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domingo, 16 de julio de 2017

Si es que te vas primero

Se ajusta el cinturón de seguridad, comprueba los espejos, quita el freno de mano y gira la llave de contacto. 
Los escasos trescientos metros de la avenida principal del cementerio donde acaban de enterrarla, se le hacen eternos, como la vida en un mundo futuro o lo que sea que le espera después.
Cambia de primera a segunda al acercarse a la puerta de salida y, una vez abandona aquel provinciano camposanto, mete tercera y acelera deseando que al entrar en la autovía, un camión se lo lleve por delante y termine de una vez con ese dolor que le está abrasando el pecho. 
No es capaz de aceptar que se haya tenido que ir antes que él. La fe en Dios y la esperanza de un paraíso donde ella le aguarda, se le escapa entre lágrimas y blasfemias, maldiciendo a quien sea que ha dictado sentencia sin tener en cuenta el dolor que deja su ausencia. Durante unos minutos se siente tentado de convertirse en agnóstico y renunciar a la fe católica impuesta por sus progenitores y, alimentada a lo largo de su vida por los educadores del colegio y la universidad privada, donde cursó sus estudios. No había blasfemado nunca hasta que el doctor se presentó en la sala de espera, con la mirada huidiza, el gesto cambiado y expresión de "aparta de mi este calid".
Al parecer su cuerpecito no había soportado el impacto directo y el traumatismo cráneo encefálico severo le produjo una lesión cerebral irreversible. Sus axones dejaron de coordinar las ordenes neuronales  precisas y sin el director de orquesta, los músicos no supieron armonizar latidos y respiración.
Y así terminó todo. Murió con poco más de cuarenta años, toda la vida por delante, muchos sueños por cumplir y una sonrisa preciosa. Y él no pudo hacer nada, no siquiera matar y arrancarle el corazón al borracho hijo de puta que invadió el sentido contrario, porque el muy cabrón murió en el acto al chocar frontalmente contra el coche de su novia.
La putada es que si renuncia a su fe y al Dios que le tocó en suerte al nacer, pierde también la posibilidad de encontrarla en ese paraíso diseñado como el escaparate final de un concurso de la tele. Y desde luego no va a desaprovechar ningún comodín para volver a besarla. Y si luego es todo mentira y, no hay Dios ni nada y tan solo somos energía que ni se crea ni se destruye, se transforma, ya encontrará la manera de generar una sobrecarga que funda las bombillas de todas las farolas o lo que sea, pegadito a ella.
Por si acaso, reza un "yo confieso" y se disculpa por su debilidad y su falta de entereza y fe.
La quiso tanto; la quiere tanto, tanto, que el pecho le va a estallar y siente las sienes palpitar acompasadas por un corazón que no le pertenece, porque supo que le pertenecía a  ella en el mismo momento en que cruzaron sus miradas por primera vez. 
Y ahora a seguir viviendo, a esperar la muerte, la transición o como coño se llame esto que los separa.
Al conectar la radio del coche y ajustar el dial, la ironía del destino hace que suene a todo meter la voz de Andrés Calamaro, cantando "Espérame en el cielo". Las lágrimas le inundan los ojos impidiéndole ver a tiempo la curva que se avecina y, al entrar en ella a velocidad excesiva, pierde el control y termina impactando contra el muro que rodea una nave industrial, falleciendo en el acto.
Cuando los servicios de emergencias se personan allí, encuentran al difunto con el cuerpo destrozado, los ojos muy abiertos y una  enorme sonrisa en los labios.
 Calamaro no fue consciente nunca de que su voz, acompañó el reencuentro de dos bocas impacientes por besarse.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Que tristeza pero a la vez amor...
Zeroide
:-)*

lacantudo dijo...

No pude evitar que contuviera ese poso de tristeza tan fuerte pero mi intención y aunque casi no se note, era la de dejar ver que incluso más allá de la muerte, el amor pervive.
Ella murio hace mas de un año y yo la seguiré queriendo el resto de mis vidas. Y sé que lo mejor que puedo hacer en homenaje a ese sentimiento es vivir y tratar de ser feliz, porue aunque nuestra historia no terminó de cuajar nunca y se quedó en una inmensa amistad, jalonada con alguna noche especial, ella me aportó muchos mimos y cuidadados durante mi recuperación y sé que me quiso ver bien.

Anónimo dijo...

Un abrazo grandote! Muaaaa
Buenas noches...y felices sueños...
Zeroide

lacantudo dijo...

Un abrazo tamaño king size, maridados con una reducción de besos respetuosos, castos y puros. Y para finalizar el menu, un hojaldre de sueños de esos de los que no quisieras despertar nunca. Joer...que daño ha hecho Chicote a la literatura.

Anónimo dijo...

:-)))))
Zeroide