Segundas partes nunca fueron buenas (excepto en El Padrino, que podría decirse que fue incluso mejor que la primera), pero lo que viví ayer en el cine viendo Gladiator II fue mucho más que una absoluta decepción, una triste desilusión y un imperdonable insulto a mi inteligencia. Fue la ratificación de que incluso los grandes directores como Ridley Scott, son capaces de ponerle precio a su alma y a su talento.
Si el general Máximo Décimo Meridio (más conocido como El Hispano) levantara la cabeza rodarían muchas en los despachos de Hollywood.
Más allá de que la población númida la conformaran ciudadanos mauritanos y libios en su mayoría, y algunos mestizos de las mezclas con cartagineses y fenicios, el que apenas puedan verse durante la batalla con las huestes romanas uno o dos guerreros de raza africana, ya indica un poquito el rigor documental de la película. Mejor no hablar de los datos históricos, de la organización política y militar de Roma y de otras cosas que los creadores de esta cinta se han pasado por el forro de las gónadas porque sino nos vamos a poner pedantes y no procede.
Mejor no entremos en los artilugios bélicos que despliega la armada romana durante el asalto a la ciudad númida porque sino nos va a dar la risa. La risa me dio en la sala de proyección cuándo un plano general de la aldea númida donde ocultan al sobrino de Cómodo, muestra a un grupo de niños jugando al futbol (deporte africano por excelencia que ya se practicaba en el siglo I D.C.).
La estupidez de la cinta roza la ciencia ficción cuando los prisioneros de guerra son obligados a enfrentarse en la arena del circo con monos mutantes venidos de alguna galaxia muy muy lejana, o cuando salta a ala arena un temible campeón a lomos de un rinoceronte.
Y no hablemos de las Naumaquias (batallas navales) que el gran Julio Cesar llevó al coliseo a fuerza de crear un lago artificial junto al monumental edificio dedicado a los juegos, que alimentándose de las aguas del Tíber, inundaba la arena por medio de un inteligente sistema de ingeniería . En esta ocasión, el señor Scott nos regala además de la batalla naval el ataque de diversos escualos que debieron crecer y desarrollarse en las aguas del Tíber para la ocasión, y que se dieron un banquete con los gladiadores que cayeron por la borda.
En cuanto al guion, carente de la menor dignidad, nos presenta una ridícula trama cogida con alfileres para conseguir una mínima relación con la película que dio origen a esta nefasta secuela.
Creo que sin duda esta ha sido la peor película que he visto en los últimos 20 años ( y mira que he visto joyas como Karate a muerte en Torremolinos y algún que otro título para frikis) y que con la de gente pasando necesidades y gatitos que necesitan de cuidados, invertir casi 15€ en ver esta peli con tu pareja es un atetado contra la amoral.
Por mi, quemaría todas las copias. A mi señal, ira y fuego.
Y es que de alguna manera podría decirse que concedí tantos bailes a parejas equivocadas que tengo los pies destrozados, y un corazón que al estar tan pisoteado como los pies, ya no quiere bailar.
Mi problema es que soy un amante del baile y sé que aunque intente no escuchar la música y desviar la atención a otra parte, sentiré el ritmo en el interior de mi pecho y no podré evitar dejarme llevar, comenzaré a seguir el compas involuntariamente y volveré a saltar a la pista agarrado a unas caderas que seguramente sean mi perdición.
Pero por favor, por favor (porfa, porfa, porfa), ya no sé cómo pedirlo (y es que no soy de pedir), llévame con dulzura, haz que al girar no tropiece, que al cruzarnos no choquemos y que cada paso sea el acertado, el adecuado y el más delicioso. O lo que viene a ser lo mismo...quiéreme bien.
Adoro los tangos y desde pequeño me hubiera encantado saber bailarlos como un porteño elegante, chulesco, aunque respetable, pero, la única pareja que me propuso que nos apuntásemos a clases de tango, no tardo demasiado en encontrar otra pareja de baile y todo quedó en una de esas ilusiones que acostumbro a perder. Lo que está claro es que me muero por bailar con Ella, pero ni merezco volver a sufrir durante la pieza, ni terminar asociando la música con dolor.
Sé que no hay manual ni libro de instrucciones, que no hay tutoriales ni trucos de ningún tipo, que amar es lanzarse al vació sin red, sin casco ni arnés, y confiar en que la persona amada impida que te destroces el alma contra el suelo.
Tengo vértigo emocional y no me importa reconocer que tengo miedo, mucho miedo, cuando me asomo a contemplar las increíbles vistas de una sonrisa espectacular desde la cornisa del terrible precipicio que es el amor no correspondido, y me niego a perrear el vulgar y rítmico aunque anodino reguetón que es el amor de saldo.
Si hay que bailar, se baila, pero en verdad hay quien no merece intentar ese último tango.
A veces me sorprendo a mi mismo pues me descubro disfrutando de lo hermoso de la vida, desterrando miedos y angustias, rozando la felicidad e intuyendo que no necesito escaparme.
No hace mucho una de las artistas de esta curiosa formación musical de indiscutible sonido cuki-punk, que nació de las inquietudes musicales de algunos miembros de la sanidad pública de mi ciudad , me dijo algo francamente bonito en medio de una improvisada cena, "tu no eres una persona difícil de querer".
Partamos de la base de que aunque ya me siento orgulloso y afortunado de poder llamarlo amiga, no hace más que unos meses que nos conocimos por medio de un gran amigo en común, y al ser yo de la teoría de que la gente se une por afinidad, y además mi amigo Pablo ya me había contado maravillas de ella, no me sorprendió lo más mínimo que tanto con ella como con la vocalista del grupo, haya nacido una amistad que seguramente durará el resto de mis vidas.
El que una mujer a la vista inteligente y con amplia experiencia vital (además de ser artista cuki punk, es enfermera de la UCI de un hospital vallisoletano) de apariencia algo tajante, o incluso dura (pero como se ha demostrado de adorable interior, esponjoso y dulce) me sorprendiera con algo así de repente, me ha hecho pensar mucho.
Si bien es cierto que me harto de decir que quiero mucho a la gente que quiero, que soy jodidamente emocional y que a la hora de escribir, siempre lo hago mojando la pluma en el tintero del alma, me ha sorprendido que quien apenas me conozca pueda pensar algo tan bonito de mi.
Nunca escondo que se me diagnosticó como persona de alta sensibilidad, aunque seguramente debería hacerlo, pues para mi lo de la etiqueta de PAS es casi hasta contraproducente, ya que me he encontrado con mujeres y hombres que confunden sensibilidad con debilidad, y que han tratado de destrozarme la vida o de vampirizar mi energía, mis recursos, mis sueños y mis sentimientos. Pero yo soy como soy y eso es algo que por muchos golpes que me de en la cabeza, por mucho que mi cerebro y mi corazón se duerman para despertar asustados contra todo pronóstico, y por mucho que pueda llorar al ser consciente de algunas realidades de mi vida, no va a hacer que deje de ser el tipo peleón y dispuesto a seguir luchando hasta el final que siempre he sido. Y es que eso lo llevo en los genes. No me rendiré jamás. Podré caer derrotado, pero rendirme nunca será una opción, y si esta decisión existencial contribuye en algo a que las personas (y los gatos) de mi entorno crean que soy digno de su simpatía, de su cariño e incluso de su amor, pues adelante, lo celebro y me ratifica que mal del todo no lo debo hacer.
En estas fechas en las que todo el mundo se desea felicidad casi por obligación o por compromiso, yo acostumbro a decir a quienes aprecio que les deseo toda a felicidad del mundo siempre, Navidades y año nuevo incluido.
Y es cierto....moriría sin dudarlo por ver felices a quienes amo, y eso no me hace una mejor persona, pues entiendo que debe de ser algo universal, solamente me posiciona como persona enamorada del amor, de las buenas personas que me rodean, de Ella, y de aquello que hace que quiera ser el mejor Juan que pueda llegar a ser.
Lo dicho. Feliz vida, Navidad y año nuevo incluido.
Sí...soy un romántico empedernido, un soñador sin remedio, un esperanzado y ferviente adorador de Cupido, de Afrodita y de Eros, y un incorregible iluso.
Si hay algo que me guste más que los libros o los gatos, no es otra cosa que el impresionante sentimiento que te embarga y domina tus actos cuando encuentras a esa persona que el destino eligió para confundir tus sentidos, y tu razón. He tenido la inmensa fortuna o la fatal desgracia de vivir historias de amor tan impresionantes que los mismos amantes de Teruel envidiarían, romances que harían sonrojarse a la propia Melibea y, relaciones que convertirían a Romeo y a Julieta en unos aprendices en las artes amatorias.
Y sigo amando a quien amé, recordando a quien jamás olvidaré y maldiciendo en todas mis lágrimas a quien pisoteó mis ilusiones convirtiéndolas en destrozados fragmentos del corazón que un día se rindió a sus falsas promesas, a sus impostadas palabras de amor y a sus embusteras caricias.
Pero de todo lo sufrido, lo experimentado, lo perdido y lo sangrado, aquello que realmente me llevó a creer en el amor por encima de todas las cosas, fueron esos sueños compartidos a los que se bautizó como amores imposibles.
