sábado, 17 de octubre de 2026

Un tipo muy normal


Nunca he pretendido atribuirme méritos de ningún tipo ni aquello que no me corresponde. 

Sé que hay lectores de este blog que tan solo lo visitan para buscar fallos, para escribir comentarios ofensivos o para tratar de quitarme la ilusión en mis proyectos literarios, pero lamento comunicarles que eso va a ser francamente difícil, pues escribir para mi no es una vocación, un entretenimiento ni un trabajo, es simplemente una necesidad vital. Y como he dicho ya muchas veces aquí, en las redes sociales y en entrevistas en distintos medios de comunicación, no sé, no puedo y no  quiero vivir sin escribir.

Gracias a Dios también hay lectores que llevan años siguiendo el blog, que leen con interés cada entrada, que a veces envían comentarios en los que demuestran que he conseguido acariciarles el alma y que me animan a seguir publicando, y aunque principalmente escribo para vaciarme de cuanto me acontece, me alegra, me angustia y en definitiva me hace sentir vivo, también escribo para ellos.

Pertenezco a una familia en la que hay una gran tradición literaria, se nos ha inculcado el amor por la lectura desde muy pequeños y esta comunión con las letras alcanza a muchos de los miembros de mi clan de distintas edades, géneros y ocupaciones en la vida, pero es raro visitar a hermanos, primos o tíos y no encontrar un buen número de libros en sus casas. Y lo mejor es la certeza de que si no todos, habrán leído la gran mayoría de los volúmenes que abarrotan sus estanterías.

Mi padre, que en paz descanse, fue un gran lector y un hombre que hizo de la palabra un arma con la que combatir las circunstancias más adversas. Mi abuelo materno era un verdadero maestro del verso y dos de mis hermanos han ganado premios literarios en géneros tan dispares como el cuento infantil o la poesía, y han publicado libros, estrenado obras de teatro de su autoría y compartido muchos momentos de felicidad relacionados con la literatura.

Yo he seguido la tradición familiar y también he cosechado reconocimientos en diversos certámenes literarios, y hasta la fecha, he publicado varios libros de relatos y cuatro novelas, manteniendo mi estilo personal y mi forma de escribir en todas ellas.

Hace unos días, una lectora y compañera de trabajo me dijo que me admiraba. y que tenía un don, pero ni estoy bendecido por los dioses con un especial talento ni soy en absoluto digno de admiración. Tan solo soy un tipo muy normal al que la vida dio una segunda oportunidad y está dispuesto a aprovecharla. Y alguien que ha descubierto mucho más en los libros de lo que pensé que podría encontrar. Más allá de ocio, conocimientos, cultura, entretenimiento y terapia, en los libros he encontrado una razón para vivir y por la que tratar de convertirme en la mejor persona y en el mejor escritor que pueda llegar a ser. Aún tengo mucho que aprender en mi camino para alcanzar ambos objetivos, pero estoy dispuesto a esforzarme, a no tirar al toalla y a poner los medios para ello.

Y como no podía ser de otra forma, quiero cerrar el texto animándoos a todos a leer cuanto podáis, pues ya sabéis, la literatura salva vidas, y hace de ellas algo mucho más digno.

Repartíos besos y abrazos a voluntad (si...incluso quienes ya os estáis frotando las patitas con la sola idea de encontrar las palabras más ofensivas con las que comentar este texto).



 

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