Entrada destacada

El poema definitivo.

Se levantó de la cama con sigilo y saliendo del dormitorio, encendió un pitillo con el mechero de gasolina. Se deleitó con la primera cal...

Mi primer retoño

Mi primer retoño
Este fue el primero de lo que espero sea una familia numerosa

domingo, 1 de noviembre de 2015

¿Ángeles?

Tenía que terminar sucediéndome algo así.
Mis planes para conquistar el mundo se fueron al carajo de la forma más absurda. Una cosa es idear la manera de agarrar a la ONU por sus partes mientras acaricio el lomo de mi gato sentado en el sofá del despacho de mi guarida subterránea frente a la Torre del Oro y otra muy distinta enfrentarte a las fuerzas de seguridad mundiales que no iban a detenerse hasta arruinarme los planes.
Lo que más me molesta es que en vez de enviarme un agente doble 0 como Daniel Craig o un matón de garito de carretera como Arnold Swatzsenegger han empleado contra mi lo único que podía funcionar.
La ONU ha creado una unidad especial formada por tres mujeres de las fuerzas y cuerpos de seguridad que además de ser terriblemente eficaces y habilidosas, son absolutamente preciosas e irresistibles para cualquier supervillano.
Solo podían acceder a mi por medio de algo así. No dejo de ser tan enamoradizo como malvado, para mi desgracia.
La agente especial Camelia es en realidad una policía muy preparada y sagaz, experta en protocolo, relaciones públicas, glamour, relaciones sociales y lucha cuerpo a cuerpo.
Esta agente aprendió a luchar en sus islas de origen, donde una jovencita debía ser capaz de protegerse ante los turistas borrachos y ávidos de apuntar en sus listas de conquistas una maorí espectacular.
La agente Tamarindo es de nacionalidad española como yo y viene de la Guardia Civil.
Al final la "benemérita" ha conseguido mucho más que multarme por exceso de velocidad y quitarme cuatro puntos del carné.
Tamarindo se formó en la unidad antiterrorista y entre otras lindezas, además de sus ojos, es experta en explosivos.
Para rematar este particular "Trio de las Azores" o estas nuevas " Ángeles de Charlie" os hablaré de la mujer que consiguió leerme los derechos mientras me mantenía esposado al cabecero de la cama de un hotel para mi absoluta humillación en esta particular carrera de genio del mal.
La agente Crisantemo es una de las mejores agentes del MI6 británico. Como buena británica con clase y posición, es una consumada amazona y una tiradora de primera. Creo que sirvió durante la guerra de Irak como tiradora de élite y fue un factor decisivo a la hora de eliminar a muchos de los oficiales del ejército de Sadam.
A Crisantemo la conocí casualmente ( o eso pensé yo) en una caseta del "real de la feria" y a la media hora escasa ya habría firmado "cien papeles grises para amar", como dice la canción o me habría ido con ella al lugar más recóndito del mundo.
Para mi desgracia decidí que lo que haría sería regalarla el mundo y que ella eligiese donde querría darme media docena de pequeños y maléficos hijos.
Pasamos una noche increíble en el hotel y por la mañana quedó con sus dos amigas a quien según ella había conocido durante su Erasmus en Italia estudiando periodismo y habían quedado aquí para disfrutar de la Feria sevillana.
Me cago en el rebujito y en mi necia credulidad.
Comimos juntos los cuatro tras haber tenido tiempo para cerrar el precio de  una compra de cabezas nucleares con mi contacto iraní y de fijar algunos obejtivos con mis secuaces.
La comida fue perfecta y las tres supuestas amigas aprovecharon mi debilidad por Crisantemo para arrancarme algo de información sin que pudiera darme cuenta de ello.
Con la excusa de echarnos una siesta previa a nuestra futura juerga de por la noche, Crisantemo y yo subimos a la habitación tras un delicioso y oportuno gin-tonic.
Me las prometí muy felices cuando me dijo que tenía algún juguetito para ayudar en los ratos de pasión y fui tan gilipollas como para permitir que me engrilletase.
Ahora estoy en una situación muy comprometida y me temo que tendré que esperar para conquistar el mundo.
Prometo no volver a enamorarme ni a permitir que las mujeres estropeen mis planes.
El mañana me pertenece, al menos si no me ajustician en secreto o si no me encierran en algún Guantánamo secreto de esos que hay diseminados por el mundo.
Espero que al menos sigan interrogándome ellas y que si se da la ocasión, Crisantemo me torture un ratito.

No hay comentarios: