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domingo, 11 de junio de 2017

Nada está escrito. Si eso, ya lo escribo yo.

Nada está escrito, cada uno escribimos nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro y aunque a veces parezca que no hay opciones, no quedan folios o el boli ya no escribe, al final todo tiene remedio y aunque cueste un mayor esfuerzo, consigues seguir escribiendo.
Esta mañana he tenido la genial idea de caminar desde casa de mi amiga Elena, en el barrio de la Rondilla de Valladolid, donde estaba ejerciendo de canguro felino, cuidando de su preciosa gatita persa, hasta casa de mi madre en la urbanización Sotoverde, en Arroyo de la encomienda. Unos diez kilómetros de un punto a otro pero siempre me gustó andar y además estoy recuperando la forma física, así que tras comprobar que Lana, la gatita, se quedaba tranquila y alimentada e hidratada, he comenzado a caminar. 
Siempre me gustó andar. Me gusta tanto que fui tan original de hacer el Camino de Santiago andando junto a la que durante casi un año ejerció como mi esposa, de viaje de novios, en vez de irme a Varadero o a Acapulco. Total...que nos quiten lo caminado.
Este Valladolid mio tiene un clima tan estupendo que tan pronto te congelas por la calle como te puede dar una insolación y esta mañana y pese a que he comenzado a caminar a las diez  am, el sol caía a plomo y me he bebido dos botellines de agua por el camino.

Al llegar al punto exacto donde sufrí aquel estúpido e inoportuno accidente de moto hace exactamente treinta y siete meses, no he podido evitar sonreír. Ese accidente con mi Vespa, me llevó a  unos minutos de muerte clínica y a casi una semana en estado comatoso, del que regresé con diversas fracturas y una lesión cerebral que me dejó una hemiplejía bastante incómoda. Pero hoy he pasado por alli sin muletas ni bastón, con calor y deseando llegar a casa pero con la satisfacción de saber que nadie apostaba un duro por mi y hoy me he reafirmado en que el esfuerzo y el trabajo duro,combinado con ilusión y con ganas, lo pueden todo.
No voy a poder recuperar a mi padre, a mi Blancanieves ni a ninguno de los que ya se han ido a reservarnos mesa en el Valhala, pero sé que desde allí, me miran con orgullo y aplauden el resultado de tanto trabajo.
Obviamente, sin la ayuda de mi querida Teté, mi fisio, la de todos los médicos que me trataron y me siguen tratando, la de mi familia, la de mis amigos y la de tanta gente que ha querido aportar su granito de arena, no habría llegado a esto, ni de lejos.
Hoy he sonreído al mirar el tramo donde me estrellé contra el cemento pero también me ha venido una lagrimita de emoción. Soy así de ñoño, que le voy a hacer.
Ahora solo puedo dar las gracias  a Dios, a Supergato o a quien sea, a mi familia y a mis amigos, a los profesionales que me han devuelto al combate y a todos los que con su ejemplo me ayudan a continuar.
También quiero agradecer de corazón su aportación, su cariño y el tiempo regalado, a todas las mujeres que se terminaron marchando de mi lado; porque al haberlo hecho, cuando llegue la que tenga que llegar me encontrará solo y yo, a diferencia de otras, soy monógamo y fiel. 
Y nada, voy a seguir escribiendo el futuro que creo que me merezco y con suerte, llegaré hasta el sueño que alimenta mi día a día, el de ser un escritor en condiciones. Parece que aún puedo seguir aprendiendo y en breve publicaré un nuevo libro, el tercero, en el que demostraré que a base de esfuerzo y trabajo diario, todo es posible y si sigo peleando y escuchando a quienes me pueden orientar y ayudar, lo lograré.
Un día me dijo mi amigo Cesar Perez Gellida, que yo masticaba rocas y que podría con todo.
No pienso defraudarle,no pienso defraudaros, no pienso defraudarme.
Agradezco a la vida el haberme compensado todo aquello, poniendo en mi camino a muchas personas sin las que tanto esfuerzo, no merecería la pena.

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