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lunes, 15 de febrero de 2016

El poder de la razón y la sangre..

Hace no demasiados años y en un reino no demasiado lejano, vivieron dos príncipes que crecieron juntos y juntos se enfrentaron al destino.
El joven Iván era mayor que la princesa Alexia y según la ley. heredaría el trono cuando el poderoso rey Jurid falleciese.
Jurid era un rey amado y respetado por su pueblo y reinó impartiendo justicia entre sus súbditos durante muchos años, en compañía de su amada esposa, la reina Fuensan.
Los reyes Jurid y Fuensan decidieron educar a ambos príncipes en igualdad de condiciones y los pequeños fueron instruidos personalmente por su padre, con la ayuda ocasional de diversos sabios y consejeros de la corte.
Alexia destacó por su inteligencia y responsabilidad aventajando rápidamente a Iván en conocimientos y sagacidad pero Iván lejos de sentirse celoso, siempre estuvo muy orgulloso de su hermana la princesa y se sintió verdaderamente dichoso el día que la acompañó a sus esponsales con Yevor, un poderoso guerrero del reino vecino.
Con el tiempo el rey Jurid falleció de muerte natural y los dioses quisieron recompensar la virtud del noble rey,concediéndole una muerte rápida e indolora en brazos de su amada reina.
Iván acababa de sufrir un espantoso accidente al caer de su montura cuando regresaba a palacio de un viaje diplomático y la muerte de su padre le sorprendió en pleno proceso de recuperación de sus terribles heridas.
Alexia al conocer la noticia del accidente de su hermano se había trasladado hasta las dependencias donde los curanderos y magos del reino le estaban tratando y la noticia del fallecimiento del rey se les comunicó a los príncipes al mismo tiempo.
Los príncipes lloraron abrazados y Alexia ayudó a Iván a llegar cojeando y apoyado en su hombro  hasta la sala del trono, donde su madre velaba el cadáver del rey y recibía las condolencias de todos los monarcas del mundo conocido, quienes siempre habían apoyado al rey Jurid, del que alababan su rectitud y magnificencia.
Los nobles del reino se arrodillaron ante el joven Iván y le aclamaron como nuevo rey pero Iván les pidió que se alzasen y tomando a la joven Alexia de la mano, se dirigió a los nobles, diciendo con voz solemne aunque embargada por la emoción:
-Queridos compatriotas, ante el cuerpo de mi padre el rey y en presencia de su majestad, la reina, anuncio mi decisión irrevocable de renunciar al trono en favor de mi hermana la princesa Alexia quien es sin lugar a dudas la más digna heredera de su padre. Ha llegado el momento para derogar la absurda ley que por fuerza pone el destino de un reino en manos de un hombre, aunque no le llegue a la mujer que le sigue en la linea sucesoria ni a la suela de los zapatos.
La princesa Alexia ya ha demostrado en multitud de ocasiones su extraordinaria sabiduría y su buen juicio y a fe mía que sin duda, guiará el destino del reino con mano firme y acertada, al igual que hizo nuestro difunto padre el rey.
Mi espada estará siempre a su servicio y no dudaré en cercenar con ella, la cabeza de todo aquel que pretenda contravenir sus reales disposiciones, pues no hay en este reino ni en ningún otro persona más justa y bondadosa.
Quiero que el consejo real y la corte acepten de buen grado este más que necesario y oportuno cambio en la sucesión al trono y estaré dispuesto a medirme en singular combate con aquel que no quiera aceptar que entre hombres y mujeres no hay más diferencias que las que puedan existir en sus almas sin género ni sexo.
La reina Fuensan, orgullosa de la decisión de su hijo fue la primera en arrodillarse frente a Alexia e inclinando la cabeza, se despojo de su propia corona y se la ofreció a su hija. El joven Iván la tomó de manos de su madre y la colocó con cariño y respeto en las sienes de su hermana y tras hacerlo se arrodilló junto a su madre. 
Al grito de "El rey ha muerto, viva la reina Alexia" todos los presentes en la sala del trono se arrodillaron de buena gana inclinando las cabezas en señal de sumisión y vasallaje ante la nueva reina.
El reino de Sótover vivió a partir de aquel momento una nueva etapa donde las doncellas demostraron a sus compatriotas y a los habitantes de todos los reinos del planeta, que aquella decisión del noble Iivan había sido no solo acertada, sino también precursora de grandes y significativos cambios en las costumbres de Sotover y del mundo, que hicieron que todos celebrasen hasta el fin de los tiempos la sabiduría y el acierto del rey Jurid, al haber educado a sus hijos en unos valores tan necesarios como la igualdad, el respeto y la justicia.
Y colorín colorado, este cuento aún no se ha acabado y Alexia siempre será el orgullo de su hermano y del reino.
 


2 comentarios:

encarni castro dijo...

Bravísimo, me encanta.

lacantudo dijo...

Lo celebro, es un cuentecito pero como todos los cuentos que siempre se han escrito, nace de una historia real.