jueves, 23 de agosto de 2018

Se veía venir

Cuando Charlie recibió el informe de los compañeros de la comisaria, acompañado del informe forense tras la autopsia a los tres cadáveres, estuvo tentado de volarse la cabeza con su arma reglamentaria. Se veía venir, pero su hija nunca quiso hacerle caso. Bella y su manía de hablar despacio pensar despacio y actuar despacio, poniendo caritas mietras posa incansablemente para el objetivo de la cámara del destino.
Habían encontrado los cuerpos en el interior de una tienda de campaña en la cima del pico más elevado de la cordillera que rodeaba Forks. No sabía porqué coño había tenido que irse de acampada con aquellos dos jovencitos que seguían su rastro constantemente cual animales en celo. El despliegue de hormonas de Bella había atraído a toda la fauna en quinientas millas a la redonda.
Su hija era estupenda y lo sabia. Era guapísima y lo sabia. Y tenía a aquellos dos peleles completamente entregados. Y lo sabia. Pero Charlie nunca hubiese imaginado aquél final para el trio de víctimas del angelote arquero con problemas en las corneas.
Sloan, el agente más joven de la unidad, tuvo que salir a vomitar al adentrarse en la tienda pues la visión de aquellos cuerpos un tiempo hermosos y ahora completamete destrozados pudo con su pueril entrega al deber. "Para servir y proteger" rezaba la inscripción de su placa, pero no decía nada de pasar esos malos ratos.
A Bella le habían seccionado ambos pechos y le habían abierto la garganta de lado a lado. Debió de tardar en morir y sufrió.  Sufrió de una forma inimaginable. Estaba hasta fea, ella...que soñaba con dejar un bonito cadáver.
Edward, que era un muchacho de exquisitas facciones y cuerpo de modelo de pasarela, había recibido tantos golpes que se asemejaba más a los restos de una piñata tras el cumpleaños de un adolescente mexicano borracho de mezcal y tequila reposado.
Lo peor fue lo de Jacob, le caía bien aquel joven nativo americano de malas pulgas que solía rascarse tras las orejas con excesiva frecuencia y mearse en todos los arboles del jardín de su casa. A Jacob le habían arrancado la cabellera y tras abrirse paso a través del cuero cabelludo, alguien le había devorado el pequeño cerebro. El rigor mortis del cuerpo demostraba que los enormes pectorales en tensión y los potentes biceps del chaval, se habían empleado a fondo. El hecho de tener absolutamente todos los nudillos rotos, no dejaba lugar a dudas sobre los golpes recibidos por el mayor de los Cullen.
El informe del departamento forense, indicaba que en el recto de Jacob se encontraron restos de semen de Edward y en el de Edward, restos de semen de Jacob. Lo peor era que encontraron restos de ambos fluidos en los labios de su hija, en su vagina y también en el recto. "Por ahí, ni el pelo de una gamba", le había dicho su madre antes de largarse a vivir con su amante, pero Bella siempre iba a su rollo y sabía que a los tios de ahora lo del sexo anal les hace mucha gracia, sobre todo cuando una chica va de recatada y estrecha.
Aquello no tenía sentido pues en los alrededores de la tienda no se encontraron restos de alcohol ni de drogas de ningún tipo y la sangre de los tres cadáveres dio negativo en alcohol y drogas. Únicamente se demostró que casualmente los tres eran diabéticos. Aquello no sorprendió al desconsolado policía. Las conversaciones entre su hija y aquello niñatos rezumaban tal cantidad de azúcar que sus páncreas se veían sobreforzados a la continua fabricación de insulina y claro, entre las palabras bonitas, las miraditas y los continuos suspiros, una muerte por coma diabético hubiese sido mucho más natural que aquella bacanal de sexo y sangre. Pero desde luego...cualquiera entiende a los jóvenes de ahora.
Lo que si que está claro es que una mujer nunca debería jugar con dos hombres a la vez (cosa que en absoluto justificaría ningún tipo de violencia hacia ella) y que esos dos hombres, enamorados de la misma fémina y deseosos de saciar sus apetitos con ella, nunca podrían ser amigos. En cualquier caso y como mucho, compañeros de borrachera. Pero encima aquellos mojigatos en vez de irse de pedo con los colegas y quedar luego para dare de hostias y arreglar sus diferencias, como los muchachos decentes, se pasaban el día corriendo desnudos por el bosque y subiéndose a los árboles.
Charlie no llegó a comprender aquel espantoso final para el trio más popular del instituto. Interrogó a Sam, el amigo chulo y  bocazas de Jacob, esperando que le explicase algo y con tal intención y un extra de amor paternal, llegó a a excederse un poco en la sala de interrogatorios, pero aunque le arrancó una a una las veinte uñas con unos alicates oxidados y le rajó la espalda con un cuter mellado, no consiguió ninguna explicación convincente, eso sí, confesó haber matado a Kenedy y a Jose Antonio.
Mientras los de asuntos internos trasladaban a Sam a la enfermería y detenían a Charlie, este pudo escuchar como Sam gritaba: "lo que le ha pasado a tu hija bien está, se veía venir, por pedorra y creída, pero lo de mi colega Jacob ha sido una putada. Al Cullen que le jodan, nunca tendría que haberse instalado en este pueblo con los pedantes de sus hermanos, ni haber perseguido a la hembra  de uno de mi manada." Manada...Charlie odiaba el sentido que algunos niñatos gilipollas y prepotentes le daban a ese término.
A Charlie e abrieron expediente y tras despojarle de su placa y su arma, lo echaron del cuerpo.
Ahora trabaja de segurata en un garito del Bronx y se gasta una mala leche que hasta los camellos de Harlem lo llaman " el quemao". Al salir de trabajar, acostumbra a ver películas de esas para adolescentes, que son las únicas que no le hacen pensar ni recordar lo triste de la muerte de su hija. Seguramente porque son todas tan patéticas y tan carentes de sentido que de alguna manera le evitan utilizar su torturado cerebro.

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