Para identificar un amor imposible, creí que tan solo debía fijarme en aquello que lo alimenta en mi literatura, que no es otra cosa que los versos más hermosos, las metáforas más acertadas y los párrafos más deliciosos, y aquello que lo define en la realidad cotidiana, las promesas por cumplir y lo proyectos en común que jamás se llevan a cabo. Pero por desgracia, todo esto que alimenta los amores imposibles sirve también como el combustible que aviva las llamas de los amores que creemos poder alcanzar. Y quizás lo imposible no es el amor, quizás lo imposible es hacer que tus oraciones sean escuchadas, sobre todo cuando sabes que Ella te ama y cuando tu sabes perfectamente cuanto la amas a Ella. Lo único imposible entonces, es conseguir que los astros terminen de alinearse y que los hados sean propicios a las historias que nacieron condenadas a la más increíble de las pasiones, al más abrasador de los fuegos y a la mas amarga de las hieles.
En cualquier caso el amor lleva implícitos en su ADN la molécula de la esperanza y el gen de la perseverancia. Hay personas a las que se nos condenó a amar cada segundo de nuestras vidas, y a quienes en un momento de debilidad y de clemencia, los dioses permitieron que no llegásemos a enloquecer por completo. Quizás eso más que clemencia es tan solo crueldad, pues ha habido momentos en los que al no poder despertar a su lado, o al despertar junto a quien no debía hacerlo nunca, he preferido estar muerto o decididamente loco.
Por eso y solo por eso, porque vivo y aún se me puede considerar un hambre cuerdo, creo que todos los amores son imPOSIBLES.
Y de nuevo y pese a todo, brindo por ellos, por todos ellos.
Y es un fuego capaz de incinerar cada día sin Ella, y de congelar todos los besos que un día se fueron y no han de volver.
El tiempo pasa, pero nunca amanecerá para mi si Ella no duerme a mi lado, si su sonrisa no ilumina mi mañana y si con los ojos no cuestiona cada una de mis palabras de amor, clavando fijamente sus pupilas en mis poemas y negando la evidencia. Y es que llevo siglos tratando de explicar que cada vida que me regalan los hados es para amarla a Ella, para morir por Ella y para escribirle las palabras más hermosas.
Es un hada, es una sombra en la roca desnuda, una voz en el viento, un horizonte feliz, una pradera de suspiros y un ramillete de caricias.
Ella es todos y cada uno de mis sueños, todos y cada uno de mis deseos, todas y cada una de mis derrotas y también la mayor de mis victorias.
Ella me enseñó lo que significa hacer el amor, y no aspiro a aprender una lección más sublime , deliciosa e intensa a lo largo de mis vidas.
Arde la tierra, arde la luna en el cielo y arde este amor que bebe de su humedad, respira su esencia y baila el ritmo de sus caderas.
Y con cada llamarada me siento más humano. Y más desprovisto de todo.
Para mí es un verdadero orgullo presentaros la novela, Ni contigo, de mi amiga y editora Eva Melgar.
Hace aproximadamente seis años que por avatares de la vida y en uno de los más literarios espacios de Valladolid, la Casa/Museo de José Zorrilla, conocí a esta gran persona, acertada escritora y mejor amiga.
Fue durante un encuentro de relatistas organizado por su prima, la también editora y amiga, Paz Altés, directora de la casa/museo del poeta. Durante aquel encuentro se leyeron los relatos seleccionados para comentar y corregir públicamente, entre los que se encontraba el que yo había presentado, pero fue el que se leyó de esta hasta entonces desconocida para mí el que me cautivó el alma y me robó el corazón, pues era de una inquietante belleza nacida de las más duras circunstancias relatadas con tal acierto, sensibilidad y destreza, que de inmediato quise conocer a la autora. Y al término del encuentro Paz me la presentó.
Eva acababa de llegar de Euskadi, abandonando su vida allí, para instalarse con su padre, el genial periodista y ampliamente galardonado con premios nacionales e internacionales de televisión, Luis Tomás Melgar, quien fue un vallisoletano de pro que quiso regalar sus últimos años de vida a la ciudad en la que se hizo un hombre, y comenzó su camino, convirtiéndose con el tiempo en un intelectual que por encima de todo y de todos amó la literatura, a la que aportó casi una veintena de publicaciones de diversa índole y a la que en breve obsequiará con una una obra póstuma, que verá la luz de la mano de Suseya ediciones, el sello vallisoletano que ha publicado mi trilogía de novela negra, #crimenesdetemporada.
Para mí fue un verdadero placer servir de Cicerone a esta madrileña de nacimiento y vasca de corazón, a quien guié por las calles de Valladolid compartiendo con ella vinos de nuestras cinco distintas D.O y apasionantes conversaciones sobre autores y obras de todos los géneros y estilos literarios. Y sobre una vida que a veces se nos presenta demasiado cruel y complicada.
Al igual que su padre, su prima Paz, su hermano Luis, su tío Fernando Altés y otros miembros de esta singular y muy culta familia, la literatura es parte del alimento vital que permite vivir a Eva melgar, bien como la ecléctica e insaciable lectora que siempre ha sido, como una exigente, muy profesional y excelente editora, o bien como la brillante escritora que ha demostrado ser.
Curiosamente Eva está desprovista del ego de autor que viste a todos cuantos nos enfrentamos a un folio en blanco, y jamás quiso aceptar que más que talento, tiene un don, y aunque se negaba a participar en concursos, a publicar sus manuscritos o a compartir sus textos, estos últimos años junto a su padre en el pueblo vallisoletano de Mojados le han servido para superar sus reticencias, e influenciada por el consejo, el orgullo y el cariño de su padre, por fin aceptó presentarse a un certamen internacional de novela negra, cosechando el primer premio con esta realmente interesante Ni contigo, que hoy os presento en el blog que ella prefiere no leer, pues como amiga y como editora, me pide que trate de contener ese caudal de emociones que me llevan a sincerarme en la red, y a desnudar mi alma frente a quienes igual utilizan mis confesiones únicamente como armas con las que lacerar mi cuerpo. Pero lo siento mucho, Eva, hoy no te voy a hacer caso (bueno, mejor dicho hoy tampoco te lo hare, sorry).
En cuestión de semanas se presentará públicamente esta novela, aunque sé que ya se pueden comprar ejemplares en la web de la editorial Cosecha negra, y en las librerías de toda España en las que este sello distribuye las obras de sus autores.
Debo mucho a Eva como escritor, pero también como persona, pues con su amistad carente de cualquier otra cosa que no sea un sincero cariño, una confianza plena y una idéntica pasión literaria, me está ayudando a crecer como ser humano, y como autor.
Dicen que los amigos son la familia que uno elige, y me siento muy afortunado al poder considerarme miembro de la familia de Eva y contar con Eva entre los miembros de la mía, aunque no compartamos apellidos, sangre ni el menor parecido físico. Eva al igual que su queridísima Ona, es una galga delgada y harto espigada, tranquilona, friolera y cariñosa con quienes no pretenden intimidarla ni invadir su espacio.
Hace poco más de un año lloré junto a Eva la muerte de su padre, a quien también pude considerar mi amigo y mi familia, y junto a Eva disfruto de las visitas de sus hijos y de sus nietas, con quienes siempre es buen momento para celebrar con un brindis que el destino haya querido cruzarnos en la dura estepa castellana.
Si estimáis en algo mi criterio literario, hacedme caso, leed esta novela, porque sé que me agradeceréis la recomendación.
Malena
García, arqueóloga y antropóloga doctorada en arqueología prehistórica por la
Universidad Complutense de Madrid, lee con gesto de contrariedad el informe que
sus compañeros, los doctores Analdi y Santamaría, han redactado para entregar
por duplicado al Ministerio y a la Fundación que sostiene económicamente sus
investigaciones.
Los dos
eruditos y refutados arqueólogos afirman en el informe, que las pinturas
rupestres descubiertas por la joven doctora García, pertenecen a un clan
procedente de Anatolia asentado en Burgos durante el periodo antiguo del Neolítico
en la Península Ibérica.
Analdi hace
hincapié en la representación de una escena de caza, en la que
indiscutiblemente las figuras antropomórficas que en círculo se ciernen sobre
un enorme animal, protegen a una figura que representa a la mujer que aguarda
junto a otra pieza cobrada la carne que los hombres llevarán a las cuevas.
Sin duda alguna, los cazadores, los guerreros más valientes del clan, aplicaron
las estrategias cinegéticas adquiridas al interactuar con el entorno y luchar porla subsistencia. También añade en su informe que el que
las representaciones femeninas en las escenas de caza se coloquen en un lugar
seguro tras el círculo de guerreros, evidencia la separación de tareas y no
deja lugar a dudas de que desde las primeras comunidades la mujer tenía la
importante misión de ocuparse de gestionar y preparar la carne de la caza y
gestar, alimentar y criar a los niños que sostendrían y ampliarían los
asentamientos.
Malena
enciende un pitillo y se prepara un café solo sin azúcar al que añade un largo
chorrito de orujo blanco. Hace frio en Burgos y en la tienda de campaña que le
sirve de oficina durante las excavaciones, el calor del infiernillo sobre el
que prepara una cafetera tras otra y, el orujo blanco regalo de uno de sus
mejores amigos en la zona, le ayudan a soportar las condiciones climatológicas.
Y las lecturas como la que acaba de dejar sobre la mesa.
Le hierve la
sangre al ratificar que en su campo todas las publicaciones de peso y la
inmensa mayoría de las teorías que luego se estudian en las facultades donde se
preparan los futuros arqueólogos y las futuras arqueólogas, están redactadas
por personas que han sido incapaces de evolucionar con los tiempos y, que de
alguna manera aún viven en la prehistoria, pues rechazan de facto la idea de
que ya en el pasado la mujer hubiera desarrollado iguales habilidades que el
hombre.
