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lunes, 2 de noviembre de 2015

Terapia

Hoy simplemente necesito escribir.
No he sido capaz de seleccionar una canción para encabezar esta entrada, ni una ilustración ni una fotografía que resuma lo que siento ahora mismo.
La vida da muchas, muchas vueltas y si no te agarras bien puedes salir despedido en una de ellas, la inercia es poderosísima.
Un día te encuentras con que no sabes bien quien eres y que es lo que quieres, ni siquiera como vas a tratar de conseguirlo.
Supongo que a lo largo de la vida uno experimenta días inciertos en los que las metas personales o incluso las aspiraciones y los sueños se presentan entre interrogantes.
No hay ningún manual ni libro de instrucciones, tan solo una clepsidra donde la arena va cayendo despacito de un extremo al otro y si te quedas absorto mirando, resulta que un día los granos del tiempo se terminan de acumular en el lado del adiós y se acabó la partida.
La juventud es atrevida, como la ignorancia y tendemos a creer que seremos siempre jóvenes pero resulta que no, que llega el momento de echar cuentas y de escribir en una página los logros y en otra los fracasos y estremece comprobar que ambas listas están muy a la par o que incluso hay que computar como logro un fracaso a medias para que no te superen las faltas de acierto.
Imagino que esto será parte de eso que llaman madurez y que pasa obligatoriamente por un exceso de introspección.
Una vez escribí que si quería hacerme daño solo tenía que cerrar los ojos y hacer introspección y; realmente es doloroso comprobar que se han desperdiciado muchas oportunidades, que se han perdido demasiadas personas importantes por el camino y que se ha dejado escapar a aquellas que no deberían haberse ido nunca de tu lado.
Por algo siempre he tenido como alter ego a Peter Pan, porque nunca quise hacerme mayor pero ya me quedan demasiado ridículos el gorrito con la pluma y los cacareos.
Campanilla nunca dejará de ser un hada y volará lejos, eligiendo su camino y rociando a otros niños perdidos con sus polvos de hada para que puedan volar junto a ella.
Garfio no es mal tipo, es solo un incomprendido más.
Yo con suerte seguiré cocinando metáforas y condimentando mis textos con toda suerte de recursos literarios intentando que no provoquen acidez ni indigestión pesada a quienes los lean.
Sé que las cosas no son tan sencillas como imaginé cuando era un chaval y, ya me ha tocado enfrentarme a algunos momentos realmente duros pero lo que si que he aprendido es que aún errando continuamente, siempre merecerá la pena seguir probando fortuna, un día dejaré de cometer errores.
Tengo tanto que aprender aún, que me da miedo ser el último de la clase si bajo de nuevo la guardia y vuelvo a distraerme con el vuelo de una mosca, con unos ojos bonitos o con una palmadita en la espalda.
Estos últimos meses no he sido capaz de saber realmente quien soy, de reconocerme entre las ansias de volver a toda costa, sin tener claro que es lo que he perdido y que lo que mantengo de aquel yo.
Ya ni siquiera soy capaz de convencerme de que quiero volver a recuperar aquel yo, pues entre lo poco que tengo realmente claro es la certeza de que las cosas pasan porque tienen que pasar y esto no ha sido una señal que deba ignorar.
Tengo una docena de sacos enormes llenos de dudas, un par de sacos de angustias y centenares de cajitas con sonrisas, abrazos y buenos deseos que me han donado generosamente muchísimas personas.
La semana pasada escribí que soy de los que piensan que hay que moverse, pelear y no tirar la toalla y por supuesto también me ratifico en ello, aunque me ha tocado presenciar como se apagan demasiadas luces. 
La mía sigue encendida y espero que no me corten el suministro.
Hoy me dejo de relatos fantásticos, de cuentos clásicos, de historias de amor y de interpretaciones de canciones para una noche en vela.
Hoy me debía este texto y esta confesión pública.
Me declaro culpable de vivir y de tratar de hacerlo dignamente. Me entrego desarmado y solicito la clemencia del jurado. He querido ser un niño demasiados años y ya va siendo hora de que me convierta en el hombre para el que se me ha educado.
Quisiera llegar a ser un buen escritor pero para ello debo aprender a abstraerme de mi realidad cotidiana y a renunciar a imprimir  mis vivencias en todo lo que escribo.
Insisto, tengo mucho que aprender. 
Será mejor que me disponga a coger apuntes y que ponga mucha más atención.


 


 

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres un buen escritor, empieza a darte cuenta y no dejes de trabajar.

lacantudo dijo...

Gracias anónimo.
Hoy por hoy ya he aprendido que las metas solo se consiguen trabajando duro y a veces ni eso.
Puede que no escriba mal del todo, puede que sea mi lector más exigente y el más crítico pero eso es porque me conozco mejor que nadie y sé que si me esfuerzo seré capaz de aprender a abstraerme de mi realidad a la hora de escribir y consiga escribir sin participar activamente de lo escrito.
Ganas de mejorar no me faltan.