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El poema definitivo.

Se levantó de la cama con sigilo y saliendo del dormitorio, encendió un pitillo con el mechero de gasolina. Se deleitó con la primera cal...

Mi primer retoño

Mi primer retoño
Este fue el primero de lo que espero sea una familia numerosa

domingo, 22 de octubre de 2017

Fuera de mi

Y no es solo el que no hayas sabido quererme ni el que me hayas querido así de mal. Es culpa mía porque no he sido capaz de arrancarte de mi cabeza y de mi corazón y además te resistes a irte y, de vez en cuando te manifiestas como un espíritu burlón, para que no consiga conciliar el sueño o me despierte sobresaltado al tenerte revolviéndolo todo en el interior de mi mente.
Fui tan gilipollas de enamorarme de ti. De enamorarme de lo que habilmente dejaste que entreviera y de las pequeñas dosis de amor de escasa pureza cortado con cualquier cosa, con las que me enganchaste gratuitamente al principio pero que con el tiempo y al saberme ya un adicto, comenzaste a cobrarme a un precio desorbitado. Hubiera matado por quitarme el mono, habría hecho cualquier cosa por saciarme de ti una vez más. Que lista fuiste, que bien lo hiciste. Que cruel y que ambiciosa.
Ya me he quitado, ya he conseguido desengancharme y limpiarme de tu recuerdo, el recuerdo que corría por mis venas al ser bombeado constantemente por ese músculo absurdo y problemático que es el corazón. 
Con cada chute que me inyectaba con tu lengua y tus caderas, viajaba por un universo paralelo donde tu y yo éramos felices y nos queríamos. Pero aquello era solo el producto de un alma envenenada pro la droga más salvaje: tu cuerpo.
Es una verdadera putada esto de ser un politoxicómano con propensión a sucumbir a cualquier adicción con una sonrisa como la tuya, unos pechos tan bonitos  y una boca tan hábil. Soy carne de polígono. Soy un caso típico de asalto a las farmacias y puntos de venta de amor por prescripción facultativa y puede que carne de terminar muerto por una sobredosis inesperada, el día que por fin consiga inyectarme amor de gran pureza, amor sin adulterar.
Me convertiste en un yonki de ti. Me hiciste renunciar a todo lo que fui y lo que es peor, renegué de todo lo que quería ser. Pero ahora, cuando estaba apunto de ir a buscarte a la zona donde acostumbras a menudear, me han podido detener a tiempo. Me deslumbró una luz y pensé que eran los maderos en una de sus redadas preventivas en busca de quien los lleve hasta el origen de esta melancólica epidemia.Pero no eran ellos, Era un alma afín y  anónima que habiendo conseguido salir de una adicción similar, se apiadó de mi estado y se ofreció a ayudarme a dejar esta mierda que me ha envenenado el espíritu. Y muy poco a poco, me está sacando.
Lo que más me duele es que no volveré a gozar de uno de esos viajes tan increíbles, que como han descrito algunos heroinómanos, son como besar a Dios en los labios. Ahora sé que si volviera a besar tu boca, seguramente estaría disfrutando del placer del estertor final y vendiendo mi alma al peor de los demonios. 
Ya no quiero tu querer.

jueves, 19 de octubre de 2017

Regreso al parque (Bancos de piedra 2)

Ilustración de Estela Labajo Duque para el relato Bancos de piedra de Historias para según qué días.

Pensó que jamás volvería a pasar por allí porque se le rompería el alma al recordar aquella despedida pero de un tiempo a esta parte, al encontrar la luz del faro que alumbraba el camino correcto, había decidido eliminar "jamás" de su vocabulario y sustituirlo por "cuando quiera". Y hoy quiso.
Al llegar al banco donde la vio por última vez, sentada y mirándolo con los ojos empapados en lágrimas, se sentó en él y encendió un cigarrillo. Pese a que desde aquella tarde había temido pasear por ese parque al pensar que al hacerlo sentiría una pena horrorosa, no sintió otra cosa que felicidad plena al darse cuenta de todo lo que había ganado con aquella pérdida. Y es que en la vida hay perdidas necesarias que aunque en el momento parezca que van a dejar un enorme vacío, con el tiempo descubres que lo que han hecho ha sido dejar espacio en el corazón para que lo llenes con lo que quieras.
Hoy brilla el sol que se refleja en las otoñales hojas que alfombran el suelo, tal y como recuerda que lo hicieron otras hojas de otro otoño en aquella ocasión. Esta vez la piedra del banco se le antojó acogedora y durante un buen rato fumó un cigarrillo tras otro con la sonrisa en la boca y la esperanza en el corazón.
Qué de cosas han pasado desde entonces. Cuanto ha vivido en estos últimos seis años. Mucho más de lo que creía ser capaz de soportar. pero lo soportó y descubrió que todo lo vivido lejos de robarle vitalidad y ganas de avanzar, lo ha enriquecido en experiencias y ha contribuido a que nunca más vuelva a sentirse pequeñito y sobre todo a no permitir que nadie vuelva a convencerlo de que hay que tragar la hiel y el vinagre que determinadas personas regalan con sus palabras y con sus actos. Gracias a haber encontrado la luz que le ilumina el camino, supo que no volvería a  permitir que se le restase. Lo que no le aporte, lejos.
Hay una máxima del teatro que dice: en escena lo que no suma, resta. Ahora ha descubierto que esa máxima se puede aplicar perfectamente a muchas personas de las que se rodeó en el pasado y que lejos de sumar, restaron. Y ya no está para que se le reste. Desde luego sabe que no todo van a ser victorias y que volverá a perder las veces que haga falta pero lo que desde luego no va a hacer, es agachar la cabeza y permitir que le abran otro agujero en el pecho como el que ella le hizo en aquella ocasión para robarle todo lo bueno que tuvo y que fue un día. Al fin lo ha recuperado todo a fuerza de pelear, sufrir, caer y volver a levantarse. 
Esto es vivir y la vida puede ser tan maravillosa como el quiera, si aprende a  agradecer cada mañana que ha vuelto a despertarse.
Se subió los cuellos del gabán, como hizo aquella vez pero hoy el frío que le lleva a realizar ese gesto, viene del gélido viento que sopla en su ciudad y no del que nace con el adiós, congelando el alma.
Sacó su teléfono móvil al recibir la notificación de que alguien lo había enviado un enlace y al comprobar lo que le habían enviado, picado por la curiosidad y sabedor de que de aquella remitente solo podían llegar cosas buenas, se encontró con la muy acertada canción de Rozalen y Estopa "Vivir". Al escuchar la letra de la canción, se reafirmó en su deseo de vivir y hacer de su vida algo realmente bueno. Al llegar a su casa acaricio al gato, se sentó frente al ordenador, puso música en el equipo del salón, encendió un cigarrillo y comenzó a escribir en el blog.

domingo, 15 de octubre de 2017

Después de la calma, tu luz.

"Porque tu y yo somos un mástil y una vela. la vida es el viento que nos lleva." 
El moderno equipo de la cabina de mando, que se regaló como capricho para hacer más llevaderas las solitarias jornadas en alta mar, hizo sonar a todo volumen la lista de reproducción con canciones que de alguna manera, configuraban la B.S.O de su vida.  El barcelonés Macaco, participaba muy activamente en la selección y aportaba su particular voz y su estilo deliciosamente inclasificable a los temas con los que más identificado se sentía. 
Había estado muy perdido, mucho. 
La tormenta que hacía demasiado poco tiempo sacudió su nave como si fuese un barquito de papel, desenarbolando el velero y destrozando el timón, había estado a punto de enviarlo a pique y, durante unos minutos, nadie hubiese dado un euro por su vida pues se vio a merced de unos elementos que no tuvieron la más mínima consideración con sus ansías de vivir. Tan solo lo salvó algo que está mucho más allá de lo que los marinos pueden entender. Desde los principios de la historia, se trató de ponerle nombre a quien decidía entre la vida y la muerte en el océano. Poseidón, Neptuno, Proteo..,el ser humano necesitaba alguien a quien culpar de sus desgracias y a quien agradecer sus logros.Pero él, como verdadero marino, como uno de esos hombres que hacían del mar su hogar, sabía que lo que realmente podría llevar su nave a puerto con total seguridad, lo que haría que quisiera volver a salir a navegar sintiendo que hay posibilidad de regresar a casa, no era otra cosa que la oportuna y siempre ansiada luz del faro. Esa luz le guiaría en medio de la peor de las tempestades y más allá de radar, sonar, gps y geolocalizadores, él descubrió que la verdadera oportunidad de triunfo radicaba en saber encontrar el haz luminoso entre los negros nubarrones y las olas de más diez metros que engullían vidas sin el menor sentimiento de culpa.
Después de la tempestad, llegó la calma y fue esa calma lo que más le preocupó. Desde que volvió del fondo marino, contra todo pronóstico, salía a la mar asustado, nervioso y excesivamente cauto.En esta última salida, en la que el pequeño velero se resintió de las secuelas de averías mal reparadas, aún no había conseguido localizar el faro de las costas hacía las que dirigir el rumbo y, sabía que sino daba con el faro lo antes posible, volvería a adentrarse en una de esas tormentas que no permiten la huida. Ya había tenido la inmensa fortuna de escapar de la peor de todas pero no era imbécil y sabía que los dados no suelen repetir las jugadas en tiradas consecutivas.
Entonces, cuando más preocupado y asustado estaba, cuando había decidido resignarse y no ofrecer resistencia, encontró la luz. Aquel faro destacó en lontananza cuando menos lo esperaba sorprendiéndolo por la fuerza de su brillo y por lo increíblemente oportuno de su aparición y ofreciendo la posibilidad de llegar sano y salvo a una vida que sería como él fuera capaz de diseñarla, pese a todo.
Dejó que la corriente lo arrastrase hacia la costa y guiado por el faro salvador pero con mucho esfuerzo, pericia y habilidad marinera que creía perdida, consiguió dirigir la nave hacia la luz, salvando los escollos. Cuando ya se supo a salvo de los peligros que hasta que identificó el faro no quiso enfrentar, cerró los ojos y respiró profundamente, prometiéndose a si mismo que siempre le estaría agradecido a aquella necesaria garantía de los hombres del mar. Y desde entonces, cada día que pasa, da gracias a los hados por haber cruzado su torpe y errático camino, con la hermosa y necesitada luz de aquel faro.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Para Rove

Mi padre me enseñó la importancia de la palabra empeñada y ayer te prometí que te escribiría esto. 
Los dos únicos tesoros que tenemos los pobres, son la madre y la palabra y tanto mi madre como mi palabra, son sagradas para mi. 
Espero que te guste. Amo la poesía pero para mi desgracia, no se me bendijo con ese don. Naci para la prosa, para perseguir sueños inalcanzables y para plasmarlos en un relato o en una novela.


