viernes, 31 de marzo de 2017

Vuelta la burra al trigo.

Y vuelta la burra al trigo.
No termino de entender lo que me pasa por dentro, lo que me revuelve el alma y lo que me inflama el corazón, llevándolo a cotas de deformación desmesuradas.
Me prometí que no volvería a enamorarme. Me prometí no caer de nuevo en la terrible incertidumbre del que espera una respuesta que no llega nunca, una caricia que se queda tan solo en el conato del gesto inconcluso y unos labios que dibujan besos en el aire pero no atinan a llenar con sus húmedos bocetos, el lienzo de los mios. La terrible incertidumbre deja paso a la más jodida de las certezas al darme cuenta de que  es un ángel, es muy especial y yo no pertenezco a este mundo, soy un tipo raro y bastante idiota, que sueña con tener un alma perfecta y se machaca a diario tratando de conseguir un cuerpo perfecto.
No está hecha para mi. Realmente no está hecha para ningún mortal, por suave y cuadrada que sea su mandíbula, grande y potente que sea su moto y duro que sea su trasero. Ninguno de entre nosotros la merece, ni siquiera los mejores y al ser consciente de ello, me retrotraigo en mi desesperación y asumo que al no poder optar a ella, no me atrevo a optar a nadie. Pero quiero amar, necesito amar, no puedo evitar amar. El amor me da y me quita la energía que mueve mi cuerpo, que alimenta mi cerebro, que dirige mis dedos sobre el teclado y que convierte en palabras el fuego que me abrasa el pecho.
He aprendido a disfrutar de las dosis del cariño que como la metadona, sustituyen al opiáceo del amor verdadero y me permiten abandonar la adicción y superar el mono que no deja de invitarme a realizar las más absurdas locuras, como descolgar el teléfono y marcar su número, salir corriendo hasta su puerta o enviarle una legión de palomas mensajeras con desesperados S.O.S en versos dodecasílabos y en rima asonante, atados a sus patas. 
Soy un jodido yonki de las noches perfectas que acompasan los jadeos con  abrazos intensos y lágrimas de satisfacción, al sentir que no se puede ser más feliz. Un yonki del puto subidón que  produce el inyectarte algo así en el alma o absorvelo por los poros de la piel al recorrer su cuerpo de arriba abajo. Esto es física pura: todo lo que sube tiene que bajar. Y cuanto más suba, más dura será la caída. Y estoy más que cansado de arrastrarme en chándal, con la mirada perdida y sin afeitar, por las calles que conducen a sus ojos.
He decidido abrirme otra vez y probar sustancias desconocidas. Puede que mi droga perfecta aún esté por descubrir y cuando la descubra, su recuerdo se quedará en simple y vulgar THC.
Lo que está más que claro es que soy un declarado adicto a las emociones fuertes, a los sentimientos profundos y a las despedidas que saben a cicuta.
No hay clínicas, terapias o medicamentos capaces de desintoxicarme. Y esto a la larga, va a terminar conmigo. 
Y mientras tanto los Radiohead, seguirán cantando la canción que me hubiese gustado escribirle y que tan bien nos describe a ambos.
Me han dicho que soy un tipo muy intenso. Es cierto, lo soy y no quisiera serlo. Quiero ser un tipo normal que no sufre mas de lo necesario con cada despedida.

domingo, 26 de marzo de 2017

El demonio rojo.



Esto es lo que me tocó por dejarme convencer por el primero de entre nosotros. Hubo un tiempo en el que estaba a la derecha del padre y mis alas eran de blanco plumón, mi espada de fuego y me pasaba el día  tocando la lira.

Pero la lealtad al líder de mi especie me llevó a la más dura de las caídas.

Ahora sufro el destierro en el peor de los infiernos, que en contra de lo que algunos piensan no es la imposibilidad de la razón, sino un lugar siniestro donde el presidente de la comunidad compensa la gratuidad de la calefacción central con el más miserable y triste de los vecindarios.Por mucho que Dante lo describiese jodídamente organizado en su "Divina comedia", el infierno es un caos de diccionario.

Antes, los humanos me rezaban invitándome a ocupar cualquiera de las cuatro esquinitas de sus camas y ahora llaman al exorcista de guardia o a seguridad, para que me expulsen a base de latinajos y manguerazos de agua bendita y he pasado de ser una dulce compañía a un indeseable ocupa. Me han cambiado la espada por un engorroso tridente y ya no toco ni las palmas. Pero he decidido pensar en positivo y no volver a quejarme. De hecho, ya me he afiliado a Stop Desahucios para que no se atrevan a echarme nunca más y si lo intentan, que lo sepa la opinión pública y se les caiga la cara de vergüenza.

Lucifer me ha destinado a España y era de lógica pues en este país de Cánovas y Sagasta, de Madrid y Barsa y de fachas y rojos, ángel o demonio es una normal  diatriba. En España nunca me faltará el trabajo. Aquí entre corruptos, terroristas, maltratadores, ladrones, sinvergüenzas varios y personajes de la prensa rosa, tampoco me va a faltar diversión por los siglos de los siglos.  Legiones de demonios han solicitado ocupar una de las muchas almas que quedaron vacías y para entrar a vivir tras la lógica crisis que sucedió al boom de la construcción, pero la Iglesia Católica no está por conceder alegremente las licencias de ocupación y ahora son todos problemas, papeles y pasar de un despacho a otro. Jodida burocracia espiritual.

