Este en concreto está dedicado al restaurante de Alberto que lleva el mismo nombre de la bodega donde se encuentra y decidí darle un toquecito de humor, puesto que los escritos para acompañar a los otros vinos eran algo más seriotes.
Sorpresita final, que siempre mola.
Espero que os guste.
Lo tengo todo pensado:
Por la mañana un ramo bien gordo, que se lo lleven a la
oficina, que se lo entreguen delante de todos los compañeros, de los de
60eurazos, con una tarjeta bonita, dos o tres frases, sin ser ñoño, pero yendo
al grano.
Quedaré con ella sobre la una del mediodía y me la llevaré a
comer a Cepa21, es una apuesta segura si la quiero impresionar.
Antes un brindis, que nos descorchen una botella del roble, así
para abrir boca, barricas francesas y americanas,
denota clase y acierto.
Entre plato y plato una conversación frugal pero animada,
sin espacios en blanco, que vea que soy un tipo resolutivo, cultivado e
inteligente, aunque se de buena tinta que no debo resultar cansino, si lo hago
saldrá corriendo y lo echaré todo por tierra.
Tengo que buscar la manera de introducir miraditas cómplices
y alguna sonrisa canalla.
A ellas les encantan los canallas, pero sin pasarme, que no
piense que soy un vividor o un sinvergüenza…descubriría el pastel.
Tengo que irla seduciendo poquito a poco, con aplomo, con
suavidad también, he de ganármela antes de los postres, entonces, cuando la
tenga completamente entregada llegará el gran momento.
¡¡¡Tiemblo al pensarlo!!!
Otra botella, esta vez un rosado, el rosado invita a la cercanía,
es atrevido y juvenil y va estupendamente con los postres.
Que beba, que los efluvios del vino la desnuden de esa
seriedad tan suya.
He hablado con Alberto, el chef, es coleguita mío y me va a
echar un cable.
A una señal, la maitre nos invitará a pasar a un reservado
donde estará todo dispuesto: la iluminación perfecta, una música suave, la
intimidad y el ambiente que requiere la gran pregunta.
Que nervios.
¿Y si me dice que no?¿Qué hacer?
No quiero ni imaginarlo, no podría vivir sin él Si.
Me armaré de valor, la agarraré de la mano y clavaré en sus
pupilas mis pupilas azules, a lo Becker, con un par.
Aprovechando la magia del momento, y con la mejor de las
pronunciaciones soltaré la gran cuestión, la que marcará durante muchos muchos
años el devenir de mi vida:
"Señora directora, si accediera a concederme la hipoteca, me
haría usted el hombre más feliz de este planeta".
No puedo fallar.
Aunque manda cojones…a lo que hemos tenido que llegar.
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