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lunes, 9 de febrero de 2015

Cuan largo me lo fiáis

"Si dicen no llegas, de puntillas alcanzamos"
Así canta Macaco. Como se ve que el no se queda a escasos centímetros del metro setenta como yo.
De puntillas y con un palo aún me apaño, pero si no, lo llevo algo chungo.
En efecto, "seguiremos". Estoy de seguir, de hecho no puedo parar.
No puedo ni quiero parar de escribir, de identificar cosas, de disfrutar, de vivir.
Dicen que los cuarenta son los nuevos veinte, pues no lo se, pero en cualquier caso creo que la esperanza de vida de un varón de mi zona ronda los setenta y ocho años.
"Cuan largo me lo fiáis", que diría Don Juan Tenorio, además, eso de "varón caucásico" me suena como a conde Drácula o algo de eso y lo cierto que yo soy más de sidra que de sangre.
Mira que me gusta la sidra casi tanto como me gusta Asturias, que me apasiona, aunque claro, con este tamaño mio y teniendo el pelo rubio y los ojicos azules, cuando escancio unos culines, intentando hacerlo correctamente y levantando la botella por encima de la cabeza, más parezco un angelote de fuente renacentista o de cuadro de Rubens que un avezado asturiano tirando sidra.
En cualquier caso me encuentro con un plazo bien majo para ponerme en paz con mi espíritu y con el resto de la humanidad y a ello voy.
Me quedan muchas cosas por hacer y quiero hacerlas antes de que se me vacíe la clepsidra y juro que trataré de hacer un castillo con mi cubito y mi pala utilizando la arena del reloj.
Echaré un ojo a mi colección de "películas educativas" suecas para recordar eso de como hacer niños, aunque creo que es como montar en bici, vamos, que una vez que has "pedaleado" unas cuantas veces, ya no se te olvida nunca.
Menos mal, si no que bochorno, yo que llevo en bici media vida y para una vez que me planteo apuntarme a una carrera en condiciones, las iba a pasar putas.
De todas formas creo que me tocará hacer como con las pizzas, encargar la prole de oferta y con los ingredientes adecuados, a ser posible a domicilio.
Hay algo que también quisiera hacer mientras me quede algo de valor y no es otra cosa que nadar con tiburones, pero de los de verdad, no de esos metafóricos que abundan en las oficinas y en las calles.
Me han encantado siempre estos bichitos. No me gustan tanto como mi gato, pero en el agua fijo que son más gráciles y estilosos, aunque más voraces y agresivos también.
Mira que tengo documentales de tiburones y mira que he visto todos los vídeos de youtube sobre escualos. Puestos a jugarnos el tipo, prefiero tratar de escaquearme de ser el plato fuerte de la cena de un tiburón tigre, que de un tigre de esos a rayas y con bigotazos.Fijo que me pondría tonto al ver al tigre y trataría de jugar con él como con mi "gato-perro" pero ni pesan lo mismo ni tienen las mismas zarpas.
Hay tiburones bigotudos como el famoso "tiburón-gato" pero no pienso rascarle la tripa ni darle besitos porque del primer bocado me arranca la cara.
Bueno...no me voy a agobiar con cosas que no he hecho y quisiera hacer, no tengo prisa para nada y si no las hice en su momento por algo será.
Menos lo de pegar el estirón, no me arrepiento de nada que haya dejado de hacer.
Bien mirado, si hubiera nacido hace cuatro o cinco siglos hasta sería alto. Utimamente me la paso pensando en que por mi forma de ser, igual debería de pertenecer a otra época, pero creo que en el siglo diecinueve eran más o menos de estatura similar a la de ahora.
Digamos que más que bajito soy de cómoda estatura. Menos para jugar al basket, ver el teatro de calle y pedir las copas en un bar lleno de gente, mi tamaño es casi perfecto.
El caso es que ahora se me presenta toda un vida por delante y eso me mola bastante.
Igual hasta se me logra uno de mis sueños y un día os escribo para contaros lo felices que somos ella y yo.
Claro, eso si no se me come un tiburoncito en medio del baño.
No importa, aunque sea con una pierna bajo el brazo, seguiremos, que si lo canta Dani Macaco no seré yo el que le lleve la contraria.





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