miércoles, 8 de abril de 2026

Némesis


 Me considero una persona pacífica. Generalmente huyo de enfrentamientos y de polémicas. Odio discutir, y si debo hacerlo, estoy dispuesto a aceptar que no llevo la razón, siempre y cuando me demuestren mi equivocación con los argumentos correctos, no por imposición usando para este fin cualquier medio que evidencia su falta de criterio.

Soy terriblemente imperfecto y tengo cierta tendencia a equivocarme, eso nunca lo he negado. Pero odio la mentira, la traición, la falsedad y la prepotencia.

No voy a vestirme con un ropaje existencial inmaculado, porque en otro tiempo también mentí y traicioné, haciendo daño a personas que no lo merecían, y me pueden creer o no, pero cada día me disculpo con los hados y con mi conciencia, y trato de corregir esos errores del pasado y de no volver a repetirlo, porque cuando el karma te paga dándote unas cuantas tazas de lo que tu obligaste a beber, aprendes cuanto abrasa la garganta la infusión de mentiras. Y aún trato de refrescarme por dentro y de que se curen las ampollas que produjeron esos litros de infamia que se me obligó a beber.

He madurado y he entendido que la vida es una dama caprichosa y con carácter y, que si la desaíras, no duda en castigarte con todas las armas a su alcance. Y yo debí ofenderla o enojarla hasta el extremo, porque ha sido bastante dura conmigo y aunque ahora al fin comienza a aceptar mis excusas y parece levantar la mano, no ha escatimado en correctivos de todo tipo.

Quizás más allá del tremendo castigo físico al que me sometió cuando aplicó su implacable condena, el que más me duele es el brutal correctivo emocional que disfrazado de pérdida, de desamor y de derrota me ha dejado el alma llena de cicatrices. La despiadada señora se ocupó en poner ante mi la más hermosa sonrisa, la más tierna mirada y el más afín de los corazones humanos para después quitármelo todo al hacerme tropezar y dejar que cayeran al embravecido y muy cercano océano de lo tristemente imposible. Y obligarme a ver como cada día que pasa estoy más lejos de que lo bueno termine llegando.

Y para que aprendiese a no bajar la guardia y a practicar la esgrima existencial y el combate ego a ego, acordó con el Fatum crear mi más encarnizado archienemigo y colocarlo sin piedad sobre el tablero de juego al que llaman realidad.


Decía mi padre que un pedante es un tonto instruido, y como el destino es así de cachondo, ha convencido a la vida de que mi némesis sea el más grande de los pedantes que he conocido a lo largo de mis existencias.

Y este personaje maquiavélico y diabólico, que encarna todo aquello que detesto y desprecio, no ha dudado en utilizar cuantas armas ha podido esgrimir para cargar contra mi y contra todo aquello que me importa, que me define y, en lo que sabe puedo derrotarlo en justa lid si tiene el valor de desafiarme cara a cara ante la corte que tanto ansia dirigir.

Durante un tiempo, amparándose en el anonimato, se entretuvo tratando de hacerme daño con sus nauseabundos comentarios en este blog, pero al percatarse de que dejaron de dolerme y de que además, tenía en mi mano la legítima opción de eliminarlos para siempre, parece que se decantó por otras estrategias y bebiendo de su propio veneno tratando de auto inmunizarse, se ocultó en las sombras desde donde manipula y confunde escupiendo mentiras, infamias y argumentos envenenados , buscando siempre herirme a través de mis sueños, de mi arte, de mis escritos y de aquello en lo que por mucho que trate de engañar a la corte al vestirse cada día con su traje nuevo del emperador, no dejará nunca de ser es un patético mediocre con ínfulas.

Y casualmente al tomar conciencia de que en su mediocridad lleva su propio castigo, he comenzado a apiadarme de él y a comprender que necesite ganar alguna batalla para sentirse un poco menos desgraciado y un poco menos patético. Pero en este paso adelante, también he comprendido que el valiente ha sido valiente hasta que el cobarde ha querido, y que si yo no recojo su guante, y le doy la espalda con sarcasmo, la rabia lo llevará a buscar nuevos rivales y se olvidará de mi.

Desde mi desprecio en la distancia no puedo por menos que reconocerle alguna victoria y lamentar los daños colaterales y las inocentes víctimas que han caído al recibir en el pecho la metralla de sus envenenadas palabras. He perdido amigos, si, o tal vez solo aliados (a veces no consigo identificar la diferencia entre ambas cosas), pero bueno...el doctor tiempo lo cura todo y todo lo devuelve a su lugar.

Así que nada. A seguir viviendo. 

Dejad que hablen, yo ya he decidido permitir que lo hagan, y que me resbalen sus palabras de hiel y vaselina.


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