Desfiladero
de Pancorbo año 5476 A.C
Ha sido una
cacería demasiado peligrosa y, eso ya lo había avisado al ver que las huellas
del oso que salimos a buscar no eran idénticas a las que vi en la nieve unos
cientos de metros más allá del rio. Si uno se fijaba bien, podía darse cuenta
de que eran un poco más grandes que las del oso que le arrancó la vida a Nagal.
Estaba claro que había dos enormes machos en el mismo territorio, pero la
mayoría de los cazadores se rieron de mis advertencias durante la asamblea del
fuego, y no quisieron escuchar mi consejo. Si lo hubieran hecho, Nagal habría
vuelto a la cueva con sus hijos y seguramente Ninalu no estaría envuelto en
pieles, sudando las fiebres que le produjeron las enormes heridas que le
causaron las zarpas del más viejo de los dos machos, y no habría regresado a
hombros de quienes lo pudimos sacar de allí tras arrancarle al borde de la
muerte de las mandíbulas del gran oso.
No podemos
permitirnos el lujo de perder dos cazadores en cada partida. Las cinco
cazadoras que fueron entrenadas por la gran sacerdotisa del rayo y yo misma,
cobramos tantas piezas como nos es posible y alimentamos al clan durante las
nieves, pero hasta que los hombres no admitan que estamos más que preparadas, y
no entiendan que da igual lo que tengamos entre las piernas para cerrar el
círculo de lanzas ante los osos, los lobos, y los más fieros animales del
bosque, corremos el peligro de debilitarnos como grupo, y si otros clanes nos
atacan para robarnos el fuego o los víveres no podremos defendernos.
Vima, el
marido de Nula, nuestra líder, ha comenzado a pintar en las paredes de la cueva
la historia de cómo los guerreros murieron por no haberme escuchado y le dan la
espalda a mis consejos. Esto servirá para que nuestros hijos y nuestras hijas
no olviden que ante las garras de las fieras todos somos iguales, y para que escuchen
siempre los consejos de quien esté más capacitado para dirigir la cacería, sea
hombre o mujer.
La guerra en Ucrania aún sigue destrozando vidas y sueños, pero ya no es noticia.
Este es mi particular homenaje a esos sueños que nunca se cumplirán y a esas vidas cercenadas por la guadaña de la sin razón.
La última nota
Anhelina tiene once años, aunque estos últimos años quisiera borrarlos de su existencia.
Sus padres no llegaron a verla al piano en el teatro Lsya Ukrainka. El misil que destrozó la casa terminó con sus vidas e ilusiones.
Se ha escapado del refugio y se ha colado en el Lesya por una grieta para dedicarles a sus padres un concierto a la luz de la luna en el aniversario de su muerte.
Interpreta un nocturno de Chopin cuando una bomba cae sobre el teatro, estallando en do menor. Ahnelina muere y es entonces, solo entonces, cuando escucha los aplausos de sus emocionados padres.
Este relato nació anoche como post en RRSS al haberme revuelto e inspirado la imagen del cartel de un concierto en un bar, en el que se apreciaba una gatita punki con chupa de cuero y tachuelas. Y de aquellos barros estos lodos.
Prejuicios.
"Esa gatita te romperá el corazón" fue la frase que se acostumbró a escuchar en bucle desde el primer día en que se los vio juntos por las calles de Valladolid. —Y el alma, no te quepa duda—se atrevió a contestar con verdadero enojo cuando se hartó de recibir avisos de quienes no podrían siquiera soñar con disfrutar de un gramo de las toneladas de amor que ella le regaló con su primer beso. Pero por desgracia dos y dos siempre serán cuatro, y en efecto, le rompió el corazón y le destrozó el alma, pero no como todos hablan esperado, sino al haberle enseñado lo que quería decir eso de "hacer el amor"; y al haberle mostrado hasta donde puede llegar un corazón al que se le ha inyectado tanto cariño y tanta pasión, que no pudo más que reventar en mil pedazos el día que las circunstancias la separaron de él y al saber que la perdería para siempre, tan solo deseó la muerte. Mientras exhaló su postrer aliento la siguió amando y tuvo la inmensa fortuna de que su sonrisa fuera la última imagen que el cerebro le permitiera disfrutar antes de desparramarse por la pared junto a la sangre y a los trocitos de hueso que la bala con la que decidió suplir su ausencia incorporaron al cóctel del suicidio del atormentado y roto poeta. —Era la crónica de una muerte anunciada—se atrevió a decir en una velada poética uno de quienes más envidiaron la suerte del difunto, y que rezó por un día llegar a verlo sufrir por Ella desde que lo encontró una tarde entrando en el teatro de la mano de aquella felina y deseada preciosidad . Lo que no añadió fue que el mismo habría dado todas sus vidas por haber podido dormir junto a Ella tan solo una noche. Pero claro...los artistas queman en hogueras privadas las páginas en las que escriben sus miserias.
Cuan fácil es ver la paja en el ojo ajeno. Cuantas vigas necesitaban los amantes para construir puentes entre sus corazones. Que difícil se lo pusieron los hados.
Ayer asistí gratamente sorprendido a la interpretación de Mario Casas en la nueva cinta del director Rodrigo Cortés, quien me ganó para sus adeptos con El amor en su lugar.
Que el nuevo trabajo de Cortés me gustase no me sorprendió en absoluto, con los precedentes que había sentado, y mucho menos al leer el reparto de nombres del cine y el teatro español que lo acompañaban en este proyecto. En Escape disfruté una vez más del grandísimo José Sacristán, de la inconmensurable Blanca Portillo, del incombustible Guillermo Toledo y del soberbio Juanjo Puigcorbé.
José Maria Pou y Ana Castillo volvieron a demostrar su capacidad para ocupar por completo las escenas en las que intervienen, aunque cómo devoto y fiel admirador del impresionante talento del que para mi ha sido y sigue siendo el mejor actor que ha parido este país, Don José Sacristán, no me hubiera atrevido siquiera a insinuar que un actor como Mario Casas pudiese tan solo llegar a esta a su sombra. Y tras haberlo visto en otras películas como Grupo siete, en las que comenzó a demostrarme que era un buen actor, ayer el jodio estuvo más que a la altura. Me quito el sombrero ante su interpretación en esta cinta.
Y me quito el sombrero ante el trabajo de Rodrigo Cortés, que desde lo filosófico, los surrealista y lo metafórico ahondó en el que quizás es el trauma con el que aún peleo cada noche y que aún me lastra y me impide terminar de levantarme, el sentimiento de culpa.
El protagonista de esta película, no consigue librarse de la culpa que se nutre de su dolor ni del dolor que se nutre de su culpa y eso le lleva a la obsesiva necesidad de evitar cualquier responsabilidad y a negarse a tomar decisiones por pequeñas que sean, llegando incluso a exigir que se le diga cuando debe respirar. Se juzga con dureza, pero entiendo la dureza de su juicio y comprendo que dicte contra si la más dura sentencia que es la de renunciar a la razón y al ego. Empatizo con el castigo y de alguna manera envidio su fortaleza para erigirse en el verdugo que ejecuta la sentencia.
La película me fascinó, pero me revolvió por dentro hasta el infinito y más allá, pues me devolvió la idea de que los errores que cometí en el pasado, me llevaron a perder en el asfalto al Juan que era y desencadenaron el último combate entre mi padre y la pálida señora, con el triste resultado que cada mañana al despertar se me presenta una pesadilla más.
Pero el divino tribunal que juzgo mis actos impuso la condena que creyó conveniente y creo que o ya la he terminado de cumplir, o estoy a punto de ello, pues siento haber recuperado una condicional libertad de la que no quiero escapar.
La vida sigue, a pesar de todo, y aunque nunca dejará de dolerme, creo que he encontrado el camino del perdón, y el Juan que comienzo a ser no tiene nada que envidiar al que fui.
Acabo de leer la última hora de la Generalitat valenciana sobre el número de fallecidos por la DANA y el recuento oficial lo eleva a la escalofriante cifra de 202, y esto aún no ha terminado porque sigue habiendo muchos desaparecidos y ya sabemos lo que eso quiere decir. Ojalá todos aquellos a los que aún no se ha encontrado aparezcan o den señales de vida. Yo, particularmente y debido a mis circunstancias personales soy un tipo de naturaleza optimista, aunque de un tiempo a esta parte la vida me está enseñando también a afrontar la realidad y a plantarle cara a lo que ha de venir, aunque me asuste o me rompa el alma, por lo que esperaré acontecimientos y rezaré por quienes aún no han dado señales.
Esta mañana he conseguido hablar con mi amiga Judit, una preciosidad vallisoletana con un corazón enorme, un coraje impresionante y un alma sensible y hermosa, que hace ya años estableció su hogar en Valencia junto a mi tocayo Juan, un tipo tan afortunado como encantador con el que me tranquiliza saber que mi amiga construye su futuro.
Dada la condición energética, deportiva y amante de la naturaleza de esta pareja de amigos, crearon una empresa de ocio y tiempo libre con actividades de diversa índole y al ver las primeras imágenes de esta catástrofe el corazón me dio un vuelco pues los imaginé como siempre al aire libre. A mi boda acudieron en una furgona acondicionada y mi miedo era el que una riada los hubiera alcanzado dentro del vehículo y los hubiera llevado de un lado a otro ahogándolos o estrellándolos contra un muro.
Esta mañana Judit me ha escrito y tras el subidón inicial de ver su mensaje, lo he leído con calma y he ratificado lo que siempre pensé de ella, que es una chica tan inteligente como bonita. Al tener aviso de las alertas y de las previsiones no lo dudaron, suspendieron los compromisos empresariales, avisaron a sus empleados y abandonaron la zona de mayor riesgo.