Viniste hasta mi con amor luminoso,
encontré mi camino a los pies de tu faro,
rompí con aquello viví temeroso,
oquedad en mi pecho que por fin has sanado.
Navegaré como Ulises sorteando peligros,
instantes de vida que son remolinos,
compartire nuevas sendas que marcan los siglos,
aliviado bendigo lo que ya comprendimos.
A tu lado el camino parece seguro,
consciente de la suerte que tuve al conocerte,
impides que me rinda, que choque contra el muro,
no hay muro que me impida escapar de la muerte.
Olas, mareas, corrientes y vientos,
restos de algas que ensucian mi nave,
el camino es difícil pero en estos momentos,
viviré  agradeciendo que tu fuerza me ampare.

lunes, 9 de octubre de 2017

La leyenda de la princesa farera




 No hace mucho, mucho tiempo y en un país nada lejano, nació una niña que serviría de instrumento al destino y fue marcada con el estigma de la comprensión . Eso la convirtió en una princesa entre las de su especie. Creció, vivió mil experiencias y la preciosa mujer que llegó a ser habitó entre nosotros. Parecía no ser plenamente consciente de la misión que le encomendaron los hados pero todo fue tomando forma y comenzó a darse cuenta de que eran muchos los que de alguna manera, identificaban su luz y se acercaban a ella escapando de las sombras y de los peligros de este inmenso y profundo océano que es vivir.
Al principio no entendía el efecto que causaban sus palabras pero todo cobró sentido cuando descubrió su vocación y se instaló en el hermoso faro en que convirtió su cuerpo.  Desde él y con el potente haz luminoso de sus sentencias siempre oportunas, ayudaba a los marineros perdidos a salvar los escollos y a escapar de un naufragio seguro, guiándolos hacia tierra firme.
Un día, se encontró con un capitán de navío que desolado y atemorizado, reparó en su luz y tras atarse al timón decidido a hundirse con su barco, se acercó hasta ella.  Con extrema delicadeza pero con la firmeza que le confería el ser  una garantía de seguridad, lo recibió con cariño y no dudó en indicarle el camino a seguir para esquivar los arrecifes y sortear los inmensos remolinos que podrían engullir su nave. El camino que trazó, debería recorrerlo el solo, pues aunque el en otro tiempo audaz marino, le pidió que le acompañase en su viaje, el cometido que le habían encomendado quienes deciden el destino de los hombres, no era más que iluminar la ruta más segura. y guiar así a los corazones perdidos hasta la tierra firme de una existencia feliz.
El angustiado marino, apretó los puños, sonrió a la farera emocional y se decidió a emprender el camino que ella le había marcado, sabedor de que no solo sería un buen camino, sino el mejor camino. El único y el necesario desde la posición a donde había llevado la goleta, al haber confundido la latitud en sus cartas de navegación y haber perdido la brújula como consecuencia de un golpe de mar. Al comenzar a seguir la luz que emanaba de la brillante comprensión y complicidad de la princesa farera vio sorprendido como se abrían los cielos en  las horas más oscuras de su vida y como una inmensa sonrisa descendió de las alturas de unos labios celestiales y se posó en el mascarón de proa. Aquello solo podía ser un buen augurio. Bendijo la causalidad por haberle llevado hasta ella y se prometió a si mismo, ser capaz de volver a tomar el rumbo adecuado que lo condujese a la felicidad que aquella radiante luz llena de verdad, sinceridad y conocimiento, le había descubierto. 
La princesa supo al ver la decisión en los ojos y en los gestos de aquel hombre perdido que estuvo tan cerca del naufragio, que siempre compartiría su luz y cada una de las almas que hubiese ayudado a escapar de los innumerables peligros que entraña una navegación confusa y errática le reportaría la mayor de las satisfacciones.
Y como no podía ser de otra forma, fue muy feliz y se pego un festín de perdices, maridado con un delicioso gintonic cortesía de aquel marino que siempre haría sonar la campana cuando navegara frente a su faro en señal de reconocimeinto, eterno agradecimiento y auténtica adoración.



domingo, 8 de octubre de 2017

Buen camino

Se encendieron los pitillos con una metáfora necesaria, en la que ella prendió el pitillo de él y él prendió el de ella. 
-Si tu no enciendes el mio-dijo ella -yo no podré fumar pero tranquilo. Yo encenderé el tuyo. Si solo te miras el ombligo y te preocupas de vigilar que la llama de mi mechero alcance tu cigarrillo en lugar de que la del tuyo de fuego a mi cigarro, no vivirás el abrazo y el mutuo cuidado que esconde este gesto-
Él había pasado tanto tiempo perdido, buscándose en una nueva realidad que no alcanzó a comprender que por dos ocasiones, solo se preocupó de poder aspirar el humo de su cigarrillo encendido pero a la tercera, entendió y asimiló el término real y el irreal de la hermosa metáfora y se preocupó de que ambos pudiesen fumar, sabedor de que ella no dejaría que diese una calada vacía de humo de tabaco.
Y así fue como sin saberlo, acababa de pedirle, de rogarle, de implorarle que pasase al interior de su pecho, se hiciera un hueco y se pusiera cómoda. Porque la quería siempre junto a él, aunque fuese en la distancia.
Desde que la vio entre el grupo de personas que habían acudido a aquella fiesta, notó sobre ella un aura especial, algo que no alcanzaba a comprender pero que lo atraía con la fuerza de un tornado. Él había hecho un esfuerzo acudiendo a la fiesta. De un tiempo a esta parte, solía declinar todas las invitaciones y solo aceptaba las que consideraba que no podrían generarle ningún tipo de problema (o  de momento incómodo) y dada la naturaleza de aquel evento(la celebración de cumpleaños de un ser querido) sacó del armario una de las sonrisas apolilladas, la lustró y se la puso con cuidado de no romperla. 
Cuando la encontró entre un pequeño grupo en el jardín del chalet de la homenajeada, la sonrisa que aún le quedaba excesivamente justa y le tiraba un poco de las comisuras de los labios creció y se adaptó sin esfuerzo a su melancólico semblante. Al principio y como le acostumbraba a suceder desde ciertas catastróficas desdichas sufridas tres años antes; tuvo que hacer un verdadero esfuerzo mental para asociar su rostro y su nombre y ubicarla entre los desordenados recuerdos del pasado pero en cuanto intercambiaron los dos besos de rigor y comenzaron a hablar, todo fue recolocándose por si mismo y afloraron algunas vivencias comunes, algunos momentos alegres y sobre todo y por encima de todo, una conexión tan salvaje que sintió incluso un pequeño mareo cuando leyó en sus ojos que aquello era real y estaba sucediendo.
A lo largo de la noche, entre artesanales gintonics maridados con cariño, canciones oportunas al ritmo de buenos deseos y conversaciones intensas, profundas y necesarias, él fue capaz de rescatar del armario de su alma, la completa colección de sonrisas que pasaron de las más cálidas (por lo sentidas) de la temporada otoño-invierno a las más amplias y frescas (por lo espontáneo) de las de la temporada primavera-verano.
Intercambiaron mucha sinceridad, mucha información existencial y un par de abrazos tan agradables como reconfortantes. 
Al despedirse de ella, supo que volverían a verse antes de que se borrasen las ondas que la piedra que lanzó con su conversación,crearon en el profundo estanque de su alma. Y supo también que pensaría mucho en su mirada, en la fuerza de sus palabras, en la sinceridad de sus sentencias y en el calor de su contacto.
Decidió entonces que ya que iba a dedicarle mucho de su tiempo y muchas de sus emociones, lo haría en el entorno adecuado con la disposición adecuada y con el objetivo adecuado. Se organizaría para volver a caminar con dirección a Santiago de Compostela como hizo una vez en el pasado pero en esta ocasión, no llevaría otra compañía que la del recuerdo de su voz, del olor de su cabello y de la perfección de sus caderas.
Esta vez caminaría consigo mismo y con lo que esperaba de la vida, con lo hermoso de algunos reencuentros y, con la necesidad de conocer la respuesta a las preguntas que desde hacía tres años no le dejaban dormir. 
Sabía que gracias a ella, viviría un buen camino.

