miércoles, 22 de agosto de 2018

Solo quiero seguir hablando contigo

Ayer noche, en compañía de una amiga poeta, volví a ver esta joya del cine español ganadora de diversos premios y que llevaron a cabo mi amigo el espejeño Alberto Del Campo y el afamado e innovador director Rodrigo Sorogoyen.
Y una vez más me revolvió las entrañas hasta la saciedad y me llevó a tu recuerdo, mi querida y añorada Blancanieves.
Yo me identifico con facilidad con el protagonista masculino, con el que tenía muchas cosas en común hace algunos años, no tantos pero los suficientes para no haber sabido estar a la altura cuando más me necesitaste. A la actriz protagonista me resulta inevitable no identificarla contigo, pues además de que también es preciosa, los ojos tristes y la languidez con la que mira me llevan a algunos momentos junto a ti. Y esas conversaciones que mantienen, y esos besos que se roban el uno al otro. Y ese final.
Te añoro cada día, te recuerdo más de lo que quizás debiera recordarte. Vives en mi y en todos los que te quisimos.
También vivimos nuestra pequeña historia de amor, pero mucho más allá de besos y ratos de cama, el amor que nació entre nosotros se consolidó como la amistad más hermosa. Y te fallé. No supe estar a la altura de tus necesidades y arroparte en tu sufrimiento. No supe ayudarte cuando todo se volvió oscuro y eso me machaca a diario, porque tú me ayudaste mucho en los momentos más espantosos de mi vida.
Creo que te voy a querer siempre y sé que un día volveremos a vernos, pero aún no. Guardarme un sitio a tu lado en la pista de baile. Igual hasta bailo y todo.
Te añoro, te quiero y te llevo dentro, Belén.

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