Supongo que los padres de Judit, su hermano y todos sus familiares y amigos no dudaron en ningún momento que ella sabría afrontar las circunstancias, pero cuando la naturaleza se revuelve para sacudirse del lomo a los molestos humanos, muchos de nuestros congéneres más válidos caen también. Por desgracia aquí nadie se libra por que sí.
Ahora toca mantener alta la esperanza recurrir a la fe y no abandonarse a la amargura y a la desesperación. Hay que reconstruir lo destruido y levantar lo caído. Hay que restablecer la vida en los lugares que parecen exentos de ella y hay que conjurarse como nación para ayudar a cuantos han perdido todo.
No es momento para que los políticos se arrojen mierda, tal y como acostumbran a hacer con cualquier excusa. Si necesitan enfangarse, que cojan una pala, se pongan unas botas y vayan allí a despejar los caminos de lodo, y a quitar el barro de los hogares de quienes confiaron en ellos al entregarles sus votos.
Además de la espantosa tragedia humana, material y económica, no podemos olvidarnos de los miles de animales que han sufrido el más atroz de los miedos y que no cuentan con mucha ayuda, pues la inmensa mayoría de las protectoras de animales y de los refugios han desaparecido bajo las aguas y muchos de los cuidadores no se encuentran en condiciones para seguir con su encomiable labor.
Por eso desde este blog pido a los lectores que aportéis cuanto podáis para colaborar con asociaciones, oenegés, voluntarios de todo tipo y cuantas maneras tengamos de ayudar a nuestros asustados y desafortunados compatriotas, de dos o de cuatro pata.
Es desolador. Cada día encuentro un nuevo motivo para soñar con abandonar el planeta y poder retirarme a B612 o otro asteroide de igual tamaño, similar geografía e idéntica población, en el que amar a una rosa y confiar en el zorro que me demostrará la importancia de una amistad acertada.
Los valores de los que alardean quienes dirigen el destino de mi país son de cartón piedra y asusta la facilidad con la que todos, hasta el presidente del gobierno, acostumbran a decir Diego donde se hartaron de decir digo.
Vivo en el país de la mentira, donde el embuste es el combustible que alimenta a esa maquinaria política e institucional que sirve al único dios venerado por toda la humanidad, el dinero.
Resido en un estado en el que hasta aquellos que abrieron el flamante concesionario para vender al electorado las motos que necesitaba, y se dejaron el alma en renegar de la casta, del patriarcado y de lo que asociaban con el mal que aflige al mundo, han resultado ser unos avariciosos, unos farsantes y unos maltratadores ávidos de poder, de riqueza y de todo aquello contra lo que clamaban al levantar las primeras tiendas de campaña entre los esperanzados y confiados jóvenes que necesitaban creer en ellos. No tardaron en sustituir aquellos efímeros refugio de lona por chalets de lujo y las premisas feministas e igualitarias por abuso, acoso y maltrato, y todo ello amparado por otros que con similares medios, ya habían conquistado los puestos de responsabilidad que tanto codiciaban y que consiguieron encarnando los personajes construidos para representar la tragicomedia de la identidad nacional.
Cada uno es muy libre de creer en quien quiera o necesite hacerlo, cada quien es muy dueño de prestar su apoyo a quien considere, y todos tenemos perfecto derecho para creer o a negar las palabras con las que se nos manipula constantemente, y para aceptar o rechazar la mierda con la que pretenden alimentarnos los chefs que diseñan los menús en los programas de cada partido político.
Que se pare el mundo, que me bajo. Que me arreglen el avión, que abandonaré el desierto y volaré muy alto hasta llegar al pequeño asteroide que habita aquel en el que verdaderamente creo.
Así no. Esta vez y con toda la fuerza de nuestras gargantas deberíamos unirnos para escupir en la cara de quienes no dejan de mentirnos un enorme basta ya.
Supongo que ahora tendré que leer en respuesta a esta sincera declaración de intenciones fundamentada en una innegable realidad, los consabidos "y tu más" que se han convertido en el único argumentario de muchos. Y sinceramente paso, la verdad. Así que por favor, todos aquellos que os estéis afilando las uñas y los colmillos al leer esta entrada, ahorraros comentarios insultantes e intentos de predicar vuestra salvación, pues conmigo predicaréis en el desierto. Y recordad en que consiste eso de la libertad de expresión, pues mucho me temo que es uno de los derechos que lleváis por bandera y que utilizáis para abofetear el rostro de quien osa llevaros la contraria o afearos ciertos comentarios.
Se acerca al
micrófono y tras comprobar su correcto funcionamiento, comienza a leer el
discurso que había tomado la precaución de traer por escrito:
«Entre todos
salvamos el planeta. O quizás debería decir que conseguimos salvar el planeta
entre todos y todas, y ya puestos, añadir también lo de todes, para no dejarme
fuera a nadie y ser completa y absolutamente inclusivo, aunque a mi se me
enseñara desde pequeño que, en castellano, el plural se construye en masculino.
He sido
elegido por la Organización de las Naciones Unidas para ponerle voz al conjunto
de la humanidad, que supo reaccionar ante lo esgrimido por quienes encontraron la respuesta a la gran pregunta que se
formulaban incansablemente los habitantes de los cinco continentes: ¿Hasta
cuándo? Y es que el planeta Tierra no dejaba de dar señales de que su paciencia
había llegado al límite y no tardaría demasiado en sacudirse del lomo a la
especie humana, que como un feroz y peligroso parásito no dejó de esquilmar los
recursos naturales y de enfermar y destruir los ecosistemas, agotando de paso
las reservas de la biosfera al no tener un depredador que pudiera controlar su
población y sus perniciosos hábitos.
El aumento
de los terremotos, los tsunamis, las erupciones volcánicas el calentamiento
global, el peligroso deshielo de los polos, el peligrosísimo cambio climático,
la desaparición de algunas especies animales y vegetales, y la aparición de
nuevos virus y bacterias, fueron tan solo algunos indicadores de que habíamos
traspasado todos los límites y habíamos cruzado cuantas líneas rojas se
trazaron al principio de los tiempos.
Durante muchos
años la humanidad decidió hacer oídos sordos, mirar hacia otro lado y enterrar
la cabeza en un mullido y confortable agujero en el suelo para no ver que el
tan perseguido progreso había conseguido ser al mismo tiempo principio y fin de
una nueva era.
Somos
animales inteligentes, y hace ya mucho que nos atribuimos el arrogante título
de “especie superior”, pero cómo pude leer en el libro Vosotros, ¿especie
superior?, somos la única especie animal que destruye su propio ecosistema.
Y que además es capaz de matarse mucho y
desde muy lejos por avaricia, envidia, odio y rencor, e incluso en el nombre de
un ser superior al que se le atribuye la voluntad de predominar sobre cualquier
otra fuerza, o simplemente para la diversión de algunos enfermos especímenes
que consiguen infectar las voluntades de sus congéneres y embarcarlos en
abominables exterminios.
La Tierra no
lo soportó más y después de concedernos una oportunidad tras otra y de sufrir
una continua y desoladora decepción, hizo de tripas corazón y muy a pesar suyo,
recurrió a la única forma posible para librarse de nosotros, los seres humanos,
su vital y más encarnizado enemigo, y para ello permitió que enviásemos al
espacio la muestra de nuestra insensatez. Como especie ya habíamos demostrado
nuestra impresionante resiliencia, nuestra capacidad de supervivencia y nuestra
habilidad para afrontar cualquier desafío y para resistir todo tipo de pruebas
y de castigos. Es más, durante años perseguimos y estigmatizamos a aquellos
visionarios que comprendieron que la Tierra era tan solo una vivienda en multipropiedad,
que no nos pertenecía, y que debíamos compartir con el resto de las especies
animales y vegetales que disfrutaban del usufructo. Lejos de ser amables y
considerados inquilinos, dimos un golpe de estado y nos erigimos en
todopoderosos presidentes de la comunidad, instaurando milenios de un gobierno
de terror para todos los vecinos del inmueble, y haciendo callar a las voces
contrarias a los continuos desmanes, esas voces que trataron de avisarnos de
que un día llegaría una derrama de tamaña proporción que no había bolsillo
capaz de soportarla. Y sería la quiebra.
Algunos de
los inquilinos con más recursos y mayor poder en la escalera, comenzaron a
interesarse en futuras mudanzas y a investigar la oferta de edificaciones en
nuestro sistema solar. Pero el universo es sabio y de momento ha conseguido
mantener a salvo las urbanizaciones y los resorts en los que habitan seres con
más conciencia.
De no haber
sido por este muy necesario y universalmente beneficioso cambio de actitud en
el raciocinio humano, el 25 de octubre del año 2024, el terrible asteroide
Leviatán, de más de quinientos metros de diámetro y millones de toneladas de
peso habría impactado contra el planeta Tierra, al haber confundido los
científicos las mediciones y las casuales elipses de su órbita en el error
fatal que en un principio estipuló en mas de dos unidades astronómicas de
distancia de la Tierra.
Pero el
universo, el hado supremo, Dios o Supergato, lo que ustedes consideren que
decidió el fin de nuestra vida, reajustó las variables atendiendo a las
interferencia de distintos e inesperados campos gravitacionales y la suerte
estaba echada.