viernes, 6 de octubre de 2017

Preferencias

Descorrió por completo la cortina que ocultaba el enorme ventanal junto a la mesa, subió la persiana y la luz de la mañana entró en la sala iluminándolo todo, incluso su corazón, tan confuso aquel día.
Mecánicamente encendió un cigarrillo, se sentó frente a los folios en blanco, bebió un sorbo del café con leche que se había preparado como único dopaje para la dura prueba emocional a la que iba a enfrentarse, comprobó la carga de la estilográfica y comenzó a escribir. 
"Buenos días, princesa". El director italiano, Roberto  Benigni, había monopolizado el saludo que eligió para el inicio de la carta al convertirlo en el leit motiv más reconocible de su película "La vida es bella" pero aún a pesar de que su amada lo tachase de poco original, no quiso renunciar a comenzar así la misiva. 
Una vez rompió el hielo y escribió las primeras palabras, llegó lo verdaderamente difícil, es decir, darle forma a todo lo demás. ¿Cómo decirle que sentía una necesidad imperiosa de comunicarse con ella? ¿Cómo explicarle que prefería hacerlo así, mediante una carta escrita de su puño y letra y no de forma más ágil, como a través de un whats app o de un correo electrónico? Una vez, leyó que el difunto escritor portugués, José Saramago, había escrito que las lágrimas nunca podrían borrar la tinta de un email. En cualquier caso, cuando media hora antes de comenzar a escribir se había levantado de la cama, Laertes supo que no reuniría el valor suficiente para descolgar el smartphone y llamarla. No sabría que decirle. Él, que siempre se preciaba de tener la garganta cargada con  palabras oportunas y del calibre adecuado. Desde luego, se descubría ante ella por ser la única mujer que le había conseguido hacer enmudecer. Y no era la única mujer que le amedrentaba, ni mucho menos. Laertes es un tipo valiente y se enfrentó sin miedo a todas las situaciones que se le presentaron a lo largo de una vida excesívamente compleja y difusa pero a lo único que temía enfrentarse, era a una mujer a la que concediese una mayor claridad de pensamientos y emociones de la que él pudiese llegar a conseguir. Si a eso le sumaba todo lo que lo atraia de ella, su indiscutible atractivo físico, la seguridad de su tono de voz y la rotundidad de sus palabras; la comunicación epistolar, era la forma más viable de contacto.
"Sé que es posible que no quieras saber nada de mi, e incluso que no llegues a leer esta carta pero me veo moralmente obligado a escribirte porque he sido tan estúpido para permitir que abandonases mi vida y que  me condenases al olvido, que para mi ha sido el más duro de los destierros. Prefiero que rompas la carta sin llegar a abrirla a no  franquearla por cobardía."
Repasó una y otra vez aquel pequeño párrafo que le salió de forma inconsciente y veloz, como si se tratase de la escritura sintomática de un médium en una sesión espiritista o de un poseído de Albacete escribiendo en arameo. Sonrió al hacer esa mental analogía porque en efecto, estaba poseído. Poseído por completo por un sentimiento de tal magnitud, que sus actos y sus pensamientos ya no le pertenecían solo a él. ¿Cómo abrir la espita de su pecho para que manase el caudal de emociones y llegase hasta ella en forma de torrente cristalino? Prefería hacerlo por escrito. 
El cenicero se iba llenando de colillas a medida que la pluma estilográfica recorría un folio tras otro y ates de que se diese cuenta, ya había emborronadodo media docena de ellos con la declaración de amor más sincera y más honesta que se hubiese escrito nunca. Pero al darse cuenta de que nunca había apuntado sus señas, casi se desmayó de rabia. Y había llegado a dormir con ella, allí, en su casa, aunque como el no condujo aquella  noche al delegar la responsabilidad en un taxista al que ella indicó el camino de forma escueta y precisa, no reparó en interiorizar la dirección.
O quizás no. Quizás no había llegado a dormir con ella más allá de su imaginación y aquella noche de pasión y placer había sido solo producto de sus sueños y por eso no conseguía recordar lo que escribir en el anverso del sobre. Sabía que su casa estaba en una pequeña población de su provincia pero para su desgracia, disponía de muy pocos datos para realizar el envío. Solo su nombre. Lo escribió con caligrafía de concienzudo y artístico amanuense y tras terminar de hacerlo, se sirvió una salvadora  medida de whisky en la ya vacía taza del café. Mientras bebió aquel néctar de malta escocesa, pensó en su sonrisa y en sus increibles curvas y se sintió renacer. Había encontrado la solución: encontraría sus señas en internet a través de las redes sociales. Bendito progreso. Benditos  modernos mentideros públicos y púlpitos virtuales donde la gente sube a lanzar sus soflamas y proclamas desde la supuesta impunidad de la pantalla del ordenador .
Antes de ducharse y vestirse para salir a la calle a sellar su destino, Laertes encendió un último cigarro y disfrutó como nunca de la dosis de muerte, americana y baja en nicotina.

lunes, 2 de octubre de 2017

Cuando tu mundo se acaba

"Tanto vagar para no conservar, nunca nada"
Tarareando una muy apropiada canción de la banda que de jovencito le descubrió lo que esconden las guitarras eléctricas, los pantalones de cuero,las letras soberbías y la pose de artista maldito, caminó con las manos en los bolsillos, el afilado cuchillo en el interior de la bota izquierda y la sonrisa en los labios.
Su vida se ha convertido en una farsa tan grande, que fantasea con sufrir un repentino, misericordioso e indoloro ataque al corazón, o con que desde un tejado samaritano, caiga una teja salvadora que destroce su cráneo y le produzca una muerte instantánea. Cualquiera de esas cosas que suceden a diario a lo largo del planeta y que todos consideran como producto de la mala suerte pero él ve como la solución a todos sus problemas. Benditas cáscaras de plátano sobre el asfalto que conceden a unos pocos elegidos el alivio del descanso eterno.
Hasta hace poco consideraba la vida como un jardín privado, en el que tumbarse a disfrutar del canto de los pájaros y el olor de las rosas pero hoy, ni siquiera encuentra agradable la imagen de una flor de loto; algo tan exótico y relajante, tan simbólico y enigmático que en muchas culturas representa el no va más de la conexión con la energía que todo lo mueve. Por descontado ha aprendido a repudiar el graznido de las aves que lo sobrevuelan picotenado las migajas que le caen de la boca, deseosas de que tropiece y deje de respirar y  moverse para darse un festín con sus entrañas y sus globos oculares.
Ha pasado de vivir en un mundo mágico y lleno de color a deambular por una existencia tenebrosa y en blanco y negro. 
Y él nunca ha sido así. Siempre se lo veía sonriente, rodeado de gente, adorado por todos. Siempre dispuesto a repartir abrazos, besos y caricias, sazonado todo ello con la mejor de sus sonrisas y con las palabras adecuadas y oportunas, elegidas con esmero. Pero por fin ha madurado y ha descubierto el secreto de todo y las respuestas a los grandes enigmas que componen eso a lo que llamamos vida. Puede que el conocer las respuestas sea lo que lo  ha llevado a  perder la fe. Puede que conocer la verdadera naturaleza del ser humano le haya hecho desesperar y renunciar a sentimientos que creía inmortales, como el amor, la amistad y la gratitud. Ahora conoce las reglas del juego. Al fin ha reunido el valor suficiente para leer la letra pequeña y saber que pase lo que pase y le pese a quien le pese, él no aceptará el código establecido y abandonará la partida si con cada tirada, los dados se llevarán por delante todo lo que encuentre sobre el tablero de su alma. Pase lo que pase y le pese a quien le pese, incluso a él mismo, está dispuesto a perder una y otra vez. Tantas como juegue. Y ya no quiere jugar más. Por eso lleva un cuchillo. Sabe que alguien vendrá a reclamar su puesto en la casilla de salida y esta listo para canjearlo por el comodín de la sangre, que todo lo puede.
Matar o morir son caras de la misma moneda y él sabe que la suya nunca caerá de canto.
Nació supuestamente puro y conservó la candidez y la inocencia hasta bien avanzado el juego, pero como todo en esta vida, lo que tiene que suceder terminará sucediendo y si, esa es una gran verdad,todo termina llegando, hasta lo bueno. Pero en su caso lo bueno llegó y pasó de largo y tuvo que contentarse con lo menos malo hasta que comprendió también que lo menos malo se transformó en el paradigma de una falsa felicidad. 
Y saberse falsamente feliz le hace desgraciado. Y saber que nadie entiende su desgracia le lleva a recluirse cada vez más en la carcasa  que lo identifica como varón caucásico de mediana edad. Y está realmente harto de que además se lo considere afortunado entre los de su especie, por haber caído en la casilla de la vida extra y haberse convertido en un privilegiado sin merecerlo ni haberlo pedido. Aquello no fue más que una buena tirada en la que los dados se dieron la vuelta en el último momento al rebotar con la ficha de un jugador que merecía mucho más que él caer en aquella casilla y sin embargo, fue eliminado.
Nada es justo. Nada.
"¿Querrás tu rectificar, las lineas de  mis manos?
Aún a punto de conseguir dejar el tablero, algo dentro de su pecho le obliga a agarrarse al juego con uñas y dientes. Algo que siempre ha disfrazado de cuerpo de mujer y no es más que el deseo de hallar un alma gemela que sepa comprenderlo, que comparta sus inquietudes y sus miedos y que seque sus lágrimas cada noche abrazado a su imperiosa necesidad de descifrar el dibujo de los posos del café.

