lunes, 14 de octubre de 2019

Un poco de historia común

En un día tan complicado como este, en el que la justicia ha dictado sentencia contra los políticos catalanes acusados de sedición y malversación de fondos, me he permitido el atrevimiento de rescatar este relato histórico que escirbí hace tres años, y en el que documentándome sobre el fundador de mi ciudad, hablo de las relaciones entre él y el pueblo catalán.
Tenemos mucha historia en común, solo hay que echar la vista atrás.


Condado de Barcelona, año del señor de 1103

Amada Eylo,
Ha pasado ya un año desde que, al morir en combate contra la media luna, el noble Ermengol V, dejando viuda a nuestra hija  María, me trasladé a Barcelona para proteger y defender los derechos sucesorios de nuestro pequeño nieto Ermengol, que pasará a la historia si todo sale como es debido, como Ermengol VI, conde de Urgel.
Mi amigo Ramón Berenguer, me ha pedido ayuda para que le apoye en la conquista de Balaguer y bien me conoces y sabes que no puedo negarle un favor a un amigo.
Los catalanes son gente muy particular. No me refiero solamente a su habla, su música, su gastronomía  y sus tradiciones, tan distintas de las nuestras. Incluso sus vinos me hacen añorar a diario las vides castellanas. En esta tierra, la influencia de los pueblos llegados de allende los mares a lo largo de la historia se hace notar de una forma digamos, contundente. De fenicios aprendieron el arte del comercio, de griegos la retórica y la doble lengua y de cartagineses heredaron la belicosidad y la bravura, pues son osados en combate. De los pueblos bárbaros que llegaron cuando Roma entró en su triste ocaso, aprendieron el arte de la elaboración de la cerveza y el sangriento uso del hacha como rúbrica de las leyes más severas.
No sabéis hasta qué punto os añoro, amada Eylo y con qué pasión y fe rezo a Dios padre cada noche, pidiéndole me conceda la gracia de regresar a casa, tranquilo y sabedor de que Ermengol crecerá sin problemas, bajo la tutela de la familia de su difunto padre. Pero  aun no ha llegado el momento de mi retorno al hogar. Al haber acompañado a Alfonso en su destierro a Toledo, me signifiqué como persona de confianza del Rey y eso hace que tenga que sopesar muy bien cada una de mis decisiones. Los enemigos crecen en España como los champiñones en los pinares de Valladolid, a la sombra de cada árbol que cobija su desarrollo.
Eylo, mi lecho es un bloque de hielo sin tu cuerpo calentando las sábanas y tu piel calentando la mía.
Que Dios me perdone, pero he pecado mucho de pensamiento, palabra y obra y la lujuria, ese pecado capital, me lleva a la confesión diaria con los monjes del vecino convento.
Espero y deseo que tu estancia en Castilla sea placentera y plena. Que esa necesidad tuya de conocimientos se vea auspiciada por el saber del buen Fray Enrique, amanuense y archivero de la santa madre Iglesia en Castilla y a quien recomendé encarecidamente te hiciese llegar cuantos libros y legajos cayesen en sus manos.
Si el correo de confianza que transporta esta misiva, consigue atravesar con vida las líneas musulmanas que en su retirada hacia Andalucía, rozan peligrosamente nuestras tierras, has de saber que aunque no sean visibles, cientos de besos acompañan el lacre de mi sello.
Aquí las ovejas son muy raras, muy distintas a los corderos que pastan en nuestros prados. Su sabor también es diferente, imagino que por los pastos y la leche con que se alimentan desde su nacimiento. El cedo también es algo distinto al nuestro pero en las cocinas catalanas se prepara algo que ellos llaman “pantumaca” que no es otra cosa que una deliciosa tostada de buen pan cocido en horno de leña, sobre el que untan tomate, ajo y aceite de oliva y al que coronan con unas lonchas de buen jamón curado. Enseñaré a nuestros cocineros a preparar este sabroso almuerzo y lo acompañaremos con unas jarras de vino de Mucientes. Sueño con disfrutar contigo esos placeres y Dios me perdone, sueño con disfrutar contigo otros muchos placeres que según cuentan los soldados de la guardia, los catalanes han aprendido de las mujeres de la Galia.
El pequeño Emergenol está creciendo con salud y puede que el próximo año encargue al herrero de mi amigo Ramón Balaguer, una armadura, un montante, yelmo  y  escudo. Su padre le dejó las lanzas con las que participó en las justas de la corte, donde alcanzó la fama de noble y habilidoso caballero.
María se pasa las jornadas, llorando la pérdida de su esposo y seguramente ingrese en un convento, donde ofrecer su dolor  Dios nuestro señor.
Debo dejarte ya pues he de partir a inspeccionar las huestes de Balaguer y comprobar su grado de pericia y formación guerrera, antes de ordenarlas entrar en combate.
Todo mi amor acompaña esta carta.
Espérame Eylo, volveré en dos o tres años. Te mantendré informada por esta via.
Siempre tuyo.
Pedro. Conde de Ansúrez.

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