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domingo, 8 de noviembre de 2015

Catas literarias.

Este fin de semana y celebrando el día europeo del enoturismo, la bodega de la Ribera del Duero. Emilio Moro, me encargó unas catas literarias en las que tendría que escribir unos textos sobre sus vinos Finca Resalso, Emilio Moro y Malleolus, para acompañar las catas maridando con literatura además de con delicias gastronómicas estos tres excelentes caldos.
Ha sido una gran experiencia y ya voy cogiendo soltura en este tipo de eventos, pues he realizado catas literarias en Valladolid, Madrid, Palencia y Zamora.
El público asistente ha salido satisfecho y he prometido colgar aquí los textos escritos para estos tres vinos por si alguien quisiera realizar esta actividad en su casa con amigos o familiares.
Trato de cumplir mis promesas así que ahí van.
Antes de seguir con la publicación de los textos quiero agradecer de corazón la ayuda y los consejos de grandes amigos para  conseguir realizar una lectura en condiciones, obviando y superando las dificultades en el habla.
Gracias chic@s.



Finca Resalso.
Al fin he conseguido juntar los días de vacaciones pendientes y gracias a la amable y desinteresada colaboración de la directora de recursos humanos de mi empresa, he podido escaparme a la vieja casa de mis padres.
La casa, típica de pueblo, con bodega, amplio bajo cubierta y un pequeño patio con jardín, consiguió escapar de los especuladores,  constructores e inversores en bienes inmobiliarios que surgieron de la nada durante los años de bonanza previos a la crisis económica que asoló mi país.
Ni mis hermanos ni yo quisimos deshacernos de la vivienda donde se crió nuestro progenitor  y resistimos a la tentación de cantidades terriblemente escandalosas,  pisos en aportación y sobrecitos con primas en billetes de quinientos, que con cualquier excusa deslizaban en nuestros bolsillos los diversos intermediarios que acudieron al aquelarre del boom inmobiliario.
Hace frio, se acerca el invierno, como reza esa frase tan de moda que hace referencia a una serie de televisión americana  que pretende enseñarnos algo a los españoles sobre los juegos de tronos. Nosotros que somos un país donde esos juegos lleva practicándose desde hace miles de años con desiguales resultados y en los que siempre hemos perdido los mismos, los ciudadanos de a pié, que ni jugábamos ni malditas las ganas.
Esta vieja casa contaba con un sistema de calefacción antiguo y eficaz conocido como “la gloria” pero ya hace unos años al reformar la vivienda, se cegó la gloria y se instaló una buena caldera y los correspondientes radiadores en todas las habitaciones.
No quiero encender la caldera, prefiero calentarme como lo hicieron los vecinos de estas tierras durante muchos, muchos años, con un vasito de vino de la Ribera del Duero.
Me acerco hasta el botellero de la bodega y escojo una botella de Finca Resalso, doy fe de que es un vino amable y de trago agradable y además sus 13 grados de alcohol me ayudarán en mi empeño sin hacerme perder la verticalidad.
Al tomar la botella del mueble donde descansa tumbada y a temperatura idónea me fijo en la foto de la etiqueta.
Es la foto  en blanco y negro de unos niños que posan en los campos de cultivo de su pueblo natal, un pueblo a no muchos kilómetros de aquí y esta foto me hace sonreír con añoranza pues me trae muchos recuerdos a la cabeza.
Seguramente si busco entre las viejas fotos de los álbumes de mi padre encuentre una foto similar con mis hermanos y conmigo como modelos.
Estamos en pleno siglo 21, todo avanza muy deprisa y hoy en día hasta el niño con peores calificaciones escolares, sabe manejar sin problemas un ordenador, una tablet y un teléfono de esos digitales y de última generación, con datos.
Los únicos datos que quisiera almacenar siempre y a los que me gustaría estar conectado son los recuerdos del tiempo pasado aquí junto a los míos.
En efecto todo avanza, todo, incluso la avaricia y la crueldad humana.
Me sirvo una copa de Finca Resalso y saboreo el tinto fino que habita en la botella.
Envejecido en barricas de roble francés y americano, dice la etiqueta.
Menos mal que el vino no  se comunica conmigo, si no, no sé cómo llegaríamos a entendernos, ya que yo de inglés y de francés ni papa.
Por otro lado este vino es castellano hasta la médula y estoy seguro de que su idioma oficial sería el español y conservaría las otras dos como lenguas secundarias.
En cada trago hay un pedazo de mi vida, de mi historia de mis momentos de placer, en esas reminiscencias afrutadas identifico mi niñez y en los taninos propios del tinto se rememoran todos y cada uno de mis  pasos hacia la hombría.
Abandonamos el pueblo hace más de veinte años, todos los hermanos estudiamos una carrera en la universidad y cada uno terminamos trabajando en un rincón diferente de la península pero estoy convencido de que al saborear cada trago de un vino de esta bodega de Pesquera de Duero, el corazón y la imaginación volverán a juntarnos en esta casa.
Disfruto y me caliento al tiempo y sobre todo y por encima de todo, al beber Finca Resalso, me siento en casa.

