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jueves, 2 de abril de 2026

Una carta a Antoine de Saint Exupery


 En su día escribí una carta a Raymond Carver, tengo en mente escribir a William Shakespeare y hoy os dejo aquí unas sinceras letras escritas a la memoria de aquel intrépido piloto que un día abandonó el mundo real para viajar hasta el pequeño asteroide en el que reside el personaje con el que maravilló a los lectores de todo el planeta. 

No me canso de decir que si todo el mundo leyera El principito, quizás habría menos problemas y la sociedad no se corrompería a la velocidad a la que lo está haciendo. Y que con cada relectura de este maravilloso libro, se aprende algo nuevo, y que da igual la edad a la que lo leas pues siempre encontrará un atajo para llegar hasta lo más profundo de tu alma.

Pero bueno...al lio.


Querido Antoine,

me llamo Juan y soy uno de esos lectores a los que cambiaste la vida al leer tu obra.

El principito se ha convertido en mi biblia personal, en mi particular manual de autoayuda y en el más eficaz libro de instrucciones para soportar una realidad que me enferma, me estomaga y me desespera.

Mi asteroide secreto es más pequeño aún que B 612 y me refugio en él cuando me descubro confuso y perdido en esos momentos en los que tan solo quiero llorar, en los que que necesito esconderme de la vida real y en los que los monstruos que se juegan mis ilusiones a los dados han decidido cobrar su premio. Y han salido a buscarlo.

Entonces levanto una empalizada de letras, un escudo protector de metáforas y, trato de ponerme a salvo confeccionando una formidable cota de mallas hilvanando resistentes palabras en negro sobre blanco.

Y sé que te debo mucho, mucho.

Y te agradezco de corazón que quisieras compartir con todos tu maravillosa forma de entender la realidad y, de convertirla en un cuento en el que escondiste tesoros para que los lectores que supieran interpretar el mapa oculto en él, pudieran desenterrarlos.

Entre las páginas de tu libro encontré muy joven la joya que simboliza la responsabilidad de cuidar de los volcanes y de los baobabs, un poco más mayor las monedas de oro con las que pagar la tranquilidad de no depender de nada, ni de nadie, y mucho más mayor el inmenso diamante que es el verdadero significado de la palabra amor, que me permitió identificar a la Rosa que siempre embellecerá el jardín de mi existencia, y asumir que me hará feliz quererla a mi lado, pero no quererla mía, porque eso no es querer.  Y que querer de verdad a veces es muy difícil, y muy doloroso.

Comprendí que todos necesitamos ser domesticados y que tumbarme a descansar junto a un amigo de verdad, puede ayudarme a reponerme del más agotador esfuerzo.

Que hay demasiadas boas digiriendo elefantes, escondidas dentro de enormes sombreros, y que todo es mío y nada me pertenece. Que prefiero las letras a los números y que todos somos monarcas y súbditos de nosotros mismos en nuestros independientes y diminutos reinos.

Gracias, Antoine, por tanto. por todo.

Pero sobre todo gracias por ayudarme a comprender que ser escritor es mucho más que escribir y que si no eres capaz de vivir lo que escribes, no conseguirás acariciar el alma de quien te lee.

Espero encontrarte en el próximo viaje, a través de una galaxia muy , muy cercana.

Siempre tuyo.

Juan




lunes, 15 de enero de 2024

Cuentos

 


Este cuentecito nació anoche como post en mi muro de Facebook. Podría decirse que se escribió solo, porque apenas le dediqué un par de minutos. Simplemente sentí la necesidad de abrir en el teléfono esta red social y de escribir un post inspirado por aquello que me golpea a diario el alma: el recuerdo de aquel gato que marcó mi vida y del de la mujer que me enseñó lo que era el amor. A veces y como ya he dicho en más de una ocasión, escribir es una necesidad vital.


Gatete era un gato muy especial a muchos y muy distintos niveles. Eterno adolescente, enamoradizo y golfo en igualdad de proporciones, muy sentimental y excesivamente emocional, adorable compañero y fiel amigo, amante de las letras e incondicional de la literatura. Lo que viene siendo un adorable minino.

No hace mucho, preocupado por ver a su humano de compañía sufrir por la pérdida que le marcó a fuego el corazón, pensó cómo podría ayudarlo y al encontrar la forma, trazó un plan y se puso patas a ello.

Recordaba perfectamente haberlo leído en uno de los muchos libros que el humano que lo acogió de cachorro almacenaba en el desván, y durante semanas cada noche se entregó a la incansable lectura desesperado por no encontrar en cual lo hizo.

Con cada amanecer sentía que se le desprendía un trozo de alma y que no conseguiría encontrarlo a tiempo.
Una noche fría y tormentosa, cuando todo parecía perdido, la luz de los relámpagos iluminó al fin la verdad que daba sentido a todo, y que devolvería la ilusión y la sonrisa a aquel que le regaló una vida feliz cuando su madre murió, su padre lo abandonó y nadie lo quiso: "solo se ve bien con el corazón, lo esencial es invisible a los ojos".
Arrastró con los dientes el libro abierto por la página donde esa frase destacaba entre todas y lo llevó hasta los pies de la cama en la que su humano de compañía intentaba inútilmente conciliar el sueño una noche más, con el corazón roto y los ojos vidriosos. Al escuchar ruido en la habitación, este encendió la luz de la mesilla y cuando vio el libro abierto en el suelo se levantó a recogerlo y leyó la frase que su gato había subrayado con las uñas. Entonces comprendió que solo si aprendía a mirar con el corazón, encontraría sentido a su vida.
Observando todo agazapado bajo la mesilla de noche, el gato sonrió al ver que había funcionado, y no pudo evitar que un pequeño maullido de felicidad delatase su posición.
El humano dejó "El principito" sobre la cama, se agachó muy despacio y tras tomar con delicadeza al adorable minino con el que compartía el hogar, lo estrechó entre sus brazos y lo besó en la frente.
El ronroneo del animal se convirtió en la banda sonora de la primera noche en la que el peculiar humano de bigote bicolor pudo dormir sin que el recuerdo de aquella de quien el destino decidió que se despidiese para siempre le despertara angustiado.
FIN

Y colorín colorado, el espíritu de Gatete ha vuelto a quitarme el teléfono y a escribir un cuento en mi muro.