miércoles, 11 de marzo de 2026

De viaje


 Todos tendremos que irnos algún día, nos venga mejor o nos venga peor, nos parezca un buen momento o el peor de todos, pero esta es una de esas certezas que nos definen como seres humanos y cuanto antes la asumamos, antes aprenderemos a enfrentar la vida con humildad y agradecimiento, y antes asumiremos que estamos de prestado, que somos finitos y que los finales han de llegar nos guste o no. 

Saber que desde nuestro primer minuto de vida, todos estamos más cerca de la muerte, nos ayuda a soportar el dolor de las pérdidas y a superar los duelos y los lutos. Y los miedos.

Ya tengo 51 primaveras y de un tiempo a esta parte, se me antoja más cercano el final, pero desde hace 11 años, he comprendido que en el final no es más que la oportunidad para comenzar de nuevo y para intentar hacer mejor las cosas. Que a veces debes irte, si, pero para volver y poder adquirir una nueva visión de todo. Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver, y yo estuve muy ciego, y vivía sin fijarme bien ni prestar atención. Tuve la suerte de que se me permitiera regresar de las sombras para dar la verdadera importancia a palabras como amigo y familia, y a sentimientos como el amor, que además del más hermoso y el más poderoso de entre ellos, es el que más confundimos, y el que desvirtuamos con más facilidad.

El tiempo pasa. La vida pasa y a veces pesa, pero poco a poco comprendo que esto es un viaje y que lo que importa de verdad, más que el lugar a donde nos conduce, es si sabremos disfrutar del camino.

Muchas veces me maldigo por sentir de la forma que siento y por sufrir inútilmente en lugar de aferrarme a todo cuanto debería hacer de mi una persona dichosa, y un hombre agradecido. No es fácil colocar en su lugar las emociones y gestionarlas de la manera correcta y por eso necesito escribir y necesito sacar del interior de mi pecho aquello que quema, aquello que podría reventar la presa que lo contiene, esa obra de ingeniería celestial a la que llamamos corazón.

El día que escriba la última página, comprenderé que se me ha concedido el acceso a una herramienta que sana, que cura y que ayuda, que mitiga sufrimientos y que decora el futuro como la luz de una sonrisa o el brillo de unos ojos ilusionados.

Por eso amo escribir, y por eso me declaro escritor.

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