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sábado, 29 de agosto de 2015

Tangos.

Ya he escrito en más de una ocasión que el pueblo argentino tiene una especial sensibilidad a la hora de transmitir sentimientos a través de la música, el cine o la literatura.
Gardel me ha acompañado a lo largo de mi vida formando parte de la banda sonora de algunos momentos memorables ya que a mi padre le gustaba mucho y entre las muchas cosas que aprendí de él, estuvo el disfrutar de las melodías y las letras de los tangos.
Este tango habla del dolor que sufre alguien para quien el tiempo pasado fue mejor y que se siente rodando cuesta abajo.
Si bien es cierto que hablar del pasado como el sumun de la felicidad es algo demasiado manido en diferentes expresiones artísticas, yo además puedo apuntar que es un error de base.
El pasado en el momento de suceder era presente y por desgracia nos cuesta conjugar el presente continuo en aquello que nos llena el alma pero si consiguiéramos prolongar los momentos felices en el tiempo, viviríamos el futuro con otra ilusión y relegaríamos al pasado únicamente aquello que nos hace sentir desgraciados.
Yo no soy aquel que fui y aunque a veces añoro a ese Juan que ya no está, he conseguido darme cuenta de que ahora tengo la oportunidad de aprender de mis errores de antaño y tratar de construir un nuevo Juan más consecuente con sus ideas y sentimientos.
Mirar atrás y llorar es demasiado fácil porque lo que realmente supone un esfuerzo es mirar hacia adelante y sonreír.
Seguramente la vida aún me reserve mucho dolor, igual más del que pueda imaginar pero también me reserva cosas increíbles, personas fabulosas y puede que incluso ese amor que siempre he soñado y que me he empeñado en encontrar en lugares y corazones vedados.
Dice siempre un amigo mio "hacia atrás ni para coger impulso" y aunque llevo oyéndolo años es ahora cuando lo entiendo.
Las cosas suceden porque tienen que suceder y su única función es que aprendas de ellas, de las meteduras de pata, los desengaños, las situaciones incómodas e incluso de los accidentes porque si no frenas tú, te frena la vida pero eso no quiere decir que tengas que sentarte en la cuneta y ver los días pasar, si no que tienes que caminar con el sol de frente, el viento a la espalda y la ilusión por bandera.
Igual el hecho de perder a una pareja de la que creías estar enamorado no es más que una parte de ese proceso de formación que desembocará en llegar a la persona que te reserva el destino con los deberes hechos y las respuestas aprendidas para que todo sea mágico y especial.
Puede que despertar un día sin fuerzas y limitado física y psicológicamente sirva para que aprendas de nuevo a valerte por ti mismo y a valorar lo que realmente merece la pena.
Que se te vayan los seres queridos forma parte de este trato y todos nos iremos más tarde o más temprano, lo importante es lo que dejemos en el recuerdo de los que se quedan.
Gardel canta que embozada bajo el ala del sombrero apenas puede esconder una lágrima incontrolable pero para nuestra desgracia el sombrero pasó de moda y ahora vamos a cara descubierta.
Si lloramos es porque somos humanos y a nadie se le ocurre tratar de esconder la sonrisa (excepto cuando es inoportuna por circunstancias especiales) así que no tengamos miedo de sentir.
Yo mismo me encuentro en un fase en la que dedico mucho tiempo a pensar y a buscar la explicación de sucesos que únicamente se presentan porque forman parte de la vida y tengo la inmensa suerte de poder sentarme ante un teclado, abrir mi alma y echar demonios fuera o compartir la felicidad con aquellos que me leen y con aquellos que han decidido acompañarme en este viaje, cogerme de la mano y apartar las ramas para que no vuelvan a sacudirme en el rostro.
Meditar es bueno pero vivir es mucho mejor.




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