Debí haberme abstenido en aquella sesión de investidura celestial, me hubiese ahorrado muchos problemas pero como siempre; me gustaban demasiado las causas perdidas y me pasó factura el haberle dicho a Dios padre eso del  “No es no, Señor y Dios padre. ¿Qué parte del no, no ha entendido?”
No hace mucho quería ser un ángel negro y hay que tener cuidado con lo que se desea. 
Pero a estas alturas de la existencia, que me quiten lo "bailao", lo bebido y lo "rezao"

sábado, 25 de marzo de 2017

Harto de tiritas que no curan.

No es la primera vez que una obra de mi amiga, la excelente artista salmantina, Elena Ayuso Varela,  se funde con los sentimientos que me rezuman por los poros.
Creí que estaba curado. Creí que la tirita que me puse en la herida que me hiciste en el corazón, había logrado contener la hemorragia y ya no sangraría ni una lágrima más por ti, ni por tu carita de ángel y tu dulce caidita de ojos. Han pasado ya tres años. Justo por estas fechas estarás celebrando que me obsequiaste con tu último beso y tu último "te quiero". No debí haber aceptado con tanta ingenuidad ninguno de esos presentes o al hacerlo, debí haber mirado la fecha de caducidad.
Ha habido otras mujeres después de ti. Han pasado muchas cosas, demasiadas, después de la última noche que compartimos abrazados sin saber yo, que con el alba se irían todos los sueños, los proyectos de futuro y las ilusiones que había depositado en ti. Incluso llegué a decirte que fuiste la única mujer con la que me había planteado tener un hijo. De hecho te dije que me gustaría tener una hija tuya.Quería verte crecer en ella. Abrazarte y besarte en tu más tierna infancia, en tu desarrollo y en evolución como persona. Quería amar al fruto de nuestro romántica historia llena de glamour y de flases, tanto como te estaba amando a ti cuando  hablamos de ello. Que imbécil fui. Hay que ver en lo que puede convertirme ese poderoso sentimiento que me lleva torturando desde la adolescencia. Pero entonces se apagaron las luces y cayó el telón. Saliste a saludar cosechando grandes aplausos y la ovación del público que se puso en pie entusiasmado con tu actuación. Y yo me quedé detrás para no robarte protagonismo porque en esta obra mi personaje fue tan solo el de secundario cómico.
Pero ¿sabes lo qué te digo? que se acabó. Ya estoy harto de este papel y de las tiritas que no curan ni protegen la herida de futuras infecciones.
Se acabó esto de  dedicarte hipos y sollozos al recuperar recuerdos de aquello. Al carajo. Prefiero dedicarte la mejor de mis sonrisas desde el cariño que aún te guardo. Y no te culpo por no haber sabido quererme. Me consta que no soy  en absoluto fácil de querer y que no allano el camino hasta mi alma. En ocasiones desbordo tantas emociones que haría falta una máquina quitanieves para abrir el paso hasta ella.
Tu no tienes la culpa de lo que he vivido en otros labios y en otros brazos, ni tampoco las que llegaron después de ti, fueron culpables de la tremenda cuchillada que me traspasó el pecho con tu adiós. 
Aún así no he perdido la esperanza de encontrar a la persona que me sepa querer, que no se asuste con la intensidad de mi cariño. Que se de cuenta de que cuando quiero, quiero de verdad y hasta el infinito. Y más allá. Que no me tome por un juguete roto ni por un cofre de oportunidades donde elegir la joya que más le guste para lucirla hasta que se canse de ella y, abra entonces otros baúles enterrados en playas que no me pertenecen, custodiadas por misteriosos bucaneros. Mi mapa del tesoro es muy pequeñito y lo único que esconde el cofre oculto, es lo que me queda de corazón sano.  
Ayer recuperé también el recuerdo de una noche de nervios en un hotel de Madrid. Una noche en la que estabas asustada ante tu primera gran cita con la fama y yo me esforcé por agarrarte fuerte la mano y besarte los párpados y las sienes tranquilizándote.
Pero también he recordado que odiabas que escribiese sobre ti y por respeto a lo que un día fuimos, voy a aclararte que nunca escribí sobre ti. Siempre lo hice sobre mi y sobre lo que me generaste en el alma, igual que estoy haciendo ahora. Porque perdona, cariño, pero soy dueño de mi vida, de mis sentimientos y de mis emociones y de todo lo que estas tres cosas cosechen en mis textos.
No obstante y aunque jamás he dado un nombre ni tan siquiera un indicio o una clara evidencia para lectores con ganas de jugar a los detectives, voy a hacerme un torniquete en el corazón y voy a cortar la hemorragía.
Te quise mucho, muchísimo pero ya has ocupado demasiado tiempo del vivido y no quiero regalarte más del que aún me queda por vivir.
De alguna manera, siempre tendrás un pedacito de mi corazón. Cuidalo.

