jueves, 22 de agosto de 2013

Diosa de ébano

Este relato, es la primera aproximación a un texto en el que estoy trabajando para la actriz de "Phentesilea Teatro", Mayte Ríos.
Al profundizar en la relación entre la prostituta africana y el joven primerizo, nace el texto para llevar a escena.
El elemento central es el erotismo, y mi mayor problema, escribir un relato erótico al uso.
De alguna manera siempre tengo que enmarcarlo en algún contexto más abrupto, en este caso, es más un texto de denuncia social que erótico.
A ver si os gusta.
Desde luego, os recomiendo que no os perdáis su espectáculo, os informaré de fechas y salas.


Diosa de ébano.



-Tienes que poner tus manos aquí-
Con delicadeza y con cierta ternura, la joven meretriz tomó las manos del tembloroso muchacho y las colocó en torno a sus pechos de diosa africana.
El joven exhaló u largo e incontenible suspiro de excitación al notar aquellas preciosidades entre sus dedos.
Instintivamente acarició con las yemas los voluminosos pezones color crema, que le recordaron extrañamente a unas gominolas que se vendían  únicamente en los recreativos de la plaza, junto al colegio de su barrio.
Sin saber muy bien porque, pero sin dudarlo, inclinó la cabeza sobre los pechos y comenzó a lamer los aquellos pezones.
- Vaya, tu tío me dijo que eras un crío inexperto, pero…
No pudo terminar la frase, las ávidas caricias que la lengua del muchacho distribuía  generosa por su piel, hicieron que experimentara un placer que había olvidado hacia años.
La succión de los labios del muchacho, entregado por completo al deleite de sus pechos, le recordaron a los terneros mamando de las ubres de las vacas, allá en su aldea de Etiopía.
Han pasado cinco largos años ya, desde que al cumplir los 18, su familia consiguiera reunir el dinero necesario para enviarla a Marruecos, desde donde cruzaría el Estrecho y llegaría a España para trabajar de modelo, como les aseguró aquel hombre del reloj de oro y las gafas de espejo.
-Su hija saldrá en todas las revistas , y en las películas de Almodovar, haré de ella una estrella, ya lo verán-
Al subir en el cayuco, un marroquí de tez cetrina le arrebató a golpes cuanto llevaba, incluido el pasaporte y el dinero.
Al llegar a España fue mucho peor. A ella y a las otras muchachas que viajaban con ella, las metieron en un camión y sin darlas siquiera un poco de agua, las condujeron como ganado, hacinadas de mala manera, asfixiadas de calor, hasta un mugriento burdel de carretera.
Allí el hombre del reloj de oro y las gafas de espejo la violó, la violó por todos los orificios de su cuerpo, sin piedad.
Después y a lo largo del resto del día fue violando al resto de sus compañeras de viaje.
Algunas eran vírgenes aún, ella no.
A ella la esperaba Neguelle en la aldea , para casarse. Estaba juntando las cabezas de ganado necesarias para hablar con su padre y formalizar la boda.
De alguna manera, sabía que ya no habría de volver junto a el.
Cada día, media docena de hombres sucios y bebidos abusaban de ella.
Algunos, prendados de su belleza, se avergonzaban un poco y eran más delicados, pero la mayoría se vaciaban sin contemplaciones.
Una vez, un hombre grande y sudoroso comenzó a golpearle el rostro mientras la cubría.
Al oir los gritos de dolor, el hombre del reloj de oro y las gafas de espejo entró en la habitación y le puso al violento amante una pistola en la cabeza.
-Si me estropeas el género, ya no valdrá nada. No la pegues en la cara o te mato-
El gorila asustado, obedeció y tras terminar la faena, la obsequió con un puñetazo en el estómago.
-sin estropear el género- Farfulló entre babas.
Estos cinco años pasados en el burdel, parecían una vida entera, la peor de las vidas.
Sin embargo hoy la habían traído un muchacho para que lo desvirgara, cortesía del tio de la criatura.
Al parecer, el joven había quedado huérfano meses atrás y su tío se había propuesto quitarle las penas de tan sutil manera.
No sabia porque , pero aquel crío tembloroso y excitado le despertó una gran ternura y por ende, la devolvió la humanidad que le habían arrebatado en el burdel poquito a poco, a lo largo de estos cinco años.
Comenzó a excitarse también ella, se humedeció como cuando Naguelle la acariciaba el cuello o las orejas, o rozaba con su gran miembro su vientre.
El joven la desnudó no sin cierta dificultad y se tumbó sobre ella, arqueándose nervioso sin saber bien que hacer, pero entregándose por completo a las directrices que le marcaban los instintos más atávicos.
Ella tomó su rosado y erecto aparato suavemente con una mano y lo ayudó a entrar., mientras que con la otra, apoyada en la espalda del chaval, comenzó a marcar un ritmo constante, acompasando cada embestida de cadera con un beso.
Estaba siendo penetrada y esta vez y por primera vez en años, lejos de asquearla, le gustó.
Allí estaban los dos, como dos animalitos perdidos y asustados, entregados a una comunión casi mística a través del sexo.
Se abrazaron mientras alcanzaban el orgasmo al unísono y es ese mismo instante, ambos, lloraron.




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