jueves, 6 de agosto de 2026

El fuego y yo

 




Bajo este título publico hoy aquí los microrrelatos escritos ayer tarde en una reunión con tres de los que fueron alumnos de mi taller literario La literatura salva vidas y que hoy son mis amigos y compañeros de trinchera literaria.

Como podréis ver al leer sus relatos escritos en 15 minutos cronometrados y con tan solo el título como motor de creatividad, son verdaderos ejemplos de lo que nace frente a un folio en blanco, con un bolígrafo y la necesidad de dar rienda suelta a la necesidad de escribir y a la pasión por las letras.

El fuego se ha llevado mucho este verano, pero también puede dar lugar a que nazca mucho más de lo que calcina, aunque sea en negro sobre blanco.

Espero que os gusten. Yo me siento muy orgulloso de ellos.




Fernando Santa Olaya                                                                       

Echó otro leño en lo que eran ya unas trémulas llamas sobre madera consumirá y contempló el proceso otra vez.

Vio como las llamas mortecinas lamían la madera recién ofrecida en sacrificio, como poco a poco iba haciendo mella en la corteza seca, creciéndose cada vez que se apoderaba completamente de una de las agrietadas partes de la misma con un crepitar victorioso para acabar viendo el triunfo del fuego mientras este tomaba al leño prisionero de su fatal abrazo. 

Le encantaba mirar el fuego con toda su imprevisibilidad. Sentía que el ciclo desde los más pequeño de una mortecina hoguera al cénit de las llamas tomando al asalto la madera en ellas tenía algo de atávico, de primordial. Le recordaba los eternos ciclos del universo de destrucción y creación en su baile eterno, así como los propios ciclos de la naturaleza más cercana e incluso de la historia.

 

Fue en este momento de reflexión cuando se volvió a encontrar preguntándose si habría algún tipo de criaturas viviendo dentro del fuego, sujetos a sus mareas y ciclos que no controlaban y pensarían de naturaleza divina o que se explicaría por esa nueva ciencia recién creada de la “Fuegología”. Pensó asimismo en las civilizaciones que un asado de domingo podía crear y destruir mientras asaba un costillar, o si la fase de ascuas sería un reflejo de alta Edad Media oscura de los seres del fuego.

Todo esto le pasaba por la mente cuando estuvo tentado de volver a la realidad de un anodino trabajo y un mal matrimonio, pero algo detuvo su movimiento, algo que le estaba llamando desde la base donde nacían las llamas y entonces echando otro leño a la crecida lumbre pensó que era mejor dar otro florecer cultural a los “fueguis”.



Ana Belén Brizuela 

Detente. 

Sé que estás vivo. Este aire que te alimenta me ha traicionado. El mismo que respiro para insuflarme vida cada vez que paro en este lugar.

No te acerques más, no lo necesitas. Quieres advertir de tu poder, pero ya es suficiente. No consumas más vida, ni te lleves nuestros recuerdos ni nuestras esperanzas. No mueras si no quieres, pero tampoco nos mates.

Haz que tu fuerza te lleve a otro lugar, desde el cual no tengas que emerger para alimentarte, y sé feliz entre cenizas, piedra y oscuridad.

Gea  te lo ordena desde lo más profundo. Ella es diosa y tú eres su elemento.

 Yo te imploro : vete a su encuentro y no vuelvas más. Yo me quedaré aquí.

Esperaré a ese aire que tanta vida siempre me regaló. Ha de regresar limpio y volverá a proteger lo que nos fue dado.



Aroa Masa 

«Hoy todo va a arder.»

Imagina que llegas a la que creías tu casa, porque hace dos meses que dejaste de pagar el alquiler que la casera no deja de inflar y ese día tu jefe te dice que la empresa atraviesa una mala época, así que, mínimo este mes, no cobras.

Quieres quemar algo. Matar a alguien valdría, pero los pirómanos suelen salir impunes. Además, cavar no es tu fuerte.

Empieza con algo pequeñito: una papelera o un contenedor de basura en el que volcar la rabia y la frustración.

Abres la puerta para salir de casa armada con un encendedor y el móvil, ya que grabar tu hazaña, subir el video a Instagram te parece una buena idea. Hay mucha gente quemada, a punto de arder. Incluso algunos ya están achicharrados.

En ese breve lapso de unos minutos se ha desatado un incendio. Miras el reloj: han pasado un par de horas en las que has urdido tu maravilloso plan maquiavélico que a ti te han parecido segundos. La ecuación perfecta ha funcionado: combustible, calor y viento, más hierbas sin desbrozar, añadidas a la dejadez tanto personal como política.

Todo ha ardido. Te invade una pena inmensa que torna tus emociones en un dolor hondo que se apodera de tu pecho.

Cuidado con lo que deseas. A veces se cumple.

Tú sigues con ganas de quemar la dichosa papelera inexistente en ese momento. Eso era lo único que querías; no que se incendiara el lugar en el que pasaste buenos tiempos, aunque ahora apenas los recuerdes.



Juan Pizarro

Ahí está. Aproximadamente 100 metros me separan de este demonio rabioso que, invocado por un enfermo al que visita a menudo, ha decidido arrebatarnos todo cuanto tenemos, incluso las vidas.

Una vez más la Guardia Civil tendrá que darse una vuelta por

el bar del teleclub para llevarse al Olegario. Eso si no lo encuentran antes el Mateo o la Desi, quienes no hace mucho pasaron por aquí con las escopetas listas y los bolsillos llenos de cartuchos.

Con esta serán ya tres las veces que al hijo de puta del “seis dedos” se le ha antojado arrimar el chiquero a los matorrales bajos que rodean el pinar. En las otras dos ocasiones n tardaron mucho en arrancarle una confesión completa. El cabo nos contó que no hizo falta siquiera interrogarlo, ni mostrarle las evidencias que lo delataron.  Con mucho desparpajo, e incluso con guasa (si no fuera porque sus palabras evidenciaron lo enfermo de su mente) contó en el cuartelillo que el mismísimo fuego lo había llamado y le había pedido ayuda para salir a dar una vuelta por el pinar. Menos mal que entonces los brigadistas, los bomberos forestales y los de la UME pudieron detenerlo antes de que arrasara con todo. Pero hoy los profesionales que combaten el fuego están liados con un asunto muy, serio en Ávila y aquí estamos solo los vecinos para detener el incendio.  Y lo haremos, pase o que pase y le pese a quien le pese.

Mañana será otro día. Espero que para entonces el Olegario se haya marchado bien lejos. La casa de la Matilde ya ha ardido por completo y las llamas vienen decididas a por la mía.

Pero no podrá conmigo.