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martes, 9 de agosto de 2016

Liberto

Aunque está rodeado por cientos de jóvenes como él,tras la improvisada barricada construida a base de contenedores y coches volcados, Iván tiene miedo. 
Él nunca fue un tipo violento, nunca quiso enfrentarse a la policía, sabe que son unos currantes más, que tan solo cumplen con su trabajo y que hoy el destino los ha colocado frente a él, para defender los intereses de aquellos contra los que Iván se ha echado a la calle para protestar.
Iván creció leyendo a Julio Verne, a Emilio Salgari y a Walter Scot. Su infancia y su adolescencia,las pasó estudiando en un colegio bilingüe y  preparándose para la universidad ya que todos le dijeron que hoy en día, sin una buena formación académica, no se puede acceder al ideal de felicidad de la vida moderna, es decir: un buen puesto de trabajo, un chalet adosado, un monovolumen o un todoterreno y una familia ideal de la muerte, compuesta por una esposa preciosa, muy preparada y con un trabajo a la altura de su capacidad y unos hijos monísimos que aprueben todo y sean unas fieras en las actividades extra escolares, el conservatorio y la academia de inglés.
Se matriculó en empresariales y fue un estudiante aplicado. 
Justo cuando estaba cursando el master de post grado, su padre perdió el trabajo en la empresa en la que llevaba más de treinta años y al entrar esta en un concurso de acreedores, no hubo indemnización ni finiquito de ningún tipo. Lo peor es que el poco dinero que habían conseguido ahorrar su padres, los invirtieron en las tan famosas "preferentes" y lo perdieron todo, por lo que de repente la situación económica familiar, que aunque nunca había sido especialmente desahogada, sí los había permitido vivir sin angustias, sufrió un brutal descalabro.
Su madre nunca había trabajado. Ella pertenecía a esa generación en la que la palabra paridad, se asociaba directamente con dar a luz. Siempre recordará a su madre como la abnegada  madre de familia numerosa que había vivido al pie del cañón, en casa, ocupándose de que a ninguno de sus seis hijos les faltase jamás un plato en la mesa, un baño caliente y una muda limpia. Con el despido de su marido y la crisis económica repentina, cayó en una depresión profunda de la que aun no se había terminado de recuperar, pero las madres son seres extremadamente fuertes y sabe que saldrá de ello. Le duele mucho verla sufrir por culpa de la especulación y la avaricia de los de siempre.
Haciendo un esfuerzo considerable, sus padres terminaron de financiarle los estudios y cuando por fin Iván dio por concluida su formación, con las mejores calificaciones, descubrió la realidad de los tiempos que corren , pasando a engrosar directamente las listas del paro, tras ser despedido a los pocos meses de comenzar a trabajar en una empresa que lo contrató por un sueldo ridículo y en unas condiciones infrahumanas, donde la media jornada cotizada era realmente una jornada de más e diez horas diarias, aunque no costase en ningún lado. Llevó su caso a los tribunales por considerarlo un despido improcedente y sin fundamento pero el juez se posicionó al lado del poderoso y no solo no le dio la razón, si no que encima le condenó en costas, y su cuenta corriente pasó de dosmil euros a cero, en apenas unos días.
 Hoy se ha echado a la calle, presa de la indignación y se ha juntado a otros muchos que como él, están cansados de bailar la danza de los nadie. 
Da igual el partido político que ocupe el gobierno del país, dan igual las siglas, son el mismo perro con diferente collar.
Iván no puede evitar las lágrimas de rabia e impotencia cuando ve a los antidisturvios organizarse para una nueva carga y cuando los botes de humo y las  pelotas de goma empiezan a hacer mella entre las filas de indignados.
Él siempre ha odiado la violencia. Solo quería ser feliz, conocer a la mujer adecuada, enamorarse y fundar una familia con la que envejecer y compartir todos y cada uno de sus días. A los quince años, supo que nunca iría de la tierra a la luna, que no navegaria en busca de la ballena blanca y que jamás bajaría al fondo del mar con el capitán Nemo, pero de ahí a ser considerado un alborotador y un delincuente , hay un gran trecho.
Le puede la rabia, le ahoga la desesperación de saber que poco puede hacer, que sus manifiestos y sus asambleas en las plazas quedarán en papel mojado y que aquellos que manejan el mundo, se reirán al saber que ha tenido que claudicar ante su poder.
Le hierbe la sangre, le tiemblan las piernas. Le palpita el corazón y el sudor acompaña  a las taquicardias, por lo que decide tomarse un ansiolítico, de esos que lleva encima desde que conoció la sentencia de su pleito, por si le sobreviene una crisis de pánico.
Confundimos la luna con farolas. Confundimos la felicidad con un anuncio de Cocacola Confundimos realizarnos con convertirnos en obreros prefabricados. Confundimos la dignidad con el servilismo.
Iván no quiere seguir siendo un esclavo, quiere ser un liberto y vivir con fuerza y honor.

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