Estoy trabajando en un libro muy especial del que creo que ya os he hablado, El alegre.
Este libro es la sencilla biografía de un pequeño gran hombre que dedicó gran parte de su vida a compartir alegría, ya fuera tocando y cantando con una tuna, repartiendo helados, pasteles y tartas de un famoso establecimiento vallisoletano, o colaborando desde la tramoya de distintos teatros en espectáculos de todo tipo, desde conciertos a musicales, obras de teatro y festivales de cine.
Este hombre, se llama Julio Simón Alegre y es curioso que lleve la alegría también por apellido.
En las muchas conversaciones que para documentarme sobre su trayectoria existencial he mantenido con él con un café o un vino de por medio, he podido constatar que Alegre es mucho más que su apellido y el nombre por el que se le conocía en todo Valladolid y en el mundo del espectáculo.
A sus 86 años Julio siempre esboza una sonrisa como antesala de la charla y como complemento a la misma y, a la hora de hablar de sus vivencias y de regar las reuniones con un sinfín de anécdotas, su sentido del humor y su visión positiva de la vida definen los encuentros.
No voy a negar que envidio su vitalidad, su lucidez, su impresionante memoria y colección de vivencias, pero sobre todo y por encima de todo, envidio su afirmación de que siendo ya un octogenario, jubilado, orgulloso y satisfecho padre de dos hijas y abuelo de tres nietas y, feliz y amante esposo de su mujer de toda la vida, no se arrepiente de nada de lo que ha hecho desde que vino a este mundo.
Me pregunto donde hay que firmar para llegar a su edad ya no en su estupendo estado físico y mental, sino con la satisfacción personal que te lleve a poder afirmar algo así.
Al escribir este pequeño libro, me estoy empapado también de las costumbres de la época y del ambiente de mi ciudad en las décadas en las que él se desenvolvió por sus calles, sus escenarios y sus bambalinas, como pez en el agua, y mentiría si no dijera que este está siendo un proyecto muy enriquecedor en muchos y muy distintos aspectos.
Si además tenemos en cuenta que la idea de recoger en negro sobre blanco la trayectoria vital de Julio, nació de una de sus orgullosas hijas, queda claro que de esto solo puede salir algo francamente bonito.
La editora de dos de mis libros y además mi amiga, Paz Altés, me explicó una vez que un escritor no se define por los libros publicados ni por los premios obtenidos, sino por su necesidad de escribir.
En este proyecto nos hemos encontrado dos personas muy diferentes pero con muy parecidos valores que además podríamos definirnos como alguien con una natural necesidad de hablar y alguien con una enorme necesidad de escribir.
Ahora solo espero estar a la altura de la ilusión depositada en las páginas que conformarán la biografía de alguien que hizo de la alegría su seña de identidad y el leit motiv de su vida.
Espero que mi prosa sepa acompañar su sonrisa.