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lunes, 12 de junio de 2017

Todas las cartas sobre la mesa.

Como uno de los ejercicios para el taller de escritura creativa que estoy realizando con Índigo Crea, me pidieron elegir una carta de este curioso juego y escribir un pequeño relato sobre ella.
Conociéndome, si acostumbráis a leerme, habréis deducido que elegí la última de las que aquí se pueden ver, la de la mujer atrapada en la gota de agua.
Y este es el relato que salió de esta elección.
Es muy Juan, lo aviso.


Cartas Dixit. Nº 31   La mujer de cada lágrima

Llevaba tiempo sospechándolo pero al aplicar energía nuclear a la lente de aumentos de su potente microscopio, lo confirmó. En el interior de cada una de sus lágrimas analizadas, vivía la misma mujer.
Al realizar su descubrimiento, el melancólico científico, torturado por el pasado, estuvo a punto de desvanecerse por la impresión. Pero la pérdida del conocimiento le llegó al reconocer su rostro. En cada lágrima que vertía al recordar su traición, ella había conseguido crear su propio ecosistema habitable e instalarse en él.
¿Qué hacer? ¿Cómo erradicar la presencia de aquel doloroso recuerdo en sus lágrimas? Tras meditarlo durante muchas horas, dio con la solución. Había barajado dejar de llorar para que la sequía terminase con todo, pero no quiso arriesgarse a que cualquier otra razón que le conmoviese hiciera nacer nuevas lágrimas. Optó entonces por una solución tan radical como efectiva.  Esa misma noche se inyectó la dosis de morfina necesaria y rescató del fondo del armario, el juego de bisturís que ella le regaló. Por un momento su mano vaciló y estuvo cercano al abandono. Abandonar. Casualmente fue ese verbo lo que le llevo a llorar cada uno de sus recuerdos, a concederle la vida eterna en sus lágrimas.  Eligió el bisturí más adecuado con el mismo mimo que en su día empleó al elegir el mancillado anillo de pedida y entonces procedió a la extirpación de lacrimales.  Lo demás, fue todo sangre, rencor y precisión cirujana.
 

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