este blog, porque la letra de su canción es una de las grandes verdades que he conseguido identificar, interiorizar y hacer mías:  "cada uno da lo que recibe, luego recibe lo que da. Es muy sencillo, no hay otra norma, nada se pierde, todo se transforma".

Soy tan humano como el que más. Meto la pata y me confundo demasiado a menudo y no soy en absoluto perfecto. Para nada. Ni me gusta dar consejos ni me siento capacitado para ello. No soy un ejemplo de nada ni aún he llegado a ser la persona que me gustaría llegar a ser. Pero me esforzaré en hacerlo.

Entiendo que dentro de esa facilidad que tengo para sacarme las cosas de dentro y plasmarlas en negro sobre blanco, no está de más que os cuente que todos tenemos opciones para hacer de este mundo algo mejor, no solo para cargárnoslo. Sabéis que me encantará dejar a los felinos (verdadera especie superior) el mejor de los planetas cuando por fin dominen el mundo, pero también conduzco, consumo, genero residuos, contamino y contribuyo a joder mi entorno y mi ecosistema y a involuntariamente al menos, erradicar especies animales y vegetales. Sorry... no era mi intención.

Venga, va. Podemos intentar ser felices en el mundo real, no solo en el literario. Las rosas crecen hermosas y siguen brotando para embellecer el mundo por muy desagradable que lo estemos haciendo. El principito continua sobrevolando planetas, estrellas y asteroides y conseguirá que aprendamos con su ejemplo y sus aventuras.

No todo está perdido. 


martes, 8 de noviembre de 2022

Túneles eternos


 —Dispárale en la pierna o en el hombro, pero ten mucho cuidado de no fallar, si lo matas tendrás un problema muy serio y además no quiero que este buen hombre pueda dejar viuda a su señora –le indica Damián a su hijo que trata de enfilar el alza de la vieja escopeta de caza del abuelo con la mira y el objetivo, como le enseñó su padre apenas una semana antes.

—¿De verdad es necesario?–pregunta asustado el empleado que arrodillado y con las manos entrelazadas tras la cabeza espera con resignación el disparo del tembloroso muchacho.

—Pues sí, Mateo, y no sabes cuanto lo siento, pero como has pulsado el timbre de la alarma y la policía ya está fuera, te garantizo que una vez te hayamos disparado nos entregaremos y podrán atenderte los sanitarios que esperan fuera en la unidad del 112 que ha acompañado a las fuerzas del orden.

—Sea, pues, no te preocupes, Damián, todo sea por el futuro de tu muchacho –concede valiente y resignado el cajero de la entidad.

—Muchísimas gracias, Mateo. Sabes que si no fuera completamente necesario, no habríamos tenido que llegar a esto, pero tal y como está el patio, que mi Javier sea condenado por atraco a mano armada con uso de violencia y daños físicos es la única opción para garantizarle por lo menos cinco o seis años de alojamiento decente con tres comidas diarias. Además en el talego podrá sacarse una carrera gratuitamente, porque con la mierda  de pensiones que tenemos su madre y yo no podemos pagar los estudios de los tres rapaces y no es justo que sus hermanos mayores hayan podido estudiar y Javi no vaya a poder hacerlo por el puto dinero tras llevar toda la vida deslomándonos en el campo, pero que te voy a contar –suspira Damián–si  tenemos las pensiones  domiciliadas aquí, además de todos los recibos, de la hipoteca, de los créditos del coche, de las putas facturas de la luz y del gas que cada día son más demoniacas y en resumen, ya conoces toda nuestra vida en céntimos y pesetas.

—Siempre fuiste un buen cliente, Damián, y no sabes cuanto me duele que hayas tenido que llegar a esto.

—Sabes que ese cartuchazo que te va a pegar mi hijo me duele más a mi –gime Damián mientras apoya una mano en el hombro del trabajador al que la corbata apenas permite tragar saliva ya– y te juro por Dios que en cuanto te dispare nos entregamos y dejo pasar a los médicos.

—Pues venga. Cuanto antes termine todo esto antes podré ver a mi mujer, que fijo que ya se ha enterado por las noticias. Debe de estar saliendo en todas las cadenas. Un atraco con rehenes en un pueblo de tierra de campos es algo completamente fuera de lo normal.

