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martes, 12 de mayo de 2026

Volar


 Supongo que esos sueños recurrentes en los que me veo volando y planeando sobre distintos lugares que asocio con malos recuerdos, momentos difíciles o simplemente tristeza o miedo, son algo construido desde el inconsciente a base de metáforas y, de alguna manera, tienen mucho de catarsis, de terapia y de tratamiento para el alma. Al igual que esta necesidad de escribir constantemente.

Cuando sueño que vuelo, lo hago como las aves, extendiendo los brazos a modo de alas y con las manos abiertas para utilizar las palmas como alerones direcciónales que trazan el rumbo a seguir. Y curiosamente no estoy cayendo, casi siempre soy yo el que elige hacia donde quiere ir y donde me gustaría aterrizar.  Aunque he de reconocer que cuando me puede la angustia de las circunstancias tengo espantosas pesadillas en las que no consigo evitar estrellarme contra las rocas, contra la dura realidad de los errores cometidos conscientemente o contra un negro asfalto que se levanta contra mi y me busca como el implacable cazador que sé que no parará hasta darme caza y cobrarse su pieza (y si esto no es una metáfora de mi realidad más dolorosa...)

Pero en muchos de estos sueños la sensación es muy agradable, casi reponedora, y respiro profundamente llenando mi pecho de aire fresco y limpio. Y en mis sueños el aire es el caldo en el que el cerebro cocina todas las metáforas, pues me ayuda a respirar, a volar y a sentir que aún hay lugar para la esperanza. 

Cuando estoy volando siento que no trato de evitar la caída sino que formo parte del aire y el aire penetra en mi a través de todos los poros de mi piel y equilibra la balanza de pérdidas y triunfos, me limpia por dentro y renueva el alma. Y con cada giro aprovechando las corrientes, sonrío.

La canción de El nido que encabeza este post siempre me gustó  y me resulta curioso que estos talentosos  burgaleses  nos canten desde sus Refugios a cielo abierto o le guiñen el ojo a Ícaro con una de sus canciones.

Ver sonreír a mi amigo Jorge, de Fetén Fetén, mientras la cámara lo graba tocando ese acordeón que nos acompañó en tan buenos momentos cuando aún éramos jóvenes y soñábamos con futuros felices, hace que no encuentre mejor BSO para un texto en el que os invito a daros una vuelta por  mi universo onírico.

Dejad que pase el aire, que se lleve todo lo malo, y que os permita planear con la certeza de que pase lo que pase, conseguiréis remontar el vuelo.