sábado, 30 de septiembre de 2017

Palitos en el encerado

Al haber nacido tan tarde y ser el alumno más pequeño de su clase, la tutora le encomendó la misión de ir poniendo palitos en la pizarra, junto al nombre de cada candidato a delegado de Primero D. Lo hacía según Antolín, el compañero que había repetido dos veces octavo y era el mayor de todos, iba leyendo los papelitos con los votos de los alumnos.
En el patio de los mayores durante el recreo, los nuevos compañeros que habían pasado a  formar parte de su clase tras la unificación al cambiar a B.U.P. , los reunieron a todos y les dijeron que ellos celebrarían una votación a parte. Que siempre habían sido de "E" y que si llevaban desde primero de E.G.B juntos y con sus cosas, sus propios  delegados,  equipos y hasta sus propios empollones, que no tenían porque ponerse a las órdenes de nadie de "D".  Personalmente Pinzón (el copista  amanuense del encerado) estaba convencido de que lo que realmente les escocia a los de "E" era que siempre perdían los campeonantos del cole y que el orgullo y la envidia les impedía asumir que al haber cambiado las antiguas normas de la E.G.B y, pasado a primero de B.U.P. menos alumnos, ahora  tenían que aceptar el ordenamiento les gustase o no.
Antolín leyó uno a uno los nombres de los papeles y él se esforzó en ir poniendo los palitos junto a los nombres de Antunez, Morata y Polisono. Cuando Antolín leyó "Pajaroto",a todos les dio la risa.
Era la tercera vez que salía ese personaje de "Pocoyó" y la tutora aprovechó para explicarles lo que era la democracia, lo que eran los votos útiles y la importancia que tenían los votos. Les habló de Grecia y de como entonces los políticos eran servidores del pueblo y a los que no lo hacían bien, en vez de hacerles encargados de los recursos al finalizar su mandato, los echaban de la Polis o les obligaban a beber un veneno llamado Cicuta. El nombre del veneno dio lugar a la inmediata rima de Gastón el poeta de la clase, cosa que le costó la expulsión. Eso si, tras haber votado.
Morata solo llevaba dos palitos y eso era algo previsible. El año pasado fue delegado de octavo "D" y siempre se quedaba con lo que sobraba de las fotoccopias en vez de devolverlas a la clase. Vale que como mucho se quedaba con cinco duros o con treinta o treinta y cinco pesetas pero se lo gastaba en chicles y gominolas y eso no era justo, porque podía haber juntado lo que sobraba de todas las fotocopias del curso y haber comprado un balón reglamentario para la clase o haber colaborado con la fiesta de fin de curso. Pero no, él se lo gastaba siempre en lo que le apetecía y además no daba explicaciones porque lo consideraba suyo, ya que era quien iba a hacer las copias.
Antunez iba ganando. Es un buen chaval que cae bien a todos y ha sabido congeniar con los de "E" a base de reírles las gracias. Pero su preferido y a quien había votado, era Polisono. Polisono es el que más corre de clase y quien en más de una ocasión, había saltado la tapia para coger el balón, aún a costa de de poder caerse o de romperse los pantalones. Es un chaval muy majo y que se sacrifica por el grupo.
Finalizó la votación y quitando los tres votos de "Pajaroto", solo había treinta votos válidos. Antolín reunió quince votos en blanco, tantos como alumnos de octavo "E" se habían incorporado a la clase.
Tras felicitar a Antunez y nombrarlo delegado, la tutora nombró a Polisono subdelegado. Antunez habló y dijo que podrían confiar en él, que daría las vueltas de todos los encargos y que se ocuparía de apuntar a los abusones del patio de mayores para denunciarlos al consejo escolar. Polisono tomó la palabra y explicó que él se ocuparía de todo cuando Antunez faltase y que su primera misión sería la de tratar que funcionásemos como una clase unida.
A la salida y mientras los repetidores, ayudados por Morata distraían a Polisono y a Antunez, los de "E" hicieron su propia votación en la pared del patio, apuntando con una tiza robada a la tutora los palitos de sus dos candidatos, ganando Roncedo como delegado y Rosario como subdelegado. Aunque no era una votación legítima ni oficial y, la tutora no lo habría consentido por ser una minoría dentro de la clase y por haberse aprovechado de su descuido para robar la tiza, todos supimos enseguida los resultados porque otros chavales del patio aplaudieron y corearon los nombres. Para estos chavales, aquello era un ejercicio de democracia y de libertad de expresión pero eso era porque no sabían que se hacia de espaldas a la tutora y al coordinador de B.U.P, a las normas el colegio y a sus propios compañeros de clase,que eran mayoría y que querían contar con ellos para todo.
A veces incluso ejercer el derecho al voto, podía generar problemas y diferencias entre los amigos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

No es una opción

Con fuerza, con ansiedad y sin clemencia, frotó una mano contra la otra debajo del chorro del agua caliente que salía a presión del grifo abierto a tope. Prescindió del elegante jabón de tocador que había dejado allí el agente que gestionaba el material necesario y, optó por utilizar una pastilla de jabón anónima, de esas que se encuentran en la mayoría de los acuartelamientos y bases militares a lo largo de los cinco continentes.
De todos los complejos incógnitos y terriblemente asépticos donde habían sido reclamados sus servicios, esta base secreta camuflada bajo la inocente envoltura de una franquicia de cosméticos parisinos era el que más le estomagó. Quizás vestir con elegancia el peor de los horrores a los que podía llegar el ser humano, le resultaba excesivamente irónico y desagradable. 
Mientras realizaba el curso de especialista en interrogatorios que le impartió el jefe de la unidad calabresa, supo que aquello terminaría pasándole una excesiva factura emocional y que terminaría con los restos de ingenuidad que aun no había sacrificado a los intereses de la patria.
Al recibir el mensaje de texto codificado, donde se le pedía en clave que acudiese allí, para "conversar" con una "ingeniera" palestina, algo le hizo pensar en poner tierra de por medio y escapar de todo aquello. pero no reunió el valor suficiente para escuchar a su conciencia y tras extraer el material necesario de su maletín de cirujano plástico, acudió a la dirección indicada y marcó el código en el portero automático. Una voz con fuerte acento del sur de Francia, le pregunto quien era y respondió lo indicado en su teléfono móvil. Una vez hubo accedido al interior del local, fue recibido por el agente encubierto que lo acompaño hasta la sala donde procedería al interrogatorio y, le presentó a la mujer que sedada y atada de pies y manos, esperaba un tiro de gracia que le concediese el alivio  de una muerte digna y rápida.Comprobó las constantes vitales de la terrorista palestina y estudió por medio de unas pruebas básicas de respuesta a los estímulos externos, la capacidad de resistencia a las técnicas más expeditivas.
Tras prescindir de la escopolamina y otros clásicos de la profesión, pasó a inyectarle la droga adecuada para que pudiese recobrar la consciencia plena y la sensibilidad absoluta pero permaneciendo con todas las funciones motrices en letargo.
Tras más de una hora de precisos cortes con el bisturí y la extracción de cuatro piezas dentales y un globo ocular, el trabajo había concluido.
Le impresionó ver como aquella fanática de la causa palestina había resistido el interrogatorio extremo y supo que para él, habría un antes y un después de aquel trabajo.
Resistió. En un momento de plena lucidez y sabedora de lo inmediato de su final, la joven que había detonado un potente artefacto al paso de un autobus escolar israelí, acabando con la vida de más de cuarenta niños y de tres adultos, le escupió una a una cinco palabras que se le quedaron grabadas a conciencia durante el resto de sus días: rendirse no es una opción.
Por mucho que se frotase la sangre de las manos, la que le teñía de rojo el alma le acompañaría hasta que el destino decidiese hacer justicia poética en una carretera holandesa y, carbonizar por completo su cadáver, con las llamas del vehículo accidentado que conducía mientras recordaba la triste mirada de su última víctima.

lunes, 25 de septiembre de 2017

Su nombre

Como otras muchas mañanas, saludó a los trabajadores del establecimiento al entrar por la puerta del local y pidió un café con leche y azúcar moreno. Una mañana más, la camarera que le  sirvió el café con su habitual y espléndida sonrisa, cruzó unas pocas palabras con él, mientras atendía a otros clientes.
Él había convertido aquel establecimiento en uno de sus lugares seguros, puesto que todos lo trataban con amabilidad y cariño y siempre había disfrutado de cada minuto que pasó en el local, solo o acompañado por algún amigo o amiga. Es por ello por lo que cuando planificaba su actividad en la zona, reservaba un poco de tiempo para detenerse allí, a tomar un café, o una cerveza, dependiendo de la franja horaria de la que dispusiese para el pequeño y necesario impás en el ajetreo diario.
La morena y atractiva camarera de sonrisa perpetua, era la poseedora de un nombre casi tan bonito como ella y terriblemente metafórico. Mientras saboreaba el café, el tímido cliente habitual pensó que no entendía porque ella había cambiado su nombre de pila por un alias que evocaba imágenes de una cultura muy lejana y muy distinta a la suya.
Puede que el sobrenombre escogido, le resultase más cómodo por ser corto, sonoro y pegadizo. Puede que simplemente considerase que aún no estaba capacitada para lucir con orgullo su verdadero nombre o puede que pensara que al utilizar su nombre real, pudiera resultarle ofensivo a  alguna persona de triste existencia, llegando incluso a despertar envidia en quien lo escuchase. La hermosa y eficiente trabajadora, había sido bautizada con el nombre de Felicidad y la expresión de sus ojos y el tono de su voz hacian honor a su nombre.
El siempre pensativo cliente abonó la consumición y se despidió de ella recibiendo otra inmensa sonrisa como regalo de despedida. Entonces maldijo interiormente su timidez y la baja auto estima que le había regalado una mujer en el pasado. Esa mujer, tras haber fingido quererlo, había expoliado todo lo hermoso que encontró en su corazón y en el interior de su alma dejando aquello como un solar, yermo y olvidado. 
Al salir del agradable lugar, encendió un pitillo pensando que a lo mejor, la tan ansiada búsqueda de la felicidad a la que había decidido dedicar toda su pasión creativa y toda su energía, ya había concluido al haberla encontrado a ella.
La vida es una metáfora continua.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Dedicatoria

Esta dedicatoria recogida en el primer libro que publiqué, allá por el año 2012, expresa lo que llevo sintiendo por mi prima Reyes desde que eramos unos niños.
Hoy Reyes cumple un año más y, desde luego es un motivo de celebración no solo para ella, sino para todos los que la queremos; familia, amigos, pareja...
A raíz de cierto suceso del que no procede hablar ahora, Reyes me demostró lo que significa la palabra familia y lo que es el amor y, cuando desperté del coma, allí estaba ella, agarrándome la mano y besándome el rostro, depositando con delicadeza sobre mí su polvo de hadas para que volviese a volar.
Hay un documento gráfico de ese momento,obtenido por el objetivo de esa sufrida reportera de sucesos que es mi madre, en el que se recoge exactamente lo que acabo de contar de ese despertar y que hasta hace muy poco, no podía evitar llorar de emoción cada vez que lo veía. Pero ahora cuando veo esa foto, sonrío al darme cuenta de lo afortunado que soy por tener a alguien como Reyes en mi vida, al saber que más allá de la sangre que nos emparenta, hemos forjado una inmensa amistad que nos acompañará durante el resto de nuestras vidas. De todas.
Siempre he sido un tipo bastante enamoradizo y durante años confundí por completo mis sentimientos hacia ella, disfrazándolos de amor de folletín decimonónico, de amor prohibido y condenado socialmente pero gracias a Dios, a Supergato o a quien sea, conseguí entender que lo que siento por ella y ella siente por mi, nada tiene que ver con versos y con rosas, sino con algo mucho más fuerte, más intenso y más duradero. Indestructible.
 A esa confusión inicial, colaboró el que Reyes sea una mujer preciosa, de infinitos ojos verdes y de curvas de reina del celuloide pero por encima de todo, tuvo la culpa lo terriblemente hermoso de su alma. Mi prima adquirió con la maternidad, un notable incremento de su natural ternura, su espíritu de sacrificio y su bondad  y, convivir con sus virtudes morales y sus valores, hacía practicamente imposible no volverse loco por ella. Pero eso no solo me pasó a mí. Desde hace unos años comparte vida y proyectos de futuro con un hombre que supo ver en ella algo más que belleza y que reconoció entre otras muchas increíbles cualidades, lo especial de su corazón.
Reyes siempre ha estado a mi lado, en los buenos momentos, en los malos y en los peores y siempre ha sabido aportarme aliento, esperanza y alegría. Mi prima es uno de esos seres humanos,  que hacen que cuando estoy junto a ellos, quiera ser mejor persona.
La debo mucho, muchísimo. Y algo que siempre le agradeceré es el haberme enseñado a entender los sentimientos más hermosos y a saber colocarlos en su lugar correspondiente. 
Hoy quería escribirle un texto, más allá de metáforas y fantasía, de hadas diminutas y niños que se niegan a crecer. hoy quería decir sin disfraz de ningún tipo y a  pecho descubierto, que soy plenamente consciente de la suerte que tengo por contar con alguien así a mi lado. 
Hoy quería dedicarle esta segunda oportunidad que se me dio hace tres años, esta nueva vida. 
Gracias, Reyes.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Siempre hay algo más

