La fortuna y la eficacia de Salomé se aliaron una vez más y gracias a sus continuas investigaciones de cuanto se recoge en las llamadas telefónicas detectó extraños movimientos en los aeropuertos donde uno de los clientes de SVAE ofrece asistencia jurídica a los detenidos por las fuerzas policiales de aduanas. Al parecer el cartel mexicano que nutre de producto y de sicarios a la empresa de comunicaciones castellana que les sirve de tapadera, estaba también preparando la reunión a la que asistirían Pinacho y su compañera en el lugar de Charly y ella misma. No tardó en llamar a Ulises para dar novedades, como le indica el protocolo de emergencia.
—Esto es serio de verdad, agente—reconoce Ulises—apenas hay tiempo para preparar a una unidad de contingencia que de soporte a Pinacho y a Clara en el polígono, Tendrás que movilizar a los efectivos que tienes de guardia hoy.
—Muy bien. Hoy tengo a Pedro, a Alma y a las tres Elenas —le indica Salomé—Laertes y Txus se quedarán al frente de la defensa de las nuevas instalaciones en al ciudad.
—Perfecto, Salomé—, llama a las Elenas y que se pasen por la armería de las nuevas oficinas. Que no escatimen en armamento y munición, algo me dice—concluye Ulises—que hoy va a haber sangre.
Así lo haré, Ulises. Charly y yo las acompañaremos y tomaremos posiciones en la nave contigua a la de la reunión.
Tras colgar el teléfono, Salomé cumple con lo ordenado y moviliza a las tres Elenas para que acudan de inmediato a la armería y se hagan con lo que necesiten para ofrecer cobertura a Pinacho y a Clara. Una de las Elenas, la reclutada en la vecina Segovia, es muy dada a los RPG y a la artillería ligera, por lo que Salomé no duda en que si acuden sicarios del cartel en coches blindados, tampoco serán un problema.
En menos de media hora las tres Elenas toman posiciones en el tejado de la nave contigua a la de la reunión de los agentes de la policía judicial con los supuestos empresarios de comunicaciones y Charly y Salome aguardan ocultos tras los cristales tintados del potente y a la vez discreto vehículo que Ulises les ha proporcionado para las misiones especiales.
Pedro y Alma, ataviados como trabajadores de la vecina nave de construcciones y reformas, se esfuerzan en no llamar la atención disimulando como si estuvieran descargando material para una futura obra.
Desde allí ven llegar a Pinacho y a Clara, y como estos son recibidos por dos hombres trajeados que tratan de disimular sus patibularias maneras.
A los pocos minutos un disparo abre la fiesta de la pólvora y las Elenas hacen honor a los más gloriosos gestos del Tercio de infantería española que da nombre a la unidad de la legión entre cuyas mujeres fueron seleccionadas.
Joder, Clarita—brama Pinacho mientras cambia el cargador de su Pietro Beretta de 9 mm—no imaginaba que esto fuera a ponerse tan jodídamente feo.
Ya nos avisó Ulises de que seguramente habría problemas —contesta Clara derribando a un sicario de un disparo entre los ojos que desparramó sangre, sesos y restos de huesos por toda la luna de la puerta del BMW tras el que inútilmente intentaba parapetarse—. pero también nos dijo que Charly, Salome y los suyos nos prestarían cobertura inmediata.
Y ahí los tienes -señala Iván sonriendo a los miembros de la unidad especial de infantería que trabajan como teleoperadores Y gestores de llamadas en SVAE.
Una de las Elenas coloca un proyectil en el RPG que esgrime otra de las especialistas en guerrilla urbana, quien con precisión cirujana elimina a los tres sicarios ocultos tras los contenedores de obra del patio de la nave vecina.
La científica se lo va a pasar pipa recogiendo extremidades y trocitos de sicario por todo el patio --bromea Clara abriendo fuego a su vez sobre uno de los supuestos técnicos de telecomunicaciones que armado con un AK 47 intentaba terminar con ellos desde una ventana. Pedro y Alma, quienes ya no tienen que fingir nada, se han hecho con los supuestos hombres de negocios que intentaron escapar saltando la verja que comunica con su puesto y tras derribarlos de certeros y dolorosos disparos en las rodillas, los ejecutan limpiamente en el suelo. En esta guerra no se hacen prisioneros, y eso es algo que saben bien los luchadores de ambos bandos.
Continuará
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