Digamos que en el pasado acostumbraba a confundir el trazado y a salirme de la pista, con el peligro que eso conlleva, tanto físico como emocional, mental, espiritual y en resumidas cuentas vital.
De un tiempo a esta parte he abierto los ojos y he decidido fijarme bien para poder avanzar en el camino, en mi camino.
Obviamente sigo cometiendo errores, pero he aprendido a interiorizar aquello que creo puede hacerme bien y por fin he decidido a esforzarme en hacer las cosas lo mejor que puedo, sin buscar escusas ni justificaciones para escurrir el bulto.
El Dharma es un concepto básico de las denominadas religiones índicas (budismo, hinduismo...) que significa orden cósmico, ley universal, deber o virtud.
Según el Hinduismo, el Dharma se refiere a las conductas que siguen el Rita u orden cósmico, incluyendo deberes y derechos, y según el Budismo es el método para eliminar la ignorancia y cultivar la paz interior, realizando acciones positivas y educando la mente. La ley del Dharma podría traducirse como "propósito" y, eso conlleva encontrar el talento único de la persona y expresarlo de una forma que contribuya a tu entorno y a la sociedad.
El Ikigai, más que un concepto, es una filosofía de vida que te lleva a profundizar sobre quien eres y que valor puedes aportar al mundo.
Pero no quiero ponerme ni filosófico, ni místico, ni excesivamente cargante, porque he nacido en una capital de provincias castellana, y nunca he sido muy dado al zen ni a las meditaciones. De hecho he escrito muchas veces que cuando quiero hacerme daño hago introspección y me enfrento a mis temores, a mis angustias y a mis muchas debilidades.
Trato de ser el mejor Juan que pueda llegar a ser, de no desviarme del camino recto, de ayudar como a mi se me ha ayudado y de aportar a mi entorno cuanto pueda aportar. De la forma que sea. A veces simplemente estando y ofreciendo una mano a la que agarrarse o un hombro en el que apoyarse. O una caricia. O unas letras.
He descubierto que mi Ikigai está estrechamente relacionado con la literatura y no dejo de leer y de escribir, de interesarme por todo cuanto pueda enriquecer mi universo literario, y de tratar de seguir aprendiendo, porque aún tengo muchísimo que aprender. Y estoy dispuesto a hacerlo.
También he empezado a trabajar mi falta de asertividad, porque como reza el título de un libro que me regaló un gran amigo, "Cuando digo no, me siento culpable". Y hay que saber decir que no, darte en la justa medida y no renunciar a uno mismo por querer ver felices a los demás, aunque sea sacrificando para ello tu propia felicidad.
Es un largo camino. Muy largo y muy duro, pero avanzo. O lo que viene siendo lo mismo, vivo conscientemente.
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