martes, 14 de marzo de 2017

Valiente

Ser valiente no es solo cuestión de suerte.
Pero si lo ha sido conocer a una persona como ella, que me ha enseñado lo que significa la palabra valor y que con su día a día y la fuerza con la que afronta sus continuos ingresos y operaciones, me ratifica en lo que siempre he creído:para ser un héroe no hace falta rescatar a un niño de un incendio ni bajar un gatito de un árbol.
Esta mujer de la que os hablo, vive con esa espada de Damocles a la que conocemos como Esclerosis.
Es valiente, muy valiente y no lo es por sufrir esa enfermedad. Ella, como todos los que padecen esclerosis no lo pidió, simplemente le tocó en el rasca y gana de la vida. Ella es valiente porque decidió que ninguna dolencia le impediría ser feliz y hacer feliz al fruto de sus entrañas.
Luchó y peleó como una jabata para ser autónoma y no verse postrada en una silla de ruedas, aunque esa lucha le haya generado secuelas que le obligan a pasar por quirófano de vez en cuando, pero nunca pierde el optimismo ni la sonrisa.
Es valiente porque aún con todo lo que tiene que  batallar, descarga su dolor y su rabia a golpe de maza, tocando en un grupo de batukada y llevando el ritmo con el corazón, en vez de quedarse acurrucada en una esquinita lamentándose por su suerte.
Es una guerrera de la vida y cada mañana se pinta con esmero las pinturas de guerra y al hacerlo está dando el mejor de los ejemplos a su hija, que no sabe aún lo increíblemente afortunada que es por tener una madre como la que tiene.
Cariñosamente, me llamó una vez "compañero de fatigas", haciendo referencia a aquel accidente que me cambió la vida pero el conocerla, conocer más sobre su enfermedad y su lucha y ver de la pasta que esta hecha, me ha ayudado a correr un "estúpido" velo con mi pasado y a relegar lo vivido al arcón de lo que no ha de volver. Yo sí que tuve suerte y ese ha sido mi único mérito, el haber nacido con una gigantesca buena estrella. He sido un cobarde, porque aunque al principio luché y me esforcé para superar las secuelas, poco a poco fui cayendo en la autocompasión y el miedo y me abandoné a los cuidados de todos, delegando en mis seres queridos las batallas que nunca debieron luchar por mi, pero que sé que lo hicieron de mil amores y que si llegase de nuevo el caso volverían a hacerlo. Pero ya no. Se acabó. Basta ya de esconderme, de apartar la mirada y de vivir con miedo. Al hacerlo, le estoy faltando al respeto a mi amiga y a todas las personas que sufren a diario y que sin embargo, no se rinden y luchan.
Hace unos días vi "100 metros" y me impresionó tanto la historia de su protagonista, basada en hechos reales, que no pude evitar coger el móvil y decirle a mi amiga que aplaudo su lucha y su esfuerzo y que si hay algo en lo que pueda hacerle la vida más cómoda o más llevadera, solo tendrá que pegarme un silbidito.
Esto no se trata de llevarle munición o tabaco a la trinchera, sino de de abrazarle cuando cale la bayoneta y correr junto a ella sus cien metros al descubierto y bajo el fuego enemigo.
En mi entorno, no paro de encontrar ejemplos de superación y de alegría de vivir, de lucha y de valentía y eso me sobrecoge el alma y me demuestra que este juego es así, que no se reparten las mismas cartas a todos los jugadores y que sin embargo, hay muchos que ganan la partida jugando habilmente las que les han repartido, por malas que sean.
Este texto, que me estaba taladrando el pecho deseando salir con la fuerza de un géiser , es mi particular homenaje al espíritu guerrero de mi amiga y de todos los que danzan la danza de la guerra, al son de los tambores que retumban junto a la hoguera y cuyo eco, nos recuerda a los cobardes que mientras nosotros nos escondemos detrás del burladero, ellos cargan al galope contra sus problemas, con el cuchillo entre los dientes y el tomahawk en la mano.
Mi amiga es una princesa india, de bravo corazón y poderoso totem.
Disculpad mi osadía.

lunes, 13 de marzo de 2017

Y que cumplas muchos más.

