Es de bien nacidos ser agradecidos. Y una vez más agradezco de corazón que amigos con tanto talento como Susana y Cesar, de Cover Club, compartan su innegable calidad artística con los asistentes a esas presentaciones literarias en las que trato de ofrecer a familia, amigos, lectores y curiosos que pasaban por allí, algo realmente especial.
Que Cesar es uno de los mejores músicos vallisoletanos es algo que todos los que disfrutamos de la música en directo en mi ciudad ya tenemos más que claro, pues es una gozada escucharle tocar y disfrutar de su acierto en las cuerdas.
Y una suerte poder llamarlo amigo.
De Susana podría estar escribiendo durante horas pues además de tener una voz realmente bonita, su presencia escénica es sencillamente hipnótica. Y no solo porque sea una mujer hermosa, que lo es, sino por su ritmo, por sus gestos y poses, por el talento que irradia y, por ser una de esas personas bendecidas por los dioses de la música.
Durante la presentación en Simancas de mi novela Incluso lo bueno, estos generosos amigos nos regalarán dos intervenciones musicales, una de ellas será el tema del videoclip que encabeza este post. Al ser una novela ambientada en gran parte durante la guerra de secesión americana, y en la que la esclavitud y la abolición de la misma tienen un peso importante, nos van a regalar también un tema musical muy asociado al momento, a los valores y a la temática de la novela, pero hasta ahí puedo leer, o mejor dicho escribir.
Me siento realmente afortunado de contar con amigos como ellos y de saber que cuando he necesitado que apoyen mis aventuras literarias, siempre he podido contar con su generosidad y su talento. Y eso para que engañarnos, me hace sentir mejor que bien.
Quiero pensar que de alguna manera podré corresponder con todas y cada una de las personas que hacen que en los días más oscuros y más tristes, mi vida siga teniendo sentido. Son muchos los brazos que se me tienden, las manos que me sostienen, los hombros en los que apoyarme, las sonrisas que me alimentan, los abrazos que me reconfortan y los besos que sacian mi sed de cariño.
Son muchos los motivos para también darle gracias a mi Dios, porque sí, amiguitos, Dios existe y se lo pasa muy bien con nosotros.
En ocasiones me despierto en la casa del sol naciente, y dejar atrás la noche me reconforta.
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