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viernes, 20 de noviembre de 2015

Hasta cierto punto

Una vez más estoy de acuerdo con Manolo Garcia, pero hasta cierto punto.
Sentir es mejor que pensar, sobre todo si piensas demasiado y entras en bucles peligrosos pero sentir en exceso también puede ser muy peligroso, mucho.
Cómo humano que soy, estoy sujeto a mis sentimientos y en la mayoría de las ocasiones los sentimientos me atan más que los pensamientos. Craso error, uno puede equivocarse al pensar pero también puede hacerlo al sentir y con desastrosas consecuencias.
Agua y aceite. Aunque mezcles sentimientos con pensamientos, los sentimientos se mantendrán en la superficie y será lo primero que se vaya al achicar la inundación en el alma.
Aún no he aprendido cómo lastrar algunos sentimientos para que se queden en el fondo y no tiendan a emerger, con el peligro que eso conlleva.
Pensar es algo a lo que no estaba acostumbrado , solía vivir deprisa y mirar hacia otro lado, hacia cualquier punto donde no viese problemas y quizás ahora pienso demasiado y le doy millones de vueltas a todo, como si con ese centrifugado mental fuera a conseguir algo.
A sentir si que estaba acostumbrado y he sentido mucho y no quisiera dejar de hacerlo.
No todos los sentimientos han sido hermosos, ni mucho menos. No soy un tipo dado a sentir ira  y odio, siempre he tendido a tratar de ignorar esos sentimientos e incluso a eliminarlos antes de que llegasen a florecer pero ahora también forman parte de mi realidad cotidiana. Maldigo lo humano que hay en mi. Maldigo la facilidad de muchas personas para causar dolor y destruir las ilusiones de los demás.
Puede que no esté en mi mejor momento emocional, puede que el haber sentido tanto miedo y tanto dolor me hayan causado una herida que aunque con el tiempo llegue a cicatrizar, me molestará con los cambios  climatológicos y con la humedad, sobre todo si esa humedad viene de un torrente de lágrimas.
Quizás lo más intenso que he sentido en estos últimos tiempos, aparte de la muerte de mi padre, haya sido un profundo agradecimiento hacia mis seres queridos por haber estado a mi lado.
Pero no todo es de color de rosa y aunque algunos lo piensen, no vivo en los mundos de Yupi.
En ocasiones se me mezclan sentimientos y pensamientos y me descubro pensando y sintiendo que no me gusta mi vida, que me he encontrado con demasiadas cosas terribles seguidas y que en ocasiones estaría mejor dormidito o en standby. 
Aún disfruto al sentir el aire fresco en el rostro las mañanas soleadas, aún disfruto de un buen vino con un amigo, de una buena conversación, de un buen libro, de una cación bonita y de encontrar algo especial en determinadas personas pero siento que he perdido parte de mi esencia primigenia. Igual eso es la madurez, vaya usted a saber.
Imagino que todo esto a muchos de vosotros os parecerá una soberana estupidez y haréis cola para darme collejas pero muy a mi pesar, estoy confuso.
Siempre he sido un tipo muy positivo y tremendamente optimista, de naturaleza alegre y sociable y con una seguridad en mi mismo que me ha llevado a cometer demasiados errores.
A fecha de hoy me estoy centrando en escribir y en aprender a hacerlo lo mejor posible. 
Corro el peligro de convertirme en uno de esos hikikomoris japoneses que no salen de sus habitaciones y viven conectados a la red y atrapados por sus ordenadores. 
Es cierto que he cambiado de ocio y aunque sigo haciéndolo gustoso, he cambiado muchas horas de alterne con los colegas, por horas ante el teclado, escribiendo o leyendo. Aún no me he enganchado a "Gran hermano" o a "Sálvame" ni creo que lo haga, teniendo libros a mano.
Leo un libro detrás de otro, eso no es nada nuevo, lo que si que es nuevo, es la envidia que se me mezcla con el placer al abrir cada uno de ellos y enfrentarme a sus páginas.
Mucha gente me considera escritor. He publicado un libro de relatos, estoy a punto de publicar una novela, trabajo duro en otra que tengo muy avanzada, escribo relatos, cuentos y textos en este y otros blogs practicamente a diario y aunque he ganado algunos premios literarios, cada día soy más consciente de mis carencias y limitaciones, también en lo literario.
No me vale con convertirme en escritor, quisiera ser un buen escritor.
Supongo que esa habilidad es cómo el ritmo o el oído musical, o naces con ello o es muy difícil adquirirlo. 
Trabajo mi mente a más no poder y trato de absorber lo que puedo de los grandes autores que llenan mis estanterías pero cada día me siento más frustrado, pues aunque me bullen las ideas para miles de historias y  la necesidad de contarlas y de transmitir es superior a mis fuerzas, me parece que no termino de dar con la forma adecuada, de depurar el estilo y de encontrar ese "Santo Grial" de la literatura mediante el que al beber un trago del cáliz, alguna de mis obras se convierta en inmortal.
De todas maneras me ratifico en que es mejor sentir que pensar, sobre todo si aquello que sientes te despierta pensamientos lúcidos y bellos.




 

 

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