María cumplió cuarenta primaveras y decidió celebrarlo el sábado once de marzo, en su casa de Madrid.
No reparó en gastos ni escatimó en esfuerzos y ofreció a la cincuentena de amigos invitados al evento, la mejor de las fiestas, donde dio de beber al sediento y de comer al hambriento y los asistentes bebieron y comieron como si no hubiera mañana, sin saber lo cerca que habían estado de que el mañana no llegase nunca.
Asistí junto a una de mis hermanas pequeñas y su marido, amigos también de la homenajeada y del simpático trabajador de banca con el que había decidido construir un futuro y con quien tenía ya dos hijas y del que esperaba una tercera, que nacería en pocos meses.
Al llegar a la vivienda, nos recibieron María y Javier, acompañados por Sara y otro encantador Javier, ambos hermanos pequeños de María, que iban de un lado a otro colocando multitud de platos con una gran variedad de delicias gastronómicas.
El resto de invitados fueron llegando poco a poco. Me resultó curioso ver como habían cambiado nuestras fiestas. No hace tantos años solían ser guateques en los que corría el alcohol a raudales, sin importar la variedad o la calidad del mismo y donde con un poco de suerte, podías encontrar acompañamiento para una noche, para las noches de varios meses o tan solo besar alguna boca desconocida para agregarla a la lista de labios disfrutados. Ahora asisto a fiestas Gourmet, donde son todo matrimonios o parejas consolidadas de las más variadas opciones sexuales pero donde lo que primaba por encima de cualquier otra cosa, era el haber conseguido colocar a los niños con los abuelos o haber logrado la canguro salvadora y con buenas referencias, que les permitiese dejar de lado las obligaciones familiares por unas horas. El ochenta por ciento de los invitados habían aportado su granito de arena para la perpetuación de la especie y la repoblación de España.
Yo soy un alegre divorciado que vive con su gato y que va saltando de una mujer a otra, de un fracaso a otro, pensando siempre que el día menos pensado conocerá a la persona adecuada. Pero o se esconde muy bien, o resulta que ya está comprometida. Y eso es algo que siempre he respetado, no como otros.
El despliegue de bellezas que asistió a la fiesta era francamente impresionante y, además de María, un bellezón (cumpla los años que cumpla), y sus hermanas, Sara y Julia, mujeres como Gudrum, Paula, Amparo, M. A. ,Sandra, Laura, Carmen, y un largo etcétera de divinos exponentes del sexo mal llamado débil, llegados desde todos los puntos cardinales (Málaga, Bilbao, Madrid, Segovia, Valladolid e incluso Alemania) me reafirmaron en mi declarada y perjudicial condición de eterno enamoradizo.
Claro, si añado que lo tenía francamente jodido para competir con los encantos y las habilidades de los hombres que asistieron a la fiesta, se entenderá a la perfección porqué terminé durmiendo solo, una noche más. No puedo compararme con Javier, Diego, Ignacio, Carlos, Miguel, Iker,Sebas o cualquiera de los masculinos y perfectos elementos que además de sacarme como mínimo una cabeza (si...a ellos "les daban dos" y yo crecí con un único "petit suite " de fresa como merienda diaria) se habían labrado perfectos porvenires en trabajos serios y respetables y yo seré siempre el eterno aspirante a escritor, actor, comunicador y posible ganador de los euromillones, por  lo qué entiendo que muchos observasen mis piercings y mis brazos tatuados con cierta condescendencia. No conocen mi verdadero oficio, pero no os lo puedo contar aún, sino, tendría que mataros.
Dimos (bueno, dieron, que yo me he he convertido en un abstemio obligado)buena cuenta con rapidez de todas las botellas de espirituosos que se agolpaban en la cocina. Me lo pasé como un niño preparando gintonics para mis amigos (hay una máxima que reza: "nunca muestres tus habilidades en público" y a la que nunca he hecho demasiado caso) y antes de darme cuenta, se apagaron las luces y aparecieron tres deliciosas tartas con cuarenta velitas encendidas y todos le hicimos los coros a los miembros de Parchís, que cantaban el cumple años feliz por los altavoces del salón, para horror y desesperación de los vecinos de Fuencarral.
Hasta ahí todo genial y muy divertido, María sopló las velas con acierto, hizo un breve brindis de agradecimiento con acierto también, e inauguró la improvisada pista de baile en el salón.
Aproveché que todos se pusieron a bailar "La bicicleta" y mierdas de esas, para probar las pocas viandas que aún no había probado, mientras el ritmazo de Inma (nuestra minoría étnica más simpática y cariñosa) embelesaba a los bailarines y los contagiaba de espíritu tribal y sandunguero.
Entonces me sonó el busca. Al busca solo me llaman de la Central de Inteligencia y en ocasiones verdaderamete delicadas, por lo que fingí retirarme a mis aposentos y ya a salvo de oídos indiscretos, saqué mi teléfono móvil y llame a mi oficial superior.
Casi me desmayo de la impresión al ser informado de que el lunático presidente americano, Donal Trump, se había enzarzado en una discusión con el diminuto dictador norcoreano, en la que la argumentación sobre la trascendencia de la música de "Milli Baninni" se convirtió en tal escalada de insultos e improperios, que se activaron los escudos antimisiles, se pasó a Defcon 1 y se movilizó a la quinta flota.. Al ser España un miembro activo de la OTAN, los norcoreanos nos habían elegido como país escarmiento y sus cabezas nucleares apuntaban directamente a nuestra pequeña piel de toro.
Mis órdenes consistían en volar a Corea del Norte y eliminar discretamente al pintoresco líder, como había hecho hace unos días con su hermano. Que pareciese un accidente.
Ya que estaba en la habitación que se me había reservado en la casa de María y sabiendo que dormiría más solo que la una, me desnudé y me metí en la cama. Al poco se abrió la puerta y la confundida y desconcertada Sara, se disculpó tan rápido como emprendió la retirada. Lástima, era realmente guapa y muy inteligente pero mi aracno sentido me avisó de que tenía las mismas posibilidades de pasar una noche con ella, que de jugar como pivot en l NBA.
Escuchando el jolgorio del salón, cerré los ojos y me dispuse a dormir, a ver si con un poco de suerte conseguía soñar con la única mujer a la que siempre amaré, aunque nunca reuniré el valor para decírselo.
Ayer domingo volé en un caza bombardero del ejército español, hasta la frontera entre las dos coreas.
Tengo al taradito ese en el punto de mira.
Os seguiré contando.
Por cierto...un fiestón.

viernes, 10 de marzo de 2017

Tu lo has querido.

El relato que cuelgo hoy aquí, es el producto de una propuesta que hice en mi nueva página de Facebook, "Juan Pizarro New" una página que he abierto como escritor y para compartir tan solo temas literarios. Las fotos de mi gato y mis tonterías varías, las dejo para el perfil del caralibro de toda la vida.
He tratado de utilizar todas las propuestas que han dejado las personas que han secundado mi iniciativa y a ellas está dedicado este relato que espero que os guste. Me encanta jugar.



