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domingo, 23 de abril de 2017

Siempre habrá noches para amar ESV




Otra de las cosas que siempre envidiaré de los animales, es su raciocinio existencial. Ellos saben que esta vida es solo un transito y la muerte, un recodo más en el camino. Ellos matan y mueren sin ningún problema moral, ni sentimiento de culpa o tristeza. Matan cuando tienen que matar y mueren cuando les toca morir, con valentía y resignación.
Nala llegó demasiado tarde y aunque "Sinva" ( su nombre no es una errata) la estuvo esperando toda su vida, al final no le quedó más remedio que claudicar y partir sin haberla siquiera besado. 
Nala ha escuchado hablar de lo especial que fue Sinva, ha olido su rastro en la casa de los humanos que la han acogido y, se ha tumbado a descansar de sus juegos infantiles a la sombra del árbol del jardín que alberga sus cenizas. Traste, el felino de la manada con la que habita, no se cansa de contarle lo increíblemente bueno y amoroso que fue aquél gran labrador de ojos tiernos y mirada noble. Nala, con apenas seis meses humanos de edad, no ha podido evitar, enamorarse del recuerdo de su predecesor canino en el hogar.
Querida Nala. Cuando Alejandra te lea este texto, que sé que te lo leerá, quédate con algo muy, muy importante: siempre  habrá noches para amar. En esta o en otra vida.
Yo mismo creía que había agotado mi cupo de noches para amar. Pero al parecer el destino me tiene reservada algunas más. No pierdas la esperanza. Te encontrarás con él, donde sea, cuando sea y en la forma que sea. Y compartiréis el sentimiento más potente, maravilloso y a veces doloroso: el amor.
Me habría encantado veros juntos y ver crecer y ladrar al fruto de vuestro amor pero puede que volvamos a coincidir los tres en un tiempo diferente al que nos ha tocado vivir.
No quiero ponerme filosófico, Nala, pero trato de aprender de vosotros y de la ausencia de los que se fueron yendo. Me alimenta la esperanza de que todo sea como quiero creer que es y; que llegará un momento, no sé cuando, donde, ni como, en el que me volveré a reunir con todos mis seres queridos.
Y ahí podre´disfrutar de todos, daros los abrazos y los besos que no di cuando tuve ocasión y decir los te quiero que por prudencia, timidez o respeto mal entendido, no dije en su momento.
Ahora tienes la responsabilidad de vivir también por él. Sé feliz por él. Ama a tu manada por él y cuídala y protégela como él hizo en vida.
Aunque muchos no lo sepan ver, la vida es un campo fértíl, repleto de oportunidades que nacen incluso en las mayores sequías. Solo hay que abonarlo con ilusión y esperanza. La cosecha es maravillosa y suficiente para alimentarnos a todos.



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