Tras vaciar la librería del salón, metió cuidadósamente los libros en las cajas de cartón que esperaban inquilino junto a la torre de cajas cerradas que albergaban otros libros y muchas cosas inútiles que le recordarían siempre el ayer, además de todos los discos que conforman la banda sonora de su vida.
El saber sí que ocupa lugar. Llegó a esta conclusión la primera vez que hizo una mudanza para separarse de ella.
Eligió con esmero  las fotos que se salvarían del exterminio y decidió que indultaría todas aquellas en las que su sonrisa y su mirada tierna, le recordasen lo idiota que fue tiempo atrás, cuando volvió a confundir deseo con amor y cedió a la insistencia de su instinto más animal.
Ahora, y a raíz de una serie de catastróficas desdichas encadenadas, había descubierto que los errores se terminan pagando. Siempre.
Ella lo quiso de verdad. Él no supo verlo, no pudo verlo, no quiso verlo. Ahora es tarde ya y la vida ha seguido girando y cambiando el atrezo de todas y cada una de las escenas que protagonizan estos dos actores inmersos en la mayor de las tragedias. Como reza una máxima teatral: en escena lo que no suma, resta. Y ninguno de los dos están para que se les reste más.
Pero siempre hay algo más y él ha descubierto sorprendido que esa "cla" que aplaudía con entusiasmo su interpretación, ahora silba y patea cada una de sus frases. Que difícil es la vida de la farándula. Que ingrata, que dura.
Con esmero cerró la última caja de libros en el que irónicamente, destacaba la cubierta del ejemplar de  "El amor en los tiempos del cólera" que ella le regaló.
Hizo un verdadero esfuerzo para contener el llanto que quiso brotar desde lo más hondo de su espíritu torturado por una conciencia que no paraba de echarle en cara lo increíblemente estúpido que había sido. Cargó todas las cajas que pudo sobre sus hombros y comenzó a bajar los escalones que lo conducirían hacia un futuro incierto sin ella.
En el destartalado baúl de su memoria, conservaría hasta el final, aquellas tardes de flautas y pianos en Granada y aquellos baños en una playa de la costa adriática italiana.
Al llegar hasta la furgoneta a medio cargar, vio que aún cabía algo más. Siempre habrá algo más.


miércoles, 20 de septiembre de 2017

Todo es cielo

Cuando los vecinos del pueblo y los miembros de diversos cuerpos de seguridad del estado que participaban en las batidas,se cansaron de buscar, solo la pequeña pero obstinada rubia de mirada inquieta decidió no abandonar a su amiga y se entregó a ello con más ahinco que fuerzas, pues estaba tan cansada que incluso esbozar una sonrisa le suponía un esfuerzo tal, que optó por  prescindir de sonrisas hasta el momento en el que hallase lo buscado.
Por causalidad, que no por casualidad, encontró ayuda en un forastero que se había hecho eco de la misteriosa desaparición a través de las redes sociales y al ver las ganas y el verdadero interés con el que la pequeña artista  se entregaba a la búsqueda sin perder el aliento, se ofreció a apoyar su lucha.
Nena, la rubia artista conceptual y One el forastero amante del hip-hop, de la canción de autor y de las causas perdidas, se reunieron en uno de los bares del pueblo para organizar la tarea frente a un café de puchero.
-Lo primero de todo, muchísimas gracias, one. Pero muchas muchas.- dijo Nena esbozando la mueca más parecida a la sonrisa que estaba dispuesta a derrochar como muestra de su agradecimiento.
-No tienes porqué darlas, Nena. Yo también he estado perdido y gracias a Dios o a Supergato, hubo quien se empeñó en no abandonarme y consiguieron dar conmigo y traerme de vuelta.-
One, realmente había pasado por algo similar a lo que Beba, la amiga de Nena debía estar viviendo. 
Él se extravió en alta mar durante un crucero familiar por las islas griegas, al no poder resistirse a bucear en aguas del Mediterraneo y haciendo caso omiso de las prohibiciones de la organización, haber saltado desde cubierta, ataviado únicamente con un neopreno, unas gafas de buceo, aletas y su pequeño cuchillo tobillero. Durante una semana permaneció en alta mar y cuando los especialistas de las armadas griega y  española, comunicaron a la familia la decisión de abandonar los rastreos, sus padres y sus hermanos se hicieron con un hidroavión y consiguieron localizarlo,agarrado a una boya meteorológica.
-La zona está llena de cuevas y galerías subterráneas, One. Esta, antaño fue una zona minera y, de pequeñas Beba y yo jugábamos a ser exploradoras buscando la Antártida primero y un atajo hacia el paraíso siendo ya más mayorcitas.-
-todo es cielo, Nena, lo importante es saber volar sin alas, aunque amenace tormenta-
Nena trazó un plano de sus rutas por las galerías subterráneas y dividió el perímetro en dos adjudicando a One la zona menos complicada, ya que ella la conocía mejor.
Durante dos días siguieron buscando incansablemente. Cuando ya parecía todo perdido y One fumaba un cigarrillo en el exterior de una de las galerías inspeccionadas, una mujer con evidentes síntomas de agotamiento y desnutrición, asomó la cabeza por una oquedad. Carraspeó y con un hilito de voz, se dirigió agradecida y llorosa al solitario fumador de sorprendida apariencia.
-Os he oído buscarme pero tengo la garganta tan seca y tan pocas fuerzas que no he podido gritar y al haberse roto la linterna al poco de haber descendido por los túneles, no supe encontrar el camino de regreso. Me he guiado por la voz de mi amiga Nena hablando a gritos contigo. Sé que te llaman One y quiero agradecerte el que no hayas tirado la toalla y hayas permanecido junto a ella.-
Después de esas palabras, que le debieron suponer un esfuerzo sobre humano, perdió el conocimiento extenuada.
Nena llegó enseguida y  con una enorme sonrisa de oreja a oreja, tomó en brazos a su amiga y la cubrió de besos. One llamó desde su  móvil al teléfono de emergencias y en pocos minutos, una ambulancia precedida por un todo terreno de la Guardia civil, apareció entre los árboles.
Siempre hay esperanza. El secreto está en no ceder a la estadística y a lo supuestamente lógico.
Hay muchas personas que se pierden a diario y tan solo debemos tratar de guiarlas hacia la luz.

sábado, 16 de septiembre de 2017

El poema definitivo.


Se levantó de la cama con sigilo y saliendo del dormitorio, encendió un pitillo con el mechero de gasolina. Se deleitó con la primera calada, disfrutando del sabor y del olor de la gasolina mezclada con el aroma del tabaco rubio. Esa primera calada siempre le recordaba a los cuasi eternos viajes veraniegos con su padre, durante aquellos años felices que fueron los de la infancia. 
Cuando paraban a repostar, su padre le pedía al operario de la estación de servicio que permitiese a su hijo  hacerse cargo de la manguera del surtidor y dispensar la gasolina,siempre Super.  Aquello hacia sentirse importante al pequeño, quien siempre trataba de controlar prudentemente el caudal de combustible para que no excediera ni una peseta de la cantidad indicada por el cabeza de familia.
Echaba de menos a aquel niño que fue; obediente, responsable y feliz. Pero por encima de todo echaba de menos a su padre. Una persona de ese tipo, la encuentras una, o con suerte dos veces a lo largo de la vida y te dejan el mejor de los recuerdos al morir. Y el mayor de los vacíos.
La mujer, dormida y cubierta parcialmente por una sábana que dejaba a la vista la perfección de sus pechos y la hermosura de su vientre, emitió un pequeño quejido entre sueños. Debía de tratarse de uno de esos sueños cercanos a la pesadilla puesto que su semblante y su ceño fruncido evidenciaban que había llegado el momento de despertarla con un cariñoso beso en la sien.
El aprendiz de poeta apagó el cigarrillo en un cenicero situado estratégicamente sobre una mesita del pasillo, que él mismo colocó habilmente junto a la puerta de la habitación. Ella también fumaba pero desde la primera noche que decidió quedarse a dormir, haciendo suyo hasta el último rincón de la casa y del corazón del enamorado escritor, dejó muy claro que el dormitorio debería ser un espacio libre de humos. 
Tanto la quería, que incluso las escasas noches en las que ella no dormía en casa, renunció a uno de sus pitillos favoritos: el de la satisfacción del deber cumplido tras acostarse y descansar de una larga jornada de trabajo pegado a la máquina de escribir, rompiendo un poema tras otro hasta perdonar la vida del elegido.
Dejó el mechero junto al cenicero donde agonizaba la colilla del pitillo reponedor y, con extrema delicadeza, se sentó junto al cuerpo de su amada y rodeándola con sus brazos, le besó dulcemente la sien izquierda, hasta que se despertó escapando de los caprichos del inconsciente.
Algo dormida y confusa aún, reconoció en los azules ojos del hombre que tenía a su lado, el amor sobre el que había leído en docenas de poemarios de poetas y poetisas a lo largo de su vida y, suspiró reconfortada y deseosa de que aquel momento no terminase nunca.
Sabedora de que él lo estaba esperando desde la feroz distancia del mayor de los respetos, le acarició juguetona el pecho y el vientre, dejando que la mano descendiese hasta el lugar donde querría vivir siempre. Él recibió sus caricias con una mezcla de pasión, cariño y placer tal, que en pocos segundos entró en ella y acompasó los latidos de su corazón con el movimiento de las caderas, arqueándose al notar como ella se humedecía hasta el extremo. No pudo evitar dejar escapar un enorme suspiro de gozo que hizo que ella se aferrase a sus espalda con tal ímpetu, que a punto estuvo de provocar que todo terminase en aquel justo instante. Pero controlando el caudal de su amor, como controlaba en la infancia el del combustible dispensado, él siguió amándola durante unos cuantos minutos más que se convirtieron en los mejores de todas sus vidas. Porque una vez murió al haber amado y perdido a otra mujer y, al amar y sentirse amado por la que ahora le arañaba la espalda, sabia a ciencia cierta que había renacido y que estaba viviendo una nueva y plena existencia. Solo le pidió a Dios que esta vez no lo castigase con la misma traición que le había roto el alma en un pasado no demasiado lejano y, que entendió como castigo por los pecados de juventud. Aunque como castigo había sido algo desproporcionado. Sobre todo si Dios es todo misericordia. Por eso cuando lo pregunataban por su fe, solía declararse sarcásticamente, "gatólico" practicante. 
El orgasmo lo sorprendió besando cada centímetro de la boca de la walkiria que lo acompañaría hasta el Walhalla el día que fuese a reunirse con su padre.
La muerte no es tan horrible, cuando sabes que te esperan allí. 
Lo peor de morir, se le antoja tan solo el saber que aún no ha escrito ese poema por el que se le rcecordará siempre. Ese poema que se  llamará como ella. Ese poema que será ella, sonará a ella, tendrá su misma cadencia y, al recitarlo, la estará describiendo al hacer el amor.

