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Mi primer retoño

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domingo, 30 de octubre de 2016

Como el buen Jazz





Este concierto que es mi vida ha estado lleno de acordes disonantes, de lineas melódicas confusas y de cadencias desafortunadas.
Generalmente suele interpretarse en modo menor, aunque a veces llegan impresionantes pasajes en modo mayor que consiguen darle un aire triunfal a la sinfonía existencial.
Norman Mayler escribió que los tipos duros no bailan y yo siempre lo he seguido a rajatabla, permitiéndome tan solo salir a la pista en algunos momentos de locura, generalmente con la pareja de baile equivocada. Pero entonces distinguí tu leit motiv por encima de todo el ruido que bombardeaba mis oídos y sin duda ha sido lo más hermoso que he escuchado nunca y seguramente no vuelva a escuchar una música tan llena de vida, de dulzura y de contagiosa ilusión.
De un tiempo a esta parte, lo que más disfrutaba de cada partitura eran los silencios. Cuando me sorprendiste con tu virtuosa presencia, decidí que nunca más querría escuchar otra interpretación que no fuese tuya, ni otra composición que no llevase tu fuerza y tu magia en cada compás.
¿Y qué es música? me preguntas solfeando las palabras con tu voz clara y azul. ¿Qué es música,preguntas? Música eres tu.
Voy a sacarme un abono para todos tus conciertos, voy  a romperme los dedos, llevando el ritmo que marques en cada compás y me voy a tatuar por todo el cuerpo el pentagrama donde se describe tu belleza.
Quiero taratearte hasta la saciedad, no quiero silbar otra cosa que no seas tu.
Prometo afinar para no mancillarte. Te juro que siempre que maulle y ronronee al oler tu perfume, lo haré a golpe de diapasón.
Me ocuparé de que cuando se reunan los lobos y los perros para aullar a la luna en comunión , lo hagan a tres voces, dignificando tu bendita armonía.
Corcheas, blancas, negras, fusas y semifusas, da igual como te escribas pero siempre te me presentas en clave de sol. 
Eres sol, eres luz, eres las notas más hermosas y me quiero inundar de tu esencia.
No sé que compositor celestial ha sido capaz de escribir algo tan divino como tu, pero en el momento en el que lo descubra, me uniré a la orquesta que es su iglesia.
Trabajaré duro, ensayaré y practicaré con tesón un día tras otro, hasta que mi ejecución sea por lo menos aceptable y me pidas que interpreté algo para ti.
Esta es mi forma de decirte con mi torpe y difuso jazz, que soy feliz queriéndote.
También te lo puedo cantar por rumbas alegrías y bulerías o convertirlo en una muñeira y tocártelo con mi gaita.
 

 



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