martes, 28 de julio de 2026

En realidad no lo es


 Y no es la primera vez que comparto la meditada decisión de prestar atención a mis necesidades, a mi salud, física y mental y a las circunstancias que rodean mi devenir diario. Aunque en esta ocasión es diferente. He optado por concederme una tregua, por descansar y por intentar reponer la energía de una batería que ya daba avisos de estarse agotando.

El cuerpo es sabio, la mente una maestra y el corazón el bedel que abre y cierra las puertas del centro en el que se me permitió matricularme por segunda vez hace ya más de doce años, para que repitiera el curso y aprendiera de mis errores.

Y creo que estoy aprendiendo y que si me esfuerzo un poco lograré graduarme sin que vuelvan a expulsarme de esta institución a la que llamamos vida.

No es egoísmo. Es una necesidad vital. Ya he escrito antes que descubrí que las prisas no son buenas consejeras y que vivir acelerado solo puede llevarte al desastre, pues quieras o no se te frenará de la forma que sea. Con un infarto, con una crisis mental o con un accidente de tráfico. A mi se me frenó en seco y por una razón que aún desconozco se me concedió el volver a la circulación, con el vehículo adaptado y un molesto limitador de velocidad, pero de nuevo en la carretera, al fin y al cabo. Y avanzando seguro y firme.

Siempre he pensado que las segundas oportunidades no son gratuitas y que de alguna forma tendré que pagar la que me concedieron los hados. Siempre he creído que la mejor manera era compartir con todos los motivos que me llevaron a la caida y la manera de evitar catastróficas desdichas como la que sufrí. 

He dado conferencias y charlas en institutos, museos, ayuntamientos, instituciones penitenciarias y todo tipo de centros. He impartido talleres y cursos en los que he explicado como la literatura puede ser la mejor medicina, tanto en el cuidado preventivo como en el tratamiento de recuperación, y he conseguido un empleo en el que cada día ayudo a docenas de personas a solucionar problemas de toda índole.

Pero esta maldita sensibilidad y este exceso de empatía que me obligan a tratar de ayudar como a mi se me ha ayudado y, que me llevan a pedirle a Dios que me de las herramientas y el acierto, no vienen con libro de instrucciones y con manuales de uso y no he sabido leer las advertencias de lo que puede pasar si no atiendes las señales de emergencia que emite el alma.

Y toca parar un poco.

No es en absoluto un adiós, es tan solo un hasta luego.

Me conozco y sé que en cuanto me crea capacitado para regresar al combate, cogeré mi fusil, munición y una petaca llena de ilusiones y buscaré un atajo para volver a mi posición en la trinchera y unirme de nuevo a la lucha, enfrentando las adversidades codo a codo con mis compañeros y compartiendo con ellos munición y tabaco.

Rendirse nunca será una opción y pasar unos días lejos del fuego y de las cargas del feroz enemigo que nos declaró la guerra desde que llegamos al mundo, hará que lleve el uniforme con orgullo, con valor y con la certeza de que estoy en el bando correcto.

Volveré, como Mc Arthur.


domingo, 26 de julio de 2026

I don´t belong here


 Puede que en realidad no pertenezca a aquí, y pertenezca a otro lugar, a otro universo, a otro corazón, o al sueño del romántico irredento que se oculta tras el nombre que figura en mi carné de identidad y, que se ha obcecado en escribir cuanto se le pasa por el interior del pecho y por su dañado cerebro.

Puede que simplemente sea un estúpido. Puede.

En cualquier caso siento que mi vida es lo más parecido a un frágil castillo de naipes que corre el peligro de desmoronarse con el aleteo de unas pestañas, con el aire que acompaña al suspiro de quien decide de pronto dejar de querer y contener los besos, o con el viento de los rugidos ocultos tras esas palabras que nadie quisiéramos escuchar jamás. Y me he decidido a coger el toro por los cuernos, a enfrentar los reveses más desesperanzadores y a combatir cada lágrima que pugne por brotar.

A veces creo que no me van a acompañar las fuerzas, que todo se vendrá abajo y que me tocará sumar a mis circunstancias el baldón de un nuevo fracaso, A veces siento que en realidad rendirse si puede ser una opción y me veo tentado en exceso de tirar la toalla y de escapar del ring aprovechando la presencia de la azafata que pasea el cartel con el número del asalto que podrá ser el definitivo para privarme del título. A veces aprovecho la oscuridad y lo privado de la noche y cuando mi gato mira hacia otro lado, lloro y maldigo la crueldad del adversario que aprovecha que intento levantarme de la lona para sacudirme un derechazo tras otro hasta que el celestial arbitro detiene el combate y me concede unos minutos en mi rincón.

Quizás vivir sea aceptar que la pelea no terminará jamás, y entrenar duro para ser capaz de resistirla sin perder la dignidad, el  orgullo y las ganas de levantar el cinturón.

Quizás lo mejor sea quitarme el  protector y sonreír esquivando los directos. 

Ha sonado la campana. Vuelvo a la pelea. Espero al menos ofrecer el mejor de los espectáculos.

Pertenezco aquí, pertenezco al pabellón en el que se celebra el combate y en el que los aplausos de público suenan como la más delciiosa música sinfónica.



viernes, 10 de julio de 2026

Renunciar


 Soñar es gratis, no tributa en hacienda y enriquece al que sueña. Por eso todos acostumbramos a soñar y muchos nos decidimos a perseguir nuestros sueños. Pero solo unos pocos los respetan y no los condenan al baúl de las fantasías.

Y es que es muy difícil mantenerte en la batalla cuando aciertas a ver que esos sueños pueden convertirse en realidad a base de sacrificio y esfuerzo, de tesón, de ambición y de trabajo duro. 

Pero de alguna manera la sociedad te invita constantemente a renunciar.

Luchar por lo que quieres te lleva a convertirte en un guerrero de la esperanza y, enfrentar las adversidades y las trabas que en tu camino suele colocar el destino, te hace merecedor de conseguir alcanzar la meta. No rendirte nunca, no dejarte derrotar por la desesperación disfrazada de cruda realidad y no permitirte caer en el desaliento, es lo que hará que cuando consigas la victoria, la disfrutes mucho más de lo que habías podido imaginar. De lo que habías soñado.

Por eso desde aquí os invito a soñar y os animo a formar parte del club de soñadores que prefieren no despertar y seguir peleando por aquello que le da sentido a sus vidas.

Yo no quiero renunciar. No quiero rendirme. No quiero ceder. aunque a veces las razón y las circunstancias se empeñen en demostrarme que soñar es un síntoma de inmadurez. Y que los castillos en el aire y los pájaros volando tan solo pueden confundirme.

Pero persigo mi sueño y un día lo conseguiré alcanzar, por muy difícil que aún parezca y por muy duro que vaya ser el camino.

Soñar puede que se de inmaduros, pero intentaré madurar alcanzando mis sueños.