martes, 12 de septiembre de 2017

On guard

Lo había intentado evitar por todos los medios, Dios lo sabe pero las cosas se torcieron y al final no hubo más remedio que cruzar los aceros.
Prudente y sabedor de que una mala estocada podría llevarlo al hoyo, Dumas se esmeró al vestirse para el duelo. Procuró eso si, llevar ropa que le permitiese cierta soltura de movimientos, pues no todo en este mundo es vivir rápido, morir joven y tener un hermoso cadáver. Nunca fue un esclavo de las modas pero lo que si que tenía muy claro es que en la pequeña ciudad en la que residía, los mentideros públicos se harían eco de todos y cada uno de los detalles del duelo y del aspecto de los contendientes y, las lenguas viperinas que todo lo adornan y exageran, harían astillas y no solo leña, del árbol caído.
El azul y el negro siempre fueron colores con los que se sintió muy cómodo por lo que eligió unas calzas y un jubón tan negros como el alma de su contrincante. Ató sobre la nuca su largo cabello rubio, con un lazo de idéntico color e introdujo un afilado cuchillo en su bota derecha y el sable que heredó de su padre en la vaina que colgaba del cinturón, en el que también portaba una pistola francesa de perrillos, cargada y lista por si las cosas se complicaban en exceso.
El sable de su padre era de un formidable acero toledano, con guarda española y una piedra preciosa incrustada en el pomo. Cuantas veces siendo un niño, le había ayudado a afilarlo a la perfección con una piedra comprada al maestro herrero, con el que ya habiéndose ganado Dumas el que lo llamasen hombre, había luchado espalda con espalda en tierras italianas.
Aquel herrero había servido en el mismo regimiento que su padre hasta que ambos fueron licenciados con honores. Al crecer, su padre accedió a llevarse a Dumas con él a la campaña de Nápoles y allí lo enseñaron a curtirse en la batalla y en los burdeles de la ciudad. 
Dumas, a fuerza de necesitarlo por supervivencia, se convirtió en un maestro en el arte de la esgrima pero no esa esgrima de salón que practican los franceses, sino esa lucha a muerte en la que todo vale y, en la que los dos metros de acero toledano se convierten en en indicador de la distancia que nadie debiera rebasar, so pena de llevarse los veinticinco centímetros de la hoja de su ligero y afilado cuchillo, clavados en el pecho o en el cráneo.
Este duelo sería un duelo tabernario, muy español. Sin necesidad de testigos ni padrinos, solo de agallas y de la suficiente arrogancia como para no permitir traicionar la palabra empeñada y el honor de caballero.
Cuando llegó al Campo Grande, campo de Marte de su ciudad, desmontó el caballo, lo ató al torco de un árbol y se encaminó hacia la Fuente de la fama, lugar elegido para el encuentro. Como había previsto le tocó esperar unos minutos hasta que vio aparecer la silueta altiva y pomposa del hombre que lo había retado. También como había previsto, su oponente no llegó solo. La  enfermiza megalomanía que este sufría, el ansia desmesurada de gloria y la necesidad de impresionar a cuantos le rodearan, hombres o mujeres, habían hecho de aquello prácticamente una merienda campestre. Mejor. Así habría testigos de que el valiente solo es valiente, hasta que el cobarde ha querido.
Cuando de forma teatral e incluso ridícula, el otro duelista, el popular y populista Satiem, gritó "On guard" y flexionó las rodillas desenvainando su acero (seguramente virgen, por que este era el típico personajillo petulante y traicionero acostumbrado a que otros matasen en su nombre), Dumas decidió terminar lo más rápido posible con aquella farsa y adelantó la pierna derecha, cargando contra aquel fantoche con una estocada de tal vigor que al no esperarlo su contrincante pues lo tenía por un débil y sensiblero galán, lo desarmó en el acto. 
Por caridad cristiana no le permitió demasiado tiempo implorar piedad y humillarse, clavándole en la cabeza el cuchillo que extrajo de la bota, según Satiem se arrodilló ante él y se agarró a sus piernas con el rostro bañado en inútiles lágrimas. 
Una de las damas que se  habían personado allí, al  haberla convencido el presuntuoso finado de que Dumas no reuniría el valor suficiente y no osaría acudir a la cita, se desvaneció  yendo a caer de espaldas al agua del vecino estanque al ver a Dumas despegar trocitos de masa encefálica de la hoja de su cuchillo.
Dumas no disimuló la carcajada al ver aquel desmayo de folletín, cosa que le costó críticas a su galantería en los mentideros públicos vallisoletanos.
La historia del duelo entre aquel soldadito de aspecto dulce y de honrado apellido y el afamado personaje provinciano, cuyo única habilidad había sido la de saber siempre a que árbol arrimarse; pasó de boca en boca aumentando en cada nueva versión, el número de segundos del lance hasta llegar a convertirlo en un combate a muerte de varios asaltos, en el que Dumas había aprovechado un traspiés de Satiem y le había ajusticiado cobardemente.
Pasa siempre: Así se escribe la historia.

domingo, 10 de septiembre de 2017

Un vecino estupendo

Los medios de comunicación se agolpaban a las puertas del domicilio del sospechoso de haber cometido la docena de asesinatos en serie, que habían sobrecogido a la comunidad vallisoletana y al país.
La policía nacional maldijo la filtración a los medios de la noticia de la detención del único sospechoso y las consecuencias de dicha filtración, pues una muchedumbre se había congregado allí, atraída por las cámaras y los micrófonos y en ocasiones, los propios redactores de los informativos y programas de actualidad, animaban al gentío a increpar al sospechoso y a gritar pidiendo justicia.
Los quince metros que separaban el portal del coche patrulla que serviría para el traslado, se convirtieron en los doscientos metros obstáculos para los agentes que lo llevaban esposado y sujeto por los brazos y el cuello. 
Su aspecto sobrecogía por lo anodino. Un tipo normal, ni alto ni bajo, ni gordo ni delgado. no feo ni guapo sino todo lo contrario. Un tipo que perfectamente podría pasar inadvertido entre otros tipos semejantes durante una rueda de reconocimiento.
Según los habitantes del edificio, debía de haberse cometido algún tipo de error, pues el del tercero A era un vecino estupendo, amable, educado, respetuoso e incluso simpático con todo el mundo. De vida ordenada, no había dado ningún problema a la comunidad. La señora del tercero B confesó a la redactora de un informativo nacional que en ocasiones, veía entrar a su vecino acompañado de alguna mujer. No creía que fuesen prostitutas, eran según la entrometida vecina, "mujeres con buena pinta", unas rubias, otras morenas, alguna pelirroja, pero no obedecían a ninguna estética particular. No solían repetir las visitas o al menos ella no tenía constancia y, siempre que había visto a su vecino llegar al piso con una mujer, este las trataba con una corrección y una caballerosidad exquisitas.
El informe psiquiátrico que se le practicó, lo presentó como el perfecto psicópata de manual. El sospechoso no discernía el bien del mal y aseguró a los doctores, que realmente había hecho un favor a la sociedad librando a la comunidad de los doce hombres a los que había degollado y prendido fuego, antes de arrojarlos a la escombrera sita junto a las obras de la ampliación del cinturón urbano en el sector noroeste.
El sospechosos de estos terribles crímenes trabajaba como técnico de relaciones laborales para una multinacional asentada en la capital de provincia castellana donde se habían cometido los hechos.
Los crímenes tampoco seguían ningún patrón, exceptuando las causas de la muerte de todos ellos y su posterior incineración. Cada uno de los "ajusticiados"por este autoproclamado "ángel vengador" vivía, trabajaba y se movía en lugares distintos. A ojos vista no había un móvil común ni nada que los relacionase entre si. 
El sospechoso firmó voluntariamente su confesión y explicó que a todos los había conocido de oídas, al escuchar de boca de diferentes personas lo mezquino y despreciable del comportamiento de los difuntos para con las personas que le hablaron de ellos.
 Unos habían cometido adulterio o infidelidades en sus relaciones de pareja, otros habían abusado de la confianza de sus amigos, aspirando a lo que no los correspondía hasta conseguir hacerse con ello por medio de malas artes y, un par de ellos simplemente habían sido dañinos y desagradables con alguna de las personas del entorno del detenido.
El afilado cuchillo "botero" con restos de sangre encontrado en el primer cajón de su mesilla de noche era obviamente el arma del crimen y, el encendedor de gasolina que portaba en el bolsillo derecho de sus tejanos al ser detenido, le sirvió para encender todas las "piras funerarias" en las que había incinerado los cuerpos de sus víctimas.
El ministerio fiscal, lo acusó de los doce asesinatos con premeditación, alevosía y nocturnidad y pidió para él, la pena máxima aún sabedor de que el eximente de enajenación mental, lo llevaría a cumplir poco más de veinte años en un centro psiquiátrico y después sería puesto en libertad.
Cuando el juez dictó sentencia ordenando su confinamiento durante no menos de dieciocho años y un día en un centro psiquiátrico de máxima seguridad, el asesino sonrió y clavó su mirada, tan fria como azul en el objetivo de la cámara más cercana. Entonces pronunció tres palabras que helaron la sangre de las millones de personas que vieron la grabación: "Volveré a hacerlo".

