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miércoles, 18 de noviembre de 2015

Tan lejos, tan cerca.

Debo de ser un auténtico profesional en alejar de mi todo lo que quiero.
Ya lo canta Bebe:"Era verdad que yo tenía ganas de verte, era de verdad que yo tenía ganas de quererte, a ti".
Supongo que es parte de este eterno proceso de aprendizaje que me hace caer desde lo alto de las ilusiones y que me enseña a no obcecarme en lo que no puede ser.
Es duro pero de todo se aprende.
No es que quiera demasiado, es que aún no he aprendido a hacerlo en condiciones.
Genaralmente asusto y confundo, trato de purgar mis defectos a base de textos, relatos, cuentos...historias en definitiva donde le paso un filtro a mis carencias y las maquillo para tratar de convencer a quien de otra forma no podría, pues ya me conoce lo suficiente y sabe de mi afán por dar con la historia de amor perfecta, aunque solo sea para poder escribirla, que ya estoy cansado de escribir fracasos.
La vida te ha llevado lejos, pero tan lejos, tan cerca, que al abrir los ojos cada mañana, maldigo al inventor de la distancia física.
Hoy por hoy, hay mil artilugios que nos acercan, como la radio o el ordenador, el siempre agradable y necesario papel donde garabatear una carta oportuna que establezca un puente entre los dos, o el tan minusvalorado teléfono móvil que a través de llamadas o mensajes minimiza ese millón de pasos que tendría que dar hasta llegar a ti.
Es un placer abrir los ojos y leer un mensaje en el teléfono, donde me das los buenos días y me llamas corazón pero sería infinitamente más placentero que me los susurrases al oído al despertar junto a mi.
De todas formas siempre he tratado de superar todo a fuerza de un malentendido romanticismo y esa no es la forma, a la vista está.
Creo que en efecto soy una persona muy romántica pero tras ese romanticismo que me desborda, escondo muchos defectos que son altamente incompatibles con una relación sana.
No se puede construir una vida tan solo con palabras bonitas, aunque ayudan a cimentar la construcción pero si no se aplica la argamasa necesaria de realidad y proyectos comunes, se termina yendo todo al carajo y se desmorona.
Sigo aprendiendo, quizás el método "ensayo-error" sea eficaz pero deja demasiadas cicatrices y corrompe la pureza de los sentimientos.
En cualquier caso me he concedido una tregua y un periodo de calma sentimental.
Necesito abituallamiento emocional y rearme energético. Sé que volveré a las andadas pero espero que al menos todos los fracasos hayan servido para algo y el día que las piezas del puzle encajen, termine con mi fantástica habilidad para alejar de mi a quienes apuestan por el caballo perderdor, tan necesitado de que alguien crea en él y de que dejen de golpearle con la fusta y de picar espuelas en su abdomen.
Algún día una mano amiga me alborotará las crines mientras me besa el cuello y me acaricia la frente.
Ese día no necesitaré escribir, tan solo tendré que vivir.


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