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lunes, 5 de junio de 2017

Zumo de lacrimal. ESV

Me cuenta una gran amiga (excelente persona a la que adoro) que en un momento de bajón emocional, no pudo evitar que se le escapasen las lágrimas tumbada en la cama y, la perrita que ha elegido como compañera existencial se tumbó junto a ella y para tratar de consolarle, le lamía las lágrimas que resbalaban por sus mejillas.
No me ha sorprendido lo más mínimo, pues conozco perfectamente la capacidad que tienen los animales para empatizar con nosotros y cómo son capaces de intuir el estado de animo del ser humano que han elegido como compañero de camino. En este caso en concreto además, también conozco bien a ese animalito que trataba de consolar a "su humana" y doy fe de que la quiere con locura o mejor aún, de que se quieren con locura.
Algo muy parecido viví en primera persona durante mi separación matrimonial, cuando la pequeña perra que vino con mi ex mujer y que se terminó llevando con ella al destierro, se tumbaba junto a mi durante las noches más duras, frías y solitarias y lloraba conmigo, aullando lastimosamente para acompasar mis sollozos.
Años después de aquello, al volver a mi casa tras haber pasado unos meses de ingreso hospitalario y posterior recuperación en casa de mis padres,tras mi accidente de moto; Gatete (el gato que me ha tomado como mascota); no me dejaba solo en ningún momento y además de comenzar a dormir hecho un ovillo en la almohada pegadito a mi cabeza, me acompañaba en los ejercicios diarios y se entretenía jugando entre mis piernas, divertido por el torpe caminar que me produjo la hemiplejía inicial. Cuando abandoné el bastón y ya pude caminar en condiciones, creo que le privé de una responsabilidad añadida y de una estupenda diversión.
Desde niño, he tenido la suerte de convivir siempre con animales en casa. Primero con perros y despues y hasta ahora, con gatos. Y con ambas especies al tiempo, dado que eso de "llevarse como el perro y el gato" es un tópico erróneo y que le ha hecho un flaco favor  a la verdadera relación que suele darse entre estos maravillosos animales. Aquella catadora de lágrimas de la que os hablaba al principio, se lleva estupendamente con Gatete y yo creo que incluso están deseando volver a verse y compartir el cariño y la inmensa amistad que comparten "sus humanos".
Llevo tiempo escribiendo sobre los animales que comparten espacio y oxígeno con mi gente. Comparten también penas y alegrías y que nadie dude ni un segundo que los animales no entienden que hay días en los que necesitas que te den cariño, jueguen, disfruten contigo y compartan cada uno de tus segundos y otros días, en los que necesitas que respeten tu soledad. Practicamente no hay ni que decirlo. Lo saben. ojala muchos humanos tuviesen la misma intuición, compartiesen la misma ternura y nos trataran con el mismo respeto.
Y ni estoy borracho, ni me he fumado nada ni se me ha terminado de ir la fresa con el golpe en la cabeza. Simplemente cada día que pasa, más quiero a los animales. Aunque no pienso hacerme vegano ni encadenarme en la puerta de una plaza de toros. Una cosa no tiene nada que ver con la otra y respeto absolutamente todas las opciones y todas las formas de pensar. lo que no respetaré jamás es a esos descerebrados insensibles que descargan su frustración maltratando a su mal llamado "animal de compañía". Mejor solo,que mal acompañado. Y aunque no soy de odiar, no puedo evitar sentir algo muy feo hacia aquel que es capaz de pegarle un tiro a bocajarro a una inocente criatura, tenga dos o cuatro patas.
La amiga que me contaba aquel acto de amor de la perrita que trataba de enjugarle las lágrimas, me decía hoy mismo que podía escribir algo sobre estos momentos de armonía entre especies y que desde luego, los animales que los protagonizan merecen un reconocimiento público y en ello estoy, se merecen lo mejor que pueda darles y por lo menos, tratar de compartir con aquel que quiera leerlo, todo lo que me aportan desde sus nobles y puros espíritus.

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