lunes, 5 de agosto de 2019

Secundarías al cielo.

Durante el concierto de Diego Garcia (El Twanguero)en el veinte aniversario del festival de blues Músicas de Espejo de la localidad soriana de Espejo de Tera, este virtuoso de la guitarra propuso al público que cerrase los ojos e imaginase que estaba realizando un viaje en coche por unas carreteras secundarias con poco tráfico y con dirección al destino que cada uno eligiese. Y así lo hice. 
En mi necesidad de viajar y hacer kilómetros a lo largo de mi alma incluso fui más allá y, el melódico sonido que Diego le saca a su guitarra, me transportó a un viaje mucho más largo. Un viaje en el que tras salir de un peligroso y oscuro túnel donde entré sin haberlo elegido, me llevo un año más hasta ese remanso de paz en la tierra habitado por una gente increíblemente hospitalaria y maravillosa que es Espejo de Tera. 
A lo largo del viaje fui tomando carreteras que antes de concluir en Espejo, me llevaron hasta unas nuevas y necesarias amistades, una hasta ahora deconocida forma de entender mi vida, a nuevas ilusiones y sueños. Y en la etapa de montaña, me llevaron hasta ella.
Y no tuve miedo, no equivoqué el camino y no volví a perder el control del vehículo.
Este viaje de más de cinco años reducido a unos minutos de guitarra ha estado lleno de sorpresas. No voy a negar que no ha habido tramos harto dífíciles y peligrosos y que no me equivoqué al montar autoestopistas, que más allá de avanzar en su camino, quisieron adueñarse del mio; y de todo lo mio. 
Por fortuna también encontré unos compañeros de viaje ideales que sin pedir nada a cambio llenaron el depósito de mi alma y ayudaron a solucionar todas mis averías, que han sido muchas.
Con mucho cuidado, estos mecánicos emocionales cambiaron los neumáticos sustituyendo aquellos que habían pinchado al circular sobre traumas, pérdidas y fobias, por otros en perfecto estado y reforzados por las  llantas de aleación de sus sonrisas.
He tardado mucho en volver a querer sin miedo. Y a creer en mi. Me he desviado tratando de tomar atajos innecesarios por los que si te descuidas no llegas a ninguna parte y, ahora sé que me ha costado demasiado ponerme al volante y arrancar. Pero por fin lo hice.
En Espejo encontré el mejor área de descanso, repuse fuerzas y disfruté al comer los platos más exquisitos y naturales nacidos en la huerta de Adela y la parrilla de Jose Luis, y al saborear un tinto en el que el enólogo de La quinta vendimia ha sabido incorporar el cariño a las notas de cata.
Chus me preparó el lecho para dormir tranquilo y sin miedo y todos los "privilegiados usuarios del área de descanso" me regalaron abrazos y besos y supieron devolverme la sonrisa que perdí al entrar en aquel túnel oscuro y triste del que no quiero acordarme. 
Mis compañeros de viaje y yo hemos compartido un trayecto muy especial y solo puedo estar agradecido por tenerlos a mi lado.
Suena la última nota, el público estalla en aplausos y al abrir los ojos aún puedo ver el cartel de Bienvenido a una vida mejor.


No hay comentarios: