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Mi primer retoño

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lunes, 14 de septiembre de 2015

Nunca lo hubiesen imaginado.

El agente de la Guardia civil le ayudo a entrar en la parte trasera del vehículo donde aún con las muñecas esposadas, sería trasladado hasta los juzgados.
Era un tipo tímido y callado, podría decirse que incluso hasta algo asustadizo.
Los vecinos repetían constantemente ante las diversas cámaras de televisones locales y nacionales aparecidas como por arte de magia, que nunca lo habrían imaginado.
Nadie podía esperarse algo así de aquel artesano que se había instalado dos años antes en el tercero con sus gatos y sus útiles de trabajo.
klaus era un alemán de edad madura que llegó a aquella población costera huyendo del frío de su tierra natal y buscando calor tanto meteorológico como humano.
En Barcelona solía hacer una buena temperatura, aunque no era la provincia más cálida de España. Lo único que le fastidiaba a Klaus era la frecuencia con la que las lluvias arruinaban los días de playa pero en cuanto a calor humano aquella ciudad era de las más cálidas de España.
Sus calles rebosaban gente casi todas las noches del año y había muchísimos turistas de todas partes del mundo, con lo que no llegaba a sentir una excesiva nostalgia de su país.Solo tenía que acudir a beberse una jarra de cerveza a determinados bares de las ramblas y podía llegar a sentirse como en casa, sobre todo si el Barsa jugaba un partido contra algún equipo alemán y los hinchas teutones se calentaban para el encuentro.
Precisamente todo comenzó una noche de competición europea, cuando conoció a dos ultras de Berlín.
Hicieron amistad en un local lleno de ultras y tras cambiarse los teléfonos volvieron a quedar tras el pitido final del árbitro.
Salieron de copas por el barrio gótico y Klaus los invitó a hacer noche en su casa y de esa manera se ahorrarían el hotel.
Subieron a las tantas de la mañana y en pésimas condiciones dado el exceso de cubatas.
Klaus les preparó el sofá cama de salón y se retiró a dormir la mona y en ello estaba cuando le despertaron unos gritos y unos maullidos lastimeros.
Al parecer Mathias, uno de los dos ultras que había alojado con la mejor intención fue despertado por Misifú ,su gato más curioso, que le estaba olisqueando el rostro barbudo y pintado con los colores de su club.
Mathias debió asustarse y se despertó algo enojado y muy temperamental y agarró a Misifú por la cola y sin dudarlo un segundo lo reventó a golpes contra la pared.
Su amigo Herman al despertarse aún ebrio y ver aquello agarró a Karla, una pequeña gatita de angora de más de diez años, tranquila y cariñosa y entre risas la rompió el cuello con una llave de presa.
Klaus al ver aquello  enloqueció de rabia y sin parar siquiera a tomar aliento o a tratar de calmarse se hizo con una barra de hierro con la que trabajaba algunos materiales excesivamente duros y la emprendió a golpes con aquellos dos gaticidas.
Los vecinos al escuchar aquel estruendo llamaron a la benemérita pero cuando los agentes llegaron los sesos de ambos violentos y borrachuzos ultras germanos resbalaban por las paredes y los muebles del salón.
Klaus se cebó especialmente con Herman a quien siguió golpeando después de muerto hasta convertir su cráneo en una masa sanguinolenta que le recordó al puré de patata que hacía su abuela, con algo de salsa de tomate y trocitos de salchichas rojas.
Nadie hubiese imaginado aquello, ni él mismo pero nunca hay que llevar a una persona hasta aquel extremo, el Ser Humano no deja de haber sido un primate que evolucionó algo más que sus congéneres pero aquella noche los tres hombres demostraron por que se le sigue considerando por la ciencia como una especie animal.
El gobierno alemán ha solicitado su extradición para juzgarle allí pero Klaus ya sabe que ha sido condenado y sufrirá el peor de los castigos, la ausencia de sus gatos, sus compañeros y amigos, la mitad de su vida.


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