Corre el año del señor de mil ochocientos noventa y dos, finalizando ya el sigo diecinueve.
El doctor Jeremías  Lincon, aprovecha que  ha encendido la caldera de su laboratorio, para arrojar al fuego los restos de la última prostituta que le vendió un buen rato de placer, antes de ser estrangulada y posteriormente descuartizada. Al tumbarla, completamente desnuda y aún caliente, sobre la mesa de trabajo del laboratorio donde realiza sus experimentos,no pudo evitar recordar los momentos de éxtasis carnal que había compartido con ella apenas quince minutos antes y dudó seriamente entre tratar de devolverle a la vida utilizando la nueva máquina fruto de su infatigable trabajo de años, o hacerle el amor a su cadáver. Al contemplar sus pechos redondos, turgentes y deliciosos, su labios carnosos y su pubis aún húmedo del encontronazo sexual, la erección le alcanzó con la sierra de huesos en la mano y apoyada sobre la cintura de la joven. 
Controlando sus instintos más bajos, procedió a cortar a la mujer en varios pedazos que quemar rápidamente, no fuese que apareciera alguien a incordiar y comenzase a hacer preguntas.
Con esta son ya una docena las prostitutas que habían ardido en su caldera y Jeremías, comenzó a plantearse si tendría algún tipo de fijación con eso de los estrangulamientos post coito.
Aprovechó el fuego para quemar también la ropa y el bolso de la ramera y una vez hubo hecho desaparecer todas las evidencias de su crimen, se vistió con un traje de ante y unas botas cómodas, preparó una mochila con útiles, algunas joyas de gran valor  y provisiones por si sucedía algún percance durante su viaje, comprobó que el revolver que introdujo en el interior de su bota izquierda, estuviese cargado correctamente y se dirigió al interior de su maquina.
La maquina para viajar en el tiempo, había sido el resultado final de su búsqueda de algo tan fantástico como improbable y condenado pro la comunidad científica y la iglesia, el poder sobre el tiempo. 
Jeremías siempre había sido uno de esos científicos que se enfrentaba a los prejuicios académicos y religiosos y aunque eso le había hecho no resultarle simpático a ningún miembro de su comunidad, francamente, le importaba muy poco, por no decir nada.
Accionó con cuidado y precisión quirúrjica los controles para introducir las coordenadas espacio temporales. La semana anterior, durante su último viaje, había caído en medio del océano y de no ser por la impresionante desertización que asoló el Índico durante el siglo diecinueve, habría muerto ahogado. 
Esta vez viajaría al siglo veintidós, a ver que había sucedido para entonces con el planeta Tierra.
El hecho de llevar el arma cargada, era una medida de precaución para enfrentarse a lo desconocido pues aunque solía llevar un gran y afiladísimo bisturí oculto en la manga de la chaqueta, ya había visto la facilidad con la que el ser humano desarrollaba admirables inventos para matarse, a ser posible, de lejos y sin jugarse el tipo en un enfrentamiento directo.
La bomba atómica, esa poderosa arma de esdrújula denominación y devastadores efectos, le había sorprendido al ser la confirmación de su teoría sobre la fusión del núcleo pero claro, a él no se le hubiese ocurrido nunca utilizar uranio empobrecido.
Lo más gracioso fue descubrir inventos como los ordenadores y algo que jamás habría imaginado siquiera, el Internet.
Gracias a un ordenador conectado a esa arácnida red gigantesca en la que millones de personas pasaban las horas atrapados como inmóviles presas, encontró a un personaje que le llamó poderosamente la atención. Un escritorcillo con ínfulas de gran literato que se había quedado en eterna promesa y que pese a sus casi cuarenta y tres años, aún se comportaba como un niño. Siempre contando estupideces en sus canales de comunicación, haciéndole fotos a su gato y otorgándole poderes sobre humanos. Sin embargo, al avanzar hasta el año dos mil dieciocho, se encontró con que ese afortunado tipejo de prosa afilada como una navaja, había conseguido engatusar a los suficientes lectores como para hacerse un nombre en el panorama cultural, conocer a la presidenta de Alemania, seducirla, casarse con ella y controlar en la sombra las decisiones de la fracasada unión Europea.
El lujurioso y carismático escritorcillo, había jugado sus cartas con tal acierto, que inundó los mercados alemanes de pepinos españoles, anteriormente denostados por su esposa, la presidenta , hizo que el gato común se convirtiese en objeto de culto e incluso de adoración y, anuló las fronteras entre los países de Europa, lo que derivó en una crisis militar de tal calibre que a punto estuvo de terminar en la tercera guerra mundial.
Pero su mayor aportación a la historia y por lo que le seguía la pista desde el día en que topó casualmente con él, fue el escribir un relato sobre un científico  psicópata que dominaba los viajes en el tiempo, encriptando entre las frases del texto, las palabras clave para formular científicamente la ecuación que abriría a la humanidad la puerta de los viajes en el tiempo.
El destino es caprichoso.

domingo, 5 de marzo de 2017

Emulando a Machado.

