jueves, 26 de febrero de 2026

Manadas


 Ya lo cantaba Macaco hace muchos años, en su primer disco. Hay muchos demonios a nuestro alrededor. Demasiados.

Esta sociedad asusta. Da tanto miedo porque es terriblemente evidente la permisividad que tienen algunos políticos y sus legisladores a sueldo con lo peor de las consecuencias de la  maldad del ser humano.

Estamos confundidos. Nos han confundido. Nos han convertido en complacientes receptores de inmundicia. Se han perdido la fe y los valores más importantes, pero nos hacen agachar la cabeza antes sus imposiciones y comulgar con ruedas de molino. En post de un confundido progresismo nos han grabado en el alma su  "vale todo" con un hierro al rojo. Pero no...para algunos ya no vale todo. Algunos nos vamos despertando de la anestesia social inoculada con falsas promesas de felicidad y avance y comprendemos que lo que estamos viviendo no es un sueño, sino una pesadilla.

 Nos manipulan para intentar que todo sea del color de rosa de las papeletas de los votos que asegurarán la poltrona a esos desgraciados que pretendieron darnos lecciones de feminismo mientras violaban actrices en fiestas privadas o pagaban putas elegidas por catálogo y áticos en el centro de Madrid a sus queridas con el dinero de nuestros impuestos. 

Se acabó. Ya esta bien. O bueno...se acabará cuando a un prófugo de la justicia que reside fuera de nuestras fronteras al no poder pisar territorio nacional, decida que sus necesarios votos dejarán de sustentar a la hidra.

Y así va todo. Es para volverse loco.

Loco como la sociedad en la que un grupo de chavales de quince años y menos se juntan para violar a una NIÑA de 13 primaveras y no contentos con semejante barbaridad, lo graban con sus teléfonos móviles y comparten el video de su proeza en Redes Sociales buscando la aprobación y los likes de otros energúmenos sin corazón como ellos.

Pero ¿Qué mierda es esta?

Que se pare el mundo , que me bajo.

Lo siento...pero comienzo a añorar esas tan eficaces medidas del presión del pasado del estilo de  la pena de muerte.

Sé que abogar por la vuelta al garrote vil me va a granjear tantos enemigos como detractores, pero que pregunten a los padres de la niña violada, a los hijos de cualquiera de los cientos de mujeres asesinadas por sus parejas a lo largo de estos años de "progresismo del ahorro"(el ministerio compra las pulseras de seguridad en los chinos para poder costear otras muy necesarias medidas sociales) o que quienes puedan tomar decisiones en Europa se cuestionen la fiabilidad de nuestras líneas férreas y nuestros trenes de alta velocidad.

Ojala un día en España vuelva a amanecer.

martes, 17 de febrero de 2026

Algo más que colmillos


 No es la primera vez que escribo sobre Drácula, la maravillosa novela fantástica del irlandés Bram Stoker que tras ser publicada a finales del siglo XIX ha sido traducida a más de cincuenta idiomas y ha vendido más de doce millones de ejemplares.

Me harto de elogiar todas su páginas, pues ninguna sobra en esta novela,  y de recomendar su lectura, pues ofrecerá a los lectores absolutamente todo cuanto un libro puede ofrecerte, evasión, ocio, conocimientos, emoción...vamos todo lo que buscamos a la hora de enfrentarnos a una lectura, aunque al hacerlo con Drácula, lo encontramos todo a la vez.

Quienes me leen y me conocen, o me leen, o me conocen, saben que soy un tipo muy romántico, a veces incluso ñoño, y que pese a todo lo experimentado a lo largo de mi vida, sigo creyendo en el amor.