Tras meses
de angustia, de desesperación, y como no, de nuevas guerras fratricidas y, como
siempre absurdas y evitables, surgidas como respuesta a la certeza del
inevitable fin de los tiempos, algunos seres humanos decidimos asumir la culpa
y demostrar a quien sea que mueve los hilos nuestro verdadero propósito de
enmienda. Nos encomendamos al origen de la razón, a la microscópica e
infinitesimal molécula de bondad que forma parte de toda cadena de ADN de los
seres vivos, y trabajando mutaciones en el gen de la esperanza, encontramos la
manera. No fue fácil, en absoluto, y de hecho las primeras estimaciones sobre
la capacidad social y grupal para afrontar la necesaria acción común capaz de
detener el exterminio, indicaban variables casi imperceptibles entre lo
imposible y lo excesivamente poco probable. Pero lo conseguimos.
Si bien los
mejores y más capacitados científicos y biólogos españoles tuvimos que
desarrollar una vacuna contra la estupidez y el egoísmo, y se ordenó la
obligatoria vacunación universal de una única dosis a todos los seres humanos
del planeta, sin importar su origen, raza, credo o condición social, el momento
de la salvación llegó el 23 de noviembre, cuando según lo estipulado y
acordado, absolutamente todos , todas y todes los seres humanos, saltaron al
mismo tiempo y en el mismo ángulo , generando un minúsculo pero suficiente cambio
orbitacional en el planeta y librándonos de la extinción. Del mismo modo y
sujeto a las más exigentes garantías, todos los países del planeta firmaron su
adhesión a un contrato de respeto y cuidado por el medio ambiente con inmediata
aplicación de todas y cada uno de sus cientos de cláusulas que harán de este un
mundo mejor para todos, todas y todes los seres vivos».
Apenas tiene
tiempo para escuchar unos segundos de aplausos y ovaciones en el abarrotado
salón de plenos de la sede de las Naciones Unidas, cuando Juan abre los ojos y
comprende que todo ha sido un sueño.
Mientras
prepara el café con el que afrontar la jornada, asocia lo producido en la
fábrica del inconsciente con los visto en un documental antes de acostarse la
noche anterior.
El ser
humano en efecto está terminando con el planeta, pero también en efecto, es un animal
gregario, y cuando se lo propone es capaz de lo más hermoso atendiendo a esa
conciencia social, rozando la eusocialidad.
Juan apura
el café de un trago y camino de la ducha decide que, desde aquella misma
mañana, va a aportar cuanto esté en su mano para salvar al planeta, y para
concienciar a todos en su entorno de hacer lo mismo.
El pasado mes de marzo comencé a desarrollar junto a mi amiga, la actriz y directora teatral, Luisa Valares, un proyecto cultural en la villa de Simancas.
De la mano de un Ayuntamiento que realmente apuesta por la cultura, creamos Simanquince, un grupo teatral de lo más heterogéneo formado por vecinas y vecinos de distintas edades, desde los 20 a los 75 años, pero de idéntica curiosidad y de parecidas ganas de llenar sus días de vida y no sus vidas de días.
Yo me ocupé de la parte literaria y junto a los vecinos he compartido muchas sesiones de escritura creativa en las que hemos permitido aflorar multitud de emociones jugando con las palabras.
Trabajando duro todos juntos, bolígrafo en mano, escribimos una curiosa tragicomedia de intriga que lleva por acertado título Porciones de cada uno. Esta obra, construida con ideas y textos de todos los participantes del proyecto, se estrenará en el Teatro de la Vaguada (buque insignia de la cultura de Simancas)el próximo miércoles 27 de noviembre, dentro de la programación teatral que durante todo el mes de noviembre llenará el pueblo de talento y de magia entre bambalinas.
Luisa Valares se ha hecho cargo del entrenamiento actoral de los integrantes del proyecto, completamente neófitos en las artes escénicas, y ha conseguido inyectarles una fuerte dosis de ese veneno que lleva a los actores a pisar las tablas y a hacer de un escenario el lugar donde todo cobra sentido.
Poco a poco han ido soltándose, aprendiendo a manejar los gestos, la expresión, el movimiento, la voz... y gracias a la experiencia y a la indiscutible valía de mi compañera de proyecto, se han convertido en el elenco perfecto para representar su propia obra.
De un tiempo a esta parte cada ensayo se celebra más que el anterior, y la progresión del grupo es verdaderamente plausible.
Me siento muy orgulloso de todos los miembros de Simanquince, desde la más jovencita al más veterano, desde la más pizpireta y risueña, a la más tímida y prudente, desde el más atrevido y divertido showman rural, al más comedido y carismático caballero de campos de Castilla.
El día del estreno será algo muy especial, más allá de si conseguimos levantar al público entre grandes ovaciones o no. Cerraremos un círculo, pariremos una criatura engendrada con el cariño de todos y disfrutaremos de la experiencia de habernos marcado un destino y haber llegado hasta él.
Desde la corporación municipal, satisfechos con nuestro trabajo y sabedores de que un pueblo que accede a la cultura con facilidad es un pueblo que crece sano y feliz, nos han ayudado en la creación de una escuela de teatro y de recursos culturales, en la que se alojará un grupo de teatro estable y en el que niños, jóvenes y adultos, podrán apuntarse a distintos cursos con Luisa y conmigo, y trabajaremos desde la dramaturgia y la interpretación, a la escritura terapéutica, los monólogos y los títeres.
Aún tenemos abierta la convocatoria para que todos aquellos vecinos del pueblo, de las urbanizaciones que conforman su perímetro y que nutren el censo municipal, y de las poblaciones cercanas, puedan llamar y solicitar información para inscribirse y formar parte de esta escuela.
No os voy a engañar, me encanta mi trabajo, me chifla ver como los primeros sorprendidos con sus avances son los vecinos que apostaron por nosotros, y me da la vida el saber que más que con alumnos, cuento con un grupo de buenos amigos en uno de los pueblos más bonitos de Castilla y León.
Y porqué voy a tener que callarlo, me hace una particular ilusión que la vida me presentara a Luisa Valares, la convirtiera en mi amiga, en mi compañera de proyectos culturales y de trabajo, y en una estupenda actriz de la compañía teatral Pequeño asteroide, compañía que formamos junto la también maravillosa actriz, Katia Gallego.
A veces me duele un poco menos vivir, es más...a veces hasta lo celebro y todo.
Si os apetece uniros a este proyecto, subiros a este tren y disfrutar de la literatura y del teatro, no tenéis más que llamar al teléfono que aparece en el cartel que encabeza la entrada y que describe mi oferta de cursos. Luisa Valares ha diseñado y compartido uno propio en el que ofrece distintos cursos especializados en sus habilidades y conocimientos, y que os recomiendo encarecidamente si algún día queréis salir a escena y despertar los aplausos del público.
Podéis encontrar toda la información al respecto en nuestras distintas RRSS y en las del Ayuntamiento de Simancas.
Siempre he dicho que los poemas más hermosos son los que nacen del desamor, los que se escriben tratando de contener las lágrimas, tratando de no agonizar entre asfixiantes sollozos y de mantener el tipo ante a una sociedad que no termina de entender que hay personas capaces de somatizar las emociones hasta el extremo de detener su corazón inconscientemente, y de morir poco a poco envenenadas de nostalgia, atragantadas por dolorosos recuerdos y conmocionadas por imborrables momentos que jamás han de volver. Y curiosamente el dolor , la pena, la angustia y la rabia por tener que despedirse antes de tiempo es lo que ayuda a según qué escritores y a según qué escritoras, a alcanzar su momento álgido en la literatura, pues sin poder contenerlo, visten las palabras con el espantoso luto de la más horrible de las muertes, que es la que les llega sin avisar a esas historias de amor que parecían capaces de desafiar al tiempo y de convertirse en inmortales. Amar es algo tan bello como peligroso pues podría decir sin avergonzarme por ello, que al leer ciertos versos y al entregarme a algunos textos, he sido capaz de empatizar hasta el paroxismo con quienes los escribieron, y de comprender el grado de sufrimiento con el que se desahogaron y se liberaron en negro sobre blanco, quienes rubricaron esas obras que de inmediato pasaron a formar parte de las páginas que me acompañarán siempre entre los tomos que abarrotan las estanterías de la biblioteca de mi alma. He sufrido con cada adiós definitivo que no quiso pronunciarse, he saboreado la hiel y el amargor de los últimos besos, esos que son los que más duelen, esos que se dan por compasión o como limosna, y he querido morirme con cada palabra escrita por la pluma que rubrica la despedida con un tiro de gracia emocional, disparando un proyectil con la forma del te quiero conjugado en pasado perfecto (he querido), pues nunca habrá perfección en la ausencia de amor y esa ausencia es por definición estéril de futuro. Y ese adiós será la bala de plata que terminará con cualquier esperanza.
Conozco y he leído demasiadas páginas sobre el dolor. Para mi desgracia he abarrotado un buen número de cuadernos con las palabras que nacieron de mi propio sufrimiento, aunque no me atrevo a pensar que mi sufrimiento es distinto al de otras muchas personas que lloran y sufren como yo he llorado, y he sufrido en el pasado. El dolor es algo universal, a todos se nos entregan al nacer unas cuantas acciones en el banco del dolor, Y se nos permite especular con ellas, pero no venderlas. Curiosamente es la única propiedad que no avaricia ni envidia nadie, y curiosamente es la única propiedad de la que todos nos desprenderíamos sin dudarlo un segundo.
Una vez me maldijeron entre lágrimas y entonces comprendí cuanto puede doler una decisión equivocada. Y me juré que jamás volvería a cometer errores que llevasen a quien sufriera las consecuencias a maldecirme con todas sus lágrimas mientras le sangra el corazón.