—Vamos, Javi, dispara y pon mucho cuidado, que este hombre no tiene la culpa de la mierda de vida a la que nos ha llevado esta mierda de sistema tan asfixiante.

El muchacho obedece y dispara un único cartucho del 12 en el muslo del sufrido cajero del banco.

En el momento en el que se escucha la detonación los miembros del grupo de operaciones especiales de la Guardia civil, ajenos a las circunstancias del atraco, rompen los grandes ventanales y entran en la sucursal disparando a los dos atracadores, y alcanzando a Damián en la cabeza y en el pecho, causándole la muerte instantánea. A Javier lo derriban con varios impactos en el abdomen y los sanitarios del 112 consiguen estabilizarlo en la UCI móvil de camino al hospital, tras detener la hemorragia. Mateo recibe atención médica en el suelo de la oficina y allí mismo se limpia y se desinfecta la pierna herida por los perdigones del disparo efectuado con la escopeta de caza.

Tras ser dado de alta, el muchacho es conducido a prisión donde esperará juicio. 

A los cinco años de ser condenado con sentencia en firme, termina la carrera de Derecho con matrícula de honor en la licenciatura a distancia que ha cursado gratuitamente en la institución penitenciaria y que además le ayudará a reducir condena, y se prepara para enfrentarse al caso más importante de su vida, con el que comenzará su trabajo como abogado de causas perdidas.

Javier Martínez contra las terribles injusticias del sistema capitalista feroz que se adueñó del país que vio nacer y morir a su padre y  lo llevó a enfrentarse con desesperación al mundo que aguardaba a sus hijos.

 A veces la vida te obliga a entrar en túneles oscuros en los que es casi imposible ver una luz, pero siempre hay luz al final del túnel, por largos y peligrosos que sean.


 

viernes, 4 de noviembre de 2022

Dentro de mi


 He pasado unos días difíciles, o bueno, mejor dicho estoy pasando por ellos aún ya que aún no he salido del hoyo, pero me agarro fuerte a ese chaleco salvavidas que me ha arrojado desde cubierta el destino, al ver que una vez más corría el peligro de ahogarme en mi particular forma de entender y de enfrentar las circunstancias que rodean mi existencia.

Durante estos días de estrés emocional y de combate duro contra la adversidad que me exige realizar  un arduo y continuo  ejercicio de paciencia(algo de lo que siempre he carecido)para afrontar distintos asuntos para mi vitales, he sentido un particular dolor al haber visto como desaparecían las ganas de sentarme ante el teclado y de volcar en la pantalla del ordenador  distintas emociones y distintos sentimientos que una vez transformados en material para relatos o para alguna de las novelas en las que estoy trabajando ahora, ocupan la posición elegida y cobran la forma adecuada, aportando por un lado continuidad en mi trayectoria literaria y por otro esa necesaria catarsis de la que siempre digo que es para mí más que necesaria.

Es por eso que este blog es un buen indicador de mi creatividad y de mi estado de ánimo y es el perfecto campo de pruebas para experimentar con temáticas y personajes, con recursos y giros, con metáforas y analogías. 

Hace un par de días retomé la saga de relatos breves en los que Laertes, el asesino a sueldo de bigote bicolor y particulares valores morales, realiza los trabajos con los que se gana el pan, el tabaco y el whisky de malta. Y de paso le permití compartir un rato de pasión con Adán, la agente secreta aficionada a las armas blancas con la que ya le he escrito más de un encuentro.

Alguien me dijo que sí, que estaba bien escrito y que no dejaba de ser un texto para adultos, ya no solo por la temática propia del cine negro sino también por los párrafos más propios de novelas del estilo de las dichosas 50 sombras de Gray. 

Me dijo también que ella (es una lectora, como la mayor parte de quienes visitan este blog) prefiere leer textos que le aporten algo positivo. Que le gustan mucho algunas de mis entradas en las que comparto mis experiencias, mis batallas, mis éxitos en la superación personal y mi continuo afán por mejorar y orientar a quien se halle igual de perdido que yo.

Sé que no soy un escritor al uso. De hecho sé que más que original soy un poco confuso, porque salto con facilidad de unas temáticas a otras, de un género a otro, de la prosa a la poesía, de los momentos de pasión a los de dolor más intenso y de los fuegos artificiales de la esperanza y la ilusión, a los negros túneles de la desesperación y de la angustia.

