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sábado, 5 de agosto de 2017

Señales

La agente Muñóz puso un folio con membrete oficial en la máquina de escribir y se dispuso a tomar declaración a la denunciante. Nunca le gustaron los ordenadores  aunque sabe que la suerte de su vieja Olivetti es la crónica de una muerte anunciada.
Para quitarle frialdad y dureza al momento, extrajo un smint de menta del envase y se lo ofreció a la nerviosa mujer que se sentaba frente a ella tratando de contener las lágrimas. La agente Muñoz no tenía aún demasiado claro si ese llanto inminente se debía a la situación, o al dolor que le producían las heridas que seguramente le dejarían señales de por vida en el rostro. Y en el alma.
-Cuando usted quiera, señora Brontecha. No tenemos ninguna prisa. Tómese su tiempo y procure no olvidar ningún detalle, por nimio que le parezca. Tenga en cuenta que está será su declaración oficial a efectos legales. Pero no se preocupe. Estad usted a salvo y entre amigos y a partir de ahora, nadie volverá a hacerle daño. Empiece por el principio.-
La señora Brontecha pidió permiso para fumar y al serle concedido, encendió un cigarrillo, evidenciando aun más su estado de nervios con el temblor de las manos y del pitillo entre los labios,
-No es la primera vez que me pega pero nunca se le había ido tanto la mano y además siempre se había disculpado en el acto, rompiendo a llorar de inmediato y jurándome que no lo volvería a hacer, que no sabía lo que le había pasado para llegar a golpearme y todo eso.-
-Claro, claro. Típico- dijo la agente Muñóz.
-Mi marido nunca fue de los malos, simplemente la vida no se portó bien con él.-
- La vida no es fácil para nadie, señora Brontecha. Eso no es excusa para hacer daño a la persona que supuestamente se ama. Si todos los hombres que pierden el empleo, que no consiguen sus aspiraciones, que fracasan en los negocios o que tienen que despedirse de seres queridos pegasen a sus parejas, no habría espacio en las cárceles para tantos presos.-
-Ya, eso es verdad- balbuceó la demandante- pero mi César siempre me quiso, de eso no me cabe duda. Lo que pasa es que tiene un problema con los canutos y a veces fuma tantos que pierde el control. Unas veces le da por reírse de todo y por ver la vida de color de rosa y otras, cada vez más, se pone como un histérico y le encuentra lo malo a todo.-
-¿Habia fumado cannabis o bebido alcohol esta mañana antes de los hechos?-
-Si, como todas las mañanas. Cuando se despierta y mientras sale el café, se prepara su primer porro.-
-Haremos constar que estaba bajo los efectos del cannabis y que es consumidor habitual. Lo que me preocupa es que si encuentra un buen abogado, intentarán utilizar esto como eximente. Pero cuando el juez o la jueza que lleve el caso, vea los informes médicos, no creo que vaya a ser demasiado clemente con él. Los puñetazos y bofetones son una cosa despreciable de por si pero el haberle pateado la tripa en su estado y jugando con la vida del feto, lo presenta como el monstruo que es. Gracias a Dios los vecinos nos llamaron a tiempo y el doctor que le ha realizado las exploraciones y las pruebas de todo tipo en urgencias, ha descartado ningún mal en el niño. Es usted una mujer muy valiente y muy dura. Esa fractura de las dos primeras falanges del dedo meñique en la mano derecha, es el resultado de haber tratado de proteger a su hijo intentando detener las patadas.- La agente Muñóz, con disimulo,  se fijó un poco mejor en la señora Brontecha. Era una mujer realmente atractiva y de apariencia frágil pero con los redaños suficientes para haber hecho frente a su maltratador y para no dudar en interponer la denuncia. Esto último por desgracia no es muy habitual y al final, tanto va el cántaro a la fuente... Cada día aparece una nueva víctima de violencia de género en España y el maltrato se ha convertido en la pandemia del sigo XXI.
-Cuando le dije que mis padres querían que el pequeño naciese allí, en León, casi le da un ataque. Comenzó a insultarme y a insultar a mi familia,que siempre lo ha tratado como a uno más y arremetió con todos, uno por uno. Cuando le tocó el turno a mi hermana gemela y comenzó a decir que era una puta, lo mandé callar y entonces me pegó el primer puñetazo. Mi error fue devolvérselo con tanta rabia que le hice perder el equilibrio durante un segundo y eso fue la gota que colmó el vaso.-
-Entre usted y yo, señora Brontecha, ojala le hubiese roto el tabique y le hubiese marcado de por vida también a él.- La agente Muñóz se dió cuenta en el acto de que debía guardarse esas opiniones para si misma pero se justificó interiormente pensando que era nueva en este destino y que ella provenía de una unidad operativa en el barrio más chungo de su Sevilla natal, donde las mujeres han tenido que aprender a pelear con las manos, con objetos contundentes y con armas blancas para que sus maridos, sus chulos o sus camellos y clientes, no terminen rajándolas a la primera de cambio.
-En cuanto recobró el equilibrio los gritos, los insultos y los golpes subieron de intensidad y al caer del cabezazo que me dió en la ceja, tuve que hacerme una bola en el suelo para que no me reventase la tripa a patadas. Estuvo golpeándome hasta que sus compañeros llamaron a la puerta y por lo histérico de mis gritos y mis lloros, sé que sino llega a abrirlos, hubiesen echado la puerta abajo.-
-No lo dude, señora Brontecha. Ni una más. Basta ya. En el cuerpo tenemos muy claro que se van a acabar las contemplaciones y que a todos esos que matan a sus parejas y luego se suicidan, les ofreceremos la posibilidad de que se suiciden antes de asesinar a nadie. Vamos a ver si entre todos, policías, jueces, políticos, periodistas y demás, conseguimos de una vez que esta barbarie comience a remitir.-
La agente Muñóz fechó , selló y firmó la declaración de la señora Brontecha, le pidió que estampase su rúbrica bajo a su nombre competo y su número  de D.N.I y tras comprobar que todo estaba correcto, hizo tres copias y le entrego una.
Al despedirse de la señora Brontecha, tuvo que afinar a la hora de darle los dos besos de rigor en las mejillas, pues entre vendajes y puntos de sutura en cejas, nariz, labios y pómulos, la pobre parecía el Ecce Homo de Borja, después de la famosa y tan bien intencionada como desafortunada restauración.
Al poner la denuncia, la mujer que prestaba declaración se había ido envalentonando y había tomado conciencia real de los hechos y de su derecho a ser feliz y a no soportar los golpes de nadie. Un día más, la agente Muñóz se fue a casa con la satisfacción del deber cumplido.

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