Nuca lo he sido, y la verdad es que tampoco aspiro a ello. Tan solo me gustaría ser capaz de controlar este exceso de empatía y esta angustiosa extrema sensibilidad, y dejar de sufrir tanto y por tantas cosas.
Aquella dichosa lesión cerebral con la que me encontré una noche de estúpidas decisiones, me dejó algunos regalitos bastante agobiantes y, más allá de haber desorganizado los archivos de mi memoria pulsando delete sobre cuantos recuerdos le pareció oportuno, me he llevado un espectacular dos por uno, conjugando la fastidiosa labilidad emocional con la muy molesta ansiedad crónica.
Todo esto hace de mi realidad un continuo poema existencial, una eterna balada en modo menor y un relato en gerundio en el que no consigo terminar de escribir el ansiado final feliz, aunque me esfuerce en poner los medios para merecerlo.
Ya he escrito en más de una ocasión que no tengo el monopolio del dolor ni de la angustia. Pero la verdad es que esta etiqueta de PAS cada día se me clava más en la piel y, me produce una dolorosa llaga que no soy capaz de sanar por muchos bálsamos que trate de aplicarle.
Ayer, hablando con una amiga de todo esto, le comentaba que prefiero mil veces sentir como siento, aunque a veces me pase factura, que ser una de esas personas insensibles (la insensibilidad no tiene género) a las que les trae sin cuidado machacar a cuantos las rodean, abusando de la amabilidad, de la confianza o de la ausencia de maldad de aquellos con los que se cruzan.
Quizás por eso no aspiro a ser un tipo duro. No quiero que se me tema o se me evite, no quiero que aquellos a los que amo terminen poniendo distancia y abandonando mi vida. Y es por ello por lo que intento alcanzar el equilibrio necesario para poder aguantar cuantos golpes me de la vida sin terminar siendo el eterno sufridor, y consiguiendo sonreir incluso en las circunstancias más difíciles, aunque eso es francamente difícil, pero soy peleón, y no voy a rendirme.
Prefiero que me defina la dulzura, aunque también me condicione. Maldita dulzura en tantas ocasiones, y bendita sensibilidad en tantas otras.
Tengo que terminar de conocerme, de comprenderme y de perdonarme. Tengo que aprender a vivir siendo yo y estando orgulloso de serlo.
Tengo que avanzar mcuho aún. Pero estoy en el camino.
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