viernes, 8 de septiembre de 2017

Falta de acierto

Lo ha vuelto a hacer. Inconscientemente, sin haberse dado cuenta de ello, el soldado Gizman vació su cargador por completo, disparando una ráfaga que solo  detuvo al levantar el dedo del gatillo tras escuchar el percutor del M16 golpeando en vacío.
Aquella ráfaga aunque necesaria en el combate, no sirvió para eliminar al enemigo, solo para retrasar un poco la caída de la posición que defendía junto al sargento Serrer, su amigo.
Al haber agotado la escasa munición que el soldado de avituallamiento les había dejado en la trinchera, Gizman no tuvo en cuenta que esas balas no eran de su uso exclusivo, que Serrer también necesitaba rellenar su cargador y que ahora, tendría que utilizar como única defensa, la poca munición que conservaba en la Colt 45 que pendía de su funda táctica.
Serrer se lo había avisado por activa y por pasiva. "No me tienes que justificar en que gastas tu munición, pero si vas a utilizar la mía, me sobran todas las explicaciones". Gizman había vuelto hacerlo y en absoluto lo hizo de forma egoísta o carroñera.Tan solo vio venir al enemigo, sintió pánico, no supo razonar ni ser previsor y disparó sin pensar en las consecuencias.
Serrer lo había salvado de una muerte segura al rescatarlo de la trinchera donde había conseguido ser el único superviviente y lo había llevado con él, poniéndolo bajo su mando y su protección. En más de una batalla habían peleado espalda con espalda, convirtiéndose en un binomio mortífero y eficaz que infligió muchas bajas al enemigo. pero esta no era la primera ocasión en la que Serrer había tenido que reprochar a Gizman el uso indiscriminado de la munición. 
Desde aquella terrible  batalla en la que Gizman estuvo tan cercano a la muerte que cuando Serrer lo rescató de la trinchera, Gizman se juró no volver a flaquear, algo había cambiado en el interior de la cabeza del rubio combatiente de ojos tristes, brazos tatuados y alma soñadora. Ya no tenía paciencia. La ansiedad dirigía todos sus movimientos impidiéndolo razonar y haciendo de su vida un caos.
Los mandos del destacamento llegaron a plantearse el inhabilitarlo para las acciones de guerra pero Serrer intercedió por él, explicando que aunque sufría de estrés post traumático, aún podía serle útil en combate y se hizo cargo de él.
Aquella decisión, movida por la amistad y el cariño que sentía hacia el torturado Gizman, casi lo llevó a perder la vida.
Gizman sintió un dolor inmenso dentro de su pecho. Serrer siempre le demostró comportarse con él como un verdadero, valiente y cabal amigo y ahora por su falta de acierto, lo había puesto en peligro real. Entonces supo que lo único que podría hacer, era conseguirle munición, aún a riesgo de caer bajo el fuego enemigo. Le costó mucho esfuerzo vencer al miedo y abandonar la trinchera, cuerpo a tierra y reptando hasta la unidad más cercana. Allí contactó con una soldado de ojos azules que le explicó que no podía pedir munición sin más, que eso haría que todo el regimiento lo conociese como un avaricioso o un pedigüeño y que un día mirasen hacia otro lado cuando se acercase con nuevas demandas. Tenía que ganarse cada bala que le donasen y corresponder la generosidad del que le facilitase la munición.
Gizman accedió a recapacitar y a plantearse hacer las cosas de nuevo como las hizo en un pasado en el que él era quien compartía sus cargadores con todos aquellos que se los pidiesen, los necesitasen realmente o no.
Volvió arrastrándose hasta el lugar donde Serrer disparaba su automática a punto de vaciarse y sonriendo, le acercó dos cargadores completos para el M16.
En el momento en el que inició la disculpa por no haber tenido en cuenta que estaba consumiendo una munición que no le correspondía, una bala de AK47 disparada por un certero soldado de la infantería regular enemiga lo alcanzó en la garganta, impidiendo disculparse con su amigo y decirle que por encima de todo, sentía haberlo fallado.
Cuando terminó la mañana y las tropas que defendían la posición consiguieron repeler el ataque, a costa de muchas bajas, Serrer recogió el cuerpo de su amigo y volvió a llevarlo en brazos hasta un lugar adecuado, como hizo aquella vez cuando lo encontró en la trinchera, sin apenas poder moverse, asustado y herido pero vivo.
Las segundas oportunidades nunca son gratuitas y Gizman había pagado con creces la suya.

martes, 5 de septiembre de 2017

Todo

Tras dedicar a esta importante decisión las horas previas a sucumbir a Morfeo cada noche desde hace más de dos semanas, al final se inclinó por lo que haría que se lo jugase todo. Todo.
Su editorial le había propuesto escribir un volumen de relatos en el que los textos siguiesen un hilo conductor. La temática de los relatos del volumen debería obedecer a una idea común. No era necesario que todos siguiesen un argumento similar, ni apareciese en ellos el mismo personaje, tan solo que dentro de su independencia, fuesen piezas de un mismo rompezabezas. Y no había sido nada fácil dar con este leit motiv para la catarsis en que se convertían para él, las horas sentado frente al teclado del ordenador que purgaba sus miserias. 
Obviamente este sendero que recorrerían todos los relatos, le definiría no solo como escritor, sino también como ser humano.
En un principio pensó en el amor. El amor, tan recurrente siempre en sus textos y tan socorrido cuando las musas, tan caprichosas y tan jodidamente humanas como divinas, decidían irse a tomar algo con otro artista y se lo terminaban llevando a la cama. El amor. Llevaba toda su vida escribiendo elegías a Cupido, a Afrodita, a Venus y cada deidad y ser mitológico que se había apropiado del sentimiento más intenso y que se había erigido en el propietario de su dicha y su desgracia. Había bendecido, maldito y renegado cada verso y cada relato que había escrito dejando brotar el caudal que manaba al abrir la espita de su corazón, por lo que decidió dar un giro radical y presentar una serie de textos que se alejasen lo más posible de las noches de pasión, de las mariposas en el estómago, los labios entreabiertos , las caricias oportunas y las sonrisas embusteras.
Sopesó cada emoción que había naufragado en su alma, permaneciendo hundida en el fondo del pecho, cubriéndose de corales de olvido y, albergando todo tipo de peligrosas criaturas abisales. 
Al final,antes de que subiese la marea y tras muchas horas debatiéndose entre lo que reclamaba su verdadero ser y, lo solicitado por el nuevo ego con afán de superarse y sorprender abandonando lo que se esperaba de él, optó por renovarse o morir.
El tema sería el conflicto.
Había vuelto a hacerse trampas a si mismo, puesto que unos relatos hablarían sobre conflictos bélicos, otros sobre conflictos políticos, alguno sobre el tan universal conflicto religioso y por supuesto, muchos más de los necesarios, sobre el conflcito entre los que aman hasta perder el sentido, la identidad,la cordura y la voluntad.
Nunca fue un tipo conflictivo por lo que se justificó pensando que aquello sería una dura prueba para su talento.
Toda su vida había huido del conflcito, fuese del tipo que fuese. Por eso, aquello se le presentaba como un desafío interesante, como la inmersión sin bombona en la poza donde siempre temió bucear.
¿Quien dijo miedo?
Todo comenzaba enfrentándose a su comodidad, a su seguridad emocional y entrando en verdadero conflcito con sus propios intereses. Esta era la mejor forma de comenzar.

sábado, 2 de septiembre de 2017

Sin rechistar

Y sin agachar la cabeza. Sin pedir clemencia y sin conceder a los soldados de infntería que lo escoltaban, tan siquiera un atisbo de debilidad.
Lo llevaron esposado hasta el paredón contra el que iba a ser fusilado y cuando le ofrecieron vendarle los ojos, rechazó el vendaje con un gesto altivo y una mirada lapidaria.
Iba a morir ¿Y qué? Todos moriremos más tarde o más temprano. No haría de su muerte el estupendo vídeo para compartir en redes sociales, que el déspota sanguinario que había dictado la sentencia, esperaba poder utilizar como propaganda para su régimen. Ya de por si el sistema elegido para su ejecución era algo terriblemente poético por lo anacrónico y lo excesivamente melodramático. Fusilado. Fusilado contra una pared blanca donde su sangre y sus sesos y resto de vísceras que saldrían disparadas con cada impacto de las balas de los subfusiles ametralladores,dibujarían un expresivo lienzo cargado de orgullo.
¿Su delito?: no rendirse, no callar, no transigir y no doblegarse ante la estupidez humana. No haber aceptado la injusticia ni haber tolerado la sinrazón. Supo que sería completamente libre cuando ya no le quedase nada que perder. Y lo último que iba a perder era la vida. Había perdido ya demasiado. Su libertad, sus posesiones y a muchos seres queridos. La vida era ya lo que menos le importaba perder. Solo se llevaría a la tumba los férreos valores morales que heredó de su padre.Esos no los perdería jamás porque los llevaba muy dentro del pecho.
No habría una viuda que llorase junto a su lápida ni que se arrancase los cabellos a la hora a la que fuese ajusticiado. Habría eso si, más de una embustera mujer  que por conveniencia o enigmáticos intereses, ejerciese las funciones de "consorte plañidera" al conocer la noticia de su muerte, atribuyéndose las funciones de la mujer que siempre había esperado y nunca terminó llegando.
Que las arpías que se aprovecharon de su buena disposición y su facilidad para enamorarse lloren como cocodrilos, lo que no supieron conservar como mujeres.
El día está despejado y luce un sol de justicia. Será mejor que den la orden de abrir fuego de una vez. La luz es excesivamente molesta para sus azules ojos y tiene que guiñarlos para poder ver con suficiente claridad los rostros de los jóvenes soldados que forman frente a él, listos para disparar. La mayoría no habrá cumplido los veinticinco años y estarán deseando que llegue el fin de semana para disfrutar del permiso que los despojará de las castrenses obligaciones, para irse a hartarse de cubatas y a meterle mano a sus chicas en el asiento trasero del tuneado vehículo comprado a plazos. O a sus chicos, que él siempre respetó todas las opciones sexuales. Precisamente el hacerlo, es uno de los motivos que lo han llevado allí. Respetar la homosexualidad, y luchar por la paridad, la igualdad, la libertad de expresión, el derecho a la huelga...en fin. Todo eso que se le presupone a una sociedad civilizada y avanzada. Pero la sociedad de por si es un concepto peligroso porque conlleva demasiadas individuadidades desfilando al descompasado son de la mayoría.
Lo hizo demasiado mal. Fue siempre sincero, honesto y honrado. Lo que viene siendo un rara avis en especie de extinción. Se ganó demasiados enemigos.
Las Naciones Unidas han expresado su más enérgica repulsa ante la sentencia que lo condena  a morir ejecutado pero como de costumbre, en ciertos lugares del mundo  utilizan esas enérgicas repulsas, como papel higiénico.
El oficial al mando del pelotón de ejecución se coloca en su puesto, manda cargar, apuntar y, antes de que el reo pueda dedicarle un último pensamiento a su madre y a la esquiva mujer de la que siempre estará enamorado, fuego.
Doce proyectiles del calibre treinta y ocho le alcanzan con certera puntería, haciendo un alarde de precisión. Dos le atraviesan la cabeza destrozándole el cráneo. Cuatro se alojan en su pecho, reventando un corazón que ya había llegado destrozado por heridas más dolorosas que las que producen las armas de fuego. Uno le atraviesa la garganta impidiéndolo gemir y los cinco restantes se alojan en su estómago y bajo vientre, respetando al menos la única parte de su anatomía que en un pasado no muy lejano, le dio tantas alegrías como disgustos.
Había muerto como vivió, de pie. Sin rechistar.

