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Mi primer retoño

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martes, 24 de mayo de 2016

Lo prometido es deuda

Siempre trato de cumplir mis promesas y yo no te prometí que te fuera a escribir la canción más bonita del mundo, solo que te escribiría una vida perfecta si no podías con la tuya.
Atendiendo a tus indicaciones y a aquellos elementos que consideras que te aportarían la mayor de las felicidades, he de incluir una playa paradisiaca en el Caribe y un cocotero. Además incluiré algún elemento de los que pienso que son imprescindibles para alcanzar la felicidad absoluta, pero como esos ya son de mi cosecha aceptaré con resignación que pidas el libro de reclamaciones.

Abrió el libro por la página señalada con un trozo de alga seca, a modo de marca páginas improvisado la tarde anterior y, se entregó al placer de la lectura, puede que uno de los placeres más grandes a los que puede aspirar el ser humano.
Todo comenzó un mes atrás, cuando al comprobar de forma rutinaria el boleto de la primitiva en una administración, descubrió para su asombro que había resultado premiado con cerca de cincuenta millones de euros. Tras recuperar el aliento y salir corriendo a ingresarlo en su banco,llamó a la familia y les garantizó que sus problemas habían terminado y que poderoso caballero es Don dinero.
Tras finiquitar con hacienda la parte correspondiente del estado, pagar las hipotecas de sus seres queridos y echar un cable a algunos amigos con el agua al cuello, aún le quedaban más de veinticinco millones de euros solo para ella y sus sueños.
Sopesó con calma las ventajas e inconvenientes de todo aquello que se le presentaba tan necesario como idílico y tras barajar diversas opciones se decidió por viajar hasta una isla del Caribe donde se establecería en una cabaña junto a la playa. Semanalmente recibiría la visita de algún miembro del resort de lujo de la gran isla vecina que le surtiría de lo necesario para la subsistencia, sin grandes lujos aunque con algunos caprichitos pero sin pasar estrecheces. De paso y aunque tenía una emisora de radio y teléfono móvil con la suficiente cobertura para hacer y recibir llamadas, esa visita semanal que le aprovisionaba de víveres, le serviría también de contacto con la humanidad.
Además de pareos, bikinis y ropa cómoda y veraniega, se llevó una maleta enorme repleta de libros y su ordenador portátil, para escribir siempre que le apeteciese dejarse llevar por la inspiración de las cristalinas aguas del pacífico, los arrecifes de coral y el radiante sol. También se llevó unas cuantas fotografías de familiares y amigos para contemplarlas siempre que le entrase algo de nostalgia por los suyos.
La primera noche en la isla, al desplegar las fotografías sobre la mesa del porche de la cabaña, reparó en la de él. Él, mucho antes de que el destino le sonriese con aquel boleto premiado, le había ofrecido un futuro común donde la literatura también tendría un lugar muy importante, pues compartian pasión tanto por leer como por escribir, habiendo publicado ya alguno de sus textos pocos años antes y estando de nuevo en proceso editorial para publicar algunos más. Él tenía muy claro que la literatura nunca le daría de comer, pero sentía una enorme necesidad de transcender a través de lo escrito y de perpetuar su recuerdo en la cubierta de algunos tomos. Era un buen tipo, un amigo que siempre había tratado de estar cerca y que de alguna manera le había dado a entender su interés en ella, aunque al ser muy prudentito nunca se había declarado, más por miedo a asustarla y perderla, que por ganas.
Bromeando, en ocasiones se venía arriba y le ofrecía matrimonio y sugería que ella podría ser la madre de tres o cuatro pequeños rubitos y parlanchines como él y con los ojos intensamente azules como los de ella, que son más azules y más bonitos que los suyos. Nunca le dio demasiada importancia a esas proposiciones y el día que se despidió de él en el aeropuerto de Madrid, al besarlo de soslayo, intuyó que hubiese matado o vendido su alma al diablo por irse con ella, pero francamente, en su ideal de felicidad absoluta no entraba semejante compromiso.
Ella tenía muy claro que en la pareja no se encuentra la solución. La felicidad debe llegar primero en solitario porque si no eres feliz y no te sientes en paz contigo misma ¿qué coño vas a ofrecer a los demás? Las relaciones ya llegarán, siempre termina llegando y a veces son maravillosas y a veces un fraude. De todo hay en la viña del señor.
Lo que tenía más que claro es que tal y como había gestionado su dinero, podría vivir en aquella isla unos cuantos años y cuando se cansase, dispondría aún de una renta garantizada que la permitiría vivid de forma desahogada en la propiedad que había dejado ya escriturada y pagada a tocateja en su ciudad. Tenía el futuro completamente asegurado. Ya tendría tiempo para enamorarse y casarse o no, e incluso ya tendría tiempo para decidir si le daba una oportunidad a él, o no. Sabía perfectamente que él, la esperaría siempre.
Enfrascada en la lectura a la sombra de un cocotero, encendió un pitillo,se puso una copa de "Flor de Pingus" de la Ribera del Duero, de los de quinientos euros la botella y se concentró en la trama del libro, sonriendo.

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