Al igual que en mis lecturas diarias, a la hora de escribir también soy muy ecléctico y gusto de escribir de todo.

Pero lo que creo que nunca he querido ser es un escritor de textos de autoayuda para terceras personas. Jamás pretendo otra cosa que  describir mi realidad y mis emociones, mis sentimientos y mis pasiones, mis objetivos y mis batallas. Puede que sí, que esta sea una forma de autoayuda porque al escribir consigo ayudarme, y si de paso ayudo a algún lector que está atravesando una situación parecida, pues mejor, porque me encantaría servir de algo más que de distracción. Ojalá haya quien encuentre en alguna de las entradas de este blog un rayito de sol, un poquito de empatía, algo de apoyo. Ojalá alguien termine la lectura de alguno de mis textos sintiendo que se le ha cerrado una herida y que comienza a cicatrizar el alma, o simplemente sonriendo al pensar que al otro lado de la pantalla hay alguien que llora por la misma pena, que ríe con la misma gracia y que besa con las mismas ganas.

A la gente a la que quiero, a la que me importa de verdad, muchas veces les escribo en las conversaciones de wasap, o les digo de viva voz, "gracias por ser y estar, bendito verbo To be".

Hoy encabezo esta entrada con un delicioso tema de Ryden, artista que he utilizado bastante en el pasado y que escuchaba prácticamente a diario, pero que hace tiempo que me duele un poco escuchar porque asocio alguna de sus canciones a una persona increíble que transformó mi vida y me descubrió lo que significaba  amar y hacer el amor, ya que hasta que no lo hice con ella, solo había realizado una placentera gimnasia pasional. 

Estoy trabajando duro mis carencias, mis angustias, mis miedos y mis necesidades y he descubierto con la necesaria ayuda que me ha brindado la profesional de la psique a la que visito regularmente de un tiempo a esta parte, que YO también valgo, que YO también merezco ser feliz y que YO necesito quererme, necesito escucharme y concederme una nueva oportunidad. Que en efecto soy una persona de alta sensibilidad y que en efecto tengo que aprender a gestionar con acierto mis emociones y que el día que consiga quererme a mí mismo sin reservas, podré entregar mi corazón a la mujer que lo merezca.

Dentro de mi hay enterrado un cofre del tesoro y estoy juntando las piezas del plano que me llevará hasta él. Dentro de mí se encuentra la solución a todos mis problemas, las píldoras de felicidad necesarias para despertar cada día con una sonrisa y para avanzar por el camino correcto.

Creo que siempre que ha llovido ha escampado y que lo que no te mata te hace más fuerte, Y de verdad, paso de morirme otra vez, ni siquiera de amor. Lo de morirse es un coñazo y algo siempre muy inoportuno. Quizás dé con las coordenadas del plano que aún no he conseguido localizar y pueda encontrar ese cofre, abrirlo y disfrutar del mayor de los tesoros. Y ser feliz.

Pero eso ya es mi responsabilidad, y no la de nadie más (precisamente esa es una de las premisas con las que va a construir su presente y su futuro este nuevo yo que ahora despierta, porque el pasado francamente ya me importa lo justo).

