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domingo, 3 de diciembre de 2017

Flores de otro jardín

Como cada mañana, lió un cigarrillo mientras se hacia el café y esperó a que la vieja y eficaz moka comenzase a rugir para poner la primera canción de la mañana y escucharla mientras saboreaba la infusión y el cigarrillo.
Siempre amanece con una canción,  es la parte más importante de su desayuno. 
Hoy se había despertado alegre, con el corazón contento y muy optimista. Por todo eso, escogió un tema de los años cincuenta compuesto por George Shearing e interpretado en esta ocasión por la voz de una elegante y atractiva leonesa que sabía darle al tema la elegancia y la alegría precisa.
Mientras disfrutaba de tan agradable momento, alguien llamó de forma insistente al timbre de la entrada principal y apurando el café, algo molesto por la interrupción, se dirigió a abrir la puerta.
Al echar un previsor vistazo a través de la mirilla, descubrió a su vecina; una bella mujer de mediana edad que ocupaba el chalé de la parcela contigua, junto a su marido, un tipo que nunca le había caído particularmente bien y al que saludaba únicamente por educación cuando se cruzaban por la calle.
En más de una ocasión había escuchado los gritos con los que regañaba a su mujer por cosas nimias e incluso absurdas pero él no era quien para juzgar la relación de nadie por lo que siempre había optado por no pronunciarse al respecto.
Antes de abrir la puerta, se colocó un poco el cabello con la mano y se atusó el rubio bigote donde habían quedado un par de gotas del primer café de la mañana, apurado con prisas y cierta mala leche
-Buenos días, señora Garden, ¿Puedo hacer algo por usted?-dijo antes de darle una fuerte calada al cigarrillo.
-Buenos días, Iván, no quisiera molestarle pero no sabía a donde ir. Carl ha perdido los nervios y estoy realmente asustada. Cuando le he visto coger la escopeta de caza de encima de la chimenea e ir a buscar cartuchos, no me lo he pensado y he salido corriendo a la calle-contestó su vecina.de forma nerviosa y conteniendo el llanto. Iván se hizo a un lado para que pasara y cuando lo hubo hecho, se aseguró de cerrar la puerta con la cadena de seguridad.
-No tiene usted nada que temer, señora Garden, intente tranquilizarse en lo que llamo a la policía. Estarán aquí en cuestión de minutos.
-Pero yo no quiero denunciarle.Grito asustada y visiblemente incómoda la mujer.- Ha debido de ser un arrebato de rabia y seguramente se le haya pasado ya. Carl nunca me ha puesto una mano encima ni me ha amenazado. Es verdad que a veces pierde un poco los nervios conmigo y me grita, pero de ahí a que vaya a hacer una locura hay un buen trecho.
-Señora Garden-dijo Iván.-En estos casos tan solo basta con la primera vez. No suele haber opción para repetir. Si ha venido aquí buscando refugio, está más que claro, que usted misma ha pensado que es capaz de mutarla así que no le de la oportunidad. Esto hay que denunciarlo y si no lo hace usted lo haré yo. Cada día veo sucesos de este tipo en las noticias y estoy convencido de que muchas veces se podrían haber evitado tan solo marcando un número de teléfono y pidiendo ayuda. Así que si no le importa-insistió con firmeza pero dulcemente- siéntese y trate de calmarse. Yo haré la llamada.
Pocos minutos después, el coche patrulla que se acercó hasta la urbanización al recibir la alerta de la central, fue recibido a tiros por Carl, quien había visto a su mujer llamar a la puerta del vecino, un petulante divorciado que por lo que tenía entendido, solía cortar flores de otro jardín y, ya había destrozado más de un matrimonio. Pero él no se lo permitiría, antes de que le engañase con aquel pretencioso músico de la sinfónica de la ciudad, la mataría o los mataría a ambos.
Justo en el momento en el que estaba llamando al timbre del vecino, se presentó la policía y de forma instintiva, reaccionó disparando contra el coche patrulla.
Uno de los agentes respondió el fuego a través de la ventanilla alcanzando al celoso y homicida vecino de Iván en el cuello y en el tórax.
Al abrir la puerta, tras la petición para ello que se escuchó por la megafonía del vehículo policial la señora Garden se arrojó sobre el cuerpo de su esposo llorando y gritando de dolor. El compañero del agente que había disparado, trataba de reanimar a Carl mediante un masaje  cardiaco pero no se pudo hacer nada por él. Las dos certeras balas de nueve milimetros habían cumplido con su cometido.
El médico del SAMUR que llego rápidamente depues de que se avisará a la  ambulancia  desde el radio patrulla, tan solo pudo certificar la defunción.
Ivan contempló todo aquello horrorizado y curiosamente pensó para si, "Que putada, me estaba encantando esta versión. Cuando pase el jaleo, volveré a ponerla desde el principio y me tomare otro café".

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