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domingo, 27 de diciembre de 2015

Debí arrojar el puto anillo

Yo creo que va a ser eso.
Si me hubiese deshecho del anillo en su momento, ahora no tendría a este vouyer dando la paliza en cuanto me quedo dormido.
Supongo que será el todopoderoso señor del mal o algo de eso, pero su vida tiene que ser de lo más coñazo ya que necesita que le demos la más mínima excusa para disfrutar del reality.
El anillo lo encontré de la forma más absurda, como se encuentran las cosas que nos pueden destrozar la vida y en cuanto me lo pongo, aunque sea una metáfora, este ente tan plasta me tiene controlado.
Cae la noche, mi gato me hace un hueco en la cama y tras cerrar el libro de turno y apagar la luz, Sauron se viene arriba.
A veces me siento como un concursante de gran hermano y eso es lo que he vivido esta noche.
Áragon y Frodo me han nominado para abandonar el monte del destino y Légolas que parecía un tipo enrrollado, se ha pasado tres horas en el confesionario poniéndome a parir sin saber que algo parecido a Mercedes Milá me había dado permiso para verlo todo por un agujerito y cuando le he preguntado que porqué me había dado tanta caña. él, sin saber que yo lo había visto todo, me lo ha negado; en élfico, eso sí.
Resulta que creo que esto viene de una vez en la que una chica monísima me dijo que la recordaba a un personaje de el señor de los anillos.
Yo me vine arriba y la pregunté si a Légolas (en aquellos tiempos yo llevaba el pelo largo y al ser Áragón moreno y yo rubio como el elfo del arquito, supuse que sería a aquél) pero sin cortarse un pelo se me escojonó en la cara y me dijo que no, que era clavadito al amigo de Frodo, el hobbit chapas que le acompaña en su viaje.
Antes muerto que confundido con Sam.
Creo que me marcó mucho entonces, obviamente no me enrollé con ella (no por falta de ganas, claro) y jamás la volví a ver, debe de estar tejiendo su tela en el fondo de alguna gruta dispuesta a atrapar a alguien a quien chuparle la sangre (como poco).
El caso es que un par de orcos de la organización me fueron a recoger al salón de la gruta y gracias a Dios mi inconsciente me ha privado del edredoning con ellos.
Recogí mi hacha, mi maleta y mi cota de mallas de cuerpo entero y me llevaron en limusina al plató donde se celebraba el debate de "gran enano vip".
La audiencia (que es un pelín hijadeputa) había decidido largarme de allí a patadas y de paso cerrar las fronteras a los refugiados sirios.
No sé que me pasa en la cabeza pero he despertado justo cuando un gato gigante se abalanzaba sobre Jorge Javier Vazquéz.
Juro que no veo ni Gran Hermano ni Sálvame pero me parece que su veneno inyectado en los pocos segundos de zapeo en los que me cruzo con ambos programas me ha emponzoñado la cabeza.
La OMS debería hacer algo al respecto.
Trataré de aplicarme un antídoto a base de la última novela de John Banville.
Espero que esta noche no se me presente Gandalf vestido de cobrador del frac. 
Por cierto, vendo anillo. Es guay, pone que es un anillo para dominarlos a todos y no sé qué publicidad más.


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