miércoles, 2 de noviembre de 2022

Porque no somos para un día


 Laertes desarma de un único golpe en el plexo solar al sicario que encañona con un subfusil ametrallador a Adán, la agente del CSID con la que ha coincidido en diversas ocasiones por motivos profesionales, y en tan solo una muy placentera ocasión por motivos carnales y emocionales. Adán aprovecha el momento y con sorprendente velocidad recupera del suelo el cuchillo que tuvo que arrojar al recibir la orden de desarmarse, y de un único y preciso tajo secciona la yugular del sicario con la precisión cirujana adquirida tras muchos años de oficio. El rubio asesino de bigote bicolor guiña uno de sus azules ojos a la esbelta agente especial, mientras con habilidad y podría decirse que especial cuidado, sostiene el cuerpo del finado antes de que se desplome sobre una de las mesas llenas de relucientes copas colocadas con orden simétrico en función del número de comensales y de las botellas de champagne francés de una conocida y exclusiva bodega que patrocina el evento empresarial del año en la pequeña ciudad de provincias. 
—Gracias por estar –dice Adán sabedora de que de no ser por Laertes, las cosas hubieran dado un giro muy diferente.
—Siempre es un placer poder serte de utilidad, princesa. –contesta Laertes galante y sincero–Pero ahora a lo nuestro, el tiempo se nos echa encima.
Aunque tanto los políticos asistentes al acto, como los chicos de la prensa, los representantes de las fuerzas vivas de la ciudad y de los distintos sectores económicos que han hecho de la capital de provincias la envidia de muchas ciudades españolas, conocen sin lugar a dudas los turbios negocios que rozan la legalidad unas veces y que la traspasan la mayoría de ellas, que han conseguido hacer de Julio San Segundo el empresario del año. San Segundo está recibiendo en ese momento el galardón de manos del alcalde socialista que gracias a los votos de distintas fuerzas políticas consiguió arrebatar la alcaldía al candidato más votado, y de manos del representante de la cámara de comercio el cheque por valor de 10.000€, cantidad que se podrá depositar íntegramente en la organización sin ánimo de lucro que el premiado escoja. Casualmente San Segundo ha elegido la fundación creada y dirigida por uno de sus hombres de confianza. Los chiquillos desarrapados de la periferia que deberían ser los receptores finales del premio, nunca llegarán a disfrutar de él, pero los sicarios del capo vallisoletano contarán con nuevos juguetes adquiridos una semana atrás en la subasta realizada por un corrupto general del desaparecido ejército unificado de la URS.

Adán ha sido elegida para eliminar al recién premiado hombre de negocios y Laertes ha recibido el ingreso de una sustanciosa suma en su cuenta corriente mediante la que se pretende asegurarse de que Julio San Segundo no llegue a acostarse esta noche con la barriobajera celebridad de las revistas del corazón con la que mantiene un nada económico  afer desde hace más de un mes.

A Adán la paga el estado, a Laertes los tiburones que infestan los mercados y se pelean por la carnaza embadurnada con la sangre derramada por los señores del IBEX 35. En cualquier caso Laertes desnuda a Adán con la mirada y ella, juguetona y preciosa, le permite despojarle visualmente de cada prenda poco a poco, muy despacio. El rubio y mortífero asesino a sueldo rememora la noche de placer que disfrutó en el piso franco de la agente del CESID y no puede olvidar el agradable tacto de sus pezones erectos ni el delicioso sabor de su humedad más privada. Adán sonríe al percatarse de que el despiadado asesino está sufriendo una erección mientras no puede apartar de ella la mirada, y a punto está de abalanzarse sobre él y sacarlo de allí buscando el lugar más cercano donde entregarse a cuantos minutos de  placer pueda regalarle el fornido y despiadado hombre enviado para asegurarse de que San Segundo no verá nunca más la luz del día.

Ocultan el cadáver del sicario del homenajeado en un cercano cuarto para guardar menaje, en el que Adán habría cabalgado con placer a Laertes y que de momento servirá únicamente para un propósito menos delicioso. Laertes adivina la lujuria en su mirada y le devuelve la misma cantidad de deseo con una mirada similar y la cínica sonrisa de medio lado que lo caracteriza. Pero ahora lo primero es lo primero y hay que trabajar. Ambos profesionales deciden que le concederán a San Segundo el placer de disfrutar de aquel líquido carbonatado de a cojón de mico la botella, y esperarán a eliminarlo cuando baje al parking del hotel en cuyos salones se celebra el evento. Y así lo hacen, quitando de en medio de paso a tres guardaespaldas y al chofer. 

Un par de horas después, cuando Adán alcanza su tercer orgasmo no puede evitar recordar a Laertes disparando en pleno corazón con puntería olímpica a San Segundo, y eso la pone aún más cachonda. Excitada hasta más no poder se lanza sobre el miembro de Laertes para besarlo y lamerlo hasta devolverle el esplendor y la dureza que consiga llevarla hasta el cuarto orgasmo. Y una vez más Laertes cumple con las expectativas y realiza el mejor de los trabajos. Los dos profesionales de la muerte follan como si realmente fueran a morir mañana y no quisieran dejarse nada en el tintero ni privarse del menor de los placeres.

Esto es lo que se conoce como vivir al límite.