Porque de todo se aprende, pero no todo te enseña. Y no me enseñaron a identificar el peligro que se oculta tras unos ojos bonitos que esquivan mis pupilas, la mentira que se esconde tras el reclamo de un amor en usufructo, y la lenta pero implacable agonía que acecha tras el título de propiedad de un incierto futuro levantado con frágiles andamios.
Aún tengo demasiado que aprender, demasiado que sufrir y demasiado que olvidar. Pero todavía no me siento capaz de hacerlo. No estoy preparado. Sigo siendo excesivamente humano, demasiado intenso y peligrosamente inmediato a la hora de querer. Y lo peor es que aún no he aprendido a dejar de hacerlo.
Un día seré capaz de escribir desde un lugar mucho más amable que el tenebroso bosque que se encuentra entre el valle del arrepentimiento y la cordillera de los fracasos. Y ese día, Ella volverá a creer en mi. El sol saldrá de nuevo para sacar a bailar a la luna antes de que abandone la pista, y todo se llenará de luz.
Hay canciones que son mucho más que música, ritmo y letra. Hay canciones que son la explicación que necesito, la respuesta a muchas de mis preguntas, la solución a algunos de mis problemas.
Quizás por eso dedico mucho de mi tiempo libre a escuchar música, a pedir explicaciones, a buscar respuestas y a solucionar problemas. Y todo ello lo hago con un bolígrafo en la mano, sentado ante un teclado o garabateando en esa libreta mental que los hados alojaron en el interior de mi cabeza. A veces me evado de la realidad y a veces gusto cuando callo porque estoy como ausente, pero en esos momentos estoy más presente que nunca porque estoy desgranado la vida, convirtiendo el todo en letras y jugando con ellas, mezclándolas en la coctelera de mi alma, agitándolas al ritmo frenético e intenso con el que bailan mis emociones para ofrecer después el coctel destilado de alegrías, y penas, de aventuras imposibles, de gemidos y silencios, de incesante llanto y de estridentes carcajadas. Del amor más verdadero y dulce y de la hiel más traicionera y amarga.
Una muy querida y gran mujer, sabia consejera y estupenda persona, no deja de repetirme que con mi talento y mis capacidades, debería ponerme un horario y encerrarme a escribir en silencio durante ocho o nueve horas diarias. Y yo siempre trato de explicarle que eso sería mi muerte literaria, porque necesito sufrir y gozar cuanto escribo. Necesito amanecer sin Ella para poder escribir letras de olvido. Necesito beber de su humedad, acariciar sus sonrisas con la punta de mi lengua, zurcirme el corazón cuando lo atraviesan de parte a parte con una afilada y dolorosa mentira y tratar de recuperar el aliento cuando amo cuesta arriba durante kilómetros de ascenso hasta la incertidumbre del sentimiento desde el que me precipito al vacío y vuelo con las alas de cera acolchadas de palabras y emplumadas por letras.
Soy de esos escritores que además de soñar sus historias necesitan vivirlas.
Mancho las hojas con letras sin sentido, con letras de lastima y pena y letras de olvido, pero también con las que al juntarse describen la felicidad absoluta, los momentos gloriosos, los ansiados reencuentros y los besos sinceros.
Puede que lo más bonito de trabajar junto a mis compañeras en Pequeño asteroide, no sea el aplauso del público, las sonrisas de los niños y las felicitaciones de sus padres o de los adultos que los acompañan a las representaciones, ni la satisfacción de quienes contratan nuestros espectáculos, sino la certeza de saber que de alguna manera, hemos aportado al público asistente algo más allá de ocio y entretenimiento.
Lo que distingue a nuestra compañía, es la habilidad para llevar a escena espectáculos propios, escritos y diseñados a medida para quien los solicita, y atendiendo de forma prioritaria a los valores que tanto se necesitan hoy en día, valores como respeto, generosidad, igualdad...
Es por ello que escribo obras para que mis compañeras y los títeres que salen a escena interactúen entre sí y con las personas que asisten a la función, y todos juntos construyamos esos momentos mágicos en los que la fantasía y la realidad se solapan y al romper la cuarta pared que separa al elenco que actúa durante la representación con quienes disfrutan de ella, todos nos sintamos parte del show y de alguna manera lo hagamos algo común.
Por ello si acertamos a trasladar los mensajes acertados, estaremos aportando nuestro granito de arena para conseguir que los niños y niñas que se divierten a nuestro lado durante poco más de 45 minutos, reconozcan la importancia y la necesidad de hacerle la vida un poco más llevadera a quienes en su círculo más cercano, ya sea familiar, escolar, deportivo o simplemente entre su pandilla de amigos, sufren violencia de género, acoso escolar, rechazo a una discapacidad o cualquiera de esas lacras que están dinamitando la buena convivencia y la armonía que debería reinar en una sociedad moderna, donde supuestamente identificamos, afrontamos y superamos cuantos males asediaron el feliz desarrollo de generaciones anteriores.
La nuestra es una buena herramienta para colaborar en la búsqueda de esa luz que poco a poco se ha ido cubriendo de sombras.
Hoy en día se ha sustituido la empatía por la competitividad, el respeto a los demás por el desprecio de quienes se erigen en superiores y, la igualdad entre los géneros por peligrosos y absurdos discursos machistas anacrónicos u otros malentendidos y revanchistas dogmas supuestamente feministas, en los que ambos extremos en lugar de reivindicar la igualdad entre géneros, intentan evidenciar la supremacía de uno sobre otro, culpando al distinto al propio de todos los males y problemas que pueda sufrir el suyo. No es una cuestión de hombres y mujeres enfrentadas, sino de personas que deberían apostar por lo que las une y no por lo que las separa.
Mis dos compañeras en este proyecto le aportan su arte y su indiscutible talento en escena y yo trato de aportarle mis habilidades con las palabras para escribir historias que al ser representadas dejen un poso de educación y de necesaria información sobre la indiscutible verdad de que un mundo mejor es posible.
Ayer conseguí rizar el rizo al escribir un espectáculo para Pequeño asteroide en los que de manera lúdica y amena abordaremos la igualdad de género, el acoso escolar y el fomento de la lectura.
Lleva por título Todo está en los libros, y sinceramente, estoy deseando manipular el títere de mi querido duende Leo Mazo y unirme al gran trabajo de mis compañeras para ver la reacción de los más jóvenes que asistan a su estreno.
Debía haber sido el punto y final a su historia, pero por motivos que aún desconoce se convirtió solamente en un punto y seguido.
Una noche de abril, una de esas noches que simulan ser perfectas, los hados, amparándose en su insensatez, en su arrogancia y en su falta de acierto decidieron terminar con todo de una forma más que brusca.
Los facultativos del equipo de emergencias que acudieron en su ayuda, se esforzaron en devolverle a la vida, y consiguieron que tras unos minutos de muerte clínica, abandonase su viaje hacia la luz y se sumergiera en ese limbo de incertidumbre al que llamamos coma.
Vagó por el túnel durante unos cuantos días y unas cuantas noches, sin ser consciente del viaje, sin saber siquiera que él ya no era él, y que había vuelto a ser ellos, cada uno de los nombres que ha tenido a lo largo de los siglos, cada uno de los distintos proyectos de ser humano en los que los dioses le permitieron existir, vivir, pelear, triunfar unas veces y fracasar otras. Avanzaba con cautela por el angosto subterráneo que debía conducirle al retiro definitivo, al sueño eterno, al lugar donde se almacenan las almas en desuso, pero el destino, caprichos, juguetón y antojadizo, convenció al resto de deidades de que se le concediera una nueva oportunidad, para al menos conocerla a Ella, amarla y sentirse amado. Que sufriera al descubrir como funciona todo, y gozara al saber que en ocasiones se permite romper las reglas, y jugar sin normas. Que se le devolviera a la realidad subjetiva que los mortales conciben como vida, para ver si en esta ocasión conseguiría que como acostumbraba a escribir, todo terminará llegando, incluso lo que para él es bueno.
Y dicho y hecho, para sorpresa de todos y contra todo pronóstico, volvió a abrir los ojos, a respirar, a sentir, a soñar y a escribir, a besar los labios de una mujer, a hipotecar su corazón, a tomar las más desacertadas decisiones y a maldecir a los dioses.
Los hados se cuidaron de que nunca recordase el camino que conduce a su presencia, que no pudiera intuir siquiera el lugar donde estuvo retenido y que no compartiera con nadie que detrás de este habilidoso y muy elaborado trampantojo, hay un sendero que conduce directo a la verdad.
En ocasiones el inconsciente, rebelde y desobediente, le regala durante la fase REM imágenes incomprensibles, sensaciones que se escapan al alcance de su cerebro y escenas distorsionadas y en blanco y negro de los gritos que no escaparon de su boca y se refugiaron en su espíritu. Del dolor absoluto y de la felicidad plena. De la muerte, de la vida y de cada una de las partidas que ha jugado desde el principio de los tiempos, al colocarse su ficha en el tablero.
En ocasiones despierta asustado y no comprende porqué lo que más le aterra y le entristece es saber que ha despertado. Que debe seguir intentando ser feliz a toda costa, porque una vez lo fue y duró demasiado poco.
Vivir no es fácil, ni con los ojos cerrados. Vivir tiene un reverso desconcertante al que llamamos muerte, aunque la muerte no es el final. Quizás es al final es a lo que llamamos vida.
