Entrada destacada

El poema definitivo.

Se levantó de la cama con sigilo y tras abandonar el dormitorio, encendió un pitillo con el Zippo. Se deleitó con la primera calada, disf...

Mi primer retoño

Mi primer retoño
Este fue el primero de lo que espero sea una familia numerosa

domingo, 28 de enero de 2018

Natación emocional

Acostumbro a perderme entre los razonamientos y entre los argumentos que segrega mi cerebro cuando trata de imponer la razón de la evidencia al insistente y poco consciente deseo del corazón.
Y no. No sé que hago aquí, en esta oscura salita de pensar que se haya dentro de mi, a medio camino entre la realidad de mi psique y la laguna de metáforas que se oculta tras mi pecho torturado, donde apenas hago pie y constantemente nado desesperado, tratando de alcanzar la orilla,la salvación,la tierra firme de una amor correspondido y carente de artificios. Pero ese amor se distancia más y más y con cada brazada que doy, nervioso y deseoso de llegar a él,me alejo.
Las aguas de la laguna y su fondo arenoso y turbio, esconden los cadáveres de todas las historias de amor que creí serían eternas y maravillosas y no eran otra cosa que sospechósamente hermosos lodazales poblados por caimanes que devoraron mi ilusión y mi esperanza, mutilando mi cariño entre sus enormes y despiadadas fauces. Y no los culpo. Tienen que alimentarse para sobrevivir y la culpa fue tan solo mía por creer que podría nadar entre ellos sin resultar herido.
Me he perdido y una corriente traicionera me ha devuelto a aguas profundas, Pero he encontrado una tabla a la que agarrarme, un oportuno salvavidas que me librará de que se encharquen mis pulmones y pierda el conocimiento entre labios embusteros y traidores.  Me he agarrado fuerte a mi deseo de ser feliz y de cuidar de mi mismo. y ahora me mantengo a flote y no tengo miedo, porque no volverán a tirar de mis pies hacia el fondo, ni a arrancarme la carne a bocados Ya no.
A lo lejos, mientras nadaba perdido, vislumbré la luz de un faro que me llamaba a la vida y a la plenitud emocional y  respiré tranquilo, cambié mi rumbo y nadé hacía la luz. Según me acerco a la orilla de Ítaca, las aguas se tornan cristalinas y transparentes, cálidas y seguras. No hay criaturas que pretendan saciar su apetito conmigo ni pecios hundidos vestidos de algas, moluscos y coral. Los restos del pasado más sombrío y desagradable se han transformado en juguetones delfines que nadan junto a mi. No tengo miedo. La luz me guia y se  refleja en mis empapados cabellos y en mi piel arrugada por el agua, convirtiendo la desorientación y la angustia en necesario y útil aprendizaje. De todo se aprende y todo sirve, incluso lo más doloroso.Precisamente las experiencias negativas son las que más te fortalecen cuando consigues superarlas y relegarlas al cofre de lo que no ha de volver.
¿Te apetece un bañito?

No hay comentarios: