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jueves, 11 de agosto de 2016

Comiendo techo

No vuelvo a ponerme, ha sido la última vez.
Supongo que esto lo estoy pensando como parte del enorme bajonazo que me ha dado tras pasarme las últimas horas comiendo techo tumbado en la cama. No ha sido muy inteligente acostarme con el subidón que tenía. Si no llega a ser porque cuando llegué a casa, estaba mamá despierta, hubiese cogido algo de pasta del cajón de mi mesilla y las dos rulas que me quedan en la cajita de emergencias y me habría vuelto a bajar a buscar a alguno de estos. Pero tuve que hacerme el niño bueno y disimular para no darle un disgusto.
Ayer estuvo bien pero  fue un poco pasada.No soy ningún yonki ni ningún poligonero de esos, que salen en la tele en los documentales sobre la juventud y la droga. Lo mio es diferente y con clase, aunque me pudo el ansia y después del MDMA que me ofreció ese compañero de constitucional, al que solo veo ocasionalmente en la facultad y poco más, no me quedó más remedio que corresponder de alguna manera y volqué el gramo. Nos lo metimos de cuatro lonchas, era un perico impresionante que me pasa el camello de un vecino de La Moraleja y nos puso como motos en el acto, los reyes de la fiesta. 
Lo que no hice bien fue beber tantas copas, pero entre el M, la farlopa y las rulas, tenía una sed loca y los cubatas me duraban lo que un caramelo a la perta de un colegio. Además me gasté un dineral anoche. Cuando me he vaciado los bolsillos, solo he encontrado un turulo hecho con un billete de cincuenta euros, del resto de la pasta ni idea, aunque nos encontramos con Merche y  otras niñas de enfermería. Como están tan buenas y queríamos impresionarlas, no las dejamos pagar una copa en toda la noche y claro, me salió caro el magreo en los reservados.
Ya tengo veintitrés años y creo que va siendo hora de que eche el freno. Si me lo monto bien, podré currar con papá en su asesoría de empresas, que es donde está la pasta. Cuando termine la carrera puedo empezar a hacer prácticas con él, en lo que me saco el master y sino, siempre me puedo ir a Estados Unidos un añito, a aprender bien inglés, que ahora con lo de la unión europea, el idioma es fundamental si quiero llegar lejos. Lo único, va a ser buscarme un camello en California, pero bueno, eso no creo que sea difícil, allí hay muchos negros y chicanos. De todas formas me estaba planteando no volver a ponerme nunca. Vale que seguramente sea un coñazo de vida pero empiezo a notar demasiados nervios y estos bajones después de las fiestas, no me merecen la pena. No soy el que era, es verdad. Ahora no aguanto ni media y día sí, día también, termino a hostias con algún niñato pero imagino que eso es porque me estoy haciendo mayor y ya no estoy para aguantar tonterías de nadie. La mala leche va con la edad, sino que me expliquen porque los carrozas tienen todos esas caras de cabreo. No quisiera llegar a los cuarenta sin haber disfrutado de las cosas buenas de la vida. Mierda....creo que me voy a desmayar, debo tener la tensión por los suelos, será mejor que me coma una chocolatina y me beba una Cocacola, a ver si con el azúcar me vengo arriba. 
Joder, creo que he perdido el puto Iphone. Eso, o me lo he dejado en el coche de  Merche cuando me trajo a casa. Luego me llamo desde el fijo, a ver quien me lo coge, aunque seguro que ya se habrá quedado sin batería.
A veces cuando las cosas están de salir mal, están de salir mal. A ver que le digo a mamá si no lo encuentro, que es el segundo desde Reyes y cuando perdí el otro me dijo que no volvía a comprarme un móvil tan caro. Ella sin embargo no se corta a la hora de gastarse el dinero en caprichitos.
Coño que mal me encuentro hoy, se me esta yendo la cabeza, tengo unas ganas inmensas de gritar y de romperlo todo. No vuelvo a ponerme, creo que hasta aquí he llegado.Bueno, despues de la fiesta en casa del padrastro de Merche,el finde que viene, se acabó. No vuelvo a ponerme. Si acaso y como mucho, una rayita de vez en cuando o unas rulas en las ocasiones especiales.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Ni te imaginas la de gente que se mete algo para aguantar la noche. Seguro que más de tu edad que de los 23 años que tiene el protagonista.

lacantudo dijo...

Puede que el error no este solamente en meterse,sino en forzarse a aguantar por necesidad. El cuerpo humano es sabio y cuando dice "hasta aquí hemos llegado" no hay porque empeñarse en seguir y en buscar trucos para no descansar.
Aprender a escuchar a tu cuerpo es algo que llega con la edad y aunque es cierto que conozco a mucha gente de mi generación que sigue tirando de recursos para cerrar bares, hay una gran mayoria que ha escarmentado en carne propia o ajena.
Es física pura: Todo lo que sube tiene que bajar.