Mi infancia son recuerdos de risas y de juegos, de abrazos y caricias, de tiempos que sabiendo que no habrían de volver, prolongué cuanto pude y aún hoy, me cuesta asumir que ya no soy un niño.
Mi juventud un montón de años en los que viví sin fronteras, convirtiendo mi hogar en cualquier ciudad y cualquier país donde colgase mi sombrero. Mi historia son demasiados casos que recordar no quiero y alguno que jamás olvidaré, nunca.
Ni  un seductor Mañara, ni un Bradomín, ni tan siquiera un Brad Pit de andar por casa he sido, ya conocéis lo original de mi torpe aliño indumentario, más disfruté tanto las flechas que me otorgó Cupido, que opté por vaciarle el carcaj y amar cuento en ellas pudiera haber de hospitalario,necesario, erótico y divertido, para terminar pidiéndole a Alejandro Sanz tiritas para este corazón partido y como era de esperar, no me pasó ni una pero me firmó un autógrafo en el vendaje del pecho.
Tengo tal mezcla de sangres literarias que desde Delibes a Carver, pasando por Shackespeare, Calvino, Hernandez o Verne, todos dejaron su ADN en mi. Mi verso no brota de manantial sereno, sino de cuanto he podido degustar de este juego al que llamamos vida.
Envidio las romanzas de muchos trovadores pero el canto de los grillos tan solo me evoca despertares resacosos y veraniegos, en algún parque del sur, junto a la playa. 
De entre todas las voces no supe escuchar una como debiera, por mucho que la de mi padre se distinguiese entre tantas voces huecas. Lo bueno es que el eco de sus palabras se sigue repitiendo en los desfiladeros de mi alma.
Mantengo demasiadas conversaciones con el niño que siempre va conmigo y sé que en el fondo ardo en deseos de hablarle a Dios un día, aunque espero que pasen unos cuantos años aún.
No me debéis nada, ni siquiera cuanto escribo. Soy yo el que os debe demasiado y pienso pagároslo pero haced como Hacienda y aplazadme los pagos, por favor, que en la cuenta corriente de mi espíritu hay unos números más rojos que "La pasionaria". Hubo quien saqueó sin clemencia alguna mis reservas emocionales y, aunque ahora ya he empezado a ahorrar y guardo para cuando vuelvan a venir mal dadas, el saldo todavía es patético.
Cuando llegue el día de mi último viaje y esté al partir la Vespa que nunca ha de tornar, me encontraréis a bordo ligero de equipaje, pero con casco, eso si. No iré desnudo como los hijos de la mar porqué soy de secano y además aún no he conseguido ni el cuerpazo ni la prosa por los que quiero que me recuerden mis detractores y las mujeres que han de dormir conmigo. Firmaría ahora mismo porque solo fuese una, durante el resto de mis vidas pero he aprendido que la utopía es un libro de Tomás Moro y poco más. No obstante su amistad siempre descansará junto a mi, en el lecho donde yago y compartiré con ella y con su reina podenca la comida que con mi trabajo pago o la que ella misma prepare, que es una mujer muy apañadita..
Mientras siga viviendo y saliendo de dudas, aprendiendo y disfrutando y sufriendo lo aprendido, escribiré para dejaros al menos lo escrito. Mi padre siempre me dijo, "lo escrito queda" y, esa es una lección que repaso cada día leyendo sus textos o sus poemas enmarcados.
Él me descubrió a Machado. Y el enorme placer de leer que las cosas no solo me suceden a mi, porque alguien ya las puso por escrito antes de que hubiese nacido.

jueves, 2 de marzo de 2017

Reencuentros gatunos

Y el verbo se hizo gato. Y habitó entre nosotros.
Hay personas,monstruos disfrazados de personas, personas especiales y personas extremadamente sensibles y especiales. 
Ella es una de estas últimas y lleva la sensibilidad a flor de piel, lo que la convierte en la más especial de las mujeres con las que he tenido la suerte de cruzarme.
Aún recuerda aquel ayer, cuando estaba junto a ella. Aún recuerda aquel amor y eso le hace llorar. Eso hace que una extensa y húmeda capa de rocío nacida en los lacrimales, se instale en su corazón.  Lucha para conseguir mantener seco el interior de su pecho y lo hace esbozando constantemente la más hermosa y cálida de las sonrisas.
Un gato tan negro como amable, llegó hasta ella para convertirse en el protector de sus emociones y en el receptor del caudal infinito de cariño que brota de la nobleza del espíritu de la joven profesora, quien con cada promoción que despide al terminar el curso escolar, sufre al ver que se va también un poquito de su ser. 
Optó por la educación infantil, al haberse dado cuenta de que los niños más pequeños son entes puros sin corromper por las miserias humanas; miserias terriblemente contagiosas y  que se van inoculando en todos con los años de exposición al medio social y nos hacen crecer infectados de crueldad, traición y envidia.
Ella sufre no solo por haber perdido al que creyó el amor de su vida, sino por haberse dado cuenta de que su idea del amor nada tiene que ver con lo que realmente es. El amor, duele y ella necesita morfina para el alma pero no quiere caer en esa adición y solo consigue mitigar su dolor abrazando a su gato negro y empático y respirando al compás del ronroneo con el que él agradece sus abrazos.
Pero somos algunos más los que hemos descubierto en que consiste el juego y porqué perdemos todas las partidas. Desde la primera vez en que nos decidimos a jugar, hemos querido hacerlo de la forma más honrada posible, apostando todas y cada una de las fichas de ilusión y futuro, huyendo de trampas y de trucos baratos y esta decisión nos ha convertido en los eternos perdedores. Perdemos sí, pero con la cabeza muy alta y aunque se nos llene el rostro de lágrimas cada vez que nos dicen adiós, no vamos a cambiar nuestro estilo, sabedores de que llegará un día en que nos crucemos con alguien que jugará como nosotros y finalizaremos la partida entre sus brazos y sonriendo al fin.
Mientras llega ese momento, yo seguiré afilándome las uñas en los muebles del salón y jugando con el ovillo de letras, puntos y comas, que hago rodar por los folios en blanco del pasillo.


sábado, 25 de febrero de 2017

La princesa Carolina y el consejo del hechicero.