El año pasado arranqué en una sala que me cedió Libera Teatro en su espacio escénico, La bien pagá, de Valladolid, un taller de orientación y creación literaria, que en principio concebí como trimestral, pero que dada la implicación, el interés y el esfuerzo del grupo que se inscribió, este año aún continuamos trabajando , escribiendo y compartiendo amor por la literatura juntos, y de hecho el próximo mes de noviembre publicaremos un libro de relatos con sus textos y los de algunos de los colaboradores que han venido al taller a compartir sus conocimientos en los distintos campos de la literatura, desde el periodismo o la poesía, a la letra de las canciones que tarareamos en la ducha.
A fuerza de ejercicios, actividades y ratos de ocio en común, nos hemos convertido en un grupo de amigos, más que en un grupo de trabajo.
La catarsis que conlleva el vaciar tu alma en los textos ha aportado al grupo un vínculo muy especial y además de por sus innegables avances en cuanto a la escritura, estoy muy orgulloso y muy satisfecho del resultado de la propuesta.
Es por ello que abro plazo de inscripción hasta el próximo día 30 de septiembre (incluido) para formar un nuevo grupo de amantes de las letras que quieran compartir esa pasión literaria, que quieran perfeccionar sus textos o sus versos, sus canciones o sus artículos en prensa o blogs, y que quieran curarse el alma a fuerza de juntar palabras.
Decía mi padre, que en paz descanse, que hablar de dinero empobrece las conversaciones, pero obviamente esto tiene un coste, aunque os puedo garantizar que es mucho más que asequible para cualquier bolsillo. Pero tanto sobre eso, como sobre las posibles fechas y horarios de las sesiones del nuevo grupo, estaré encantado de informaros en el correo jupizano@hotmail.com o en el tlf que aparece en el cartel.
He pensado que esta actividad es igual de válida para personas de 18, de 50 o de 96 años, por lo que a partir de los 18 (incluidos, por supuesto) cualquiera podrá disfrutar del talle. Y con menos también, pero igual aún necesitan seguir leyendo y haciéndose preguntas durante un poco más de tiempo. Yo no voy a darles muchas de las respuestas que buscan, pero todo está en los libros y si no aciertan a leerlas, con el tiempo acertaran a escribirlas.
Si os interesa, venid, pasad y poneros cómodos. Os espero.
Vas cumpliendo años, te vas haciendo mayor, y eso es una suerte, porque ya has conocido lo sencillo que es dejar de existir durante un instante, y has tenido la buena fortuna de conseguir el indulto y poder seguir llenando tus días de vida, y tu vida de días, pero no por ello aceptas de buen grado el paso del tiempo y sus consecuencias.
Llega el momento de acatar las normas que otros impusieron y de renunciar a la ilusión de poder cambiar las reglas del juego. Llega el momento de renunciar a aquello que hasta hace bien poco era el elemento diferenciador, aquello que te hacia sentir especial, eso que creías que un día marcaría la diferencia y te garantizaría el éxito, el triunfo, la conquista.
Toca deponer las armas y firmar el armisticio.
Toca llegar a un acuerdo digno y respetable, en el que al menos se te permita conservar alguna ilusión, pero en el que tendrás que entregar la mayoría de tus ilusiones desarmadas y maniatadas en pos de una paz duradera.
Y a todo esto la sociedad lo llama madurar, que no es otra cosa que renunciar a la esperanza. a la fantasía, a la ilusión, a la magia.
Se me ha obligado a matar a ese niño interior que se resistía con uñas y dientes a abandonar mi conciencia, mi razón, mi corazón y mi alma. Me he visto obligado a conducirlo hasta un paredón de certezas, vendarle los ojos con un pañuelo de inocencia marchita y ordenar al pelotón de ejecución acuartelado en la fortaleza de la cordura, que disparase contra él con su munición de realidad. Y luego me acerqué a darle el tiro de gracia de la aceptada derrota.
No quise retirarle la venda para no ver que, aún valiente frente a su inevitable destino, ha dejado escapar una lágrima al escucharme dar la orden de abrir fuego, no por miedo, sino por esa profunda tristeza que le atenazó el espíritu al oír la sentencia y saberse condenado.
Igual tengo que dejar de ser quien soy, tengo que comenzar a ser el que debo ser y tengo que relegar la felicidad a la noche, a los sueños. a la irreal realidad absurda en la que habita el inconsciente.
Igual todo comenzó en el momento en el que no me quedó más remedio que autoconvencerme de que las hadas no existen y que Ella solo fue la idealización de la mujer que siempre soñé, y que se me permitió reconocer entre la multitud de súcubos errantes. Que Ella solo fue el trago de ambrosía que robé de la copa de un dios despistado, la personificación de los anhelos que ese torturado músculo fabricado exclusivamente para bombear sangre se empeñó en dibujar en el emborronado lienzo de mi mente. Que nunca conseguí que me amase como yo insistí en amarla, pasara lo que pasara y le pesara a quien le pesara, incluso a mi mismo.
Igual toca ser un tipo del montón que come, reza y fracasa entre otros millones de seres que circulan por el universo, pastando, rezando y fracasando, anestesiados con el cloroformo que mantiene unido y en calma al rebaño. Igual yo mismo soy el lobo que me acecha tras los árboles esperando a que abandone al resto de las ovejas para deleitarse con mi propia carne.
Puede que lo que tenía que llegar ya haya llegado, y que no llegó lo bueno, porque lo bueno solo existía en ese pequeño asteroide del que me exilié al ver que ya no había rosas en el jardín, que los baobabs comenzaban a marchitarse y que los volcanes iba a entrar en erupción arrasando con todo.
Puede que mañana amanezca yo otra vez, y que vuelva a convertir en arcoíris de esperanza los textos más oscuros. Y le demos otra vuelta a esta tuerca que no termina de ajustar.
A su funeral acudieron ilustres personajes de la cultura del país, políticos de distintas ideologías, y cientos de personas que aguardaron en un respetuoso silencio en el exterior de la iglesia elegida para el sepelio, hasta que el féretro que contenía el cuerpo del trágicamente fallecido escritor, fue sacado a hombros por algunos destacados compañeros de trinchera literaria, quienes lo trasladaron con paso firme hasta el vehículo funerario que lo llevaría en su último viaje hasta el vecino cementerio de la ciudad.
Según el comunicado oficial, Iván Nogueira había fallecido víctima del accidente que sufrió al realizar espeleología en las cuevas de los acantilados de una conocida y muy turística población costera asturiana. El informe policial elaborado con la colaboración de los efectivos de la unidad de montaña de la Guardia Civil y del SAMUR que realizaron el rescate del cuerpo del malogrado novelista, certifica la muerte del mismo por los politraumatismos sufridos al despeñarse desde el resbaladizo saliente de la cueva situada en una zona extremadamente peligrosa, pues las corrientes subterráneas que surcan y horadan el interior de la montaña han creado una laguna en el interior de aquella cavidad, susceptible al crecimiento de las mareas y al aumento del caudal por las lluvias. El fatídico accidente se produjo cuando el finado escaló por una de las cornisas sin contar con las medidas de sujeción adecuadas. Dos experimentados geólogos que se encontraban en la zona realizando un estudio para el Principado de Asturias, declararon haber escuchado un repentino desprendimiento de rocas sobre el lugar en el que se encontraban tomando muestras minerales y al levantar la cabeza vieron caer a un hombre que impactó de lleno contra las piedras que la pleamar había dejado al descubierto. Al intentar auxiliar a la víctima y ver que les era imposible llegar hasta el lugar en el que se encontraba el cuerpo sin arriesgar sus propias vidas, se pusieron en contacto de inmediato con el 112 y desde la central de emergencias se coordinó el rápido rescate por medio de distintos efectivos de las fuerzas de seguridad y de cuerpos medicalizados.
Cuando los efectivos del SAMUR lograron acceder al escarpado y peligroso macizo rocoso sobre el que agonizaba Nogueira, le aplicaron cuantas técnicas de reanimación pudieron realizar en una situación tan precaria como delicada e incluso intentaron desfibrilarlo al cerciorarse de que estaba entrando en parada cardiaca, pero no hubo forma de revertir la situación y allí mismo certificaron su muerte.
El brigada y el subteniente de la unidad de montaña de la Guardia Civil desplazados hasta allí con tres de sus más experimentados subalternos, tan solo pudieron rescatar el cadáver y trasladarlo hasta tierra firme.
Al proceder al ascenso al lugar desde sonde se produjo el accidente para investigar el desgraciado suceso y descartar cualquier otra causa de la mortal caída, el agente Martínez. quien además es un fiel seguidor de la obra del difunto, encontró junto a la laguna natural una agenda moleskine de tapas rojas en cuya portada se podía leer con la particular caligrafía de Iván Nogueira, el título del manuscrito en el que estaba trabajando en el momento de su muerte: Los acantilados. Allí donde residen las hadas.
La prestigiosa editorial internacional con la que Noguira publicó en exclusiva sus últimas obras, entre las que destaca el aplaudido premio Planeta,La leyenda del yo que fui, ha hecho pública la última página escrita, legible pese a haber estado sumergida en las aguas subterráneas, gracias al arduo trabajo de reconstrucción y transcripción efectuado por los técnicos de restauración de originales e incunables de la Biblioteca Nacional. En las últimas frases escritas del puño y letra del siempre sorprendente y emocional escritor, puede leerse:
Te encontré, Diana. Sabía que no eras un sueño, que existías, que una vez te hiciste mujer para amarme y permitir que te amara, y que volviste a tu mundo para convencer a los dioses de que no exterminasen aún a la raza humana. Desde que vi tu sonrisa, supe que eras Ella, el ser que he amado una reencarnación tras otra. No me dejes por favor. He venido a buscarte. Llévame contigo allí donde habitan las hadas, aunque para ello deba renunciar a esta vida humana, a este cuerpo mortal, a esta razón que me pierde.
