
Quizás lo primero que me sedujo de él, fue su nombre, un nombre que evocaba tabernas portuarias en países grises y peligrosos, o en galaxias muy muy lejanas.
El bar en cuestión, eran cincuenta metros escasos repletos de gente y cervezas, de humo y de buena música, de momentos especiales.
Ese bar, contemplo el ocaso de una relación y el nacimiento de un gran amor.
Detrás de la barra, una manada de bandidos entrañables, con la cabeza llena de sueños y los ojos enrojecidos por el cansancio y las efluvios de vaya usted a saber que.
Durante mucho tiempo, fue mi bar, tan mio como de Curi o de Ferni.
Recuerdo que al poco de empezar a ir por allí, organizaron una peña para las fiestas de Valladolid, y sin conocer practicamente a nadie, nos apuntamos Laura y yo.
Aún me huelen los brazos al merengue de la guerra de tartas y aún huele el roncón de mi gaita, al humo de los cigarros aliñados que más de uno se fumo con el, como si de una pipa de la paz, labrada y musical se tratara.
Contaba "el olvi" con una amplia carta de cervezas nacionales e internacionales y una a una fueron pasando el examen cada fin de semana.
Cuantas horas leyendo "el jueves" en la barra o de cháchara con el amigo Curi, esperando a que el impresentable de Chuchi llegara con cualquier excusa sobre aparcamientos, tráficos y zonas azules.
Cuantos ratos buenos, cuantos abrazos y cuantos besos.
En una ciudad como la nuestra, donde ser diferente es un crimen, la gente del Olvidadero transgredió, rompió, y se atrevió con todo...con dos cojones.
Era de chiste ver como en el pequeño local, se organizaban conciertos, monólogos, sesiones de Dj¨s, comidas brasileñas...
Desde luego es siempre triste despedir a un amigo y en este caso lo es más, porque le estoy diciendo adiós a una parte de mi vida.
Se que el amigo Curi, con ese afán suyo por revolvernos la conciencia y las entrañas, perpetrará desde "La flor que me encontré" o desde cualquier otro lugar, un nuevo espacio para que los amigos y los enemigos nos encontremos y echemos un pulso con la mirada.
Un sitio donde pueda dar rienda suelta a esa maraña de ideas absurdas y maravillosas que le bullen en el cerebro.
Allí estaré yo, para hacer fuerza junto a él y tratar de derribar los pilares de una ciudad tan pretenciosa como timorata y crear de esa hecatombe un nuevo orden, donde los hombre de bien, podamos tomarnos un Cutty Shark con cocacola light sin cafeína, o un "sol y sombra", o lo que nos salga.
Vivirás en el recuerdo de muchos, que es la mejor de las muertes.