Tras terminar de escribir el mensaje en el minúsculo pergamino, el mal llamado hechicero, se levantó de su mesa de trabajo y se dirigió a la terraza de la torre donde habitaba y tenía su estudio y su biblioteca. En la terraza, se encontraba el pequeño palomar donde se protegían del frío castellano, las palomas mensajeras. Escogió a una, "Gatita", su más veterana y eficaz paloma y le ató a su pata derecha el cilindro de cuero donde introdujo la nueva misiva.
Cuando el monarca del reino de Castilla  contrató sus servicios, le explicó el mal que asolaba a su hija. La princesa Carolina, había amado a un joven trovador de la zona y como no sabía hacerlo de otra forma, se entregó a él en cuerpo y alma. Pero la juventud es caprichosa y aquel muchacho tomo su laúd y se fue con la música a otra parte, dejando a la princesa Carolina sola y con el corazón roto.
La princesa lloró y lloró durante muchos meses y un día sorprendió a todos, al mandar llamar al maestro constructor de la corte y encargarle que construyese una vivienda frente al palacio de sus padres. Aquello no hubiera sido nada anormal, pues los reyes comprendían el deseo de su hija de alejarse de las fiestas de palacio y de la estrecha y continua vigilancia de las cortesanas y los guardias., que anulaban su intimidad y su necesidad de evasión. Lo que los alarmó sobremanera es que pidiese que la vivienda tuviese una torre de gran altura, desde donde contemplar el mundo que ya no vería con su amado. También pidió que en vez de foso o muralla, se protegiese la vivienda rodeándola de un intrincado e inexpugnable laberinto donde resultase harto difícil encontrar una salida, en homenaje a su concepción del amor verdadero. Cuando su deseo estuvo listo, pidió que se la introdujese en la modesta vivienda con los ojos vendados y que solo conociese el camino de acceso su madre, a quien recibiría una vez por semana, para poder avituallarse con lo necesario y comunicarse con un ser humano pues solo quiso que un gato y un perro, le acompañasen en su destierro voluntario junto al palacio de sus padres.
El caballero al que el rey contrató como posible remedio a los males de su hija Carolina, al mal denominado hechicero, pues sabia que dominaba muchas artes y saberes vetados al vulgo, y este fue instalado en la torre más alta del palacio, frente a la torre donde pasaba largas horas del día su afligida hija.
Blanca, la hermana de Carolina, trató en vano de atravesar el laberinto y tanto quería a su hermana, que lo intentó tantas veces que sus padres terminaron prohibiéndolo, para que su salud mental no se resintiese. La princesa Carolina, de naturaleza sensible y generosa y de amplia y hermosa sonrisa, era muy querida por todos los habitantes del reino, que lloraban su decisión de distanciarse de ellos y de los niños a quienes la princesa Carolina enseñaba a razonar y a tomar decisiones con inteligencia, abandonando la pendencia como el único remedio para sus problemas cotidianos .
Iván, caballero templario que hacia algunos años había cambiado la espada por la pluma, decidió ayudar a Carolina a reunir las fuerzas para encontrar la salida y volver a la vida real, con el corazón completamente recuperado. Para hacerlo y sabedor de la afición de la princesa por escribir versos y cuentos, ideó un sistema de comunicación por escrito, en el que las palomas mensajeras trasladarían sus pensamientos y reflexiones de una torre a otra.
Él mismo era un devoto de las musas que inspiraron siempre sus cuentos, aunque le habían roto el corazón en demasiadas ocasiones y a punto estuvo también de aislarse del mundo en el peor de los momentos por los que atravesó en el pasado. En ese triste y duro momento sintió que el azufre de la traición le quemaba el pecho pero encontró el remedio a todo en los ojos y las palabras de una poetisa, que le explicó que el amor está en cada gesto y cada suspiro que comparte contigo un amigo, un pariente, un animal de compañía o en la hermosura de las olas del mar que crecen para morir al estrellarse contra la orilla una y otra vez.
Y fueron cruzando misivas a diario y en esta suerte de amistad y cariño epistolar, Iván consiguió que la princesa describiese con palabras hermosas y llenas de esperanza,el dolor que le había hecho estar a punto de arrojarse desde lo alto de la torre en demasiadas ocasiones. 
La reina, con la intención de que Carolina no se autoflajelase, había explicado a su hija en una de las visitas semanales, que el amor tal y como ella lo concebía no existía en el mundo real y que el caballero perfecto, el que supiese valorar su entrega y su generosidad, no era más que invento de juglares y trovadores. Pero si que existía y un ejemplo claro de compensión, empatia y misma concepción del sentimiento más intenso, más gratificante y más doloroso, lo tenía tan solo a un corto vuelo de paloma.
Con el tiempo la princesa Carolina logró salir  del laberinto y esbozando su recuperada e inmensa sonrisa, regaló a sus padres un manuscrito en el que supo al fin explicar que aunque el amor es ciego, hay personas lazarillo que consiguen evitar que el amor tropiece y que aunque estas personas no abundan, si existen y la vida tarde o temprano termina poniéndolas en tu camino.
Los reyes, quisieron pagar con un cofre de oro al supuesto "hechicero" pero este declinó el pago, argumentando que tan solo había aconsejado a la princesa que siguiese su instinto y que aprendiese de lo vivido.
El sol volvió a los ojos de la princesa Carolina y por extensión, al disfrutar y compartir la felicidad de su princesa, a los de todos los habitantes del reino.
Y colorín colorado, este cuento solo acaba de empezar.