Emilio Moro



Según dijo la persona que da nombre a este vino: "El vino es un arte, que si se sabe escuchar nos habla, nos dice cuando necesita un trasiego, cuando reposar. Es como un ser vivo que hay que entender, atender y mimar"
Creo sinceramente que los grandes problemas en este mundo nacen de la falta de comunicación.
Las guerras civiles, las diferencias sociales e incluso los divorcios y los problemas de pareja, nacen de una más que evidente falta de comunicación y además de preparación académica, buen gusto y un paladar y una nariz muy entrenados en los asuntos enológicos, un buen enólogo y un sumiller de categoría han de saber comunicarse con los vinos.
La falta de comunicación no radica  como algunos creen en que los canales entre emisor y receptor estén obstruidos, si no en la ausencia de interés porque la conversación sea posible.
Hay muchos idiomas y muchos lenguajes que se escapan a la comprensión de la mayoría de los seres humanos.
Hoy en día podemos recurrir a diversas opciones para traducir o interpretar adecuadamente un lenguaje desconocido, diccionarios, tutoriales en internet, programas informáticos y demás ingenios de poco sirven si no se tiene una natural disposición al entendimiento.
Doy fe de que a veces la vida nos bloquea la comunicación y es terriblemente difícil conseguir ya no que te entiendan, si no tan solo que te escuchen.
Emilio Moro consiguió entender al vino y aprendió a comunicarse con él, prueba de ello es el vino que estamos catando, en el que se puede apreciar que la conversación llegó a buen término.
El fundador de esta bodega ha sabido transmitir sus conocimientos a sus hijos y no me extrañaría que el “enolenguaje” llegue a impartirse en la escuela oficial de idiomas.
Será una gozada asistir a clase, de hecho me estoy planteando hasta matricularme y no faltar sin justificación, cosa que si hubiera hecho en el instituto y en la facultad seguramente me habría permitido obtener mejores calificaciones. Total, no tendría que pirarme las clases para tomarme unos vinos con los compañeros.
Además de los consabidos “afrutado”, “atrevido en el paladar” y demás términos puede que los sumilleres incorporen cosas como: escueto, deslenguado o verborreico.
Ojalá los líderes mundiales hagan también por comunicarse mejor entre ellos, a ser posible ante una copa de buen vino de la Ribera del Duero.
No nos engañemos, cuando queremos somos muy espabilados y si se ha creado un lenguaje de signos, un braille o incluso un idioma universal como el esperanto, con el tiempo aprenderemos a comunicarnos con los animales y las plantas y porque no, tendremos largas charlas con la uva del país.
Todo es tener ganas de transmitir y de comprender.
En cuanto a limpiar los canales es mucho más sencillo de lo que parece, solo habrá que decantar bien y limpiar restos de corcho si los hubiéramos generado al abrir la botella.




Malleolus

Una vez más la experiencia es un grado, o en este caso catorce grados y medio.
Me encanta que constantemente encontremos ejemplos de que la veteranía lejos de ser un problema, es más bien un valor añadido que no necesita de cremas faciales, cirujanos habilidosos o inyecciones de botox.
Los enólogos  han elaborado este vino con la uva procedente de los majuelos más antiguos de la bodega, de entre veinticinco y setenta y cinco añitos, ahí es nada, aunque a simple vista parecen haber hecho un pacto con el diablo.
Si jugásemos a construir metáforas con la edad de jubilación de los trabajadores españoles, muchos de estos majuelos ya deberían estar pasando unas semanitas en Benidorm, apuntándose a los viajes del Imserso o esperando a que la señorita cante el siguiente para bingo. Eso en el mejor de los casos; por desgracia en estos tiempos que corren, al jubilarte corres el riesgo de tener que convertirte en un súper abuelo que se hace cargo de los nietos y de las labores del hogar e incluso en el Harry Potter casero que consigue hacer magia con su pensión, para que tan limitada cantidad alcance para que los hijos en paro puedan llegar a fin de mes.
Malleolus es un sinónimo de experiencia, calidad y saber hacer.
No sé cuántos de los presentes hablarán latín en la intimidad como decía aquel presidente del gobierno sobre su costumbre de halar catalán en su casa,  pero yo que soy de letras puras, mentiría si les dijera que traduje esta palabra directamente al escucharla.
Malleolus quiere decir majuelo y el nombre de por sí, ya es un homenaje a esos viñedos denominados así familiarmente en la Ribera del Duero.
Este vino juega con el paso del tiempo y además de haberse elaborado con la uva procedente de los viñedos más antiguos, después se ha envejecido el caldo en barricas de roble francés durante dieciocho meses.
El francés no deja de ser una lengua romance que procede del latín así que todo cuadra...
Al beber un trago de este vino, además de las consiguientes notas de cata que puede apreciar un paladar ducho en estas artes, se reconoce la exquisita predominancia del paso del tiempo, como si uno tuviese la suerte de besar a Sofía Loren.
No creo que se vaya a hacer Coca-Cola gran reserva ni gatorade crianza, hoy por hoy la inmediatez es el leit motiv de cualquier tipo de bebida.
Los grandes vinos, los coñacs y los whiskys más exquisitos e incluso algunos destilados de calidad, siguen respetando a sus mayores.
En las tribus indígenas de medio mundo quien toma las decisiones es el consejo de ancianos y aquí como te descuides, aparcamos a los mayores en asépticas residencias o en los amablemente denominados “centros de día”.
Gracias a Dios el mundo del vino sigue siendo ajeno a muchas de las nuevas tendencias.
Al margen de la literaria parafernalia de este texto, creo que cuando ustedes saboreen este vino me van a dar la razón y que cuando vuelvan a sus casas y piensen en el futuro que les espera, volverán a dármela y recordarán con gratitud el haber catado conscientemente el sabor de la experiencia.
Yo aprovecharé los efluvios del licor para seguir soñando con Sofía Loren.


Espero que sean de vuestro agrado y que acompañen el disfrute de unas cuantas botellas.





 


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