El médico forense que examinó el cuerpo de Iván Nogueira, comentó con sus compañeros y amigos que cuando le llevaron el cadáver, lo primero que le llamó la atención fue la inmensa sonrisa que se mostraba en sus labios, y la evidente sensación de paz que transmitía su rostro, algo inusual en las víctimas de ese tipo de sucesos. Lo que el galeno desconocía, era que el enamoradizo escritor se encontraba ya donde quería estar. Y con quien quería estar.
Puede que una de las mejores sensaciones que experimenta el ser humano, es la de la satisfacción personal.
Quizás ese sentir que aquello que has intentado aportar a tu entorno ha llegado, ha servido y ha sido valorado, te reconforta hasta tal punto que llegas a pensar que en efecto, eres suficiente.
Y eso es lo que me hacen sentir lo alumnos de los dos cursos que imparto, el de dramaturgia en Simancas y el de escritura creativa en Valladolid.
Leer los comentarios y los mensajes que algunos de los asistentes escriben en grupos de wasap y en RRSS me aportan tal energía, tal satisfacción y tal deseo de seguir avanzando, que me reafirmo en mi empeño de mejorar en cada sesión y de tratar de compartir con ellos aquello que es el verdadero motor de mis vidas, la necesidad de escribir, y la inmejorable sensación de enfrentarme a la lectura adecuada para cada momento.
Trabajo con ellos la escritura desde el alma, desde la emoción y desde los sentimientos. Lo explico que escribir desde la más absoluta sinceridad y desde la cruda verdad permite que los textos, los versos y los libretos teatrales se empapen de realidad, de vida y de ilusiones.
Da igual la temática, el género y el estilo. Da igual el campo literario en el que decidan dar salida a los que les inunda el pecho. Dan igual las incorrecciones , los errores orto tipográficos y las extensiones de los trabajos. El caso es que ya van unas cuantas veces en las que algunos alumnos han roto a llorar al leer sus ejercicios y he visto como sus compañeros aplaudían el momento y se levantaban a transmitir apoyo y camaradería con abrazos. Y eso me hace muy feliz.
Y me hace feliz porque ya no son meros alumnos o integrantes de una actividad, son amigos, son miembros de mi tribu, son compañeros de trinchera literaria.
Rezo para que consiga mantenerme en el camino y recorrerlo con acierto, creando vínculos entre las personas que se sientan a escribir conmigo, colaborando en el necesario trabajo neuronal que evita o retrasa el deterioro del cerebro, y ayudándolas a hacer de sus vidas algo más llevadero. Porque como no me cansaré nunca de afirmar, la literatura salva vidas.
Y ya está. Solo quería contaros que me siento bien, para compensar todas esas entradas en las que os cuento lo mucho que me duele el alma.
En esta foto de Luisa Valares, tomada durante la conmemoración del requerimiento en el año 939 de las siete doncellas simanquinas que el rey Ramiro I entregó como parte del pago por la paz al califa musulmán Abderramán II, poso junto a las siete jóvenes que este año han adoptado el papel de aquellas valientes mujeres de la villa de nombre Bureba, hoy Simancas, que decidieron auto mutilarse para no formar parte del harén del califa, cosa que funcionó pues Abderramán contestó al Rey cristiano al devolver a las mozas, "Si mancas me las dais, mancas no las quiero".
Aquellas siete jóvenes tienen mucho que enseñarnos de valor, de compromiso, de decisión y de lo que ahora se conoce como empoderamiento, y su gesta además de librarles de ser utilizadas como juguetes sexuales, sigue despertando conciencias a fecha de hoy.
Cuando cursé mis estudios de maestro de música, opté por añadir otra especialidad a mi currículo, y como siempre he sido más de mus que de correr detrás de un balón, y ya hablo un par de idiomas a mayores del mio nativo, me especialicé en religión.
Estudié lo que se conoce como "religiones del libro", es decir, Islam, Judaísmo y cristianismo, pues las tres tienen en común el Antiguo testamento, además de religiones animistas, religiones oriéntales y filosóficas y cuantos cismas y corrientes sucedieron al cristianismo desde que vino al mundo quien para mi fue el hijo de Dios.
En ningún momento recuerdo que ninguno de los amanuenses que recogieron las enseñanzas de los distintos profetas y enviados de Alá, Yahvé o Jesucristo, indicaran o proclamaran que la mujer era un objeto, una moneda de cambio o un articulo para el consumo.
Aquellas siete doncellas consiguieron más al perder sus manos que decenas de miles de guerreros cristianos y musulmanes al perder sus vidas y, sinceramente, a mi entender aquellas que hoy en día se erigen en adalides del feminismo y que reivindican la dignidad de la mujer, deberían hacer oír sus voces y pelear con más fuerza que nunca, al conocer la nueva ley promulgada en Afganistán, en la que queda terminantemente prohibido que se escuche públicamente, ya sea en vivo y en directo o a través de medios de comunicación y distintos canales, la voz de las mujeres. Pero claro...esto ya son palabras mayores.
¿En nombre de qué Dios se legisla de tan absurda manera?
Tampoco me explico en el nombre de qué Dios los cristianos exterminaron a multitud de indígenas de distintas culturas para imponerles la salvación de sus almas, combatieron en las cruzadas o ajusticiaron en los autos de fe a quienes profesaban otras religiones.
No me cuadra que en oriente próximo judíos y musulmanes se masacren a diario y nunca comprendí porqué extraer el corazón de los cautivos aplacaría la ira de los dioses mayas y aztecas.
La diosa hindú Kali al parecer agradece cuanta sangre se derrame en su nombre, y a lo largo y ancho del planeta descubrimos que la ambición y la intransigencia humana se disfrazan de religión y se visten de fe para cometer las mayores atrocidades.
Y en la inmensa mayoría de las civilizaciones que han existido y existen en el planeta, la mujer siempre ha debido agachar la cabeza, obedecer y procurar no llevar la contraria a los hombres, hombres que nacieron de un vientre materno, que amaron y engendraron mujeres y que en la mayoría de las ocasiones recibieron amor y cuidados de quienes consideraban meros elementos decorativos.
Digamos que aunque utilice el masculino para escribir en plural, me considero feminista, porque a diferencia de muchos, no veo en la mujer a ese ser humano imperfecto que Dios creó cuando se puso a cincelar barro y a insuflar almas. Porque adoro a mi madre y amo a cuantas mujeres me rodean, ya sean familiares o amigas (que son la familia que uno elige). Porque desde los 15 años he soñado con la mujer junto a la que ser feliz y crear el más acertado proyecto vital, y aunque no haya dejado de fracasar en ello, no creo que más allá de las que marcan las secuencias de ADN haya diferencia alguna entre los géneros humanos.
Y ya está.
Esta bonita foto, de mi AMIGA Luisa, no solo recoge un momento en el evento tradicional de un pueblo donde me siento como en casa cada vez que voy, sino que de alguna manera, es mi forma de reconocer que en cuanto a valor, tampoco hay diferencia alguna entre hombres y mujeres.
La proyección arranca con la tenue reproducción de un aria de Bach que se mantiene como banda sonora durante todo el metraje.
La cámara realiza un primer plano de un hombre de mediana edad. Sobre sus largos cabellos rubios luce ladeado y con donaire un sombrero negro de fieltro, que al ocultar parte de su oído izquierdo, solo permite apreciar en él un aro de plata pendiente del lóbulo, que evidencia la nostalgia de un tiempo que se fue y no ha de volver jamás.
Al abrirse el plano descubrimos que el protagonista de la cinta se encuentra sentado en el banco de un parque o de unos amplios jardines.
Por la luz, lo gris del día y la cantidad de hojas caídas sobre el suelo y parte del banco, parece ser otoño.
El hombre lee, no, sujeta una libreta abierta en su mano izquierda. De pronto comienza a escribir en ella con una estilográfica negra que blande en la mano derecha.
Hay un cambio de plano, y la nueva óptica nos muestra el parque en su esplendor. Robles, hayas, sauces y distintos árboles indican la cercanía de un estanque, un lago o de una considerable corriente de agua.
Un grupo de niños persiguiendo un balón entra en escena con su algarabía infantil, descuidada y molesta. Son niños y ejercen como tales sin pudor ni censura alguna. El hombre deja de escribir visiblemente molesto, y saca una pitillera del bolsillo interior de su americana. Con un plateado, viejo y fiable mechero de gasolina enciende un cigarrillo rubio con filtro, y al aspirar la primera e intensa calada, una sonrisa asoma en su rostro.
Los niños se alejan desapareciendo de plano y vuelve la tranquilidad a la escena.
El solitario fumador retoma la escritura y el objetivo hace zoom hasta la página en la que garabatea, donde se lee,"50 años son algo más que media vida. Es la medida de tiempo perfecta para matar la ilusión de encontrarla, de ser feliz junto a Ella y de morir entre sus brazos."
Un gato negro salta sobre el respaldo del banco y se contonea juguetón ronroneando y moviendo la cola muy despacio.
El hombre se detiene en la escritura, observa con cariño al animal, apura el cigarrillo y tras posar la libreta sobre sus rodillas, extrae un pequeño revolver de un bolsillo lateral del pantalón, lo apoya en su sien y se descerraja un disparo.
Funde en negro.
La música de Bach hasta entonces casi imperceptible como banda sonora del cortometraje, sube de volumen, acariciando el alma de los sobrecogidos espectadores.
La palabra Fin en grandes letras blancas indica que todo ha terminado.