lunes, 28 de agosto de 2017

De lágrimas, trincheras y nubes negras

Llueve. 
No ha parado de llover en todo el día. Cuando se levantó de la cama y miró por la ventana de su dormitorio, comprendió que este seria otro día de esos, de los que tanto teme.
Ocupó la mañana en rellenar impresos y terminar el trabajo que se había acumulado en su escritorio pero en ningún momento llegó a sentir la tan ansiada sensación del deber cumplido. Simplemente había malgastado unas cuantas horas más en hacer lo que todos  esperaban de él.
Comió con desgana lo primero que encontró en la despensa, sin molestarse en que al menos tuviese un sabor agradable, solo en alimentarse y en no perder fuerzas. Las iba a necesitar todas. Cuando llora y se desespera encerrado en la soledad de la  dolorosa introspección, termina extenuado.
Trató de dormitar un rato junto a los grandes ventanales abiertos del salón pero la lluvia no lo meció como esperaba. No encontró una canción de cuna en el repicar de las gotas sobre el suelo de madera del porche. La lluvia solamente entonaba una nueva sinfonía de soledad y de ocasiones perdidas, de reproches y de besos desperdiciados.
 De vez en cuando un trueno resonaba en la distancia, con ese pavoroso estruendo que se le antojó el  del martillo de los dioses al golpear sobre el yunque del destino.
Calentó el café restante del desayuno y se lo sirvió en la taza que le habían regalado conmemorando su última y épica victoria. Encendió un cigarrillo y lo fumó con ansia, como si le fuese la vida en ello. La vida. Que fabuloso compendio de caóticos momentos, sazonados con algo de felicidad ocasional que le daba un gusto agridulce, como el del amor. Había jurado no volver a enamorarse pero sabía que no tardaría en romper su juramento y aunque no pudiese evitarlo, odiaba faltar a su palabra. Y de nuevo mentirse a si mismo.
Levantó la tapa del piano y se sentó con el cigarrillo entre los labios. Con la torpeza que concede la ausencia de disciplina, destrozó la Gymnopedia Nº1 de Erik Satie, al ejecutarla con tan escasa precisión en los dedos como pasión en el alma. Al poco de haber ocupado la banqueta frente al instrumento, se levantó airado y rompió la partitura en pedazos. Como otras muchas partituras que se empeñaba en seguir tratando de interpretar, aquella era una de las melodías para una noche en vela que de forma recurrente, le asaltaban por la noche, y le hacían volver a tiempos mejores, privándole del alivio del sueño.
Se armó de valor y decidió hacer una lista de los pros y los contras de seguir vivo. Se asustó al ver que la de los contras cobraba una dimensión apabullante frente a los escasos pros que anotó llegando incluso a hacer trampas, apuntando trivialidades y tópicos en los que ya no creía. No obstante algo dentro de su pecho le hizo depositar ambos listados en la chimenea y, con el mismo encendedor de gasolina con el que prendió un nuevo cigarrillo, le pegó fuego a sus miedos y sus miserias.
Él era un tipo luchador, ya lo había demostrado y volvería al combate. No tenía que hacer valer ante nadie su capacidad de sacrificio y su esfuerzo, tan solo ante su conciencia, que cada día se hacía más exigente y menos confiada.
Se vistió con inusual lentitud provocada por la ausencia de entusiasmo y tras abotonarse la guerrera, se calzó las altas botas de campaña y comprobó la munición de la automática reglamentaría antes de introducirla en la funda de cuero que pendía del ceñidor sobre la cadera.
La lluvia habrá detenido el avance del enemigo y está seguro de que los soldados de sus vieja guardia, junto a los que había librado las más cruentas batallas, estarían aprovechando el permiso que les concedió el jefe del regimiento dos días antes. Pero a diferencia del resto de valientes soldados, a él no le esperaba en casa agitando banderitas, ninguna mujer y ningún hijo que lo abrazase orgulloso.
Antes de salir en busca de la bayoneta que le diese paz a su espíritu al clavarse en sus entrañas y retorcerse como un roto juramento de amor eterno, se detuvo ante la foto de boda de sus padres, ella de blanco impoluto y él de uniforme de gala. Besó el marco y enjugándose una espesa lágrima, respiró profundamente. Supo que jamas estaría a la altura de su padre, tan valiente, tan cabal, tan correcto; ni de su madre, tan piadosa, tan honrada, con tan buen criterio en asuntos del corazón y del devenir de los acontecimientos.
Se aseguró de esparcir por el suelo de la cocina  la suficiente comida, para que el gato que le calentaba el lecho, a falta de algo mejor, no tuviese que cazar la cena durante su ausencia. Si él moría en combate, alguien se ocuparía del adorable minino y sino acudía nadie al rescate del felino bicolor, seguro que sabría sobrevivir. Dios hizo al gato para que el hombre pudiese acariciar al león. Y lo dotó de interminables recursos convirtiéndolo en la especie superior.
Abandonó la casa como quien se despide de un viejo amor que no ha de regresar jamás, con los ojos inundados en lágrimas y conteniendo la emoción, para que no se le viese llorar como un niño pequeño. Hay despedidas que son necesarias para evitar sufrimiento. Son momentos rituales en ofrenda al mal menor.
Puede que regresase o puede que no. lo que tenía claro es que nadie, ni tan siquiera su gato lo echaría de menos. Por eso le importaba tan poco morir. Incluso lo deseaba.
No ha parado de llover. Ni dentro, ni fuera de su alma.

viernes, 25 de agosto de 2017

¿Buena fortuna?

Sabía que era el único de su pueblo, de su raza, de su especie.
Preferiría no serlo. Hubiera querido morir con su padre, sus ilusiones y sus esperanzas pero Manitú le concedió un periodo extra y ahora además de vivir eternamente agradecido por algo que no había pedido, tenía que soportar el dolor de saber que Chinaook nunca volvería a aconsejarlo, a ayudarlo a seguir un rastro ni a pelear espalda con espalda junto a él, blandiendo con maestría el Tomahauk de la palabra.
Además ella también había sucumbido al encanto de aquellos que llegaron con armas desconocidas, enfermedades que creaban adicción y, agua de fuego para servir con hielo  mezclada con hierbas de sus bosques y una rodaja de limón.
Encima tenía que soportar que los miembros de otras tribus amigas le felicitasen continuamente por la suerte que había tenido y por haber machacado la estadística demográfica, en la que los Mohicanos habían sido desahuciados de las verdes praderas.
Puta suerte la suya.Uncas quiere morir, no agradece en absoluto el haberse recuperado milagrosamente del disparo que recibió en la cabeza desmontándolo de la yegua en plena carrera.
Se ha convertido en un bicho raro, en un piel roja que cada noche se duerme entre lágrimas recordando aquellos bailes en torno al fuego, entonando la danza de la guerra y rompiéndose las manos a fuerza de golpear los tambores rituales. 
¿Os parece que ha tenido suerte por haberse convertido en el último? Y ¿cuando coño los últimos serán los primeros? Esa es otra de las grandes mentiras que predican los misioneros blancos.
Al despuntar el día, Uncas le canta al sol su desesperación y le cuenta cada mañana sus miserias, rogándole que por favor, se lo lleve con él de una puta vez.
Siempre fue un piel roja muy enamoradizo pero ahora tiembla cada vez que se le acerca una mujer con trenzas, falda de ante y sonrisa peligrosa. Sabe que o bien tan solo se convertirá en el capricho de la princesa de turno, o bien se sentirán atraídas por su desgracia convietiéndola sin tener ni puta idea en buena fortuna pero tras cruzar  las primeras palabras, volverá a suceder lo que lleva sucediéndole desde hace poco más de tres años: encontrarán la excusa perfecta para abandonarlo, angustiadas por la responsabilidad de compartir tipi con "el elegido". ¿Elegido para qué? Solo para sufrir y servir de ejemplo de que hay que tener cuidado cuando se cabalga delante de un fuerte británico,de que las cosas no solo les pasan a los demás y de que si uno quiere, puede. Pero él ya no quiere.No quiere seguir pintándose el rostro un día tras otro con pinturas que ya no asustan a nadie. Solo quiere volver a ser aquel guerrero de enorme sonrisa que sin miedo,  cruzaba el río nadando con el cuchillo entre los dientes para degollar a quien osara amenazar a algún miembro de su tribu. Y todo lo demás no importa.