viernes, 24 de febrero de 2017

A veces cruel, a veces juguetón.

Así de cachondo es el destino, que ha vuelto a  gastarme una de sus típicas bromas y ha dado un puñetazo en la mesa, para decirme que solo él decidirá, cuando  se cierra una etapa y puedo romper con el pasado.
Ayer tarde, una amiga que entre otras muchas cosas, pone su voz al servicio de la literatura, realizó una de sus "tardes deletreadas", de las que nos regala en un local emblemático de mi ciudad. En estas tardes tan especiales, lee al público asistente pasajes de algún libro que le ha llamado particularmente la atención y, explica una serie de datos sobre el autor. En esta ocasión, la "tarde deletreada" estuvo dedicada a mi libro "Historias para según qué días" y me brindó la posibilidad de contestar a sus preguntas sobre esa mi  primera aventura literaria allí mismo, en directo y arropado tan solo con un micro, con su firme ternura y con su sonrisa constante.
Yo me había propuesto utilizar el evento de ayer como carpetazo con el Juan dolido y emocionalmente débil que había escrito ese libro y, que ya estaba cansado de lamentarse, aunque esos lamentos consiguiesen emocionar a miles de lectores. Iba completamente decidido a sacarle un dedo a esos recuerdos, haciéndoles una gloriosa peineta pero mira tu por donde, cuando leyó "Bancos de piedra" casi me desmayo. Menos mal que Rosa Eva (la logopeda y escritora de alma cultrualmente inquieta, precursora de esta actividad) se dio cuenta de lo profundo de la herida que estaba tratando de suturar y me apretó fuerte la pierna mientras leía.
Superado ese bache ocasional y reforzado en mi decisión, las lecturas y las charlas con el público siguieron de forma más que agradable y fue al concluir, cuando el destino me reservó su lado más jocoso. Una joven que había escuchado todo sentada junto a su hermana, me pidió que le firmase un ejemplar del libro. Yo, que trato de no escribir nunca dos dedicatorias iguales, inmediatamente le pregunte en primer lugar su nombre, para comenzar la dedicatoria. Resultó que esa señorita de sonrisa cándida e inmensa, se llamaba Carolina, como la protagonista de uno de los relatos incluidos en el libro, que hace referencia a un suceso tan divertido como erótico de mi pasado. No pude evitar observarla disimuladamente y todo en ella me recordaba en exceso a la Carolina del texto original.
Nos sentamos y mientras le dedicaba el ejemplar, hablamos unos minutos. Esta nueva musa de mis textos, compartía pese a su juventud y a su belleza, muchos de los sentimientos y de las emociones reflejadas en los textos más duros y tristes de "Historias para según qué días". Como este Valladolid mio es un pueblo grande, quiso ese diablillo graciosete y juguetón al que llamamos destino, que el causante de su mal del alma, fuese familiar de un gran amigo mio. 
Todo ese cúmulo de catastróficas desdichas, me encogió el corazón y me vino a la cabeza que a veces, hay mujeres que se arreglan y se ponen preciosas y con un hermoso "vestido de dejar" que les realza la silueta, te invitan a cenar. Y a los postres, rompen contigo. Aquello me hizo recordar también que no siempre que se tienen ganas de llorar, es de pena y que cuando lloras por detrás, es porque el llanto viene provocado por agradables y positivos motivos. Entonces lloras por el exterior del lacrimal, sin hipos ni mucosidades alarmantes, a diferencia de cuando lloras de rabia o de dolor, que aquello es el festival de lo escandaloso y plañidero. Digo esto porque aquella broma del destino de presentarme a una hermosa Carolina, compañera en el desamor, a punto estuvo de hacerme llorar por detrás, sabedor de que aquel encuentro iba a llenar muchas, muchas páginas. Pero no me la jugué y me contuve. Bastante fama de ñoño tengo ya. Y en eso si que voy a romper con el ayer. Desde luego, siempre seré como soy, el que nace lechón, muere cochino y renace más lechón que nunca, pero no pienso permitir que se convierta en algo de dominio público. Ya no.
Creo que "Historias para según qué días" va a dar a luz a una segunda parte, si mi querida Estela Labajo, quiere volver a poner su pincel a mi servicio. "Historias para según qué npches" tendrá un nuevo "Carolina", que será un canto a la vida y al destino. También tendrá un "Deuda", dedicado a los ojos más verdes y maás llenos de amor y que ya he publicado aquí hace un par de días.
Ilusionado y feliz con este nuevo proyecto.