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Mi primer retoño

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domingo, 20 de septiembre de 2015

Puede que a ti te importe y por eso escribo esto.

"Me mantendré firme en mis convicciones, reforzare mis posiciones. Mi destino es el que yo decido, el que yo elijo para mi."
Ya sabéis que me gusta mucho buscar la inspiración en las letras de algunas canciones que he escuchado cientos de veces pero que en ocasiones no me he parado a escuchar con el corazón, más allá de los oídos.
Puede que mis circunstancias insulten a alguien no lo sé, aunque me consta que me odian y no termino de entenderlo porque he tratado de comportarme de acuerdo a los valores morales que me inculcaron mis padres desde pequeño. De todas formas sé que estoy francamente lejos de la perfección y ni tan siquiera aspiro a ella; conozco mis limitaciones y ya no tengo afán ninguno por perseguir cosas inalcanzables. Solo quiero vivir con la mayor dignidad posible y sin perjudicar a los que me rodean, aunque he aprendido que no es fácil y que involuntariamente puedes llegar a hacer daño con un mínimo descuido.
Me ayudaron a aprender a canalizar mis sentimientos en forma de relatos y a escribir sensaciones y sentimientos y tengo muy claro que sin la tinta de la sinceridad absoluta, las palabras no se fijan al  folio en blanco y aunque haya días en los que escribir duele y te hace sufrir e incluso llegas a llorar, creo que es lo mejor que he aprendido de mi padre, quien era muy ducho en el arte de expresarse por escrito.
Puede que me exceda. Lo cierto es que de un tiempo a esta parte tengo una brutal necesidad de escribir y de transmitir lo que quiere abrirse paso a través de mi pecho, como la famosa criatura de la película "Alien".
Esa necesidad abarca todos los soportes y no sé escribir un mensaje de texto, un wasap o un correo electrónico sin imprimirle lo que algunos considerarán como un toque estrafalario, llamativo o incluso pedante o redicho pero os prometo que desde hace poco más de un año soy incapaz de controlarlo.
En el blog se puede apreciar que me he vuelto muy prolífico y no paro de colgar una entrada tras otra.
He cambiado mi concepto de ocio y he sustituido un gran porcentaje de mis juergas y salidas con los amigos por horas ante el teclado, bien en el blog o bien trabajando en mis novelas.
Me paso el día disculpándome con personas que me acaban de conocer,que no me conocían antes  y que no conocen mis circunstancias, por temor a asustar, a incomodar o a generar rechazo pero ya está bien.
"Yo soy así, así seguiré, nunca cambiaré".
No puedo vivir disculpándome y desde aquí aprovecho también para declarar que jamás utilizaré las palabras buscando hacer daño, a no ser que sea para defenderme de un ataque previo, que nunca serán un arma de seducción si no las acompaño con el corazón y que a veces el problema está más en lo que se quiere leer que en lo que se lee.
No soy un depredador o un merodeador que caza en las redes sociales, buscando víctimas entre los contactos que alguien decidió en su momento denominar como "amigos" o "seguidores", dependiendo de la red.
Sé quienes son mis amigos, e intuyo quien podría llegar a sentirse tan interesado por lo que puedo aportar como para seguirme.
No tengo 1045 amigos en el Facebook , tengo ese número de contactos entre los que en efecto, hay un buen número de amigos pero no soy tan estúpido como para creer que todos lo son o pueden llegar a serlo.
Las redes sociales están bien y dan mucho juego acercándote a aquellos que por la distancia física real echas de menos pero también, las redes sociales son un púlpito donde muchos se suben a lanzar soflamas incendiarias y a vomitar sus frustraciones, sus miedos o sus ansias de pelea disfrazadas de cualquier otra cosa.
Tengo un gran problema a la hora de controlar mis textos porque sé que pueden llegar a confundir a mucha gente y sobre todo a muchas mujeres que o bien me leen aquí o con las que simplemente mantengo correspondencia virtual o telefónica.
Me he vuelto muy tímido y no pretendo poner a nadie en un compromiso cuando escribo según que cosas, os juro que es mi forma de expresarme pero sobre todo y como ya he escrito en varias ocasiones, no soy de los que pretenden coger flores en jardín ajeno, por muy bonitas que estas sean.
He dicho que no puedo pasarme la vida entre disculpas y este texto ya va pareciendo una larga disculpa epistolar que arrojar al mar dentro de una botella.
"¿A quién le importa lo que yo diga?" Sobre todo como lo diga.
"A mi me importa un bledo". Me gustaría aseverar esta afirmación pero lo cierto es que si que me importa.
Parafraseando al señor de los impresionantes abdominales y el bigote mutante: "Estamos trabajandou en ellou".
No quiero cambiar, digamos que estoy depurando errores y a trabajando la prudencia pero ya está y si he de cambiar que sea a mejor y para irme a la cama satisfecho y que aquellos a los que amo se puedan llegar a sentir orgullosos de mi.






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