La primera vez que abrí el ejemplar de Drácula que descansaba en las estanterías repletas de libros que atesoraba mi padre, no tendría más de 14 o 15 años, y aunque ya había experimentado ese compendio de sensaciones que produce besar a la persona que te roba el sueño, me decidí a leer la novela de Stoker únicamente por lo fantástico y lo gótico de su historia de vampiros, que en verdad tiene momentos realmente terroríficos. La sugestión a la que te lleva una lectura cuando estás verdaderamente entregado a ella, puede hacer que llegues a temblar y a sudar de terror, que se te acelere el corazón o que necesites abandonar sus páginas y regresar a la realidad para ponerte a salvo, cosa que me sucedió también al leer La fiesta del chivo, del genial Vargas Llosa . Y con las andanzas del príncipe de Valaquia pasé por ese estado en distintas ocasiones. Y en verdad os digo que el que me muerdan el cuello y me claven unos colmillos para luego extraer mi sangre, me da mucho menos miedo que una inspección de Hacienda o una notificación de la DGT.

No fue hasta su segunda lectura cuando identifiqué lo romántico de las páginas del libro y fue la tercera vez que devoré su contenido cuando identifiqué el más verdadero de los amores en lo que sentía Drácula por su amada.

Ese amor, que como cantan mi queridísimo Pablo y mi admiradísima Rocío en el tema que encabeza la entrada, lo llevó a cruzar océanos de tiempo para encontrar a la mujer por la que no le importó morir y condenar su alma inmortal, lo lleva una y otra vez a renunciar a todo.

Y eso es el amor, renunciar a todo, incluso a ti mismo, lo que pasa es que aunque ya sé en que consiste, me vence el miedo a las consecuencias de seguir los designios del corazón. Me aterra estar equivocado y sobre todo y por encima de todo, me da demasiado miedo no estarlo y sufrir el resto de mis vidas.

Hoy en día, en un momento en el que influencers y catedráticos de literatura se tiran de los pelos por las lecturas recomendadas a  los escolares, más allá de las más grandes joyas de la literatura universal como El Quijote, Hamlet, o Cien años de soledad, yo apostaría porque además de estos tres títulos indispensables, los más jóvenes leyesen El principito y Drácula.

Estoy seguro de que la historia de Vlad Tepes, el empalador, y la de aquel niño perdido en el desierto, pueden aportar mucho, muchísimo a la humanidad de sus lectores y a ayudar a  hacer de este mundo un lugar mejor (os aseguro que eso es lo que yo intento al publicar novelas como Incluso lo bueno y si no lo creéis, probad a leerla con el corazón y luego me lo contáis).

Todo está en los libros.

jueves, 12 de febrero de 2026

Para gustos los colores


 Y por lo que veo, a fecha de hoy el color de piel de las personas que viven en los EEUU sigue siendo un PROBLEMA con mayúsculas.

En su día, el sector más progre de la sociedad yankee  no se cansó de aplaudir las valientes películas de Hollywood rodadas en los setenta y en los ochenta, en las que se nos mostraban los más arriesgados alegatos por la igualdad racial. 

Tras una guerra civil, una difícil posguerra que a duras penas pudo establecer una verdadera unión entre los estados del Norte y los del Sur, y una sucesión de presidentes que se esforzaron en trabajar por los derechos y las libertades que promulga la carta magna de esa América que hoy sueña con volver a ser grande,  nos encontramos con que a los mandos del que seguramente sea el país más poderoso del planeta se encuentra un megalómano narcisista y con ciertas dosis de peligrosa psicopatía que ha decidido amarrarse con cadenas de acero al sillón presidencial, y que de seguir cometiendo una tropelía tras otra, probablemente conseguirá enfrentar a sus ciudadanos de nuevo entre si, y puede que incluso destruya el sueño de libertad y de progreso con el que consiguió hacerse con el gobierno por segunda vez a consta de embaucar a unos y a otros para conseguir los necesarios apoyos. 

Y no. Aunque lo parezca no estoy hablando de Pedro Sánchez (pero muchos lo habréis pensado, que lo sé yo).

Donald Trump ha decidido hacer grande a la América blanca a consta de terminar con el sueño americano y de prohibir la esperanza de quienes hipotecaron sus ilusiones al poner un pie en suelo estadounidense.

Y de paso, ha dado patente de corso y carta blanca a un buen número de energúmenos uniformados a los que permite llevar placa y pistola y pasearse impunemente por las calles de las ciudades construidas por los bisabuelos y los abuelos de quienes caen bajo sus golpes y sus disparos.

No creo que sea necesario recordar el número de afroamericanos que cayeron en las distintas guerras del siglo XX en las que los EEUU se metieron de lleno con la excusa de proteger la libertad y la democracia, ni el de los soldados de color y de distinto origen étnico pero igual pasaporte americano que han caído en las  misiones en oriente próximo durante el siglo XXI. 

No creo que sea necesario hablar de los héroes del cuerpo de bomberos y de la policía que se dejaron la vida durante aquel terrible atentado en las torres gemelas.

En cualquier caso, mucho más allá de hablar de que todos somos iguales a los ojos de Dios, quizás esto se entienda mucho mejor si dejo claro que la maldad no entiende de origen, género, credo ni color de piel.

Solo deseo que el día de mañana mi entorno esté formado por buenas personas, y me importa una mierda si son más rubias, más blancas y más altas que yo, o si orinan sentadas o de pie. Tan solo le pido a mi Dios, que no me hagan daño, que no me rompan el alma y que no me generen angustia. Que me respeten y empaticen con mis emociones y mis circunstancias. 

Yo prometo esforzarme en hacer lo mismo. 

En ello estoy.


miércoles, 4 de febrero de 2026

Orgulloso


 A veces y cuando menos te lo esperas la vida te da una lección y te abre los ojos, evidenciando tus carencias y aclarando tus ideas.

La sociedad en la que me ha tocado vivir ha conseguido confundirnos hasta tal punto que ya no sabemos qué es lo verdaderamente importante en la vida, lo que nos define como seres humanos y lo que  realmente consigue alimentar nuestras almas. 

Esta mañana, uno de mis mejores amigos, un tipo que es tan artista como buena persona, me ha enseñado hasta qué punto hemos llegado a confundirnos, o nos hemos dejado confundir.

Mi amigo me contaba con excelente humor y verdadera actitud positiva, que el hecho de que estuviera lloviendo desde que comenzó a trabajar a primera hora de la mañana, era más una ayuda que un incordio, pues a pesar de sus discos en el mercado, de sus premios musicales, de su formación universitaria y de sus más que envidiables habilidades artísticas, trabaja para el Servicio Municipal de limpieza, devolviendo cepillo en mano el esplendor a las calles de mi ciudad.

Quiero mucho a mi amigo, y además lo admiro y me siento muy orgulloso de él. Lo admiro por muchas cosas, pero  más allá de por su talentosa faceta creativa, lo admiro por tener unos valores humanos que por desgracia hoy en día, ya forman parte del ingenuo romanticismo de quienes consideran que el trabajo dignifica, que el sacrificio personal a la hora de ganarte el pan con el sudor de tu frente es un valor añadido, y que la verdadera valía de una persona se encuentra en el interior de su pecho, y no en el modelo de teléfono con el que conteste las llamadas, en la cilindrada del coche con el que se desplace, o en el número de metros cuadrados de su hogar.

Mi amigo tiene más que claro que los sueños no son gratuitos, que se persiguen y hay que luchar por ellos, y que solo podrás alcanzarlos si no te importa  dejarte la piel en el intento, y si eres capaz de aceptar que aquello que realmente merece la pena, no lo regalan en ningún lado.

Cuando asisto a cualquiera de sus muchos conciertos siempre lo aplaudo con fuerza y siempre le dedico las más grandes ovaciones, pues además de aplaudir sus formidables directos, su música y sus canciones, estoy aplaudiendo los valores morales que hacen de él un admirable ser humano, y de paso aplaudo al destino por haberme hecho merecedor de su amistad. 

Espero estar a la altura.